Categoríamantenimiento

Impíos y paganos

De momento no hay nadie que desmienta esa común característica de la distribución comercial –especialmente de la Gran Distribución- que supone que imponga sus condiciones al resto de la cadena. Fabricantes y operadores lo saben bien.  Su enorme potencial de compra y todo lo que sostiene comercialmente, casi “justifica” ese dominio.

Pero no es esta una circunstancia común a todos los canales de distribución. Y si no que se lo digan a los importadores, distribuidores y comercializadores de carretillas elevadoras, a los que –dicho sea con indudable respeto, vaya por delante- a veces se les debe quedar “cara de tontos”.

Este sector del equipamiento logístico, sufre los vaivenes de una economía tan volátil como la española, capaz de pasar del cero el infinito, o del infinito al cero en menos de un lustro. De dar lecciones de crecimiento a estar al borde (o no tanto) de un rescate. Sufren los carretilleros esas debacles (no hay peor escenario económico que la incertidumbre) y sin embargo –a diferencia de otros- no hay “piedad” en las administraciones para, por ejemplo, limitar o minorar las cargas impositivas y legales que se acumulan sin parar. Más impuestos, más reglamentos, más disposiciones y ningún apoyo o subvención. Como me dijo una vez el director general de una gran compañía de importación y distribución de carretillas, que actúa en este mercado: “a veces pienso que a fuerza de no hacer ruido, nos hemos vuelto transparentes”.

Dos ejemplos ilustran esta situación: por un lado las matriculaciones de las máquinas-. Cada vez más, cada vez con más frecuencia y con criterios más dispares e incomprensibles en función de la administración o Comunidad que se trate. Y lo que queda por llegar: decía en junio pasado un ponente del II Encuentro de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas, experto en este tema, que llegan “cada vez mayores exigencias en este sentido [matriculación]”, llamando a la atención especialmente sobre “la complejidad creciente que va a tener el proceso de homologación para máquinas usadas llegadas de otros países y regiones fuera de la UE”. En fin, un dolor de cabeza.

Por otro, quizás, la quintaesencia de ese papel de “paganos”: todo los que soporta este sector por el mal cuidado de las máquinas de alquiler, que no mejora, más bien pinta un escenario “cada vez peor”, dice otro responsable de la distribución.

Tanto que se llega a dar la paradoja de que si una máquina, por ejemplo, topa con un puntal de una estantería o una columna del almacén, el culpable no es el operador (ni quien lo ha formado o “deformado”), ni siquiera la compañía arrendataria. No. Para esa última ¡échense las manos a la cabeza! la responsable del desaguisado es la empresa alquiladora y subsidiariamente ¡la propia máquina! por… ¿ser dura, tenaz, fuerte? Y si, por el contrario, en este topetazo, la carretilla es la dañada, la culpable es ¿lo adivinan? también la máquina, exactamente por razones contrarias a las anteriores: ¡una locura!

¿Y no se puede reclamar? Sí, al maestro armero. La justicia en los procesos civiles es cara, lenta hasta la exasperación e insegura y muchas veces actúa, además, con una presunción que puede ser absolutamente equivocada: la protección del supuesto contendiente más débil, que en este caso es siempre el consumidor-arrendatario. Mientras eso no cambie, se protejan los bienes del otro (empezando por la educación más elemental) y la justicia deje de actuar con “impiedad”, conociendo realmente lo que juzga, no queda otra: ajo y agua, paciencia y adoptar, una vez más, el papel de paganos.

Este sector es así, callado y discreto, y con frecuencia maltratado. Alguien debería ocuparse, oficialmente, de que dejara de serlo.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Abdicación

Muchos no habíamos usado el término abdicación desde nuestra época del Bachillerato porque sólo estaba en los libros. Sin embargo, hace unos pocos años, algunos monarcas europeos continentales decidieron tomar ese camino y ceder su jefatura del Estado.

Desde entonces el uso del término se ha “popularizado” -incluso utilizándolo, equívocamente, para la renuncia del Papá Benedicto XVI- por lo que ya a nadie ha extrañado al pronunciarse con motivo de la cesión real de Juan Carlos I en favor de su hijo, ahora Felipe VI. La última acepción -casualmente coincidente con la fecha regia- la de la debacle de “La Roja” en Brasil que, según comentaristas televisivos y periodistas deportivos, ha “abdicado” con su pobre juego y sus derrotas de su cetro futbolístico mundial, aunque aún no se sepa en favor de qué sucesor. Pues aprovechemos el tirón abdicador.

Se calcula que actualmente existen unos 1.000 millones de webs en todo el mundo con unas 8.700 millones de páginas…pero que más del 70 por 100 de ellas están sin actualizar. Esa falta de actualización es demoledora, sobre todo, para las empresas. Información anticuada o en desuso, imagen superada, contactos, teléfonos, emails que no llevan a ninguna parte porque hace mucho que fueron cambiados o borrados, catálogos sin renovación desde hace años, noticias redactadas y fechadas varios años atrás ¿Cuántas veces se ha encontrado con esto en sus búsquedas en la red? ¿Y qué efecto le ha producido? ¿Ha vuelto a esa página? ¿Ha intentado contactar con esa empresa después de ello?

La era digital, la conectividad a través de la red de redes, Internet en toda su magnitud, no es el futuro, ni siquiera es absolutamente el presente, comienza ser casi el pasado. Y tan importante e imprescindible como estar ahí, es estarlo -para las empresas y profesionales- con el uso apropiado, como el escaparate universal que es. Las compañías que no están y las que no actualizan los contenidos de la web abdican de sus privilegios y oportunidades, estableciendo entre ellas y sus clientes o mercado potencial una fractura insalvable. Utilizando un eufemismo regio “ni están ni se les espera”, porque nadie lo va hacer. En un mundo de enorme voracidad comercial, el competidor que si está y/o sí actualiza su web pasa a ocupar inmediatamente, y quizás para siempre, nuestra posición.

Si la publicidad en sus distintos formatos es el primer grifo que se cierra cuando las empresas aplican otro eufemismo, “hacer economías” (para después caer en cuenta, a veces demasiado tarde, que “desaparecer” es un error capital), la ausencia de desarrollo de una página web y, sobre todo, su escaso mantenimiento, no le van a la zaga en el pódium de la malas decisiones empresariales.

Quizás el primer error es concebir una web demasiado grande y compleja, con demasiadas páginas y variables, cuya actualización exige unos recursos desproporcionados para el tamaño, actividad y volumen comercial…y con demasiados contenidos (noticiarios sectoriales, juegos, galerías de imágenes, enlaces relacionados, etc.) ajenos a la actividad concreta de la compañía que se trate o muy alejados del concepto de escaparate y promoción comercial de productos o servicios, objetivo primordial y casi único de cualquier web empresarial.

Hoy no hay otro canal más irrenunciable que el digital. Quien no lo asuma así, que vaya haciendo las maletas. Y no actualizar su web es el primer paso para sacar billete a ninguna parte.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

El sí, quiero, o vivir con la suegra

La adquisición de un bien o servicio industrial, al igual que un bien de consumo, tiene mucho de compromiso “matrimonial” y sus antecedentes de noviazgo y cortejo: conocimiento mutuo, fascinación, compatibilidad de caracteres (necesidad versus utilidad), conocimiento de la “familia” (referencias), etc.

Por otro lado, seguramente al hilo de los tiempos, las compañías proveedoras insisten cada vez más en la condición no cautiva de lo que ofrecen: cásate conmigo para siempre; pero divórciate cuando quieras. Aún con esto, la esencial no cambia.

Porque lo esencial sucede realmente a partir del momento de decisión de compra/alquiler que es cuando empieza la verdadera relación “de pareja” con el bien o servicio. Con la empresa. Con su marca.

Es el gran momento. El momento del sí, quiero, como he oído decir no hace mucho al director de marketing del Grupo Fiat.

De ahí, de esa afirmación, arranca la importancia superlativa y creciente de la posventa en logística, ya sea de equipamiento o servicios. Por si fuera poco, la igualdad o similitud de calidad de buena parte de la oferta existente en el mercado, hacen que sean este tipo de servicios de mantenimiento, revisión, líneas “calientes” 24/24, diagnósticos remotos, etc. y su coste asociado, eficacia o velocidad de respuesta, los que diferencien en el tiempo y determinen en la opinión del comprador, buena parte de la bondad de lo adquirido.

Es más, esos servicios también significan una tajada muy importante de los ingresos recurrentes de los proveedores. Y muchas empresas, hoy, sobreviven literalmente gracias a ellos.

Hasta ahí, la buena práctica. La eterna “luna de miel”. La mala praxis se produce cuando el cliente, es decir la compañía usuaria del bien o servicio, se ve obligada por sorpresa a “vivir con la suegra”, esto es, a un consumo no escogido, cautivo, del servicio postventa, algo que durante un tiempo afeó la conducta de algunos proveedores, especialmente de software y consultoras. Una lacra que parece casi superada.

Así que, ya sabe: busque y compare, déjese seducir por el cortejo si ello le satisface, pero sepa que en la industria, logística o no, el matiz viene después y lo realmente importante empieza con el sí, quiero.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail