Quiero ser actor

En todas las empresas tenemos “actores” y “espectadores” o, lo que es lo mismo, personas “proactivas” (actores) y personas “reactivas” (espectadores). De ahí el título de este post, en el que yo elijo ser actor.

Conocemos de sobra la diferencia entre ambos tipos de personas, pero no está mal recordar que los actores son aquellos que procuran ser positivos ante cualquier situación por difícil que ésta sea, son imaginativos y proponen alternativas, se anticipan a los problemas y no permiten que éstos se alarguen en el tiempo, son asertivos (comunican a su entorno cómo se encuentran, qué opinan y qué necesitan), tienen iniciativa, consiguen resultados tangibles por su constancia permanente, no pierden de vista sus objetivos y tienen muy claro cuáles son sus fortalezas y debilidades para poder superar las situaciones adversas.

Por el contrario, los espectadores son los que se desbordan ante situaciones adversas, se dejan influenciar por el entorno, pierden toda su energía criticando y juzgando a los demás, perciben los cambios como amenazas y, por tanto, acaban saboteándolos, se quejan verbalmente de forma constante, no aportan solución alguna, son claramente pesimistas, les falta iniciativa y tienen tendencia a culpar siempre a los demás.

Seguramente, todos en nuestras empresas tenemos estos dos perfiles absolutamente identificados, ¿verdad? Nos hacen falta muchos actores en el entorno laboral y debemos incentivar la actitud proactiva, ¿cómo?: siendo receptivos a las propuesta de los colaboradores, teniendo empatía (ponernos en el lugar del otro), motivando a los empleados y alinearlos con los objetivos de la empresa y corresponsabilizarlos en la toma de decisiones (dentro de su ámbito de influencia), promoviendo la comunicación asertiva (abiertos a ser informados de los problemas de los colaboradores), comunicando la visión de futuro de la empresa y de los departamentos a todos los empleados para poder implicarlos en las acciones necesarias para conseguir los objetivos y, finalmente, evitar la concentración de la toma de decisiones en el líder, para así crear empleados autosuficientes.

Cuando cada uno de nosotros entienda la importancia que tiene el desarrollar nuestro departamento, nos daremos cuenta de que podemos liderar más fácilmente la consecución de los resultados deseados.

Por tanto, como dice Luis Galindo: “elegid vosotros en qué pueblo queréis vivir, en aquél donde la gente solo habla de las cosas que van mal y espera que otro les solucione la vida, donde la gente ha perdido la ilusión o en el pueblo donde la gente ve la vida con objetividad, ve las cosas que no van bien, pero no se pasan todo el día lamentándose sino que luchan por mejorar, en la medida de sus posibilidades y agradece cada una de las cosas que han conseguido”.

Yo ya sé en qué pueblo quiero vivir, ¿y vosotros?

¡¡¡Que seáis buenos!!!

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