Categoríasector cárnico

¿Podemos o seguimos acomodados?

En un comentario de café con unos colegas, estos últimos días, volvía a esgrimir mi teoría de lo conveniente de que el país, su economía, sus empresas, vivan de espaldas a la política, a propósito de las últimas elecciones europeas, sus resultados y los comentarios de los que parece que, tras la votación, no se han enterado de nada: los políticos.

Decía esto –me temía que, de nuevo, alguno de mis contertulios me tachara de “anarquista” por desear el “desgobierno”, si bien nada más lejos de mis ideales- y ponía el ejemplo, la quintaesencia de ese ideal, que tenemos más cerca, cultural y geográficamente: Italia. Alguien entre los que compartíamos té y café corrigió mi utopía y la llenó de realidad: “Sí, pero Italia tiene un tejido industrial que no tiene España y una capacidad de vender sus productos que aquí no tenemos”. Es cierto.

Y también es una incoherencia. Y una verdad a medias. Los anuncios de Campofrío, con toda su “casposidad” y ese fondo musical de “Suspiros de España”, al menos nos han ayudado a recordar que no es para tanto –no del todo-, que hay industrias singulares y punteras, que somos internacionalmente reconocidos en algunos campos –y no sólo de fútbol- que hay empresas líderes en sus sectores, desde Inditex al fresón de Huelva, que además de mano de obra barata, aquí la hay cualificada y exportable, y que nuestros directivos están en muchos, muchos sectores, como CEOs de las mayores multinacionales. Por eso es una incoherencia mayúscula que nos falte tejido industrial.

Mis responsabilidades en otras áreas de C de Comunicación – en la revista Cárnica 2000- me han enseñado que otros sectores primarios, quizás no tan industrializados, pelean por su negocio, por el particular y por el gremial, como ahora mismo sucede con el jamón serrano que busca su denominación de origen (I.G.P. en este caso) para luchar, precisamente y sobre todo, con un producto italiano, el jamón de Parma que no siendo de tanta calidad, se “vende mejor” en mercados internacionales.

El sector primario de alimentación español no se acuesta pensando en el “que inventen ellos” para conciliar el sueño y de esto deberían tomar buena nota los acomodados a lo irremediable, aquellos para los que el emprendimiento es un término ajeno y la empresa algo lejano, imposible. Nos iría mejor.

El “Sí se puede” futbolístico y el “Podemos” político (sin entrar en ninguna otra valoración o adscripción) demuestran lo que mueven las voluntades, aún sin capital. Lo importante no es sumarse a unos u otros, lo importante es que en todos los campos y sectores y, también, en los negocios, veamos los “podemos” como ejemplos y no como “moscas cojoneras” que vienen a mover el tradicional inmovilismo. Que no veamos el “podemos” como un “j……”.

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A galope tendido

Desde que apareciera la noticia de la mezcla de carne de caballo y vacuno en las hamburguesas de Tesco en el Reino Unido, no ha pasado día en que los informativos de toda Europa, en cualquiera de los formatos impresos o audiovisuales, no hayan sacado los colores a productores y distribuidores cárnicos, desde Rumanía a Portugal. Hasta tal punto, que parece imposible encontrar a alguien inocente de esto que, por fortuna, es “sólo” un fraude y no una alarma alimentaria.

Las noticias sin fin parecían durante semanas un caballo desbocado a galope tendido, que asusta, pero que a falta de riendas es imposible que gane. Como aquellos que cuando pierden su jinete siguen “compitiendo” por inercia en la carrera de vallas del Grand National inglés.

¿Y ahora, qué? ¿No hay más carnaza? ¿Qué se ha demostrado? ¿Qué los productores y/o distribuidores hacen del fraude una costumbre o que los sistemas de control y análisis no son del todo eficaces? ¿O ambas cosas? ¿Y qué es una traza de ADN?

Los medios de difusión nacional o internacional se deben a la información y a sus lectores, pero también, seguramente mucho más, a la responsabilidad sobre la exacta veracidad de lo que transmiten. Las Administraciones sólo a lo segundo. Y ambos tienen ese deber especialmente en aspectos de incidencia comercial y en épocas de crisis como esta.

Ambos estamentos lo han olvidado en este asunto: la aparición de un tipo de carne que estaba donde no debería estar. Y el caballo informativo ha seguido desbocado, aunque ya fuera de foco, y ahora nadie sabe dónde está ni cómo pararlo.

Si no se cierra bien esta crisis y se anuncia ese fin con la misma vehemencia que su origen, corremos el peligro de no saber qué ha pasado ni porqué, desconocer si puede volver a ocurrir y quién debe tomar las riendas ahora y en el futuro.

Nos hemos dado de bruces con una realidad que no esperábamos, desde luego. Pero esa realidad no es la de colgar el sambenito de fraude a todo el sector. Aunque quizás hubiera sido más oportuno que antes de todo esto alguien se hubiera preguntado dónde iba a parar tanta carne de caballo sacrificado ¿no?

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