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Cuando el futuro nos alcanza

En 1986, James Cameron estrenaba la película “Aliens: el regreso”, secuela de “Alien El 8º pasajero”, producciones a las que luego se añadirían otras dos, más una suerte de precuela, ésta más reciente. Toda una serie, mezcla de terror y ciencia ficción con distinta fortuna cinematográfica.

Cuando vi “Aliens…” la segunda película por cronología, me llamó poderosamente a la atención –inevitablemente, por pura deformación profesional- que en dos secuencias de la película, la teniente Ripley (Sigourney Weaver), auténtica protagonista de las cuatro entregas, manejaba en la bodega de un carguero interestelar un “robot elevador”. Un manipulador ergonómico y antropomorfo con sendas pinzas extensibles, a modo de horquillas, con giro 360º, para que el operador maneje fácilmente mercancías, y más concretamente cajas normalizadas (a modo de palés), por lo que se aprecia en la película. El “robot elevador”, tal y como se menciona, es además protagonista crucial de esta entrega de la saga.

En todo caso, el diseño de producción del equipo de Cameron hizo un magnífico trabajo con este ingenio, bastante creíble y muy trabajado (como corresponde a la auténtica ciencia-ficción), más industrial que sofisticado, versátil y utilitarista, que incluso contó con la licencia de incluir, sobre su pintura amarilla, el que en esos momentos era el logotipo de una conocidísima marca norteamericana de maquinaria de obras públicas y otro equipamiento, aunque realmente fuera ajena a ese diseño.

Entonces, hace 29 años, el “robot elevador” resultaba llamativo, original, plausible, pero muy alejado de lo que la industria y la producción en serie eran capaces. Hoy, las cosas han cambiado. Como ha ocurrido con otros escritores visionarios (Verne, Swift, Asimov,…) los guionistas de “Aliens: el regreso” concibieron una máquina que sólo era veraz en su imaginación. Pero el destino los ha alcanzado…y superado.

La pasada semana asistía en Francia a la puesta de largo de Linde Robotics, una nueva área del fabricante germano de carretillas elevadoras y equipos de manipulación, dedicada a la “robotización de la manutención”. Ya no se habla de automatizar, sino de robotizar máquinas que interactúan con el ser humano dotándole de características que no posee (más fuerza, tenacidad, ausencia de fatiga, etc.), como el “robot elevador” de la teniente Ellen Ripley, pero que, además, pueden trabajar sencillamente de forma autónoma. Eso es un robot. Es realidad, prosaica e industrial y no ciencia ficción. Un paso más en la senda ya abierta por los AGVs.

De nuevo el presente tecnológico supera a la ficción ideada no hace demasiado tiempo. Y es que el destino, o el futuro, cada vez nos alcanzan antes.

Por cierto, el título de este post es un remedo de otra película de ciencia-ficción, titulada en España “Cuando el destino nos alcance”. Protagonizada por Charlton Heston, es mucho menos tecnológica y aterradora que la saga Alien, pero mucho más inquietante.

Y para los amantes del género, una recomendación: el libro de gran formato “Alien”, cuyo contenido es un pormenorizado relato de cómo se hizo la película, desde el guión hasta el rodaje con todo lujo de detalles.

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