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Logística y Excelencia

Es un buen momento para acordarse de la logística. No hace mucho que las empresas obtuvieran unos beneficios del 1 ó 2% parecía poco menos que ridículo. Hoy ese porcentaje puede es una cuestión de supervivencia, ser o no ser, con permiso de Hamlet. Y la logística puede proporcionar esa cifra mágica.
Aunque sea como con Santa Bárbara –sólo nos acordamos de ella cuando truena-, algunos han empezado a recordar, mientras se resguardan de aguacero, que leyeron en un medio especializado, que escucharon en el SIL, en las Jornadas del CEL, en los Debates del ICIL o en una mesa redonda de Lógica, que las empresas proveedoras del sector logístico en sus diversos ámbitos pueden proporcionar las herramientas y conocimientos necesarios para mejorar los procesos, pulir y quitar eslabones innecesarios a la cadena de suministros, y de paso que reducen los costes aumentar la calidad del servicio.
Claro que no todos pueden ser los socios logísticos adecuados, como no todo vale, ni todo tiene valor. Y esa lección hay que aprenderla cuanto antes mirando primero hacia adentro ¿qué necesito?, luego hacia adelante ¿dónde quiero llevar a mi empresa, dónde quiero que esté?, y más tarde hacia atrás ¿qué diferencia a mi negocio y lo hace competitivo? Y, por lo tanto, que me puede proporcionar un operador logístico, un sistema de gestión, una flota de carretillas propia o alquilada, una instalación de almacenamiento…en resumen cuál es el corazón logístico de mi empresa, la clave del arco.
Sin embargo hay empresarios y directivos que olvidan este último sumando y creen que hacia atrás sólo se puede mirar con desdén, que hay que despreciar por superado, fuera de moda o anticuado lo que ya hemos hecho, etiquetándolo como caducado, y sólo vale correr desesperadamente como pollos sin cabeza en pos de nuevas tecnologías, fórmulas de marketing vanguardistas y metodologías gurús. Para qué cambiar lo que funciona no es, precisamente, la práctica empresarial más habitual. Incluida la logística.
Pero ojo al dato: si sacrificamos todo en la hoguera de las vanidades veremos arder lo que ya no vale junto al libro de las buenas prácticas, el manual de lo bien aprendido y las enciclopedias de lo mejor aplicado, del mejor servicio, de la verdadera orientación al cliente, del organigrama justo –y necesario- de la eficacia…y de la eficiencia.
En este sentido cabría preguntarse cómo se podía hacer ya una logística eficaz y ajustada en costes en el siglo XVI o XVII y cómo hoy, siguiendo la misma senda -¿por qué no?- pero con tecnología y herramientas de análisis, esa eficacia debería haberse convertido en excelencia permanente, no excepción. Se trata simplemente de que la RFID, los SGA, los sistemas de almacenamiento automático, etc.…como Google, Facebook, Twitter, Linkedin, los iX  o los e-Z, sean verdaderas herramientas para conseguir esa excelencia y no fines en sí mismos, vulgares ladrones de recursos por una mala praxis.
El camino a la excelencia empresarial pasa por una logística también excelente y socios haberlos, haylos.

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