¡De mierda hasta las rodillas!

Hace cuatro años, uno de los estudios más completos el genoma humano realizado hasta entonces, reveló que el ser humano y el cerdo tenían enormes similitudes genéticas, como algunos ya habían supuesto mucho antes. Para los europeos del sur y en nuestro caso para los hispanos (y ahí no hay diferencia alguna entre los ilerdenses y los gaditanos) no es una sorpresa ¿Cómo no vamos a tener mucho en común con la especie porcina, si nos deshacemos por un buen plato de jamón ibérico, pongamos por caso?

Otra cosa es cómo viven y disfrutan los gorrinos, enfangados, comiendo basura si se les ofrece y retozando en su propia inmundicia hasta las rodillas. Ah, entonces ya no evocamos la sobrasada o las costillas, más bien palpamos nuestras fosas nasales y las pinzamos para evitar que nos llegue tal imagen y el olor de la pestilencia. Y sin embargo es ahí donde tenemos más en común con los puercos.

Mis conocimientos de las culturas orientales en toda su extensión geográfica o de las africanas, no me permiten dictar una sentencia global, pero si puedo hacerlo en lo que llamamos Occidente, cuando menos Europa, las dos Américas y Australia. Ahí va: con escasísimas diferencias, a los naturales de estos lares nos encanta pasear por las cloacas y estar, como los cerdos, de mierda hasta las rodillas. Eso sí, siempre que la mierda sea la de otros.

Debería haber pedido disculpas de antemano en las primeras líneas de este comentario por su carácter escatológico. Lo hago ahora. Me ha podido la irritación.

Llevo mucho tiempo como periodista del ámbito profesional y aunque los mimbres difieran algo de la llamada prensa generalista, los cimientos son los mismos y los intereses del público lector también.

Es indiferente que publiquemos la mejor noticia empresarial o profesional que pueda darse, que desterremos crisis y elevemos las cuotas de mercado hasta lo excelente en nuestros titulares, que desvelemos una nueva, flamante y exitosa tecnología, que descubramos a los mejores de entre los mejores, que revelemos la panacea económica: nada despierta más atención que lo crítico, la catástrofe, el desastre económico, la quiebra, etc.

Una serie de TVE nos ha traído hasta nuestra sala de estar, con mucha ficción interpuesta, a la redacción y a los redactores del desaparecido periódico “El Caso”, el máximo exponente de la prensa de sucesos y, dicen, que la mejor escuela periodística que pudiera encontrarse cuando el periodismo se circunscribía al papel. Ese semanario desnudó de una vez y durante 45 años, precisamente, el interés del ser humano por la hediondez. Y no es un “caso” único. Ahí están los diarios sensacionalistas de media o toda Europa o los programas de televisión, también de toda Europa, llamados del corazón, que más parecen del intestino, salvo contadas excepciones.

Seguramente este post sea una suerte de brindis al Sol: si somos así –y así somos, no tengo la menor duda- no se puede hacer nada para cambiarnos. Es más, lo más cómodo debe ser dar a la audiencia lo que la audiencia pide. Para eso estamos. Y la prueba, la crisis de la naviera Hanjin que venimos siguiendo desde hace días. Un tema cada vez más peliagudo, del que volvemos a publicar nuevos datos este lunes 19 de septiembre. Cuando la crisis se enquiste o las noticias –buenas- digan simplemente que el conflicto puede solucionarse, dejará de tener interés o lo tendrá para unos pocos nada más.

Por pedir, que no quede: me gustaría que nos pareciéramos un poco menos a nuestros primos genéticos los cochinos o que al menos, metafóricamente, disfrutáramos tanto con el agua limpia alrededor de nuestras pantorrillas, como chapoteando en la mierda. Con perdón.

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El Coreano Errante

Dice la leyenda que un capitán holandés de un barco mercante, hizo un pacto con el Diablo para recorrer los mares a mayor velocidad que otros y así conseguir fama y fortuna. Por su arrogancia, Dios le castigó con vagar eternamente con su buque y tripulación por todos los mares sin poder tocar tierra. Y a veces, en las noches de niebla, algunos pueden ver la silueta fantasmal de la arboladura del Holandés Errante recortarse contra las nubes bajas en alta mar.

La literatura, la ópera y el cine (La saga de Piratas del Caribe retoma en buena parte esa leyenda) se han encargado durante siglos de alimentar el mito, hasta que la realidad ha superado a la ficción. El holandés se ha cambiado por el coreano, el pacto con el Diablo por la codicia y la ineptitud, y el mercante a vela por decenas de portacontenedores.

Durante los últimos días hemos venido publicando varias noticias acerca de la posible quiebra –o cuando menos suspensión de pagos- de la naviera coreana Hanjin que tiene ahora mismo a la deriva a casi 90 buques, con medio millón de contendedores a bordo vagando por los mares de todo el mundo, sin poder tocar puerto por falta de fondos. Una situación que lejos de encontrar una salida, cada hora que pasa es más preocupante y puede dar al traste con los planes de acopio de las campañas comerciales de medio mundo, entre otros problemas.

Unas pérdidas que se cifran en miles de millones de euros que la naviera arrastra desde 2011 y una situación que ha explotado de un día para otro dejando errante y fantasma a la flota de Hanjin, no puede ni debería ser algo inesperado. Si me permiten la metáfora, el Diablo en forma de ineptitud, imprevisión y falta de capacidad de gestión de una crisis que dura cinco años, en la que están inmersos propietarios de la naviera, bancos y gestores, han conducido a un inmenso caos que en este caso no podrán sofocar -como en la saga de Disney- el capitán Jack Sparrow (Johnny Depp), William Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth Swann (Keira Knightley) a bordo de la Perla Negra.

La realidad por desgracia es mucho más prosaica y preocupante . Miles de puestos de trabajo en la propia naviera (1.500) y en los puertos, algunos de los cuales tiene terminales dedicadas a Hanjin (como es el caso de Algeciras), pérdidas multimillonarias para los fabricantes y distribuidores, que tienen sus mercancías cargadas en los barcos de la naviera surcoreana, y otro tanto para los comerciantes que ven peligrar sus planes de suministro para la gran época de consumo del año, la Navidad, pintan un panorama dantesco, oscuro y fantasmal, al que sólo le falta un capitán David Jones para superar de largo –si no lo ha hecho ya- a la leyenda.

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No entiendo a este país

Cada vez entiendo menos a este país. Al mío. Y no me refiero a la situación política. Esa merecería un colegio profesional de criptógrafos para discernir qué demonios pretenden los elegidos en las urnas para representarnos. Volvamos entonces a lo nuestro.

Llevo años, seguramente todos los de mi profesión periodística – y todos ellos emparentados con la logística- escuchando cantos de sirena a favor del transporte de mercancías por carretera. Poco ha cambiado la realidad en este contexto. Lo que sí lo ha hecho es la actitud hacia la necesidad de que aumente en porcentaje –y notablemente- la participación de este modo en el conjunto del movimiento de mercancías, tanto a escala nacional como Comunitaria. La razón, poderosa e indudable, es el menor impacto ambiental de este modo de transporte frente a otros (el resto, realmente), unida a ciertos avances tecnológicos y operativos que hacen ahora al ferrocarril un poco más flexible.

Pues bien, la vuelta de las vacaciones yo al menos me he quedado sorprendido por una declaración oficial de ASTIC (el colectivo español del transporte por carretera) que publicamos el pasado viernes en la que carga contra la política de inversiones nacional y europea que dedica grandes partidas el ferrocarril y menos a la carretera, modo que ASTIC pondera sobre los demás por sus crecimiento, aunque no señala sin embargo si el transporte de carreteras medra ante la falta de alternativas en otros modos.

Los colectivos tradicionales del transporte, léase terrestre, han variado su posición tradicional de enfrentamiento con otros modos a la colaboración. O eso parecía. Incluso CETM, la patronal nacional, creó en su seno hace no demasiado CETM Multimodal. Eso sí, aun aceptando la bondad de otros modos, propugnaban el liderazgo de la carretera. Pero ya era algo.

ASTIC acierta en reflejar la ingentes cantidades de dinero que van a parar al ferrocarril de pasajeros, frente al resto de inversiones en transporte. Pero no lo hace –en mi opinión- al volver a poner frente a frente y como dos opuestos excluyentes, al transporte por carretera y por ferrocarril. La vieja postura de conmigo o contra mí. Más de lo mismo… de siempre.

Que no, que no entiendo a este país. En esto, tampoco.

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Pesadilla logística

Imagine por un momento que prepara sus vacaciones y a la hora de renovar su fondo de armario, por aquello de los “michelines” o de la dieta de la alcachofa, en su comercio textil habitual y en el otro y en el otro, no hay mercancía. Que sí, que la habrá, pero quién sabe cuándo ni cuánta, le dicen.

Imagine que, aún así, lleva al coche al taller para una puesta a punto antes de iniciar viaje y su mecánico le comenta que no hay stock de la pieza que es necesario sustituir, que el fabricante la envío, pero que es imposible saber dónde se encuentra ni cuándo llegará.

Imagine que, de todas formas, asume el riesgo de ponerse en marcha, pongamos que camino de alguna playa y que, una vez en carretera, se detiene en una estación de servicio a repostar. Allí descubre una inmensa fila de automóviles cuyos conductores esperan, no se sabe cuánto, a que llegue el suministro de no se sabe qué carburante, que no ha estado a tiempo en el momento más necesario de la masiva salida vacacional.

Horas después, imagine, que llega al ansiado apartamento playero y tras tanta frustración, decide darse un homenaje con su familia en aquel restaurante tan agradable al borde del mar. Se sientan a la mesa y apenas lo han hecho el amable camarero les informa de que hay una importante falta de existencias y por lo tanto de platos de la carta, porque no llegaron los suministros y los que lo hicieron no pudieron bajarse de la camión o la furgoneta porque nadie previó disponer de una carretilla elevadora o una transpaleta ¡Ah! y que lo que sí tienen no lo pueden cocinar, porque son mercancías de otro negocio distribuidas aquí por error.

Imagine que, por fin, consigue algo que llevarse a la boca y algo menos hambriento pero igualmente perplejo, camina de vuelta al apartamento y lo que ve a su alrededor es un caos de protestas, automóviles parados por falta de combustible, terrazas y heladerías vacías, y colas enormes ante los pocos negocios que sí tienen suministro en el momento preciso y lugar oportuno…

E imagine que, rendido, cae en la cama y concilia a duras penas un sueño inquieto, repleto de pesadillas.

Al despertar descubre, sin embargo, que sigue en su lugar de residencia habitual y que, al parecer, todo ha sido un mal sueño. Baja risueño a la calle y compra el periódico que estaba, puntualmente, en su quiosco de siempre. Se toma un café en el bar de Manolo, donde no falta de nada. Entra en el comercio textil y se compra no uno, sino dos bañadores, que ha elegido entre docenas de modelos y le entran ganas de coger su coche y llenar el depósito en la gasolinera más próxima, aunque decide dejarlo para más tarde porque se detiene e imagina lo que su sueño le había imaginado, un mundo sin logística, y se dice a sí mismo incrédulo: “imposible”.

¿Lo imagina? Pues eso.

Feliz Verano. Volvemos en septiembre.

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Época de rebajas

El sector de los proveedores de sistemas y equipamiento logístico se ha ido de compras y parece que ha encontrado buenas oportunidades, pues ha enlazado las rebajas de inverno con las de verano sin solución  de continuidad.

No es fácil encontrar razones para este comportamiento en “modo compra” en el que se han situado empresas casi de cualquier perfil de nuestro sector, ya sean proveedoras de servicios logísticos, ya de mensajería, de intralogística, de carretillas elevadoras, de implementos…

Podría pensarse que es un reflejo de  que la situación económica ha cambiado su tendencia y las perspectivas animan a esa compra para buscar mejores posiciones, ante la época expansiva que ahora debería tocar; podría pensarse que algunos de quienes han culminado la travesía de estos últimos años y han sobrevivido, se sienten fuertes y capaces de absorber mediante compra a otros también supervivientes, saneados por tanto, pero no tan fuertes para persistir en solitario; o podría pensarse que la concentración es el camino empresarial más cierto para medrar. Podría, pero también hay razones para desbaratar éstas por insuficientes. Remedando al filósofo, si hay algo seguro hoy, es que no hay nada seguro.

En todo caso lo cierto es que 1) Hay dinero para gastar y 2) Hay estrategias que pasan por el crecimiento a base de adquisiciones. Y aquí están las muestras, a vuela pluma, de algunas noticias que hemos publicado desde diciembre pasado: FedEx compra TNT Express; TVH a DanTruck; Hyster- Yale ha comprado Bolzoni y una empresa de telemetría; SSI Schaefer a RO-BER; GLS a ASM; Kion a Dematic (que a su vez había comprado poco antes a NDC) e ID Logistics a Logiters.

Las compras siguen siendo el camino más rápido para crecer y diversificar y estas compañías, las compradoras, parecen tener prisa por obtener mejores posiciones en los diferentes mercados lo que habla, ahora sí y sin duda, de un horizonte del corto, medio y, quizás, largo plazo de expansión y estabilidad económica. No cabe otra razón. Al menos para los adquirientes.

Que aquí sea, aunque el panorama de noticias y datos económicos comparativos no arrojen un optimismo sin paliativos que, sin embargo, sí está instalado claramente en empresarios y comercializadores. Ni sí, ni no, sino todo lo contrario.

¡Buf! que me explique un economista este galimatías y lo que ocurrirá después… Ah, no que estos sólo pueden explicarlo cuando ya ha ocurrido.

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No diga Brexit, diga Sortie

Tan encelados estábamos en preguntarnos qué demonios buscaban los británicos con su referéndum UE sí / UE no, cuyas consecuencias –sobre todo internas- nadie había sopesado, que no nos hemos dado cuenta del gol que nos han metido los franceses en plena Eurocopa: a toda Europa. En fuera de juego, sin árbitro y con el portero maniatado.

Casi resulta un chiste lo del Brexit y el levantamiento de barreras aduaneras y burocráticas entre Reino Unido y el resto de Europa, si lo comparamos con la Ley Macron, en vigor en el país galo desde el pasado viernes 1 de julio. Bajo la justificación de defensa del salario mínimo para los trabajadores del transporte por carretera –oh la,la- nuestro vecinos, por los que pasa toda mercancía que va del norte a la Península Ibérica y/o África y viceversa, o de este a oeste y viceversa, se han sacado del dobladillo de la tricolor una ley de imposible cumplimiento. Llena de trampas y burocracia hasta lo exasperante, condena sin paliativos la libre circulación del transporte de mercancías por carretera por Francia para todo el que no sea francés y, con ello, conculca una de las mayores conquistas comunitarias, la también libre circulación de  personas, capitales y bienes hacia y a través de uno de los países miembros y fundadores de la UE, Francia, precisamente el que más se ha rasgado las vestiduras y más duro ha sido tras el Brexit británico.

Nosotros junto con nuestros otros vecinos, los portugueses, somos los que más tenemos que perder, ya sea a la hora de transportar por carretera hacia Francia u otros países, o a la hora de recibir mercancías por el mismo modo de transporte. Las protestas en el seno de la UE y de otros estados miembros han sido más bien tibias, especialmente de Alemania, seguramente por la estrecha relación actual franco alemana, representada  por Merkel y Hollande, que lideran de facto la UE.

En cuanto al Gobierno de España, en funciones, aunque esto ya va siendo una costumbre que no justifica la dilación ni la dejadez, no ha hecho nada de nada, seguramente porque estaba ocupado en meter mano a la caja de las pensiones: para hacer esto valgo yo también, mire usted. Y cualquiera.

Volviendo a Francia, cabría preguntarse si tras su entrada en vigor, las autoridades francesas están aplicando la Ley Macron a rajatabla, es decir, si también vigilan la enorme caravana ciclista del Tour de Francia y al transporte de material entre sedes y estadios de la Eurocopa de Fútbol ¿O ahí no porque quedaría feo?

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¿Para qué preguntas?

Miraba por la ventana, con un whisky en la mano, y se me antojaba que esa escasa distancia que ahora nos separaba y que podía alcanzar a simple vista en días claros, era enorme. Recordaba el porqué de mi decisión y cada vez me arrepentía más de haberlo hecho.

Al principio parecía que la cosa no iría demasiado lejos: las quejas de siempre. Que si pagábamos mucho y cada vez más por casi nada a cambio, que si otros terminaban decidiendo por nosotros, que antes éramos mucho más independientes que ahora, que se nos colaba todo el que quería, muchos de ellos indigentes, y luego no había quien los echara…

Y un día decidí que ya estaba bien ¿No habíamos tratado todo lo importante siempre así? Pues esta vez, también. Les pediría su opinión y que decidiese la mayoría. Fijamos un día en el calendario y así lo hicimos. Nunca pensé que el resultado fuera este.

Nos marchamos. Nos separamos. Pusimos tierra de por medio. En realidad un espacio físico que ya antes nos distanciaba, pero que ahora parecía mucho, mucho mayor. Y eso no era lo peor. No, porque además, casi sin darnos cuenta todo se nos había complicado por esta decisión estúpida, que yo había provocado después de una  noche de insomnio y harto de quejas. El transporte, la sanidad, la educación, la seguridad… todo más complicado, más caro e incierto ¡a cambio de vivir en un chalet en lugar de hacerlo en la urbanización!

No me costó mucho averiguar quién había votado qué en esta familia tan democrática ¡maldita sea! Mi hija Leyre, quedarse; mi hijo Gael, el mayor, irnos, él que casi nunca está en casa; mi mujer, siempre ponderada y midiendo cada dificultad y coste de convivencia, quedarnos, como yo; el problema es que los abuelos añoraban el pueblo y votaron por “irnos al campo”, ya ves que campo, un chalet vallado; ah y quedaba la tía Paula, a la postre la que decantó la balanza: una tía de mi mujer, soltera, que también vive con nosotros y que con tal de llevarme la contraria…

Y aquí estamos, tan cerca como lejos de donde hemos vivido los últimos cuarenta años, pero ahora más solos. Al médico del pueblo le cuesta venir hasta aquí; el del “super” que nos trae el pedido nos cobra un extra por hacerlo; no pasa un alma por estos lares y eso, sobre todo en invIerno, nos hace vulnerables e inseguros; dependemos de nosotros mismos para todo; no tenemos vecinos y, me temo, que perderemos también a los amigos de la “urba” que no entienden lo que hemos hecho.

Mi hija está cada día más enfadada, los amigos y la diversión lejos y más cara, la universidad, también;  los abuelos están empezando a arrepentirse, y la tía Paula ahora dice que, en realidad, ella no quería cambiar nada. No sé si podríamos dar marcha atrás. De momento aquí estamos, solos y lejos. Y sólo se me ocurre una cosa que me repito cada día ¿Para qué preguntas?

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Café para todos, por favor

Hay una evidencia en el Estado de las Autonomías que nos dimos merced a la Constitución de 1976, que este año cumple sus 40 primaveras: legislativamente ha servido para crear un galimatías en el que cada una de las 17 ha hecho de su capa un sayo, eso sí, sin distinción de tema o sector. Algo que se antoja incomprensible para propios y no les digo extraños. Una compañía extranjera no entiende que deba cumplir diecisiete reglamentaciones diferentes para establecerse en un mismo país. No he encontrado término opuesto a sinergia, que es lo que ocurre con esta situación. Habría que inventarlo.

Me viene esta disquisición, desesperada por inútil y desesperante por lo que entorpece, a propósito de una petición que hemos recibido, del todo lógica y que puede hacer mucho bien al sector de carretillas en España.

Recordarán los más habituales de nuestro boletín de noticias y web –de hecho se ha convertido en una de las noticias más leídas- como el director general de Industria, Energía y Minas de la Comunidad de Madrid, Carlos López Jimeno, anunciaba en el  III Encuentro Nacional de carretilleros del 18 de mayo pasado, la aprobación y puesta en marcha inmediata –a falta de cumplir con el siempre lento proceso burocrático- de un Plan Renove para el sector de carretillas, naturalmente en su ámbito de competencias: la Comunidad de Madrid.

La petición, de un distribuidor de carretillas levantino, es para que esta iniciativa de una sola Comunidad Autónoma se traslade, imite y desarrolle cual mancha de aceite en el resto del mapa autonómico. Y estoy seguro que no le faltan apoyos en otros lugares aunque no se hayan manifestado públicamente.

No soy partidario del “Estado de las subvenciones” salvo excepciones. Me parece que favorece la inoperancia, cercena el riesgo necesario para avanzar, se adentra en el terreno del amiguismo y el tráfico de influencias y discrimina. Sin embargo hay fórmulas como los Planes PIMA, PIVE o los Planes Renove (la Comunidad de Madrid ha puesto en marcha decenas, sí decenas) que en lugar de “salvar los muebles”, incentivan el negocio justo cuando se va a producir o ya se ha producido, ayudando tanto al que compra como al que vende.

El distribuidor de carretillas que mencionábamos nos solicitaba eco para su petición. Aquí está: café para todos, por favor. Quizás se quede en nada, quizás el galimatías autonómico se meriende esta iniciativa, o quizás sea otro brindis al sol como los que oímos en boca de políticos estos días, en un mitin tras otro. O quizás no. El Plan Renove para el sector de carretillas parecía un reto insalvable cuando empezamos a trabajar en él. Y aquí está. A veces la razón se impone.

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El selfie con Soraya

Las dos últimas semanas me las he pasado de feriante. La moqueta ha sido el suelo que he pisado, casi exclusivamente, durante ese tiempo. Un identificador ha colgado de mi cuello día sí y día también. Un hotel ha sido mi casa y la conversación más habitual que he tenido ha  versado sobre contactos y novedades. Para unos estos quince días han ido bien; para otros, no tanto. Ya se sabe que cada uno ve las ferias según les va en ellas. Yo, desde luego, lo que tengo muy claro, es que quienes dicen que las ferias no son como las de antes, yerran tanto como aciertan ¿Por qué?

Primero, porque son, es decir, porque siguen existiendo. Desde que asistí a mi primera feria profesional de logística –hace mucho tiempo- siempre he oído pronósticos de desaparición. Y no les digo desde que existe Internet. Para muchos era la puntilla que acabaría con ellas. Pero no solo no ha ocurrido: se han multiplicado en el tiempo, en la frecuencia y en el espacio. El mundo se hace pequeño y las ferias cada vez son más y están más cerca unas de otras, en fechas y lugares, como corros de setas en el otoño.

Segundo, porque aunque se hable en las ferias de novedades, cada vez son menos. Me refiero, a las de verdad. Primicias que te dejen con la boca abierta. Auténticas revoluciones en la maquinaria, en los sistemas, en la electrónica o la informática. Ya no se espera a una feria para el lanzamiento de una novedad que, a la velocidad del progreso, casi aparece cada día.

Y tercero, porque pese a todos esos hándicaps y profetas aún se sigue pensando –y mucho- en nuevas ferias. Y sigo hablando exclusivamente de ferias de logística y manutención. Se piensa en cómo hacerlas; cuándo y dónde; solas o en conjunto con otras complementarias; en recintos feriales o de manera exclusiva por parte de las marcas que tienen esa capacidad; en nuevos sub-sectores o para competir con otras ya existentes; donde se han hecho siempre o en lugares lejanos; con stands uniformes o de diseño libre; con actividades paralelas –muchas o pocas- o sin ellas.

Dos semanas de feria son muchos días. Muchos kilómetros de pasillos recorridos; muchas cuadrículas tachadas en un plano; muchos bocadillos infames entre pecho y espalda. Pero son, sobre todo, muchas conversaciones en apariencia informales, sonrisas, confidencias, apretones de manos, gentes sacadas de contexto -a veces a la fuerza- y lugares de naturaleza inhóspita colonizados temporalmente, vestidos para la mejor gala con unos decorados de cartón piedra y un suelo enmoquetado que es una maldición.

Que quieren que les diga, aunque para algunos las ferias ya no sean como las de antes, en eso del apretón de manos y la conversación, en el contacto personal con personas que apenas sí conocemos, seguimos siendo muy de antes, casi medievales. Vamos a las ferias porque vamos o por si acaso, seguimos escupiéndonos en la mano antes de dárnosla, seguimos midiendo las ferias por el ruido de la bolsa en la faltriquera, y seguimos hablando de tapadillo del próximo condenado a patíbulo en la Plaza del Castillo. Más o menos.

Como mucho habrán variado las formas, que no el fondo.  Si no, ya me dirán ustedes por qué todavía podemos encontrar en estos lugares, siempre improvisados, vendedoras de humo, charlatanas fascinantes rodeadas de su fiel público asombrado, acercándose a un pregonero para hurtarle hábilmente la atención de su público. O a una vicepresidenta en funciones hacerse un selfie por sorpresa con un  monologista, contratado por una empresa para celebrar su aniversario en SIL, que para el caso, es lo mismo. Medieval, totalmente medieval.

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Lo que nadie dice, pero nadie ignora

El entorno en el que nos hemos movido los últimos años, en los que hemos pasado de perseguir el sueño del Estado del Bienestar a añorar el del Pluriempleo, nos ha dejado la huella marcada a fuego de las cifras del paro, que sigue estando presente una vez superada la crisis. La herida ha sido tan profunda, que pese a la recuperación, firme según unos –este fin de semana se cifraba oficialmente el nivel de desempleo por debajo de los 4 millones, después de muchos años- precaria según otros, la consecución y retención del trabajo sigue siendo una de las mayores preocupaciones de los españoles y quizás de todos los países desarrollados.

Por ello, la sensibilidad ante los temas de empleabilidad, puestos de trabajo, longevidad y solidez de los contratos, poder adquisitivo de los trabajadores, primer empleo, etc. está muy por encima de otras cuestiones.

Así las cosas, cuesta hablar abiertamente de entornos o situaciones en los que se pierden o reducen empleos por el lógico devenir de los tiempos, el desarrollo tecnológico y el progreso. No hablo de las salidas de pata de banco de algunos próceres del entorno asociativo empresarial -CEOE para decirlo más claro- afirmando que el empleo estable es cosa del pasado: “tener un trabajo fijo y seguro es un concepto del siglo XIX” dijo su presidente. Una declaración que no aporta más que incertidumbre y torpeza. Hablo de otra cosa.

Hoy estoy a caballo entre dos ferias logísticas, la CeMAT de Hannover de la pasada semana y el SIL de Barcelona de esta. Pues bien, por lo visto en Alemania y por lo que -intuyo- veré en la feria logística de la Ciudad Condal, de lo que hablo es de una imparable automatización de procesos en logística y transporte, para muchas de cuyas tareas la actividad humana va a quedarse en mera intervención de control, que no es poco en calidad, pero sí lo será en cantidad.

Por cuestiones de imagen y marketing, las marcas fabricantes no lo refieren así, claro, rotundamente y sin ambages. No es apetecible que los colectivos laborales, especialmente los sindicalistas, las señalen como las culpables de la reducción de puestos de trabajo. Lo que no es más que una simpleza de cara al colectivo obrero. Pero lo cierto, en todo caso, es que estamos asistiendo ahora mismo a una nueva revolución de las ciencias aplicadas a la industria, apoyadas en la tecnología de la información y en la automatización. Y la manutención, la logística y el transporte (incluso por carretera), no son ajenas a ella.

Todos sabemos cuál es el futuro. Quizás no el cómo y no exactamente el cuándo. Pero no hay duda que el progreso se impondrá como lo ha hecho siempre. Lo hará igualmente en el manejo de mercancías, en la distribución de bienes, en su transporte y gestión. Lo que ya hacen en gran parte las máquinas y los sistemas hoy, lo harán totalmente y de forma autónoma, en un horizonte temporal cercano para nuestro reloj biológico.

Y para los agoreros apocalípticos esta sentencia: el único parecido de todo esto con los cataclismos relatados en novelas o películas de futuros inventados, será que dejará de producirse sólo si, precisamente, un maremágnum planetario nos devuelve al taparrabos. Y bueno, en ese caso, si es de cara al incipiente y caluroso verano que ya tenemos aquí, tampoco está tan mal.

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