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Pesadilla logística

Imagine por un momento que prepara sus vacaciones y a la hora de renovar su fondo de armario, por aquello de los “michelines” o de la dieta de la alcachofa, en su comercio textil habitual y en el otro y en el otro, no hay mercancía. Que sí, que la habrá, pero quién sabe cuándo ni cuánta, le dicen.

Imagine que, aún así, lleva al coche al taller para una puesta a punto antes de iniciar viaje y su mecánico le comenta que no hay stock de la pieza que es necesario sustituir, que el fabricante la envío, pero que es imposible saber dónde se encuentra ni cuándo llegará.

Imagine que, de todas formas, asume el riesgo de ponerse en marcha, pongamos que camino de alguna playa y que, una vez en carretera, se detiene en una estación de servicio a repostar. Allí descubre una inmensa fila de automóviles cuyos conductores esperan, no se sabe cuánto, a que llegue el suministro de no se sabe qué carburante, que no ha estado a tiempo en el momento más necesario de la masiva salida vacacional.

Horas después, imagine, que llega al ansiado apartamento playero y tras tanta frustración, decide darse un homenaje con su familia en aquel restaurante tan agradable al borde del mar. Se sientan a la mesa y apenas lo han hecho el amable camarero les informa de que hay una importante falta de existencias y por lo tanto de platos de la carta, porque no llegaron los suministros y los que lo hicieron no pudieron bajarse de la camión o la furgoneta porque nadie previó disponer de una carretilla elevadora o una transpaleta ¡Ah! y que lo que sí tienen no lo pueden cocinar, porque son mercancías de otro negocio distribuidas aquí por error.

Imagine que, por fin, consigue algo que llevarse a la boca y algo menos hambriento pero igualmente perplejo, camina de vuelta al apartamento y lo que ve a su alrededor es un caos de protestas, automóviles parados por falta de combustible, terrazas y heladerías vacías, y colas enormes ante los pocos negocios que sí tienen suministro en el momento preciso y lugar oportuno…

E imagine que, rendido, cae en la cama y concilia a duras penas un sueño inquieto, repleto de pesadillas.

Al despertar descubre, sin embargo, que sigue en su lugar de residencia habitual y que, al parecer, todo ha sido un mal sueño. Baja risueño a la calle y compra el periódico que estaba, puntualmente, en su quiosco de siempre. Se toma un café en el bar de Manolo, donde no falta de nada. Entra en el comercio textil y se compra no uno, sino dos bañadores, que ha elegido entre docenas de modelos y le entran ganas de coger su coche y llenar el depósito en la gasolinera más próxima, aunque decide dejarlo para más tarde porque se detiene e imagina lo que su sueño le había imaginado, un mundo sin logística, y se dice a sí mismo incrédulo: “imposible”.

¿Lo imagina? Pues eso.

Feliz Verano. Volvemos en septiembre.

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Época de rebajas

El sector de los proveedores de sistemas y equipamiento logístico se ha ido de compras y parece que ha encontrado buenas oportunidades, pues ha enlazado las rebajas de inverno con las de verano sin solución  de continuidad.

No es fácil encontrar razones para este comportamiento en “modo compra” en el que se han situado empresas casi de cualquier perfil de nuestro sector, ya sean proveedoras de servicios logísticos, ya de mensajería, de intralogística, de carretillas elevadoras, de implementos…

Podría pensarse que es un reflejo de  que la situación económica ha cambiado su tendencia y las perspectivas animan a esa compra para buscar mejores posiciones, ante la época expansiva que ahora debería tocar; podría pensarse que algunos de quienes han culminado la travesía de estos últimos años y han sobrevivido, se sienten fuertes y capaces de absorber mediante compra a otros también supervivientes, saneados por tanto, pero no tan fuertes para persistir en solitario; o podría pensarse que la concentración es el camino empresarial más cierto para medrar. Podría, pero también hay razones para desbaratar éstas por insuficientes. Remedando al filósofo, si hay algo seguro hoy, es que no hay nada seguro.

En todo caso lo cierto es que 1) Hay dinero para gastar y 2) Hay estrategias que pasan por el crecimiento a base de adquisiciones. Y aquí están las muestras, a vuela pluma, de algunas noticias que hemos publicado desde diciembre pasado: FedEx compra TNT Express; TVH a DanTruck; Hyster- Yale ha comprado Bolzoni y una empresa de telemetría; SSI Schaefer a RO-BER; GLS a ASM; Kion a Dematic (que a su vez había comprado poco antes a NDC) e ID Logistics a Logiters.

Las compras siguen siendo el camino más rápido para crecer y diversificar y estas compañías, las compradoras, parecen tener prisa por obtener mejores posiciones en los diferentes mercados lo que habla, ahora sí y sin duda, de un horizonte del corto, medio y, quizás, largo plazo de expansión y estabilidad económica. No cabe otra razón. Al menos para los adquirientes.

Que aquí sea, aunque el panorama de noticias y datos económicos comparativos no arrojen un optimismo sin paliativos que, sin embargo, sí está instalado claramente en empresarios y comercializadores. Ni sí, ni no, sino todo lo contrario.

¡Buf! que me explique un economista este galimatías y lo que ocurrirá después… Ah, no que estos sólo pueden explicarlo cuando ya ha ocurrido.

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Los urinarios de la Plaza del Duomo de Milán

Si no ha quedado ahíto de Final de Champions League, si aún le quedan fuerzas para más, si no se ha sentido superado por la catarata de informaciones (nos han contado hasta la cantidad de urinarios que se instalaron en la Piazza del Duomo en Milán para los aficionados merengues y colchoneros), ahí va este post.

¿Alguien se ha preguntado qué logística hay detrás de una manifestación deportiva como esta? Si alguien lo ha hecho, seguramente no estaba entre los socios y aficionados madridistas o atléticos, que estos días se han imbuido del particular credo y liturgia de una final europea. Pero lo cierto es que en un evento como este, es mucho más lo que no se ve que lo que sí se aprecia, a pesar de los ríos de tinta y horas de imágenes que se han acumulado en las dos últimas semanas.

En primer lugar, la organización externa para la llegada, apretadamente escalonada, de los aficionados de uno y otro club y, para ellos, las “fan zone” en la capital milanesa, convenientemente separadas (en este caso 5 km), los flujos de tráfico, los servicios públicos, etc.

Después, la organización interna del estadio. En primer lugar, hace meses, el reparto “geográfico” paritario de las entradas de ambas aficiones por las gradas de San Siro. Y ya en los minutos previos al choque el flujo –sobre todo de entrada- de esos aficionados por ubicaciones y puertas separadas para favorecer la seguridad, las entradas y zonas VIP para los propios contendientes (R. Madrid y Atlético de Madrid), no solo los jugadores, para sus familias, para los invitados, las autoridades, etc. Las ubicaciones de los medios de comunicación, desde la posición de los comentaristas, los sets de directos, los photo-calls… Y los medios, personal e infraestructura para la ceremonia previa y para la celebración posterior (lonas, equipos musicales, medallas, lanzadores de confeti, etc.). Al final deberían ubicarse a unos 70.000 asistentes. Y nada de esto vale un pimiento si no está en el momento preciso y en el sitio justo. Es ahí y en ese momento, o no es.

Pero aún quedan otras logísticas, directa e inversa, a 1.600 km de Milán. La de la celebración de unos y la no-celebración de otros. Quienes vieran la retransmisión televisiva observarían que apenas concluido el choque, muy pocos minutos después, las imágenes nos mostraban una madrileña Plaza de Cibeles acordonada, una fuente perfectamente engalanadas con los colores y escudo del campeón, una “escalinata” para “coronar” a la diosa  y adyacente un enorme escenario montado frente al ayuntamiento capitalino. Nada de esto sucedió ni fue montado a velocidad sideral en los escasos minutos entre el pitido final y la conexión con la plaza, por supuesto. Todo estaba previsto, incluso los carteles con la palabra “Campeones” convenientemente tapados para evitar suspicacias y no favorecer la superstición.

Y mientras esta celebración calentaba motores y la plaza de la diosa del carro de los leones y sus aledaños se llenaban de aficionados, luz y color, a pocos metros de allí, en la Plaza de Neptuno, sucedía otro “espectáculo” igualmente exigente al que nadie prestaba atención informativa, el de la logística inversa y el desmontaje de un escenario que quedaría intacto. Por esta vez, el dios del tridente pasaría la noche sin más compañía que la de los operarios.

Es más, todo esto, toda esta logística, la milanesa y la matritense, sin contar la seguridad ni la prevención sanitaria, que tiene su propia, compleja y estricta logística, tanto de personal como de medios técnicos y equipamiento para transporte, urgencias y un largo etcétera.

Enhorabuena a los organizadores, a los responsables de la logística de la Final de la Champios League 2016, allí y aquí… ¡ah! y también a los campeones.

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¡Papi! Cómprame un aeropuerto

Desde su hamaca, Pocholo cogió su IPhone 24 de la mesita junto a la piscina, para llamar a su amigo Luis Alberto:

– Hola Luisito: te vas  a morir de envidia. Papá me va a comprar un Pastón Martín V8. Voy a ser la envidia en Santci Pauli este verano. Va a ser lo más.

Luis Alberto esperaba con ansiedad la llamada presuntuosa de su íntimo Pocholo o de cualquiera de los del club de golf para darles en los morros. Él sí que iba a ser la sensación este verano. Lentamente, mientras dejaba la copa de Bartini, respondíó displicente:
– ¿Ah un coche?…pues hay algo más cool, sabes: tener un aeropuerto. Y papi me ha comprado uno.

Lo que hubiera podido disfrutar Luis Alberto si hubiera visto la cara de sorpresa y el enorme sonrojo de envidia de Pocholo, quien pasó de la euforia a la rabia y la admiración pensando: “un aeropuerto; eso sí que era lo más; osea”.

Ya no hace falta ser Pocholo o Luis Alberto; Amancio Ortega, Dimas Gimeno o Florentino Pérez. Si usted tiene 10.000 euros puede comprarse un aeropuerto: la menos el “aeromuerto” de Ciudad Real, la quintaesencia del despropósito, el despilfarro, la falta de visión estratégica, la ineficacia en la gestión y en el márketing. Por ¡10.000 euros! un grupo inversor ha pujado por él la semana pasada. Y puede que la puja sea suficiente.

Concebido como un aeropuerto satélite del, entonces, congestionado Aeropuerto de Madrid-Barajas (aunque la distancia entre ambos es de nada menos que 233 km), entró en servicio en diciembre de 2008 tras una inauguración fallida en octubre de ese mismo año y apenas estuvo en servicio de manera muy intermitente y con escasos pasajeros y carga en 2009 y 2010. En 2011 cesaron las operaciones.

Ni siquiera el interés del operador logístico DSV por tener allí una base de operaciones de carga aérea en 2009 fue suficiente argumento para un aeródromo privado que pese a su escaso recorrido ha tenido tres nombres. Primero se llamó Aeropuerto Madrid Sur-Ciudad Real, denominación que hubo que cambiar ante la reclamación de la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; luego, Aeropuerto Don Quijote; y finalmente, Aeropuerto Central Ciudad Real.

Ahora un grupo inversor chino ha hecho una puja en la subasta pública de la semana pasada por 10.000 euros para quedarse con el aeropuerto aunque parece –es el último despropósito de la esta infraestructura- que aunque las condiciones de la subasta no exigían precio mínimo, si hay una estimación de justiprecio que está en torno a los 26-28 millones de euros (el aeropuerto costó 1.100 millones)  y que el precio final de compra-venta nunca podría ser –o eso parece, tampoco está claro- de esos ridículos 10.000 euros. Lo siento por Pocholo.

El despropósito no ha acabado. Sólo es un capítulo más. Una enorme mancha en La Mancha, que no debió empeñarse –nunca mejor dicho- con un aeropuerto que hasta ahora ha sido un sonoro y carísimo  aerofiasco. Y el cuento no se ha acabado.

Mi recomendación de clásico actual: “Cometas en el cielo” de Khaled Hosseini (2006), una novela ambientada en el Afganistán actual, que ayuda, un poco, a comprender la realidad de Oriente Medio.

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El oráculo de Moncloa

A pesar de que este año vamos a tener una “hartá” de actividad política y que con ello podríamos estar curados de todos los espantos y huérfanos de cualquier sorpresa, no es así. Y esas sorpresas vienen con frecuencia desde lo más alto y en el tono más superlativo que pueda esperarse.

El presidente del Gobierno ha estado este pasado fin de semana en las jornadas del Círculo de Economía que se celebraban en Sitges y allí ha soltado esta prenda: “si se mantiene esta política económica -la suya- asistiremos al ciclo de recuperación económica más largo conocido”. Ahí es nada.

Ni Madoff, ni Lehman Brothers, ni rescate a la banca, ni hipotecas basura, ni ná.  Yo soy Juan Palomo. Y ni siquiera -que yo sepa- ha necesitado a su primo experto en cambio climático para hacer este vaticinio.

La previsión en cualquier ámbito es uno de los ejercicios más difíciles. Particularmente, en el ámbito empresarial es una tarea crucial y para acercarse a la certidumbre los equipos económicos y directivos de las compañías se nutren -entre otras fuentes- de datos históricos, comportamientos de los mercados, escenarios geopolíticos y opiniones y previsiones en política económica doméstica. Aún así, ni siquiera los conocidos como mayores expertos suelen tener un alto índice de acierto. La crisis de la que estamos saliendo es buena prueba de ello.

Por esto, resulta bastante frívolo que alguien a quien se le supone la responsabilidad y de cuyas palabras se suelen inferir decisiones y previsiones de índole económica muy trascendente, se despache tan a gusto con manifestaciones del todo gratuitas por imposibles de vaticinar. Por más que sea un escenario que todos desearíamos ¡Un poquito de sensatez!

Mejor harían nuestros políticos -todos y de todo color y condición- en ser más conservadores en sus declaraciones a la galería y más progresistas en el análisis de sus propias miserias. De ahí les llegaría la ponderación que les falta y la capacidad para mirar al frente y a los lados y no al ombligo…propio.

Y aquí va el clásico reciente de esta semana: “La quinta mujer” de Henning Mankell (1996). En realidad cualquiera de las doce novelas negras o policiacas de este escritor sueco, tiene todos los ingredientes que uno pueda querer para disfrutar de la lectura, por ejemplo, en las vacaciones veraniegas.

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El peligro de la democracia nos acecha

No tengo más remedio que ser abiertamente positivo. Sí, ya sé que esto vende poco y que me pongo a contracorriente de mis colegas de todo medio y condición. Incluso corro el riesgo de colocarme en las antípodas de lo que quiere usted, lector, y eso si que es arriesgado (las estadísticas nos dicen que nuestras noticias más leídas son las “malas noticias”: cierres, catástrofes y fallecimientos). Pero, lo dicho, no tengo más remedio.

Siempre he pensado que las noticias positivas -que no optimistas, eso sería un juicio de valor- debieran ser tan importantes como las negativas. Tener el mismo espacio y protagonismo ponderado en los medios, aunque reconozco que somos morbosos por naturaleza y nos va la marcha de la “negritud informativa”. Por eso no se da la misma relevancia a unas que a otras. Sin embargo, y es curioso, si uno pregunta a un periodista qué noticia le gustaría dar, todos nos decantamos pos las mismas: el fin de las guerras, del terrorismo, del paro, del hambre, la erradicación de tal o cual enfermedad, etc.

Sea como fuere, voy a  intentar trasladarles mi reflexión positiva. Reconozcamos que el entorno económico ha cambiado de signo. Es obvio. Y empiezan, ya, a monetizarse esos signos optimistas que aparecieron allá por el otoño pasado. Incluso antes. Más aún: si usted navega por nuestra web y se detiene en las noticias de hoy, de la semana pasada o de las anteriores, observará cómo las noticias positivas aparecen casi cada día: crecimiento exponencial del comercio electrónico y sus traslación a la logística (hoy mismo), cifras récord en el ejercicio 2014 para muchas empresas -y no sólo como multinacionales, también en sus resultados de aquí- sectores que crecen de manera decidida tras seis ejercicios de caídas o dificultades, como el inmobiliario logístico, el del transporte por carretera o marítimo, o el de las carretillas elevadoras (creció en 2014 un 20 por 100), y cifras de importaciones y exportaciones que casi se igualan el año pasado (264.000 M€ que compramos fuera, frente a 240.000 M€ que vendemos).

Y todos estos datos, la mayoría referidos o extraídos de los servicios logísticos y de transporte, por su transversalidad, es decir por referirse a otros muchos sectores verticales y de consumo, son un magnífico baremo para tomar el pulso al conjunto de la economía.

¿Y la tendencia? Pues igualmente positiva. Hasta los economistas más recalcitrantes ven ya la botella algo más que medio llena. No todos, eso sí. Aunque quizás esto sea lo menos relevante dada su histórica incapacidad para la predicción. En todo caso 2015 será un buen año, según todos los indicios. Y si no ¿qué hacen ahora los bancos llamando a nuestras puertas para ofrecernos créditos?

Pero hasta lo más positivo tiene un pero: la democracia. Que nadie se me remueva de la silla. La democracia tiene su máxima expresión en las urnas. Es lo que, realmente, le da su máxima expresión. El problema es que en algunos países -ay, como este- años como el presente convierten a la expresión popular en poco menos que eventos consuetudinarios -que diría Machado- repetidos hasta la saciedad, cuando deberían ser todo lo contrario.

Y eso es lo que puede modificar el telón positivo que ahora nos acompaña. Me refiero no a la democracia si no a los demócratas ejercientes como políticos, que ahora desempolvarán las inversiones oportuna y quizás arriesgadamente -gastando más de lo que tienen- y prometerán y prometerán lo que luego serán incapaces de cumplir. Riesgos que pueden comprometer el despegue.

Pero no tengo más remedio que ser positivo y, también, admirar cada vez más a los belgas ¿Saben por qué? Pista: no es por la cerveza.

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El invierno ruso ¡cáspita!

La nueva ruta de la seda está parada. Varada sería el término adecuado, si no fuera porque se trata de una línea ferroviaria, la más larga del mundo, 13.000 kilómetros entre Yiwu (China) y Madrid. Parada apenas inaugurada, a bombo y platillo político-mediático, el pasado 9 de diciembre, con la llegada del primer tren a Madrid. Por ahora el bombo, en forma de yuanes, lo ponen los chinos y el platillo, nosotros.

Alguien se ha equivocado o precipitado, porque los 82 contenedores del Yixinou, que así se llama este tren, esperan a medio cargar en la estación madrileña de Abroñigal. Quizás el error sea de los empresarios chinos. Quizás, de los departamentos de comercio españoles. Quizás de ambos.

Una de las razones para que este dragón comercial permanezca dormido es que nadie parece haber tenido en cuenta que, a estas alturas del calendario, debería circular por territorio ruso, kazajo o bielorruso a temperaturas de -20º C ó -30ºC y eso es “letal” hasta la incompatibilidad para dos de las mercancías que más esperanza despertaban para los trayecto de vuelta: aceite y vino.

La otra, es que pese a que el viaje entre China y España se acorta en más de la mitad de tiempo respecto al barco -de 45 a 21 días- y que evita el tránsito desde Madrid (punto neurálgico para la logística española con más del 60 por 100 de todo el tráfico nacional) a puerto de mar, el coste sigue siendo mayor para el tren. De momento y mientras no haya carga por ambos extremos de la línea y eso la convierta en regular.

Además de la foto de la alcaldesa de Madrid y la ministra de Fomento, y de la singularidad del primer viaje atravesando ocho países y dos Continentes, el Yixinou no parece haber despertado demasiado interés, por ahora, entre el empresariado o los operadores comerciales españoles con capacidad o intención de exportar al gigante asiático. Otro error de cálculo.

En fin, más que un aguacero o un chaparrón de realidad y datos objetivos (temperatura inadecuada, mercancías insuficientes, costes poco competitivos), se trata de un auténtico temporal de nieve a temperaturas muy por debajo del cero, que sería el punto de equilibrio volumétrico y económico que mantenga la línea. Pese a todo un magnífico proyecto.

Habrá que esperar al “deshielo” del primer tren de vuelta -por ahora sin fecha- para emular a Marco Polo.

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La prosaica magia de la Navidad y el papelón de Ferré

Todo el mundo sabe que se acerca la Navidad. No hacer falta mirar el calendario. El Corte Inglés y el resto de la distribución comercial, junto a los fabricantes de productos estacionales, ya sean juguetes y turrones o colonias y lotería (este año no sé si jugar o cortarme las venas a la vista del lacrimógeno spot televisivo), ya nos lo están recordando. El consumidor engrasa la cartera y empieza a hacer planes. Y el comercio está en pleno acopio.

Durante las seis semanas que arrancan más o menos hacia el 8 ó 10 de noviembre y llegan hasta las vísperas de Nochebuena, la gran distribución, las medianas superficies y el comercio tradicional, sin olvidar las plataformas de comercio electrónico, reciben el gran avituallamiento que desemboca en la mayor concentración de consumo de todo el año, que va del 20 de diciembre al 5 de enero, y que luego tiene su prórroga en las rebajas con las que da comienzo el año.

Los almacenes y las salas de ventas se llenan estos días hasta el límite de mercancías no perecederas, alimentación seca, artículos de bazar, textil, juguetes, ocio, electrónica, informática, papelería, etc. Y un poco más tarde las perecederas. Es importante tener el surtido adecuado y completo. El cliente no espera, y mucho menos en unas fechas en las que el calendario es implacable: Papá Noel o los Reyes Magos no pueden posponerse, y muchos menos las pantagruélicas cenas y comidas que se concentran en esas fechas.

De ahí que el pánico se apoderara de los colectivos comerciales las pasadas semanas (¡socorro!) ante la perspectiva de un paro en el transporte de mercancías que, finalmente, no se ha producido. Quien más quien menos, ya estaba buscando alternativas -muy difíciles en este caso con todo el sector del transporte cerrando filas- o adelantando entregas. Tal ha sido el apretón de corbata que han sentido los cargadores (en la fase de acopio de una campaña que se anuncia como la mejor en ¡siete años!) que los empresarios del transporte por carretera se han encontrado con un inesperado aliado que ha movido sus influencias y, por una vez, ha estado del lado del apoyo al trasiego de mercancías y no de la presión.

Bien está lo que bien acaba, aunque no para todos. Háganme un favor. Vayan a ver esta foto y vuelvan ¿Ya han vuelto? Pues eso: no para todos. Cada uno de los protagonistas de la imagen (el acuerdo entre el sector del transporte por carretera y Hacienda) representa a las mil maravillas su papel. Ovidio de la Roza (presidente del CNTC), sonriente, de frente; otros miembros del Comité de transportistas con miradas y caras de satisfacción, le arropan, como el coro de una tragedia griega; por su parte Miguel Ferré, secretario de Estado de Hacienda, más que papel, tiene en esta obra un “papelón”, el que le ha dejado su “jefe” Montoro para que se las componga: gesto resignado, de lado, como queriendo escaparse del escenario. Y no era para menos. Esto sí que ha sido un gol, y no los de Messi, Mandzukic o Ronaldo.

Pero, en fin, lo importante es que tendremos Navidad para consumir y, parece, que un buen número de contratos, muchos de ellos en tareas logísticas. Y esa sí que es buena noticia.

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¡Que viene el lobby!

La propuesta de modificación de la Directiva 96/53/CE sobre pesos y dimensiones, votada hace unos días en la Sesión Plenaria del Parlamento Europeo en Estrasburgo, ha confirmado que, de momento, no habrá norma comunitaria única para la libre circulación de magacamiones en todos los países de la UE y que la circulación entre dos Estados miembros -si se cumplen determinadas condiciones- es por ahora la única autorizada.

Las orejas del poderoso lobby ferroviario europeo que estaban enhiestas -como cada vez que aparece en el horizonte la competencia en forma de peso y dimensión de vehículos para carretera-, se han vuelto a relajar y el cancerbero vuelve a dormitar: ni megacamión, ni 44 toneladas comunitarias.

Ciertamente, desde aquí todo esto parece un cuento infantil. Que se hable de que viene el lobby ferroviario y de la pugna carretera-ferrocarril, todavía suena a irrealidad. Personalmente, no apuesto por ver venir al “lobby” de verdad en el corto ni en el medio plazo, ni puede que a la tercera, como ocurre en la fábula.

Sé que hay muchos (al menos algunos) empeñados con bonhomía en aplicar de una vez políticas sostenibles, de futuro, multimodales, para la cadena de suministros, que ese empeño es subir el camión al tren (o al barco), y que esos mismos dicen que ese es el único futuro de la carretera.

Por otro lado, asistimos día sí y día también al sainete de la ponderación excelsa o el desdén hacia las nuevas redes ferroviarias (propuestas o mínimamente en marcha), como el Corredor ferroviario Mediterráneo, sin saber muy bien quién tiene razón, los que ponderan o los que rechazan. Si es que hay otra razón que no sea la de la pérdida de monopolio.

Lo único incontestable es que por más que se hable en España de mercancías por ferrocarril, por más que se mire a Europa (con cierta envidia) y se miente al “lobby” ferroviario, en España ni está, ni apenas se le espera, y si hay algún avance en este sentido es tan tímido que suele quedar en agua de borrajas. Nuestro miserable 3 ó 4 por 100 de mercancías movidas por ferrocarril lo dice todo, y que levante la mano quien no haya oído hablar de planes incumplidos y de aumentos notables de ese porcentaje no logrados en los últimos ¿20 años?

En el corazón comunitario europeo se le menciona con mucho respeto y consideración por su poder y reputación, pero aquí, lo del lobby ferroviario, por ahora, solo suena a cuento: ¡Qué viene el lobby, que viene el lobby!

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La maldita realidad

En mi trabajo estoy acostumbrado, y obligado, a escudriñar lo que ocurre en mi entorno profesional para descubrir qué pasará mañana, siempre atendiendo a lo que me cuentan los que saben, que son los actores protagonistas del sector logístico. Me pongo la túnica de amplias mangas y el picudo gorro de estrellas -como un nazareno, pero a cara descubierta- y cual pitoniso me enfrento a una bola de cristal en forma de notas, fragmentos, opiniones, estadísticas y un sinfín de otras fuentes, para concluir qué está pasando y qué pasará mañana.

Mi pregunta es recurrente ¿cómo ves la situación? y la respuesta suele venir acompañada igualmente de otra pregunta ¿y tú, que hablas con todos, cómo lo ves?

Pues lo veo bien, a juzgar por lo que me cuentan. Entre mediados de diciembre y finales de febrero he visto, hablado o visitado a numerosas empresas proveedoras el sector logístico y he compartido con sus directivos preguntas y reflexiones de esta guisa. Ya se sabe,  somos animales de costumbres y el calendario nos dice cuando hacer cuentas, incluso si nuestro ejercicio económico-fiscal tiene otras fechas.

Ha sido -como cualquier otro final/principio de año- momento para el balance y el pronóstico; ocasión para vislumbrar lo que vendrá en lo inmediato y más allá; para cerrar algunas estadísticas; y para hacer eso que los economistas hacen a toro pasado, aventurarse a decir lo que nos espera, económicamente hablando.

Por eso lo veo bien. Porque las estadísticas, en el peor de los casos, no empeoran, valga por esta vez el retruécano; porque las opiniones son claramente optimistas; porque las empresas empiezan a recibir consultas sobre operaciones de manera sostenida; porque hay proyectos que son realidad y sólo necesitan -¡ay!- de la oportuna financiación; y porque mis fuentes me dicen que, precisamente, es casi inminente que los bancos comiencen a abrir el grifo crediticio.

Claro que también, ahora y aquí, está eso que llamamos la realidad o la maldita realidad y su imposición -que es mucho menos divertida que la ficción aunque la supere con frecuencia- y esa realidad me dice que las compañías vuelven a cercenar sus presupuestos de gasto; que se mueven con mucha dificultad; que no pagan cuando deben y apenas cuando pueden; y que muchas hacen esto no por falta de recursos, sino por exceso de cautela o directamente por miedo a lo que el otro día me calificaron como “este proceloso mar que transitamos”. Poético y borrascoso comentario.

Y así, resulta que el ánimo -un profesor de Economía me enseñó que lo peor que se puede introducir en un sistema económico es el desánimo o la incertidumbre- que es un poderoso aliado y las perspectivas, que son tanto como queramos que sean, de momento no se han impuesto. Pero el balón está en juego. Aún pintan bastos, que diría mi abuela. Y los hay que los pintan hasta 2017, al menos.

Yo, sin embargo, creo que la maldita realidad -la económica- no es más que una falacia y que el optimismo bien entendido y responsable puede cambiarla, ahora por ejemplo, sin esperar a que lo diga el FMI o Moody´s o al margen de lo que digan. Conocimiento y atrevimiento. Y es lo que saco de las empresas que me cuentan que cerraron bien o muy bien sus cuentas de 2013. Algo así como el funcionamiento de la economía italiana, entre las primeras de Europa y por delante de España, a pesar de que en 70 años ese país ha ¿tenido, sufrido? 68 gobiernos, el último constituido este mismo fin de semana. Y no pasa nada.

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