CategoríaTomás Simón

El arte de amar

Quiero en este post exponer las diferentes maneras de “hacer el  amor”… Obviamente, es una broma, que nada tiene que ver con las obras del poeta romano Ovidio o del escritor alemán Erich Fromm.

Mis reflexiones se centran sobre el “humor” que es uno de los pilares básicos del “arte de amar”, de ahí el título de este texto. Si no hay humor no se produce acercamiento en la vida profesional, y no digamos en la personal, donde si tu pareja te hace reír te atraerá más. Con el humor queda claro que mejoramos la comunicación y la empatía con quienes nos relacionamos.

En mi opinión, el trabajo es una actividad que tenemos que tomar con la seriedad que requiere, pero eso no quita que se puedan invertir cinco minutos al día para el humor, o para sacarle una sonrisa a nuestro compañero de trabajo y hacer un poco más agradable la vida a los demás.

Si se mira el origen de la palabra “trabajo”, veremos que proviene de un instrumento antiguo de tortura; y el término “negocio” significa en latín “no ocio”. Con estos antecedentes es difícil buscar huecos para el humor. Pero siempre se puede encontrar un espacio donde introducirlo.

Por otro lado, las personas perseguimos ser cada día más felices y las empresas buscan cada día ganar más dinero, por lo que se puede concluir que si las personas son felices en una empresa, ésta ganará más dinero. La situación ideal es trabajar divirtiéndose. En este sentido, me viene a la memoria una frase de Thomas Edison, “no he trabajado ni un solo día en toda mi vida. Todo fue diversión”.

Hoy en día mucha gente padece una enfermedad muy común: “estamos ocupados”. Hace unos días le pregunto a un amigo: “¿cómo estás?”, y contesta, “muy ocupado, tengo muchas cosas que hacer”. A veces confundimos los verbos, porque yo no le he preguntado “¿qué haces?” Se confunde el verbo ser con el estar (en francés es el mismo verbo), y mi amigo no es francés ni lo entiende. Mi pregunta, por otro lado, trataba de saber algo mucho más personal y se refería a cómo te encuentras, cómo está tu corazón. ¿No vamos demasiado deprisa? Es preciso tener momentos de distensión, con tu pareja, con tus amigos… Hay que descongestionarse.

Estudios de varias universidades han concluido que cuando estamos de buen humor somos más productivos en el trabajo; en el caso particular de los agentes comerciales, éstos venden un 10% más que los malhumorados. Además, se afirma que en las reuniones distendidas, que añaden algo de humor en su agenda, salen propuestas e iniciativas mucho más interesantes.

Como las empresas conocen perfectamente estos estudios, hay algunas organizaciones que se esfuerzan en que el ambiente laboral transmita emociones positivas. Abundando en esto, he leído recientemente que en el departamento de Atención al Cliente de una compañía, los propios empleados han colocado espejos para mirarse antes de coger una llamada de un cliente y así comprobar si están o no sonriendo, porque saben que la sonrisa se transmite.

La risa y el humor ayuda en todos los ámbitos de nuestra vida y genera multitud de beneficios: elimina estrés, mitiga la depresión, alivia el dolor, alarga la vida, mejora la respiración, reduce la hipertensión y, además, fortalece el corazón. Si alguien nos hace reír nos acercará más a él y nos caerá mucho mejor.

¡¡Ánimo y a sonreír!!!

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¡¡El precio nos fascina!!

El precio es una característica de los productos o materiales que nos fascina. ¿Por qué?, pues porque se nos antoja fácilmente medible y muy sencillo de comparar.

Siempre se piensa que un número, una cifra, es más concreto. Ofrece la apariencia de ser más científico y, sin embargo, no lo es. No lo es porque el precio de cada operación viene referido a unas condiciones particulares acordadas. Muchas veces, la mayoría, lo que determina el precio son otros aspectos que no consisten en el propio producto y su embalaje. Me explico: los plazos y horarios de entrega, el transporte y la forma de pago condicionan absolutamente el precio.

¿Cuál es el precio de un producto?

El precio de un producto se suele decir que es lo que alguien esté dispuesto a pagar por él. Esto parece una definición adecuada, pero antes de ver el “cuánto” habría que aclarar el “qué”.

Para demostrar lo anterior sólo hay que prestar atención a las razones por las que Apple es capaz de vender los smartphones más caros que nadie (fueron los primeros en sacar el producto, es muy fácil de usar, es todo un indicador de estatus y sus clientes están dispuestos a pagar por ello).

Es muy común en nuestro sector eléctrico la comparación sólo de los precios (“el cuánto”) sin estudiar o comparar el resto de condiciones que nos ofrece el proveedor (“el qué”) para darnos el precio correspondiente.

Debemos siempre comparar cosas iguales y para ello no sólo hay que mirar el precio, sino que también debemos comparar el resto de elementos que pueden entran en juego.

Blog_el precio

Siempre hay un competidor que vende más barato, lo que hay que tener en cuenta son “los condicionantes”, aspectos que deben llevarnos a la reflexión para alejarnos un poco de la tiranía del precio.

Para terminar, concluyo invitando a todos a que busquemos la fascinación no sólo por el precio, sino por el resto de condicionantes de una oferta.

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Mamá, quiero ser comercial. ¿Cómo…?

Todos recordamos la habitual pregunta en nuestra infancia, “¿qué quieres ser de mayor?”, a la que inevitablemente respondíamos con un sinfín de profesiones, pero, desde luego, no recuerdo a nadie que dijera “mamá, yo quiero ser comercial”.

Vivimos en un país donde está mal visto culturalmente ser “comercial”. En general, hemos sido un país poco orientado al trabajo puramente comercial y hemos estado acostumbrados a que los pedidos nos vinieran vía fax o correo electrónico y ahora, o mejor dicho, hace ya tiempo, los pedidos hay que salir a buscarlos.

Para evidenciar esto sólo tenemos que imaginarnos una cena donde los comensales se preguntan entre sí por sus profesionales; uno contesta “yo soy abogado”, el otro “yo, ingeniero”, y luego tú afirmas solemnemente “yo soy comercial”. Todos te contemplan con una mirada entre el desprecio y la conmiseración, como si hubieran escuchado algo desagradable, cuando en realidad es una profesión tan digna o más que las demás, porque sin vendedores no se genera negocio y sin éste no existe la empresa. Además, se puede dar el caso en que el comercial pueda ganar más dinero que el director general, y éste reza para que el comercial no abandone su organización.

Hay cierta “incultura social” hacia la figura del comercial, que, dicho sea de paso, es fundamental en toda estructura empresarial. Esta situación me hace pensar sobre las causas por las que esta profesión no tiene la valoración que debiera y llego a la conclusión que quizás sea porque, tradicionalmente, ocupaban este puesto personas con poca cualificación. Gracias a Dios, esto ha cambiado ya que actualmente es normal, dentro de las plantillas de gestores comerciales, encontrarse a personas con titulación universitaria.

Así, quiero poner de manifiesto la diferencia del antiguo concepto de “viajante” frente al rol del comercial actual del siglo XXI. El viajante iba con su cartera o su maletín donde portaba catálogos, libreta de pedidos y agenda, entre otros elementos. Y sus herramientas de trabajo eran las Páginas Amarillas, teléfono, coche y bolígrafo para tomar nota de los pedidos. En esta época pasaba lo siguiente:

–  La información de los clientes estaba deslocalizada, normalmente en la agenda del comercial. Esta información se podía convertir en un “tesoro” que el vendedor se llevaba a la tumba, perdiendo la empresa el control de la información.

–  Los catálogos normalmente estaban desactualizados y con múltiples anotaciones a bolígrafo como consecuencia del cambio de precios y descuentos o cualquier otra cosa.

–  Las visitas no se planificaban de acuerdo a criterios razonables. Cada día de la semana tocaba la ruta de ese día, independientemente de los posibles pedidos que pudiera captar si hubiera pensado el camino que debiera haber tomado.

–  El tiempo transcurrido desde que el comercial hace la visita y recoge el pedido hasta que éste es tramitado por los servicios centrales es, a veces, tan grande que puede provocar la insatisfacción de los clientes porque los plazos de entrega son poco competitivos.

Desde hace tiempo, con la extensión de las TIC´s o tecnologías de la información y comunicación, el trabajo del comercial se ha transformado. A estas alturas del siglo XXI, hay que dar paso obligatoriamente a smartphones y tabletas para así sacar partido de estos beneficios tecnológicos. Hay que hacer del comercial una persona mucho más productiva y, a la vez, mejorar la coordinación interna de la empresa con los clientes:

–  Planificación de visitas eficiente, optimizando las rutas de acuerdo a un criterio establecido (por ejemplo, eligiendo aquellos clientes a quienes entregamos una oferta cuya probabilidad de éxito esté por encima del 80%).

–  Mediante aplicaciones móviles basadas en estrategias CRM podrá la empresa aportar a sus comerciales toda la información que se requiera de los clientes.

–  Disponibilidad de los catálogos actualizados e imágenes en 3D.

–  Recortar los plazos de entrega al cliente mediante las operaciones realizadas en el instante en el cliente.

–  Agilidad para el comercial en el “reporte” de su visita al cliente o cualquier otra información. Toda la información del cliente está recopilada en un único sitio, disponible para quien la demande.

Mi consejo es que apuesten claramente por las grandes posibilidades que les ofrece trabajar con soluciones de gestión de la actividad comercial basadas en estrategias de movilidad.

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Un café, por favor. ¡Gracias!

Cierto es que vivimos en un mundo complejo y nos levantamos cada mañana con malas noticias difundidas por los medios de comunicación. A lo que se une que en nuestro entorno cotidiano somos testigos de actuaciones y comportamientos, tanto personales como profesionales, que sólo conducen a situaciones y respuestas negativas. Cada día somos más egoístas, en lugar de pensar en las cosas desde el punto de vista “conviene o no conviene”, valoramos todo en términos de “me conviene o no me conviene”.

Pues bien, en esta sociedad tan complicada que nos ha tocado vivir aún quedan –quedamos– personas que creen y actúan de otra manera y que quiero reivindicar en este primer post. Además, y dicho sea de paso, son personas a las que les va bien en la vida. Al hilo de esto, quiero relatar una anécdota: paseando con mi mujer por mi pueblo (Boadilla del Monte, en Madrid), leímos en un cartel de un bar, colocado en la calle, este texto:

Un café…1,90 €
Un café, por favor…1.80 €
Un café, por favor ¡Gracias! …1,70 €

Esta simpática “oferta” de la cafetería pone en evidencia que se ha dejado un tanto de lado la costumbre de hablar con respeto y consideración a los demás. Una sonrisa y tener una actitud positiva ante la vida transmite desde el primer momento otros mensajes a nuestro interlocutor.

¿Por qué no rescatar palabras y frases que están ahí y que parece que ahora se nos han olvidado? Gracias; por favor; confío en ti; nosotros; cuento contigo; empecemos de nuevo; es una buena idea; perdona; es una buena persona; seguro que lo conseguirás; etc. Todas son expresiones que permiten allanar una conversación difícil. Os animo a DECIR todas esas palabras y frases, a veces arrinconadas.

Y también os animo a EVITAR actitudes y pautas ‘superficiales’, aparentar lo que no eres, decir lo que no sientes, comparar y compararte, creerte más que los demás, criticar, desconfiar del prójimo, emitir juicios precipitados, entablar conversaciones catastrofistas, perder la fe en tus habilidades y muchas más. Todo ello no conduce a ningún lugar.

En el sector eléctrico, que ha atravesado siete años de sufrimiento, quizás sea necesaria una buena dosis de aplicar todo lo anterior. La caída de ventas y la falta de perspectivas de negocio en los últimos años ha hecho que todos estemos algo irascibles y con unas tremendas ganas de que el mercado mejore, en busca de la ansiada reactivación. Todos los indicadores apuntan a una cierta mejoría durante el año 2014 (en el entorno del +6%) y con seguridad un porcentaje mayor en 2015. Os invito a todos a practicar esta forma de entender las relaciones, basadas en la educación y la urbanidad, un tanto abandonadas; seguro que los obstáculos en nuestro trabajo serán menores.

Para acabar, recomiendo que para estar bien con uno mismo es ideal rodearse de buenos amigos, manifestar tus sentimientos con sencillez, ser siempre tú mismo, escuchar más que hablar, no perder el norte, compartir lo que tengas, pedir ayuda cuando la necesites, reconocer tus errores, echar una mano a quien lo necesite y disfrutar de todo lo que hagas.

Termino con una bendición irlandesa que me encanta:

“Que el Camino venga a vuestro encuentro
Que el Viento os sople en la espalda
Que el Sol caliente despacio vuestra cara
y Que la Lluvia caiga suave sobre vuestros campos”

Y después del esfuerzo de escribir todo lo anterior, me voy a tomar algo al bar de abajo: “un café, por favor. ¡Gracias!”

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