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Las previsiones son mentira cochina

Hubo un tiempo -si esto le parece el principio de un cuento, es que lo es- en que los responsables de  las cuentas de la empresas se enfrascaban en estas fechas -o ya desde meses antes- en trazar el mapa económico de cada compañía, departamento, servicio o producto, para el año entrante.

Era -y es- un serio ejercicio de adivina adivinanza, basado en la experiencia y las condiciones de mercado, los recursos y la política que cada empresario trazaba para los siguientes doce meses. Luego, a lo largo del año, se iba comprobando y/o corrigiendo el rumbo según se comportara la singladura.

Tuve la fortuna de aprender mucho de estas lides -yo que soy “de letras”- gracias al jefe de administración de la primera empresa donde adquirí responsabilidades que llevaban adscrita la obligación de presupuestar. Les aseguro que nuestro índice de acierto era altísimo. Y no había truco: conocimiento del trabajo que nos traíamos entre manos, del sector, más la aportación de eso que se llaman datos macro y microeconómicos.

Y aquí está el quid de la cuestión. En esos datos, ahora tan necesarios para presupuestar como inexactos. No sé dónde está el problema, si en el exceso de “opinadores” o en su manifiesta torpeza. Antes, la economía -con crisis o sin ella- no admitía pelagatos y las previsiones de inflación, coyunturas, etc. las hacían cuatro que sabían latín. O al menos no había tanto despiste, inexactitud o corrección. Ahora, no.

Conclusión: ya no podemos tomar con consideración seria -ni en España ni en la UE- lo que se nos cuenta desde Gobiernos, Bancos Centrales, etc. porque no sirve. Es mentira cochina.

¿Qué podemos hacer? En lugar de insumisión fiscal, insumisión de fe en estos datos, que lo único que hacen es deprimirnos. Utilice los suyos propios y nada más; su experiencia; su capacidad; su sentido común: sí, ese mismo. Y actúe en consecuencia. Hágame caso. Pero sobre todo no se deje engañar, que los presuntos sabios económicos, saber, saber, solo saben pronosticar pero hacia atrás.

¿Cuántos de estos han acertado desde que comenzó esta crisis?: uno o ninguno. Y si quiere arriesgarse pronosticando como lo hacen los “gurús”, es decir, a ver qué pasa, haga como la mayoría de los españoles, sobre todo en esta época: participe en una porra o juegue a la Lotería de Navidad. Es más sano y sobre todo divertido.

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