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Alquila, que luego ya si eso…

El mercado español de bienes de equipo, infraestructuras y servicios, ha sufrido una profunda transformación en los últimos años, de la que la crisis sólo ha sido responsable como “acelerante”. Me refiero al cambio de modelo de compra por el de alquiler. Del coste fijo al variable. Ha ocurrido en la maquinaria industrial, en la de obras públicas y construcción, en las naves industriales y logísticas, en las flotas de las empresas, en equipamientos como hardware y servicios como el software y, desde luego, también, en las carretillas elevadoras.

Quién te ha visto y quién te ve, podría ser el lema de este último mercado, el de los equipos de manutención, que ha cambiado tanto en las últimas dos décadas que hoy su reparto entre venta y alquiler es casi exactamente el opuesto al que era veinte años atrás. En eso también nos hemos alineado a otros mercado europeos.

Pero este advenimiento al alquiler no ha traído consigo en muchos o al menos algunos casos –los suficientes para que su efecto sea visible- las buenas prácticas que acompañan cualquier mercado. Voy a hacer de españolito (el que critica como nadie su propio país) o simplemente de notario, como prefieran, pero la realidad ¿generalizada? es que en España tenemos el mismo respeto al bien alquilado que al bien público. O sea: lo que no es de nadie –en concreto- porque su uso es público o alternativo, variable y temporal (alquiler), no merece la misma atención y cuidado que lo que sí lo es y, desde luego, mucha menos que lo que es de uso privado.

No me quiero poner estupendo, porque también hay clientes y empresas que alquilan carretillas, que saben lo que hacen y por qué, y cuidan ese bien que les proporciona lo que necesitan para su negocio. Pero es que sigo oyendo con frecuencia quejas sobre el mercado de alquiler de equipos que no se pueden obviar, algunas tan agrias que vaticinan “que esto está llegando al límite”.

Mal uso y peor cuidado de las máquinas; la increíble falta de formación oficial reconocida para los carretilleros, con lo que ello supone de riesgo, inseguridad, siniestralidad, etc.; contratos de alquiler demasiado inespecíficos que siempre favorecen al “infractor”; imposibilidad de trasladar costes por malas prácticas del bien alquilado una vez retirado; poca “cultura” de revisión de máquinas al concluir su uso, etc.

Tenemos un problema, o muchos, que por lo pronto intentaremos poner sobre la mesa –al menos a modo de temas de reflexión- en el III Encuentro Nacional del Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras que celebramos el próximo 18 de mayo. Pero, aunque esto pueda ser un principio, no será suficiente.

Algunos de esos problemas como el mal uso y cuidado oigo que son culturales. Desde luego que no: son de simple educación elemental. Otros, para resolverse, pasan por la unión del sector y la articulación de prácticas comunes que son muy fáciles de copiar, al alquiler de automóviles, por ejemplo. Y otros, como el carnet de operador, son de responsabilidad exclusiva de las administraciones.

Lo que no podemos permitir es que se apriete más y más la soga sobre el gaznate del alquilador, grande o pequeño, multinacional o pyme, ni seguir viendo como se alquilan carretillas desoyendo las buenas prácticas e incumpliendo las condiciones, porque es fácil y no pasa nada: Alquila, que luego ya si eso…

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Impíos y paganos

De momento no hay nadie que desmienta esa común característica de la distribución comercial –especialmente de la Gran Distribución- que supone que imponga sus condiciones al resto de la cadena. Fabricantes y operadores lo saben bien.  Su enorme potencial de compra y todo lo que sostiene comercialmente, casi “justifica” ese dominio.

Pero no es esta una circunstancia común a todos los canales de distribución. Y si no que se lo digan a los importadores, distribuidores y comercializadores de carretillas elevadoras, a los que –dicho sea con indudable respeto, vaya por delante- a veces se les debe quedar “cara de tontos”.

Este sector del equipamiento logístico, sufre los vaivenes de una economía tan volátil como la española, capaz de pasar del cero el infinito, o del infinito al cero en menos de un lustro. De dar lecciones de crecimiento a estar al borde (o no tanto) de un rescate. Sufren los carretilleros esas debacles (no hay peor escenario económico que la incertidumbre) y sin embargo –a diferencia de otros- no hay “piedad” en las administraciones para, por ejemplo, limitar o minorar las cargas impositivas y legales que se acumulan sin parar. Más impuestos, más reglamentos, más disposiciones y ningún apoyo o subvención. Como me dijo una vez el director general de una gran compañía de importación y distribución de carretillas, que actúa en este mercado: “a veces pienso que a fuerza de no hacer ruido, nos hemos vuelto transparentes”.

Dos ejemplos ilustran esta situación: por un lado las matriculaciones de las máquinas-. Cada vez más, cada vez con más frecuencia y con criterios más dispares e incomprensibles en función de la administración o Comunidad que se trate. Y lo que queda por llegar: decía en junio pasado un ponente del II Encuentro de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas, experto en este tema, que llegan “cada vez mayores exigencias en este sentido [matriculación]”, llamando a la atención especialmente sobre “la complejidad creciente que va a tener el proceso de homologación para máquinas usadas llegadas de otros países y regiones fuera de la UE”. En fin, un dolor de cabeza.

Por otro, quizás, la quintaesencia de ese papel de “paganos”: todo los que soporta este sector por el mal cuidado de las máquinas de alquiler, que no mejora, más bien pinta un escenario “cada vez peor”, dice otro responsable de la distribución.

Tanto que se llega a dar la paradoja de que si una máquina, por ejemplo, topa con un puntal de una estantería o una columna del almacén, el culpable no es el operador (ni quien lo ha formado o “deformado”), ni siquiera la compañía arrendataria. No. Para esa última ¡échense las manos a la cabeza! la responsable del desaguisado es la empresa alquiladora y subsidiariamente ¡la propia máquina! por… ¿ser dura, tenaz, fuerte? Y si, por el contrario, en este topetazo, la carretilla es la dañada, la culpable es ¿lo adivinan? también la máquina, exactamente por razones contrarias a las anteriores: ¡una locura!

¿Y no se puede reclamar? Sí, al maestro armero. La justicia en los procesos civiles es cara, lenta hasta la exasperación e insegura y muchas veces actúa, además, con una presunción que puede ser absolutamente equivocada: la protección del supuesto contendiente más débil, que en este caso es siempre el consumidor-arrendatario. Mientras eso no cambie, se protejan los bienes del otro (empezando por la educación más elemental) y la justicia deje de actuar con “impiedad”, conociendo realmente lo que juzga, no queda otra: ajo y agua, paciencia y adoptar, una vez más, el papel de paganos.

Este sector es así, callado y discreto, y con frecuencia maltratado. Alguien debería ocuparse, oficialmente, de que dejara de serlo.

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Cuando el futuro nos alcanza

En 1986, James Cameron estrenaba la película “Aliens: el regreso”, secuela de “Alien El 8º pasajero”, producciones a las que luego se añadirían otras dos, más una suerte de precuela, ésta más reciente. Toda una serie, mezcla de terror y ciencia ficción con distinta fortuna cinematográfica.

Cuando vi “Aliens…” la segunda película por cronología, me llamó poderosamente a la atención –inevitablemente, por pura deformación profesional- que en dos secuencias de la película, la teniente Ripley (Sigourney Weaver), auténtica protagonista de las cuatro entregas, manejaba en la bodega de un carguero interestelar un “robot elevador”. Un manipulador ergonómico y antropomorfo con sendas pinzas extensibles, a modo de horquillas, con giro 360º, para que el operador maneje fácilmente mercancías, y más concretamente cajas normalizadas (a modo de palés), por lo que se aprecia en la película. El “robot elevador”, tal y como se menciona, es además protagonista crucial de esta entrega de la saga.

En todo caso, el diseño de producción del equipo de Cameron hizo un magnífico trabajo con este ingenio, bastante creíble y muy trabajado (como corresponde a la auténtica ciencia-ficción), más industrial que sofisticado, versátil y utilitarista, que incluso contó con la licencia de incluir, sobre su pintura amarilla, el que en esos momentos era el logotipo de una conocidísima marca norteamericana de maquinaria de obras públicas y otro equipamiento, aunque realmente fuera ajena a ese diseño.

Entonces, hace 29 años, el “robot elevador” resultaba llamativo, original, plausible, pero muy alejado de lo que la industria y la producción en serie eran capaces. Hoy, las cosas han cambiado. Como ha ocurrido con otros escritores visionarios (Verne, Swift, Asimov,…) los guionistas de “Aliens: el regreso” concibieron una máquina que sólo era veraz en su imaginación. Pero el destino los ha alcanzado…y superado.

La pasada semana asistía en Francia a la puesta de largo de Linde Robotics, una nueva área del fabricante germano de carretillas elevadoras y equipos de manipulación, dedicada a la “robotización de la manutención”. Ya no se habla de automatizar, sino de robotizar máquinas que interactúan con el ser humano dotándole de características que no posee (más fuerza, tenacidad, ausencia de fatiga, etc.), como el “robot elevador” de la teniente Ellen Ripley, pero que, además, pueden trabajar sencillamente de forma autónoma. Eso es un robot. Es realidad, prosaica e industrial y no ciencia ficción. Un paso más en la senda ya abierta por los AGVs.

De nuevo el presente tecnológico supera a la ficción ideada no hace demasiado tiempo. Y es que el destino, o el futuro, cada vez nos alcanzan antes.

Por cierto, el título de este post es un remedo de otra película de ciencia-ficción, titulada en España “Cuando el destino nos alcance”. Protagonizada por Charlton Heston, es mucho menos tecnológica y aterradora que la saga Alien, pero mucho más inquietante.

Y para los amantes del género, una recomendación: el libro de gran formato “Alien”, cuyo contenido es un pormenorizado relato de cómo se hizo la película, desde el guión hasta el rodaje con todo lujo de detalles.

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Los premios están bien para quien los gana

Desde 2013 se viene convocando los premios IFOY, unos galardones organizados por la  potente asociación alemana de ingeniería VDMA (sección equipos de manutención e intralogística), que tienen al apoyo del Ministerio Federal Alemán de Asuntos Económicos y Energía, y que impulsa como partner la feria internacional CeMAT de Hannover. El jurado está formado por un grupo de 16 periodistas del sector de otros tantos países europeos.

La elección anual de un puñado de carretillas elevadoras y equipos de manipulación, y de un proyecto de aplicación (cinco premios en total) es algo interesante, sobre todo para las marcas que resultan premiadas, y también es algo relativamente convencional y al uso. En el sector del automóvil y en el de camión, por ejemplo, igualmente un grupo de periodistas elige cada doce meses el vehículo del año.

La pregunta es, en nuestro caso y sector, ¿cuál es la mejor carretilla contrapesadas o equipo de manipulación y por qué? No desmerezco la labor de mis colegas de la prensa logística, que someten a cada candidato a una batería de comprobaciones y test intensiva y muy técnica. Sin embargo, cuando las propias marcas reconocen, en su mayoría, que las diferencias, incluso las tecnológicas más avanzadas, son mínimas entre los protagonistas del mercado y que lo que importa es lo que hay detrás (servicio, fidelización postventa, estudio de necesidades, adecuación a la demanda cambiante, etc.), la elección del equipo no es todo lo singular y relevante que podría serlo unos años atrás.

Es más, es elección de esa decena de marcas fabricantes presentarse o no a estos galardones, aparecer como candidatas y de entre esa lista esperar a ser premiadas con los IFOY Awards. Pero no están todos los que son. Llegar a la excelencia, a la verdadera representatividad sectorial, en cualquier premio que se convoque, siempre es muy complicado. Ni siquiera los Planeta del fallecido Lara Bosch, lo han conseguido al cien por cien.

Hace unos años, desde Cuadernos de Logística, pretendimos instaurar unos premios nacionales en este mismo sector de las carretillas y equipos de manipulación, para reconocer a los equipos que llevaran más tiempo trabajando y con un desempeño acorde a sus capacidades. Una suerte de galardón a la longevidad técnica. No lo llegamos a hacer. El sector y los fabricantes nos dieron una lección.

Frente a nuestro objetivo, había muchos otros que dejaban como irrelevante ese reconocimiento. Que nuestra intención estaba bien, según los productores, importadores y comercializadores exclusivos (de nuevo esa decena reconocible por todos), que sí, pero ¿qué aportaba? El premio, nos dijeron, se consigue cada día, lo dan los usuarios con su respaldo, con sus compras y alquileres, con su reconocimiento sobre todo a los nuevos equipos que aparecen constantemente en el mercado. Están orgullosos de esa máquinas longevas, pero miran hacia adelante mucho más que hacia atrás. Y más al mercado que al producto. Porque éste no es nada sin aquél.

Los premios están bien, sobre todo para los que ganan. Lo que no sé es si la “mejor carretilla” es la mejor carretilla, en singular. De lo que estoy seguro es que “mejores” carretillas “haberlas haylas”. Y muchas. Esas y otras.

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Carretillas descosidas buscan roto

Mi madre, que es modista, me enseñó una frase de esas que forman parte del denso refranero español: siempre hay un roto para un descosido. Que viene a significar que todo o todos tenemos en alguna parte nuestra “pareja de baile”, “media naranja”, complemento, o llámese como se quiera y que, por extensión, puede aplicarse a cualquier cosa.

No sé si, exactamente, y siempre en sentido figurado, las empresas fabricantes y comercializadoras de carretillas elevadoras que operan en España, estaban descosidas para los salones profesionales, si habían perdido su hilván ferial. Pero el caso es que desde hace algunos años, salvo unas -muy pocas- excepciones, y a pesar de que la oferta ferial en el sector logístico y de manutención no ha hecho más que crecer en este país incluso en época poco bonancible, la presencia de las marcas de este importante subsector se había tornado testimonial. Ahora parece que la tendencia se rompe, decididamente.

Eso es lo que dice la presencia de no menos de ocho empresas carretilleras en la inminente IV edición de Logistics Madrid (5 y 6 de noviembre), esta misma semana.

¿Por qué este cambio? ¿Qué “roto” ha ofrecido la feria a las “descosidas”, quizás mejor desencantadas, empresas y marcas? ¿Por qué ahora? Preguntadas por este tema, las máximas responsables de la feria expresan dos argumentos como clave: la realización de negocio que hace repetir a las que ya han venido a probar; y el “efecto llamada” que ese negocio provoca en los que aún no han venido. Y así se aumenta el portfolio.

No son malos argumentos, quizás más el primero que el de la imitación, pero también éste, porque desde luego hay que estar donde hay negocio, sobre todo cuando el negocio no sobra. Y más ahora que el mercado comienza a repuntar.

Se ha dicho -y publicado- que el sector de las carretillas elevadoras no encontraba respuesta en su presencia ferial, de ahí su abandono. Pero no es cierto. Basta pasearse por la CeMAT de Hannover o por el Salón de la Manutention de París. Es más, algunas marcas punteras de este sector han decidido montar sus propias “feria”, señal inequívoca de su clara querencia hacia este formato para llegar a sus clientes potenciales.

Sin duda es una buena noticia esta importante presencia en Madrid, en número y representatividad. Otra más que sumar a un sector que remonta el vuelo. Sólo queda ver cómo esa muestra se sustenta en resultados y si éstos permiten que Logistics 2014 no sea una anécdota en este aspecto. Porque las ferias de logística son más ferias si en ellas están las carretillas. Sin duda.

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Una asociación nacional de carretilleros

El pasado jueves hemos celebrado el I Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras. Una iniciativa de Cuadernos de Logística que luego lo ha sido, también, de los patrocinadores y del propio sector, dado el entusiasmo generalizado con que ha sido recogida y acompañada esta idea, que tendrá continuidad anual, ese es nuestro compromiso, en años venideros.

Y digo celebrado, porque el sector lo ha manifestado como tal con su asistencia, un centenar de invitados (y eso a pesar de la coincidencia con un par de eventos internos de otras tantas compañías), y con su participación, tanto en la mañana de ponencias como en el resto de actos del programa, básicamente pensado para el intercambio y el contacto profesional.

El sector de las carretillas elevadoras y equipos de manipulación es perfectamente reconocible. Importadores, distribuidores y alquiladores forman el grueso de la oferta a la que se unen los suministradores de accesorios o servicios alrededor de la máquina: neumáticos, implementos, baterías, repuestos, formación, etc. Todo para dar respuesta en la manipulación de mercancías a una demanda infinitamente dispersa, pues en casi todos los sectores industriales hay que mover, almacenar o manipular productos.

Esa cohesión en la oferta no se ve sin embargo reflejada, al menos hasta ahora, por un colectivo gremial igualmente dimensionado y representativo del sector en su conjunto. Sí, existen algunos colectivos, pero son sólo parcialmente representativos o forman parte de otros mayores. Ese es el caso de MEDEA, la asociación de importadores de carretillas, un núcleo muy importante en peso específico e igualmente concreto en número (12 compañías), donde están las grandes marcas que opera con filial u organización propia en España. Igualmente, algunas asociaciones empresariales de índole regional o local o con otra misión, como es el caso de AECE o la FEM, intentan dar cobijo, aglutinar y representar a los “carretilleros” en ámbitos geográficos o concretos.

Tanto por esa clara identificación gremial, que supone en consecuencia compartir retos y problema comunes, como por su implantación pan-industrial, y por pertenecer a un colectivo mayor, el logístico, una de cuyas señas de identidad es el asociacionismo, resulta llamativo que a estas alturas no exista ya ese colectivo del sector de carretillas elevadoras en España a escala nacional -o incluso ibérico-, que englobe a todos los actores implicados sin excepción.

Por si alguien lo dudaba, el I Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras ha demostrado que existe el germen necesario, y dado el origen diverso de los asistentes y las peticiones de continuidad del evento recibidas -sobre todo ponderando la comunicación y necesario encuentro de profesionales del sector- también la inquietud por la unión a escala nacional.

En mi opinión este es el mejor momento para fortalecer al sector de carretillas, ahora que salimos de la crisis. Sólo hace falta que alguien con carácter, ganas y conocimiento del sector, catalice esos ingredientes y ponga hilo a esa aguja. El sector lo merece.

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Artur Mas tiene razón

La pugna entre soberanistas catalanes y constitucionalistas está en pleno auge. Unionistas y separatistas esgrimen desde Madrid y Barcelona sus argumentos históricos y económicos, y buscan y rebuscan otros para convencer de la bondad de sus tesis, de la necesidad o no de un referéndum, del derecho a la autodeterminación, de las ventajas y desventajas de la independencia.

Entre tanta refriega dialéctica, Artur Mas ha demostrado que o está muy bien aconsejado, o es un tipo avispado donde los haya. En todo caso: tiene razón.

Sí, porque el pasado martes 3 de junio al Muy Honorable president de la Generalitat le tocó inaugurar el XVI Salón Internacional de la Logística de Barcelona, y en su discurso -en el que insistió en reclamar dinero al Gobierno- dijo algo que quizás pasara desapercibido pero que merece resaltarse: “Enhorabuena a los organizadores del Salón Internacional de la Logística…y de la Manutención, que esta segunda rúbrica casi siempre se olvida”.

Curiosa la apreciación y puntualización del sr. Mas quien, quizás, conozca la manutención por su trabajo en el sector privado antes de entrar en política o por pertenecer a una familia con intereses en la industria textil y metalúrgica. Curiosa, pero muy acertada.

SIL, como otras ferias de logística en este país y en cualquier otro, se empeñan y trabajan para contar con expositores representantes de fabricantes o comercializadores de carretillas elevadoras nuevas y usadas -la última “moda”- y en organizar zonas de demostración o formación con estas máquinas. Como en los salones del automóvil, gusta ver las carretillas, tocarlas, observar su diseño. Pero, con frecuencia, se hurta a estos vehículos el protagonismo que merecen frente a la “sofisticada” logística.  Habría que preguntarse si esto tiene que ver con el cierto desencuentro de algunas marcas con las ferias de logística.

Fui algo más que partícipe, en su día, de añadir al “Salón Internacional de la Logística” un segundo título “y de la Manutención”. Estaría bien que nadie tuviera que recordar la existencia de ese epígrafe, como también que presencias como las de Crown (magnífica por cierto) o Clark en la última edición del salón en Barcelona, no fueran singulares, sino parte de una mayor oferta.

Artur Mas tenía razón.

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