CategoríaMadrid

Los urinarios de la Plaza del Duomo de Milán

Si no ha quedado ahíto de Final de Champions League, si aún le quedan fuerzas para más, si no se ha sentido superado por la catarata de informaciones (nos han contado hasta la cantidad de urinarios que se instalaron en la Piazza del Duomo en Milán para los aficionados merengues y colchoneros), ahí va este post.

¿Alguien se ha preguntado qué logística hay detrás de una manifestación deportiva como esta? Si alguien lo ha hecho, seguramente no estaba entre los socios y aficionados madridistas o atléticos, que estos días se han imbuido del particular credo y liturgia de una final europea. Pero lo cierto es que en un evento como este, es mucho más lo que no se ve que lo que sí se aprecia, a pesar de los ríos de tinta y horas de imágenes que se han acumulado en las dos últimas semanas.

En primer lugar, la organización externa para la llegada, apretadamente escalonada, de los aficionados de uno y otro club y, para ellos, las “fan zone” en la capital milanesa, convenientemente separadas (en este caso 5 km), los flujos de tráfico, los servicios públicos, etc.

Después, la organización interna del estadio. En primer lugar, hace meses, el reparto “geográfico” paritario de las entradas de ambas aficiones por las gradas de San Siro. Y ya en los minutos previos al choque el flujo –sobre todo de entrada- de esos aficionados por ubicaciones y puertas separadas para favorecer la seguridad, las entradas y zonas VIP para los propios contendientes (R. Madrid y Atlético de Madrid), no solo los jugadores, para sus familias, para los invitados, las autoridades, etc. Las ubicaciones de los medios de comunicación, desde la posición de los comentaristas, los sets de directos, los photo-calls… Y los medios, personal e infraestructura para la ceremonia previa y para la celebración posterior (lonas, equipos musicales, medallas, lanzadores de confeti, etc.). Al final deberían ubicarse a unos 70.000 asistentes. Y nada de esto vale un pimiento si no está en el momento preciso y en el sitio justo. Es ahí y en ese momento, o no es.

Pero aún quedan otras logísticas, directa e inversa, a 1.600 km de Milán. La de la celebración de unos y la no-celebración de otros. Quienes vieran la retransmisión televisiva observarían que apenas concluido el choque, muy pocos minutos después, las imágenes nos mostraban una madrileña Plaza de Cibeles acordonada, una fuente perfectamente engalanadas con los colores y escudo del campeón, una “escalinata” para “coronar” a la diosa  y adyacente un enorme escenario montado frente al ayuntamiento capitalino. Nada de esto sucedió ni fue montado a velocidad sideral en los escasos minutos entre el pitido final y la conexión con la plaza, por supuesto. Todo estaba previsto, incluso los carteles con la palabra “Campeones” convenientemente tapados para evitar suspicacias y no favorecer la superstición.

Y mientras esta celebración calentaba motores y la plaza de la diosa del carro de los leones y sus aledaños se llenaban de aficionados, luz y color, a pocos metros de allí, en la Plaza de Neptuno, sucedía otro “espectáculo” igualmente exigente al que nadie prestaba atención informativa, el de la logística inversa y el desmontaje de un escenario que quedaría intacto. Por esta vez, el dios del tridente pasaría la noche sin más compañía que la de los operarios.

Es más, todo esto, toda esta logística, la milanesa y la matritense, sin contar la seguridad ni la prevención sanitaria, que tiene su propia, compleja y estricta logística, tanto de personal como de medios técnicos y equipamiento para transporte, urgencias y un largo etcétera.

Enhorabuena a los organizadores, a los responsables de la logística de la Final de la Champios League 2016, allí y aquí… ¡ah! y también a los campeones.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

El invierno ruso ¡cáspita!

La nueva ruta de la seda está parada. Varada sería el término adecuado, si no fuera porque se trata de una línea ferroviaria, la más larga del mundo, 13.000 kilómetros entre Yiwu (China) y Madrid. Parada apenas inaugurada, a bombo y platillo político-mediático, el pasado 9 de diciembre, con la llegada del primer tren a Madrid. Por ahora el bombo, en forma de yuanes, lo ponen los chinos y el platillo, nosotros.

Alguien se ha equivocado o precipitado, porque los 82 contenedores del Yixinou, que así se llama este tren, esperan a medio cargar en la estación madrileña de Abroñigal. Quizás el error sea de los empresarios chinos. Quizás, de los departamentos de comercio españoles. Quizás de ambos.

Una de las razones para que este dragón comercial permanezca dormido es que nadie parece haber tenido en cuenta que, a estas alturas del calendario, debería circular por territorio ruso, kazajo o bielorruso a temperaturas de -20º C ó -30ºC y eso es “letal” hasta la incompatibilidad para dos de las mercancías que más esperanza despertaban para los trayecto de vuelta: aceite y vino.

La otra, es que pese a que el viaje entre China y España se acorta en más de la mitad de tiempo respecto al barco -de 45 a 21 días- y que evita el tránsito desde Madrid (punto neurálgico para la logística española con más del 60 por 100 de todo el tráfico nacional) a puerto de mar, el coste sigue siendo mayor para el tren. De momento y mientras no haya carga por ambos extremos de la línea y eso la convierta en regular.

Además de la foto de la alcaldesa de Madrid y la ministra de Fomento, y de la singularidad del primer viaje atravesando ocho países y dos Continentes, el Yixinou no parece haber despertado demasiado interés, por ahora, entre el empresariado o los operadores comerciales españoles con capacidad o intención de exportar al gigante asiático. Otro error de cálculo.

En fin, más que un aguacero o un chaparrón de realidad y datos objetivos (temperatura inadecuada, mercancías insuficientes, costes poco competitivos), se trata de un auténtico temporal de nieve a temperaturas muy por debajo del cero, que sería el punto de equilibrio volumétrico y económico que mantenga la línea. Pese a todo un magnífico proyecto.

Habrá que esperar al “deshielo” del primer tren de vuelta -por ahora sin fecha- para emular a Marco Polo.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Un palito en el avispero

La noticia ha sido la más relevante en mucho tiempo para la logística y el transporte. Hablé de ello en mi blog de hace dos semanas (1 de diciembre) y también nos ocupamos de este singular hito ferroviario el pasado miércoles 10 de diciembre en nuestro new diario: el tren chino de mercancías llegaba a Madrid procedente de China, una relación pionera tras recorrer 13.000 km. Un dato: Alemania cuenta ya con cinco trenes por semana con el gigante asiático.

De esa relevancia, debía dar idea la bienvenida oficial ofrecida al convoy: autoridades chinas y, por parte española, la máxima representación de la Administración central sectorial (Fomento) con la ministra, Ana Pastor, y la máxima representación local con la alcaldesa, Ana Botella, como anfitriona.

El ideal utópico de la democracia -casi una ensoñación- es que gobiernen los más votados mientras que la oposición vigila su bien gobierno y colabora en él. Lo dicho, un sueño. A falta de pan…, y sobre todo con una holgada mayoría y amplia representación del partido gobernante en otras Administraciones locales o regionales, un ideal conformista y facilón es que quienes gestionan la cosa pública colaboren con sus compañeros de filas en cualquiera de sus niveles administrativos. Ejemplos, los hay. Y funcionan. Como el de Aragón hace unos años. Todos en el mismo bote y remando hacia el mismo lado. Es lo mínimo ¿no?

Por eso resulta sorprendente y algo más que sospechoso lo ocurrido con la mencionada noticia del tren Yiwu-Madrid. Me refiero a las notas de prensa oficiales del Ministerio de Fomento (http://www.fomento.gob.es/MFOM/LANG_CASTELLANO/GABINETE_COMUNICACION/NOTICIAS1/2014/DICIEMBRE/141209-03.htm) y del Ayuntamiento de Madrid (http://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/Ayuntamiento/Medios-de-Comunicacion/Notas-de-prensa/Llega-a-Madrid-el-tren-China-Espana?vgnextfmt=default&vgnextoid=b3201a101ee2a410VgnVCM1000000b205a0aRCRD&vgnextchannel=6091317d3d2a7010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD). No creo en las casualidades. Y mucho menos en política. Por eso, sumo dos y dos me dan cuatro, al ver que ni en la nota de Fomento hay la más mínima mención a la alcaldesa, ni en la del ayuntamiento capitalino a la ministra. Ah, ni tampoco a las autoridades chinas, en ninguna. Al menos en las fotos del ayuntamiento aparecen unos y otras. En la de Fomento, ni eso.

Hablamos de la mayor economía del mundo, China, con unas cifras mareantes, que se zampan para desayunar una economía como la nuestra. Y hablamos de un tren que ha llegado a España, a Madrid. Y de 40 contenedores expedidos directamente de China a España, atravesando dos continentes. Hablamos de una oportunidad de verdad histórica que precisa todos los apoyos posibles.

Pero nuestros politicastros “ombliguean” y tienen menos perspectiva que un besugo. Como siempre el interés común sólo es interés si les incluye a ellos. O ellas, en este caso. Se rumoreaba que la ministra que ha aparcado la Estrategia Logística (los Presupuestos, como el algodón, no engañan), podía volver a Sanidad tras la dimisión de Ana Mato (¡otra Ana!), señal de que quizás -esto es especulación- ya no está muy cómoda en Fomento. ¿Y qué decir de la alcaldesa que abandona, abandonada? Sea como fuere ahí tienen la prueba del inoportuno desencuentro.

Lo que nos faltaba es que no se “ajunten” ni ellos. Y ya se sabe, las peores riñas son las de familia. Alguien ha metido un palito en el avispero y quien sabe cómo podemos acabar.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail