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Pesadilla logística

Imagine por un momento que prepara sus vacaciones y a la hora de renovar su fondo de armario, por aquello de los “michelines” o de la dieta de la alcachofa, en su comercio textil habitual y en el otro y en el otro, no hay mercancía. Que sí, que la habrá, pero quién sabe cuándo ni cuánta, le dicen.

Imagine que, aún así, lleva al coche al taller para una puesta a punto antes de iniciar viaje y su mecánico le comenta que no hay stock de la pieza que es necesario sustituir, que el fabricante la envío, pero que es imposible saber dónde se encuentra ni cuándo llegará.

Imagine que, de todas formas, asume el riesgo de ponerse en marcha, pongamos que camino de alguna playa y que, una vez en carretera, se detiene en una estación de servicio a repostar. Allí descubre una inmensa fila de automóviles cuyos conductores esperan, no se sabe cuánto, a que llegue el suministro de no se sabe qué carburante, que no ha estado a tiempo en el momento más necesario de la masiva salida vacacional.

Horas después, imagine, que llega al ansiado apartamento playero y tras tanta frustración, decide darse un homenaje con su familia en aquel restaurante tan agradable al borde del mar. Se sientan a la mesa y apenas lo han hecho el amable camarero les informa de que hay una importante falta de existencias y por lo tanto de platos de la carta, porque no llegaron los suministros y los que lo hicieron no pudieron bajarse de la camión o la furgoneta porque nadie previó disponer de una carretilla elevadora o una transpaleta ¡Ah! y que lo que sí tienen no lo pueden cocinar, porque son mercancías de otro negocio distribuidas aquí por error.

Imagine que, por fin, consigue algo que llevarse a la boca y algo menos hambriento pero igualmente perplejo, camina de vuelta al apartamento y lo que ve a su alrededor es un caos de protestas, automóviles parados por falta de combustible, terrazas y heladerías vacías, y colas enormes ante los pocos negocios que sí tienen suministro en el momento preciso y lugar oportuno…

E imagine que, rendido, cae en la cama y concilia a duras penas un sueño inquieto, repleto de pesadillas.

Al despertar descubre, sin embargo, que sigue en su lugar de residencia habitual y que, al parecer, todo ha sido un mal sueño. Baja risueño a la calle y compra el periódico que estaba, puntualmente, en su quiosco de siempre. Se toma un café en el bar de Manolo, donde no falta de nada. Entra en el comercio textil y se compra no uno, sino dos bañadores, que ha elegido entre docenas de modelos y le entran ganas de coger su coche y llenar el depósito en la gasolinera más próxima, aunque decide dejarlo para más tarde porque se detiene e imagina lo que su sueño le había imaginado, un mundo sin logística, y se dice a sí mismo incrédulo: “imposible”.

¿Lo imagina? Pues eso.

Feliz Verano. Volvemos en septiembre.

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Un año de seis meses

Ahora que a nuestro presidente en funciones se le ha ocurrido plantear como nueva la idea de un horario laboral y general más europeo, podría también idear un año de seis meses, al menos en el ámbito profesional. Claro que esta idea necesitaría de un consenso internacional, pero ya que se proponen tantas ideas peregrinas, una más y refrendada por la fuerza de los hechos, tendría oportunidad de ser tenida en cuenta. Digo yo.

La fuerza de esos hechos la dicta el calendario y se da en casi todos, por no decir en todos, los sectores profesionales. Con seis meses, como mucho, tenemos bastante. Agrupamos –más bien agolpamos- la inmensa mayoría de las citas profesionales, ferias, congresos, eventos, jornadas, etc. en esa estrecha franja temporal, como si no hubiera más, como si una invisible barrera impidiera salirse de ahí, e incluso nos sorprende que se utilicen otras fechas fuera de esa horquilla. Y así, tan contentos, todos con la lengua fuera.

Esa horquilla incluye los meses de marzo, abril, mayo y junio; y los de octubre y noviembre. Y a veces incluso de estrecha más pues la Semana Santa (cuatro días de asueto que se convierten “milagrosamente” en diez o quince) saca algunos días más de ese año “profesional” de seis meses.

¿No me creen? Tomen nota. Estamos a 11 de abril. De aquí al 9 de junio –menos de dos meses- los profesionales del sector logístico tenemos los siguientes compromisos profesionales: Debates ICIL, Día Europeo de la Logística, Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas, Jornadas CEL, feria CeMAT y feria SIL. Quedarán para esos dos meses de octubre y noviembre el Encuentro Empresarial de UNO (en 2015 fue el 30 de septiembre), el Congreso de CETM y la feria Logistics. Y seguro que se me escapa alguna cita profesional que aún estreche más el calendario.

La buena noticia es que con esta concentración, poco queda fuera y, si sobrevivimos, nos queda otro año de seis meses para trabajar a ritmo “caribeño”, para conciliar horarios, para llegar pronto a casa, para echarnos la siesta (según los rotativos europeos), para vacaciones, puentes, acueductos y para tomarnos la vida laboral y familiar con mucha tranquilidad, sin prisas ni estrés ¿o no les pasa a ustedes?

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Las vacaciones de 6.400 chinos

Los alimentos dietéticos y el café dan grandes beneficios. Si además se es generoso y excéntrico, uno lleva por nombre Li Jinyuan, el empresario y propietario de la compañía multinacional china Tiens Group que se ha llevado de vacaciones a Paris y Niza a buena parte de sus empleados. Y no han sido unas decenas. Ni siquiera algunos cientos. Al jefe le han acompañado nada menos que 6.400 empleados.

Solemos asimilar a la logística, exclusivamente, con el almacén, en su más amplio concepto, con el transporte y las mercancías. Y alrededor de estos elementos se mueve, mayoritariamente, la función logística, sus proveedores, sus soluciones y la información que destila todo ello.

Pero la logística es también útil mucho más allá y sus fundamentos, claves, operativa y aplicaciones pueden tener idéntico sentido para gestionar adecuadamente no sólo mercancías, paquetes o palés. Los grandes acontecimientos públicos, artísticos o deportivos, que suponen el tránsito de mucha personas simultáneamente, requieren también de la logística aplicada para asegurar ya sea el transporte, ya el avituallamiento, ya el alojamiento, en escenarios aún más exigentes, si cabe, que el natural de la logística, pues son personas y no mercancías las que requieren ese soporte.

Quienes se han ocupado de las vacaciones de Li Jinyuan y los 6.400 empleados de Tiens que le han acompañado, han tenido que gestionar su alojamiento y manutención en 140 hoteles franceses de la capital gala y de la Costa Azul (30.000 pernoctaciones), programar vuelos que han llenado los 84 aviones que han trasladado a estos turistas desde China, la mayor parte, Rusia y Kenia; igualmente gestionar los 12 trenes TGV completos que han llevado a los empleados desde Paris hasta la costa mediterránea; uniformar e identificar a cada unos de esos 6.400 viajeros…y aún han tenido tiempo para formar un gigantesco mosaico humano en las playas de Niza que ha batido un récord Guinness. ¡Chapeau! para los “logísticos” que lo han hecho posible.

No hay duda que la habilidad de los chinos para ponerse a la cabeza de todas las disciplinas es singular. Y parece que en lo que a logística se refiere, también están dispuestos a dar más que a recibir lecciones.

Mi recomendación literaria de esta semana “La impresionante aventura de la Misión Barsac”, una de las novelas menos conocidas, y quizás la última -de hecho su publicación fue póstuma- de Julio Verne.

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Bárcenas, EREs, Pujol y otras cosas del montón

Añoro los veranos de antes. Ese remanso de desinformación absoluta que te ayudaba a desconectar. Eso eran vacaciones de verdad. Al menos un mes, agosto, en el que no pasaba nada. Cuando los periódicos (en papel, claro) se las veían y deseaban para llenar sus páginas. Solo las secciones de deportes tenían algo que decir, y no por los fichajes (entonces no había esta actividad febril), si acaso por los torneos futbolísticos veraniegos que entonces sí que lo eran ¡el Teresa Herrera!¡El Carranza!

Hoy no es lo mismo. La cobertura wi-fi ya es una exigencia más en el veraneo y si falla se recupera el viejo hábito de comprar el periódico para leerlo bajo la sombrilla, con la cervecita o sesteando tras la paella. La mayoría ya no puede dejar de saber qué pasa en el fútbol (las plantillas cambian de una temporada a otra que es una barbaridad), la Fórmula 1…pero también en la economía y la política: la Bolsa y la prima de riesgo no toman vacaciones y la casta política no descansa tampoco de airear sus muchos trapos sucios. Si te descuidas, en una quincena vacacional “desenchufado” puedes perderte lo último de Bárcenas, el penoso sainete de los falsos EREs andaluces o la triste novela por entregas de la deshonorabilidad de Jordi Pujol.

Entre tanta exigencia informativa me resulta sorprendente pensar cómo la logística resuelve esa necesidad concreta y temporal de poner los periódicos, las revistas del corazón, los cuadernillos de sudokus, etc. en quioscos y tiendas de conveniencia de pueblos vacíos en invierno, en calles y  plazas peatonales sin acceso viario en el estío, o al pie de cientos de playas abarrotadas que el resto de año son un desierto.

Los periódicos, las revistas, pero también los barriles de cerveza, las gambas, los helados, los refrescos de cola, los chuletones o los ingredientes del gin-tonic que nos metemos entre pecho y espalda en los lugares más recónditos, inusuales, inaccesibles y muchas veces inhabitados once meses al año. Desde la aldea en los Picos de Europa, hasta el crucero por el Mediterráneo.

Leía hace poco que en época y lugar vacacional, los hurtos suponen no sólo una pérdida directa del bien sustraído, sino una pérdida de oportunidad de venta consiguiente por rotura de stock hasta que se produce la reposición. Yo añado que la mala praxis logística o la ineficacia en el flujo de la cadena de suministros estival hacia los puntos geográficos de consumo turístico, traen como consecuencia la falta de mercancías, la rotura de stock y la imposibilidad se servir -y sobre todo de satisfacer- al veraneante, quién por obvia razón temporal lo que quiere lo quiere aquí y ahora.

Y una reflexión más, sobre todo para lugares poco accesibles, peatonales o muy alejados de los centros habituales de consumo: ¿la logística y sus actores no son los suficientemente maduros para diseñar estrategias de entrega única, digamos por ejemplo en establecimientos de restauración, en lugar del habitual flujo procesional? A mí me parce que sí. ¡Feliz vuelta a la realidad!

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Esos irreductibles galos y los camiones españoles

Como una indeseable serpiente de verano, los agricultores franceses vuelven a montar su particular revolución y “guillotinan” los camiones españoles cargados de frutas que cruzan la frontera, sea su destino el país vecino o no. Los camioneros hispanos se están viendo, de nuevo, asaltados allende los Pirineos por este “bandolerismo sindicalista” y observan impotentes como frutas y verduras quedan desparramadas por las calzadas galas, con suerte sin desperfectos importantes en sus camiones y su integridad. Mientras tanto la Gendarmerie practica eso tan francés del “laissez faire, laissez passer”.

La reclamación gala origen de estas razias es tan absurda como insostenible. Al grito de “consume francés, consume local” -desconozco si con bandera tricolor y gorro frigio, o no- , los agricultores sostienen su violenta campaña bajo el argumento de la defensa y prevalencia de sus productos para el compatriota consumidor galo. Sin embargo, los camiones españoles cargados de fruta y verdura (en la última incursión se destruyeron nada menos que 100 toneladas, con las consiguientes pérdidas para toda la cadena logística) o bien van a recalar a otras latitudes -atravesando inevitablemente suelo francés- o bien tienen como destino los grandes distribuidores franceses, que compran sus perecederos en España porque son más baratos, de más calidad o ambas cosas.

Entretanto, lo de siempre. Políticos sentados a largas mesas desgranando sentencias diplomáticas, llamando a la cordura y quitando hierro a la cosa, denominado como “incidentes aislados” a estos ataques perfectamente orquestados: los agricultores galos identifican primero a los camiones españoles cargados de frutas y verduras; luego, más allá, cortan la carretera y obligan a parar a los vehículos identificados, casi siempre más de uno al viajar en convoy para procurar mayor seguridad; y a continuación abren o descerrajan, si es preciso, las cajas frigoríficas y desparraman el contenido por la calzada; todo ello a ojos de la prensa, claro (para conseguir el efecto multiplicador deseado), y de gendarmes casi siempre cruzados de brazos.

Llamemos a las cosas por su nombre. Aún con el peligro de caer en una injusta generalización, Francia nunca ha destacado por su buena vecindad norteña. En logística y transporte de mercancías, mucho menos. No ha hecho nada por apoyar la Travesía Central Pirenaica y con ello ese Corredor Central transfronterizo; está haciendo muy poco y a regañadientes para reabrir la línea férrea que aprovecharía, de nuevo, la ruta del túnel de Canfranc; penaliza con cada vez más tasas y normas (como la prohibición de pernoctar en la cabina del camión en el descanso semanal) al transporte internacional, siempre con un singular perjudicado por su ubicación, el transporte español; y un largo etcétera.

Y por si fuera poco estos “irreductible galos” se empeñan en tratarnos con cierta condescendencia, como si fuéramos tan tontos como unos romanos de viñeta de Goscinny/Uderzo para el inexistente álbum “Asterix y Obelix contra la fruta española”.

La proverbial liberalidad francesa cae por su peso permitiendo esas actuaciones agresoras que periódicamente nos salpican, propias de otras repúblicas: las bananeras. Quizás nuestros vecinos deberían mirar a sus propios mitos y, como el orondo personaje de los pantalones a rayas, aceptar en sus mesas ya sean frutas, verduras o un buen jabalí, sin importar su origen, siempre que esté “bien cuit”.

Nota: Esta es mi última entrega pre-veraniega. Y espero que no sea la última, pues he leído que se vaticina, en muy poco tiempo, la sustitución de los periodistas redactores de noticias por robots que harán la misma función. Lo que no dicen esos vaticinios es cómo lo harán, dónde quedará la creatividad y de dónde saldrán las noticias originales, o si también habrá reporteros robóticos. Veremos. De momento me preocupa más el tamaño de la cerveza y de la sombra bajo la cual degustarla: ¡Feliz Verano!

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Gazpacho y mamandurrias: Cuaderno de Vacaciones

Los más optimistas dicen que la definición de trabajo es aquello que está entre dos periodos de vacaciones. Lamentablemente, este año muchos más no podrán aplicar esta acepción o quizás ya hayan acuñado otra: trabajo es aquello en lo que todos los que están dentro quieren estar fuera y todos los que están fuera quieren estar dentro. Más o menos como el matrimonio.

Bromas aparte – no quiero herir susceptibilidad alguna en un tema tan serio- ahora que muchos tenemos la doble suerte de descansar, por tener vacaciones y en consecuencia, trabajo, voy a proponerles deberes; sí como si fueran malos estudiantes.

Las tareas no exigen esfuerzo físico alguno, así que se pueden llevar a cabo en la tumbona, bajo la sombrilla playera, rebozados de arena cual croquetas, con la mochila a la espalda, en el spa, la tienda de campaña o en el coche tras la caravana de la A-III, que esa no falta a su cita vacacional.

Estos son sus deberes:
– No lea las noticias; me refiero a las políticas o económicas; compren la prensa o vean televisión, internet, etc. pero para saber cómo va el torneo de baloncesto en las Olimpiadas y quién nos tocará en los cruces de cuartos; qué resultados se dan en la pretemporada futbolera; dónde comen los mejores gazpachos; quién ha hecho el posado de este verano o qué películas se estrenan este otoño.
– Olvídese de la prima de riesgo, de su sobrina y de su tía; hasta hace un año la mayor parte vivía sin saber para nada de su existencia. Además, no está en su mano bajarla. ¡Y si lo está, ya podía haberlo hecho antes!
– Respire y diga alto y fuerte: Europa está en manos de los especuladores; hay que acabar con ellos. Se sentirá mejor.
– Renuncie a que ninguna Administración, Comunidad, Ayuntamiento o Gobierno le vaya a sacar las castañas del fuego con ayudas o subvenciones; o mejor ¡huya! ¡mic,mic! como el Correcaminos, apártese todo lo que pueda, no vaya a ser que le salpique algún escándalo de corruptelas y pague usted como justo por otros pecadores.
– Deje de hablar de crisis ¡por favor! Y dedíquese a trabajar, si tiene trabajo; o a emprender, crear, proyectar.
– Apunte y, cuando vuelva, dispare a cualquier mamandurria que conozca; nos sobran poltroneros, caraduras, vagos y maleantes a mansalva y, casi todos se concentran en edificios públicos.
– Asuma que cualquier tiempo pasado no fue mejor; más bien un espejismo que duró ¿demasiado?; ahora estamos en la realidad. Escuece, pero es porque se está curando, como me decía mi mamá.
– Haga lo que sepa hacer mejor y hágalo bien y siempre, que así se sale de los baches, pozos, fosas o simas.
– Y sea feliz que ya tenemos bastante con las acritudes, incapacidades, ineficacias, inoperancias, mentiras, falacias, abusos que nos trasladan nuestros próceres, desde los políticos hasta los banqueros, pasando por los gurús económicos.
– Ah, se me olvidaba, y disfrute entre tanto, que para eso están las vacaciones.

¡Feliz verano!

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