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Precaución amigo conductor

La automatización es imparable. La gestión informática de máquinas y vehículos no solo ha venido para quedarse, ha venido para quedarse y puede que sola. No es nada que deba sorprender en exceso. Vivimos ya inmersos en la automatización, casi sin darnos cuenta, la tenemos a nuestro alrededor e interactuamos con las máquinas con toda naturalidad. Si acaso queda un último reducto de “humanidad” en el binomio hombre-máquina, el que corresponde a los vehículos. Pero este también será conquistado.

Ya hay ferrocarriles metropolitanos y trenes de corto recorrido sin conductor; aeroplanos (drones, aviones espía, etc.) sin piloto; sumergibles sin capitán; vehículos automáticos en almacenes sin operador (AGVs, LGVs, etc.)  y se hacen pruebas con automóviles y otros vehículos de transporte autónomos.

La semana pasada, en Hannover (Alemania) de presentaba una nueva edición de la feria internacional de logística CeMAT y de manera consecutiva Toyota mostraba lo que será su gran stand para la feria y, de paso, su estrategia para el futuro inmediato. Automatización, conexiones smart o informatización, son los términos sobresalientes para este fabricante de carretillas elevadoras y equipos de manipulación y arrastre.

En esa presentación pregunté al máximo responsable en Europa de TMH, precisamente, por el papel del carretillero en el futuro, en este escenario de creciente autonomía de las máquinas. La respuesta fue que, aunque crezca la automatización, siempre habrá aplicaciones donde sea necesario su concurso. No sé si fue una respuesta políticamente correcta (los fabricantes de equipamiento tienen un enorme respeto a ser identificados como “reemplazadores” de mano de obra) o era en verdad su opinión. A mí el cuerpo me pide, a bote pronto, discrepar de esta afirmación. Aunque por otro lado veo, igualmente, que esos fabricantes de carretillas y otros vehículos siguen dedicando tiempo, esfuerzo y diseño para el operador de las máquinas y su entorno.

Creo, en todo caso, que hay que ver esta tendencia a la automatización en cierta perspectiva y con naturalidad. Los automatismos procuran procesos más eficaces y nos liberan de tareas duras, recurrentes y engorrosas.  El hombre se asegura, por ello, el papel del diseño y en el corto plazo el de un conductor más y mejor formado para interactuar con máquinas de mayor peso tecnológico y mejores “habilidades”. En eso hay coincidencia.

Pero precaución, porque el futuro, con frecuencia, desconoce nuestras previsiones.

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Los premios están bien para quien los gana

Desde 2013 se viene convocando los premios IFOY, unos galardones organizados por la  potente asociación alemana de ingeniería VDMA (sección equipos de manutención e intralogística), que tienen al apoyo del Ministerio Federal Alemán de Asuntos Económicos y Energía, y que impulsa como partner la feria internacional CeMAT de Hannover. El jurado está formado por un grupo de 16 periodistas del sector de otros tantos países europeos.

La elección anual de un puñado de carretillas elevadoras y equipos de manipulación, y de un proyecto de aplicación (cinco premios en total) es algo interesante, sobre todo para las marcas que resultan premiadas, y también es algo relativamente convencional y al uso. En el sector del automóvil y en el de camión, por ejemplo, igualmente un grupo de periodistas elige cada doce meses el vehículo del año.

La pregunta es, en nuestro caso y sector, ¿cuál es la mejor carretilla contrapesadas o equipo de manipulación y por qué? No desmerezco la labor de mis colegas de la prensa logística, que someten a cada candidato a una batería de comprobaciones y test intensiva y muy técnica. Sin embargo, cuando las propias marcas reconocen, en su mayoría, que las diferencias, incluso las tecnológicas más avanzadas, son mínimas entre los protagonistas del mercado y que lo que importa es lo que hay detrás (servicio, fidelización postventa, estudio de necesidades, adecuación a la demanda cambiante, etc.), la elección del equipo no es todo lo singular y relevante que podría serlo unos años atrás.

Es más, es elección de esa decena de marcas fabricantes presentarse o no a estos galardones, aparecer como candidatas y de entre esa lista esperar a ser premiadas con los IFOY Awards. Pero no están todos los que son. Llegar a la excelencia, a la verdadera representatividad sectorial, en cualquier premio que se convoque, siempre es muy complicado. Ni siquiera los Planeta del fallecido Lara Bosch, lo han conseguido al cien por cien.

Hace unos años, desde Cuadernos de Logística, pretendimos instaurar unos premios nacionales en este mismo sector de las carretillas y equipos de manipulación, para reconocer a los equipos que llevaran más tiempo trabajando y con un desempeño acorde a sus capacidades. Una suerte de galardón a la longevidad técnica. No lo llegamos a hacer. El sector y los fabricantes nos dieron una lección.

Frente a nuestro objetivo, había muchos otros que dejaban como irrelevante ese reconocimiento. Que nuestra intención estaba bien, según los productores, importadores y comercializadores exclusivos (de nuevo esa decena reconocible por todos), que sí, pero ¿qué aportaba? El premio, nos dijeron, se consigue cada día, lo dan los usuarios con su respaldo, con sus compras y alquileres, con su reconocimiento sobre todo a los nuevos equipos que aparecen constantemente en el mercado. Están orgullosos de esa máquinas longevas, pero miran hacia adelante mucho más que hacia atrás. Y más al mercado que al producto. Porque éste no es nada sin aquél.

Los premios están bien, sobre todo para los que ganan. Lo que no sé es si la “mejor carretilla” es la mejor carretilla, en singular. De lo que estoy seguro es que “mejores” carretillas “haberlas haylas”. Y muchas. Esas y otras.

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