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Gargantúas y Pantagrueles

Creo que ya he contado que, en mi bachiller, la lengua extranjera que se estudiaba era el francés. Recuerdo una profesora, la señorita Peiró, dura como el acero, inasequible a las concesiones que, finalmente, me hizo aprender la lengua de Moliére y admirar a los clásicos de la literatura gala. Uno de esos escritores fue Rabelais (siglo XVI) quien escribió, entre sus muchas obras, un cuento de dos gigantes, a modo de fábula. Dos enormes, vulgares y groseros, padre e hijo, Gargantúa y Pantagruel, que dieron al escritor para cinco novelas, y cuya mayor seña de identidad era su glotonería sin medida.

Estos días, conocido el acuerdo entre otros dos gigantes, Correos y Amazon, que aprovecharán la enorme capilaridad de la red de 2.400 oficinas postales españolas, como centros de recogida para las compras on-line en la empresa norteamericana, he recordado a los dos enormes “devoralotodo” de Rabelais y con ello un adjetivo casi en desuso, debido al vástago de Gartgantúa, que describe la glotonería superlativa: pantagruélico.

Como esa glotonería de los personajes del literato francés,  la economía libre de mercado tiene una de sus señas de identidad en la concentración, un eufemismo para referir la compra, absorción o fusión de empresas para controlar o tener predominio en un mercado concreto. Mientras eso ha ido ocurriendo y cada vez más -creando una estirpe de gigantes que hemos llamado multinacionales- las leyes mercantiles nos han engañado procurando demostrar que en ese mismo tapiz de economía libre de mercado el monopolio es una ilegalidad indeseable, aunque sea real y universal.

Aún más. Nos empeñamos en cantar las bondades de los más pequeños, ponderando la calidad de lo que producen o proponen, cuando una y otra vez se terminan “integrando” -otro eufemismo- en estructuras más y más grandes, precisamente las que han reducido el mundo a una aldea global de la que -eso sí- todos queremos ser partícipes. No seamos mojigatos. El mundo comercial es de los modernos Gargatúa y Pantagruel y no hay por qué despreciar el modelo del que -casi- todos participamos.

Volviendo a Correos y Amazon, la multinacional norteamericana de la venta on-line, tuvo hace años, en sus primera navidades, una indigestión severa que a punto estuvo de mandarla al otro barrio de muerte por éxito. Desde entonces sus comilonas son igualmente pantagruélicas, pero mastica mejor y digiere en consecuencia, con un estómago que parece no tener fin. Este acuerdo es una prueba más.

Crean o no crean en cuentos, les gusten o no las novelas del XVI, sean monárquicos o republicanos del juguete (Reyes Magos/Papa Nöel): ¡Feliz 2015!…y hasta entonces.

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Volando voy…

En mi último post mencionaba al don Hilarión de la “Verbena de la Paloma” para decir que las costumbres cambian que es una barbaridad. Alguien, con razón, me corrigió de inmediato, ya que la frase musical que ha trascendido del libreto de esa Zarzuela en realidad reza: “hoy las ciencias adelantan, que es una barbaridad”.

En este caso voy a ser estricto con la frasecilla, porque lo que traigo a colación es ciencia (y tecnología) y un adelanto bárbaro que puede dejarnos pronto atónitos y con un escenario más propio de la Coruscant de “Star Wars” o la Nueva York de “El quinto elemento”.

La idea no es nueva pero una empresa china de paquetería -ya no hay que esperar a que China despierte- está estudiando muy seriamente la posibilidad de realizar sus entregas en lugares de difícil acceso o menos frecuentes mediante drones, pequeños aviones o más bien helicópteros, no tripulados.  La noticia, emitida originalmente por una web china, avanza que los drones -que ni consumen combustible, ni cobran nómina o dietas por kilometraje- podrán volar a 100 metros de altura y alojar su carga en la parte inferior.

Aunque a primera vista resulte simplemente una curiosidad, sin más, no hay que perder la pista, sobre todo viniendo de un país que está avanzando a pasos agigantados, que necesita respuestas logísticas acordes con el tamaño y extensión de ese mercado y que para ello dispone de unos recursos que desde estos lares se antojan casi ilimitados.

La noticia no despeja el tamaño y peso de los envíos que SF Express, la empresa paquetera, estudia realizar por esta “vía aérea”, ni tampoco otras incógnitas: cómo gestionar el “comprobante de entrega”; cómo prevenir los choques con aves comunes o el ataque de rapaces; como identificar los drones para evitar la confusión en los cazadores, sobre todo en lugares poco transitados;  como recuperar con seguridad los drones tras la entrega; cómo comprobar que el receptor está en el punto de entrega o si esta solución es válida para todas las entregas, porque no es lo mismo hacerlo en una industria o vivienda unifamiliar, que en el 3º C de un edifico residencial.

Y ya que he empezado con música, mientras despejan esas incógnitas la que si puede tener resuelta -sobre todo si la idea llega a España o Latinoamérica- es la banda sonora de su campaña de marketing cuando lance este sistema: la canción “Volando voy” de Kiko Veneno, que popularizó Camarón.

Anímese y tararée…

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Correos, la semana de la margarita y la competitividad

Para ir abriendo boca a los festejos navideños, hemos transitado a principios de diciembre de 2011 por “la semana de la margarita”: trabajo, no trabajo, trabajo, no trabajo, trabajo…una auténtica barbaridad para la productividad con la que está cayendo, que ni siquiera ha satisfecho al sector turístico.

En esas mismas fechas, en concreto el 7 de diciembre, poníamos en el servicio de Correos nuestro número de noviembre-diciembre. Hechas todas las salvedades, entendidos todos los imponderables y descontadas todas las excepcionalidades, en el plazo de dos o tres días laborables debería haber estado concluida la distribución de un medio impreso como este, tarea logística, por otro lado, de lo más elemental. Pero no.

El servicio postal en España, Correos, es uno de esos entes para los que no se ha escrito las palabras compromiso, cumplimiento, ni satisfacción del cliente. Desde un punto de vista contractual, el prestatario –Correos- se compromete ante el usuario –usted o yo- a prestar un servicio, el postal, a cambio de un justiprecio, franqueo, en el momento que se realiza este, que en el caso de este servicio es, siempre, por adelantado. Sin embargo, no existe ni seguimiento de ese servicio (los envíos postales pueden ¡perderse!), ni reclamación que valga ante la pérdida, ni reconocimiento de falta, ni compensación alguna. El servicio puede prestarse o no. Y hacerse en dos, diez, veinte días o…Y mientras eso ocurre aquí, desde hace décadas otros servicios postales europeos han aprovechado su capilaridad, infraestructuras y recursos históricos para montar empresa logísticas ejemplares.

Aunque nos creamos partícipes de una economía libre de mercado, estamos en manos de monopolios de facto: el de los servicios postales, el de las redes y operadoras de telefonía, el de los programas e infraestructuras en la Red, el del hardware informático,…Compramos en los mismos grandes almacenes, llenamos la cesta de la compra en las mismas grandes superficies, leemos los mismo libros…las alternativas decrecen y los monopolios se agigantan. Tomemos nota.

Por cierto, eliminados todos los días festivos o no laborables, contando únicamente ocho horas efectivas por jornada de trabajo, algunos de nuestros ejemplares han viajado, en España, de origen a destino, a la endiablada velocidad de ¡5,5 km/hora!

Mariano Rajoy ha incorporado al Ministerio de Economía el término COMPETITIVIDAD. Mucho queda por hacer.

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