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2015 acaba en cinco

Traspasado el peculiar periodo navideño, mezcla de encanto festivo, consumo y negocio, un cuando en el que la logística es cada vez más clave, volvemos a la realidad más prosaica y nos enfrentamos de lleno a un 2015 que en el escenario doméstico-económico se presenta muy prometedor.

Aupado por los resultados mejorados de 2014 (sobre todo en su segunda mitad), por el despegue del consumo y por augurios cimentados en las cifras al alza del PIB, contratación laboral, prima de riesgo, etc., los más optimistas se sumarán al análisis gubernamental, rotundamente positivo, y aún augurarán un escenario aún mejor al pronosticado por Rajoy, de Guindos o Bañez; los más pesimistas enarbolarán la oscura bandera del escenario global, los extremismos de Podemos o Syriza, el precio del crudo por los suelos, la debilidad de la UE y entenderán ese análisis como una cortina de humo volátil y electoralista; y los más ponderados reconocerán las cifras como alentadoras, viniendo de donde venimos, aunque aún débiles para esbozar una clara sonrisa. De todo habrá.

Lo cierto es que en el panorama logístico, el horizonte inmediato tiene tintes más optimistas que lo contrario, si atendemos a las cifras y a la opinión de los directamente implicados, tanto clientes como proveedores. Los índices de ventas, de solicitudes de oferta, de alquileres y de proyectos, en carretillas elevadoras, almacenes o equipamiento, han cerrado 2014 con números desconocidos desde hace años; el comercio electrónico no parece tener límite de crecimiento, por ahora, y su actividad se refleja en la práctica totalidad de la cadena de suministros; y hasta el transporte por carretera acabó 2014 con la indisimulada sonrisa de su órdago ganado al Gobierno en la pugna por la devolución del “céntimo sanitario”.

Por lo tanto, hay razones para no deprimirse en exceso, aunque no conviene olvidar que hay sombras entre las luces y que hace ocho años estos mismo índices y resultados nos hubieran parecido poco más que ridículos y, desde luego, nadie los hubiera pronosticado.

Por cierto, un experto economista internacional viene a decir que los pronósticos económicos solo sirven para hacer más creíble la astrología. Es decir que los que saben, realmente, no saben lo que va a pasar.

Con estos mimbres, lo único veraz es que habrá que trabajar y mucho, que aquí arranca 2015, y que podrá ser un año Jekyll o Hyde, la “niña bonita” o hacer honor a su último dígito, con perdón.

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El lado oscuro y la metrología

El malo malísimo de la saga Star Wars, Lord Darth Vader, reprochaba a uno de los generales del Imperio en el episodio IV (el primero cronológico según su estreno), su nula fe en las artes paranormales del lado oscuro: “su falta de fe resulta molesta”, le espetaba, mirándole fijamente (es un decir) con su máscara archiconocida.

Saltando tiempo, espacio y de la ficción a la realidad, la pasada semana en unas declaraciones a un periódico digital, el director de Metroscopia, la empresa de estudios y encuestas de opinión, decía que la gente no supo en su momento por qué había estallado la crisis “y ahora no se fía de la recuperación”.

Item más, también a este lado de la realidad. Los directores generales de los fabricantes e importadores de las principales marcas del mercado de carretillas, reunidos en la IV Cumbre del Sector, como las anteriores organizada por Cuadernos de Logística, expresaban con muchas,  muchas cautelas, -lo que cuesta alegrarse- aquello que debería ser de un optimismo desbordado, si tenemos en cuenta que de un mercado decreciente los últimos años, el de las carretillas elevadoras -como tantos- hemos pasado a un crecimiento en ventas que en los primeros meses ha sido del 40 por 100 y que, finalmente, puede situarse en el 25 por 100.

No sé si esta falta de confianza en la recuperación puede calificarse de molesta, de cautelosa o de conservadora, pero lo cierto es que los casi siete años de “plaga económica” que llevamos acumulados no han sido una bofetada, sino toda una tortura psicológica que ahora nos impide creer siquiera en los datos objetivos, eso mismo que antes esgrimíamos como justificación de lo mal que estaba todo y que nos recordaba uno de los asistente a la IV Cumbre: PIB, IBEX, Prima de Riesgo, Indice de Confianza.

Aprendemos de todo. Pero mucho más de aquello que nos deja huella negativa, y si el PIB o la prima más famosa de España van bien, que diría Aznar, enseguida nos acordamos del paro y la Deuda Pública, para volver a esa realidad triste y desgastada que, como un narcótico, nos devuelve al lado oscuro.

No hay realidad paradisíaca, ni modelo económico imbatible y eterno. Lo que si hay, lo que si tenemos o deberíamos tener, a mi me lo parece, especialmente desde el lado de las empresas y sobre todo de los medios de comunicación, es una responsabilidad metrológica, es decir un mandato tácito para medir con los mismos instrumentos y raseros cualquier escenario (económico) para sacar conclusiones comparables, pues la economía es una ciencia…o lo parece. Y si a la vista de los números hay que llorar, se llora. Pero si hay que sonreír, como empieza a ser muy aconsejable…pues eso. Feliz lunes.

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El Año de la Carretilla

Este 2014 ha sido declarado año de la Agricultura Familiar, de la Promoción de la Industria Responsable, de la Dieta  Mediterránea, de El Greco y de la Cristalografía. Para los chinos es ya el Año del Caballo de Madera, pero también podría ser el Año de la Carretilla Elevadora.

Tras una más que sufrida travesía del desierto, de seis años, del que apenas se empieza a salir, el mercado se ha estabilizado y tiende a la superación global de unas cifras que no han hecho más que caer en los últimos ejercicios en buena parte de los mercados. Por fortuna, para los fabricantes globales China y los países emergentes han suplido buena parte de las caídas en mercados regionales de primer orden, como el europeo.

Todo hace pensar que el panorama está cambiando (en 2013 se superó por primera vez la barrera del millón de carretillas vendidas en todo el mundo), los pronósticos son optimistas y, con ello, los grandes productores mundiales han comenzado una frenética actividad de presentaciones, lanzamiento de nuevos modelos, anuncio de eventos especiales, presencia notable en ferias y un largo etcétera. Todo para estar en la primera línea de lo que ya se da como segura recuperación.

Así, CeMAT, la gran feria mundial de intralogística de Hannover va a ser escaparate de algunas marcas como Toyota o Clark que no quieren dejar pasar esta oportunidad para “echar el resto” con una presentación sobresaliente en espacio y novedades; Jungheinrich que también será protagonista en esa feria mundial, no oculta su optimismo por los resultados obtenidos y las perspectivas para 2014; Linde prepara en Alemania un macroevento, World of Material Handling, durante todo un mes; Hyster presentará también novedades; e incluso en el plano nacional parece romperse una tendencia con la presencia destacada de algunas marcas, como Crown, en la edición de este año de SIL en Barcelona. No hay en este repaso un ánimo de ser absolutamente exhaustivo, por lo que seguro que habrá más.

Buena falta le hace ese optimismo, respaldado por cifras de mercado igualmente optimistas, a un sector que no siempre recibe el trato protagonista que merece en el ámbito logístico, pero que es insustituible en la cadena de suministros, que invierte en I+D+i como pocos, que está siempre en la primera línea y que es termómetro exacto de la situación y actividad económica. Si las carretillas van bien, todo lo demás suele ir bien.

Lo dicho parece que este, por fin, puede ser el Año de la Carretilla.

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La maldita realidad

En mi trabajo estoy acostumbrado, y obligado, a escudriñar lo que ocurre en mi entorno profesional para descubrir qué pasará mañana, siempre atendiendo a lo que me cuentan los que saben, que son los actores protagonistas del sector logístico. Me pongo la túnica de amplias mangas y el picudo gorro de estrellas -como un nazareno, pero a cara descubierta- y cual pitoniso me enfrento a una bola de cristal en forma de notas, fragmentos, opiniones, estadísticas y un sinfín de otras fuentes, para concluir qué está pasando y qué pasará mañana.

Mi pregunta es recurrente ¿cómo ves la situación? y la respuesta suele venir acompañada igualmente de otra pregunta ¿y tú, que hablas con todos, cómo lo ves?

Pues lo veo bien, a juzgar por lo que me cuentan. Entre mediados de diciembre y finales de febrero he visto, hablado o visitado a numerosas empresas proveedoras el sector logístico y he compartido con sus directivos preguntas y reflexiones de esta guisa. Ya se sabe,  somos animales de costumbres y el calendario nos dice cuando hacer cuentas, incluso si nuestro ejercicio económico-fiscal tiene otras fechas.

Ha sido -como cualquier otro final/principio de año- momento para el balance y el pronóstico; ocasión para vislumbrar lo que vendrá en lo inmediato y más allá; para cerrar algunas estadísticas; y para hacer eso que los economistas hacen a toro pasado, aventurarse a decir lo que nos espera, económicamente hablando.

Por eso lo veo bien. Porque las estadísticas, en el peor de los casos, no empeoran, valga por esta vez el retruécano; porque las opiniones son claramente optimistas; porque las empresas empiezan a recibir consultas sobre operaciones de manera sostenida; porque hay proyectos que son realidad y sólo necesitan -¡ay!- de la oportuna financiación; y porque mis fuentes me dicen que, precisamente, es casi inminente que los bancos comiencen a abrir el grifo crediticio.

Claro que también, ahora y aquí, está eso que llamamos la realidad o la maldita realidad y su imposición -que es mucho menos divertida que la ficción aunque la supere con frecuencia- y esa realidad me dice que las compañías vuelven a cercenar sus presupuestos de gasto; que se mueven con mucha dificultad; que no pagan cuando deben y apenas cuando pueden; y que muchas hacen esto no por falta de recursos, sino por exceso de cautela o directamente por miedo a lo que el otro día me calificaron como “este proceloso mar que transitamos”. Poético y borrascoso comentario.

Y así, resulta que el ánimo -un profesor de Economía me enseñó que lo peor que se puede introducir en un sistema económico es el desánimo o la incertidumbre- que es un poderoso aliado y las perspectivas, que son tanto como queramos que sean, de momento no se han impuesto. Pero el balón está en juego. Aún pintan bastos, que diría mi abuela. Y los hay que los pintan hasta 2017, al menos.

Yo, sin embargo, creo que la maldita realidad -la económica- no es más que una falacia y que el optimismo bien entendido y responsable puede cambiarla, ahora por ejemplo, sin esperar a que lo diga el FMI o Moody´s o al margen de lo que digan. Conocimiento y atrevimiento. Y es lo que saco de las empresas que me cuentan que cerraron bien o muy bien sus cuentas de 2013. Algo así como el funcionamiento de la economía italiana, entre las primeras de Europa y por delante de España, a pesar de que en 70 años ese país ha ¿tenido, sufrido? 68 gobiernos, el último constituido este mismo fin de semana. Y no pasa nada.

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