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El sueño de Calderón

Este fin de semana se ha producido una noticia que puede ser histórica de verdad. Fundamental para el devenir de empresas y economías. Y básica para salir del atolladero de la crisis en la que se han metido la mayoría de las economías occidentales, especialmente las del Sur de Europa.

La llamada Ronda de Doha una suerte de club multitudinario de países libre-comerciantes, emparentada con la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha conseguido un acuerdo entre sus 159 miembros para agilizar los flujos de mercancías entre países y suprimir burocracia y trabas aduaneras. Cuando ya casi se tenía la certeza de la inutilidad de ese colectivo y muchos lo daban por defenestrado, consigue su mayor logro. Eso sí, ha tardado casi dos décadas en alcanzarlo.

Y no es baladí. Para las empresas que exportan, eliminar los vericuetos que enredan sus ventas en el exterior suele ser una de sus peticiones más recurrentes. Esta misma semana pasada Cuadernos de Logística organizaba una mesa redonda con presidentes, directores generales, gerentes y directivos de máximo nivel de empresas de nuestro sector para debatir sobre exportación. Y ahí, una de las conclusiones era la petición a quien correspondiera de reducir esas barreras burocráticas. Y casi, dicho y hecho. Sus “oraciones” han sido oídas.

Quedará como siempre leer la letra pequeña que suele ser la importante. Pero todos los analistas dicen que es un paso de gigante. Tanto, que las cifras parecen increíbles: 159 países se han puesto de acuerdo; favorecerá un aumento del comercio internacional cifrado en 730.000 millones de euros y, con ello, podrán crearse 21 millones de puestos de trabajo.

Exportar no es fácil, ni con ello se consiguen resultados inmediatos. Requiere estrategia, planes, trabajo, estudios de mercado, paciencia, conocimientos, socios adecuados y algo de suerte. Si además le añadimos las leyes y burocracias particulares de cada país, casi nunca comunes a otros, el dolor de cabeza se convierte en migraña crónica. Aún así se exporta y las empresas españolas que lo hacen -y que ya lo hacían- están teniendo con ello mejores oportunidades para atravesar las crisis con ello.

Esperemos que este regalo navideño adelantado del acuerdo de la OMC, sea algo más que una ilusión pasajera y que no se diluya como la magia de esta época ya en ciernes con la desaparición de las luces de colores y la vuelta del espumillón y las bolitas de colores al trastero. Vamos, que no haga buena la frase de Calderón de la Barca de que “toda la vida es sueño”.

Como en Santa Claus y los Reyes Magos, en este tipo de grandes y optimistas noticias creer, creo, pero a veces, me cuesta.

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