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El “once” ideal

Hace unos días en Mónaco, como cada 7 de enero, se han entregado los premios FIFA a los mejores jugadores de fútbol del mundo, según la opinión de los profesionales de ese deporte. Entre otras elecciones se ha escogido al equipo de los mejores de 2012, once jugadores que, en este caso, militan al completo en la liga española. Con independencia de otros premios dorados otorgados esa noche, esta selección excelsa -por sí sola- debiera mover a nuestro orgullo o, cuando menos, a la satisfacción de ver aquí a los mejores y, al tiempo, llevar a otros a la envidia por perdérselo. Pero no todo es así.

Existen también aquí otros “onces ideales” que igualmente dejan su impronta, pero esta más profunda. Más prosaica. Y más iracunda. Esta es mi selección 2012: portero, RodrIgo Rato (Bankia); defensas, José Luis Baltar (PP, Ourense), José Blanco (PSOE), Jaume Matas (PP, Baleares) y Antonio Fernández (PSOE, Andalucía); medios, Álvaro Pérez “El Bigotes” (sus negocios), Carlos Fabra (PP, Castellón) y Josep A. Durán i Lleida (UDC, Cataluña); delanteros, Miguel Ángel Flores (Madrid Arena), Gerardo Díaz Ferrán (CEOE) e Iñaki Urdangarín (Familia Real). Todos señalados, imputados o ya condenados.

Para nuestra desgracia, por ahí fuera, en Bruselas o Berlín, se nos mide más, mucho más, cada día, en cada inversión y con cada punto de la prima de riesgo por esto otros “onces”, famosos también por sus fintas y regates (a la justicia), por los goles que meten (al ciudadano), por los balones que echan fuera (la culpa siempre es de otro) y por su nivel de vida (a costa de un dinero que no se han ganado).

He visto y oído estos días pasados el anuncio de Campofrío en radio y TV, y otros con el mismo argumento que circulan por la red. Son una suerte de respuesta, quizás balsámica o analgésica, a la necesidad de gritar ahí fuera “¡Eh! que aquí también hay buena gente”.

En logística, en España, no deberíamos tener esa necesidad pero, ¡caramba! un baño de optimismo bien fundamentado no viene mal. Hago caso a quien, en una visita, hace tan solo unos días me dijo: “tú, que escribes, cuéntanos algo bueno”. Ahí va.

1) España es uno de los países que más rápido y con más calidad ha crecido en logística en los dos últimos decenios. 2) Ya no vamos a la zaga de nadie. 3) Hay ejemplos de éxito de rango mundial, Mercadona, Cortefiel, Inditex… 4) Estas dos últimas, por cierto, lideradas en su logística por mujeres, una circunstancia cada vez más común. 5) Exportamos directivos o, mejor, ellos solos se aúpan por méritos propios a los escalones más altos en logística. 6) Se acaparan premios internacionales (ELA) a las mejores aplicaciones y prácticas logísticas en nuestro suelo. 7) Se crean complejos, plataformas, zonas e infraestructuras logísticas. 8) Se articula el sector en torno a colectivos gremiales cada vez más coherentes y numerosos. 9) Se habla y se discute constantemente de cómo mejorar. 10) Se celebran reuniones foros y ferias como altavoz y nexo sectorial. 11) Se ofertan cursos, másters y toda clase de formación de base y postgrado.

Argumentos suficientes para confeccionar otro once ideal. Honesto. Reflejo del saber hacer. Y que, además, “sudan la camiseta” cada día.

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Groucho Marx y Mercadona

Dicen los compendios de los epitafios más originales que el de Groucho Marx –el hermano del frac, el puro, el bigote y las cejas falsas, de la genial troupe cómica de principios del siglo XX- reza así: “Perdonen que no me levante”. Tan obvio y sarcástico como su humor.

Hace unos días, en el congreso AECOC de Supply Chain celebrado en Madrid, recordé esa frase mientras oía al director general de Logística de Mercadona, Francisco López. No quiero decir que su exposición, que no estuvo alineada con la expectación que genera siempre el modelo de éxito de Juan Roig, moviera a la hilaridad, ni mucho menos. El recuerdo me asaltó sin embargo, como suele ocurrir con estas cosas, desde alguna recóndita conexión sináptica de las que enlazan las neuronas, al oír a López disculparse -“Perdonen que haga un poco de publicidad”- por presumir durante unos instantes de su enseña. Otra disculpa, pero esta vez ni obvia, ni sarcástica. Preocupante. Las asociaciones cerebrales son así.

La pregunta es ¿por qué uno de los principales directivos de una marca de éxito como Mercadona, que se ha desarrollado multiplicando y difundiendo ese éxito –el logístico también- por muchos rincones, con una imagen sólidamente publicitada, se disculpa por esa difusión en un foro profesional?

Me he planteado esta ecuación y creo que la incógnita queda despejada si eliminamos uno de los factores, Mercadona, y sólo nos fijamos en el otro, AECOC; y mejor si lo hacemos únicamente en el género de lo celebrado por ese colectivo: congreso, jornada, seminario…llamémoslo X, ya que es una ecuación de segundo grado.

Estoy convencido de que Francisco López, como todos los F.L. de turno, se disculpaba por una mala costumbre establecida de un tiempo a esta parte; porque como él lo hacen todos los ponentes de todos los congresos, jornadas, seminarios, etc. cuando hablan de sus empresas al principio de sus ponencias o intervenciones; a las que asisten invitados por lo que saben a través, precisamente, de su desempeño profesional. Tampoco obvio. Quizás sarcástico. Desde luego, absolutamente paradójico.

Llevo muchos años asistiendo –cuando no organizando o moderando- a todo tipo de foros profesionales y siempre me asalta las mismas preguntas: ¿qué sacan en claro los oyentes? ¿qué quieren escuchar? ¿qué necesitan?

Con la cantidad de información disponible y repetida, y la proliferación de estos eventos, creo que cada vez obtienen menos. Quizás por ello los ponentes se disculpan al hablar de sus empresas –especialmente en los foros de pago-, porque con frecuencia no ofrecen mucho más que eso, lo ya sabido. Los organizadores lo saben: tanto que en ocasiones ponderan más el networking que las ponencias.

Sea como fuere, es necesario y urgente reinventar estos encuentros. Tanto como asumir que la publicidad no es incómoda. Es un motor insustituible de la economía libre de mercado, plagada de marcas competidoras que deben utilizarla para diferenciarse.

Huir de lo obvio. Mucho más de lo sarcástico y lo paradójico. Y buscar lo útil, novedoso y sorprendente. Más lecciones y recetas. Menos disculpas.

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