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Un año de seis meses

Ahora que a nuestro presidente en funciones se le ha ocurrido plantear como nueva la idea de un horario laboral y general más europeo, podría también idear un año de seis meses, al menos en el ámbito profesional. Claro que esta idea necesitaría de un consenso internacional, pero ya que se proponen tantas ideas peregrinas, una más y refrendada por la fuerza de los hechos, tendría oportunidad de ser tenida en cuenta. Digo yo.

La fuerza de esos hechos la dicta el calendario y se da en casi todos, por no decir en todos, los sectores profesionales. Con seis meses, como mucho, tenemos bastante. Agrupamos –más bien agolpamos- la inmensa mayoría de las citas profesionales, ferias, congresos, eventos, jornadas, etc. en esa estrecha franja temporal, como si no hubiera más, como si una invisible barrera impidiera salirse de ahí, e incluso nos sorprende que se utilicen otras fechas fuera de esa horquilla. Y así, tan contentos, todos con la lengua fuera.

Esa horquilla incluye los meses de marzo, abril, mayo y junio; y los de octubre y noviembre. Y a veces incluso de estrecha más pues la Semana Santa (cuatro días de asueto que se convierten “milagrosamente” en diez o quince) saca algunos días más de ese año “profesional” de seis meses.

¿No me creen? Tomen nota. Estamos a 11 de abril. De aquí al 9 de junio –menos de dos meses- los profesionales del sector logístico tenemos los siguientes compromisos profesionales: Debates ICIL, Día Europeo de la Logística, Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas, Jornadas CEL, feria CeMAT y feria SIL. Quedarán para esos dos meses de octubre y noviembre el Encuentro Empresarial de UNO (en 2015 fue el 30 de septiembre), el Congreso de CETM y la feria Logistics. Y seguro que se me escapa alguna cita profesional que aún estreche más el calendario.

La buena noticia es que con esta concentración, poco queda fuera y, si sobrevivimos, nos queda otro año de seis meses para trabajar a ritmo “caribeño”, para conciliar horarios, para llegar pronto a casa, para echarnos la siesta (según los rotativos europeos), para vacaciones, puentes, acueductos y para tomarnos la vida laboral y familiar con mucha tranquilidad, sin prisas ni estrés ¿o no les pasa a ustedes?

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Resistencia

Mañana, 9 de junio, se inaugura la 17 edición anual del Salón Internacional de la Logística y de la Manutención de Barcelona. Diecisiete años consecutivos de exposición, de jornadas y eventos paralelos en torno a la logística, el transporte y la manipulación de mercancías. Una historia que comenzó en 1998 tras el éxito cosechado por la jornada logística organizada un año antes en la antigua Lonja del puerto de la Ciudad Condal. Comenzaba una andadura, el esfuerzo de un equipo, capitaneado desde entonces por Enrique Lacalle.

La trayectoria de esta cita anual del sector logístico en España no ha sido fácil. Primero, unos años de expansión, con el Salón celebrándose en Montjuic (Plaza de España) y ediciones que siempre superaban a la anterior, creciendo en espacio y número de pabellones ocupados y en actividades paralelas (incluso llegó a atraer durante varios años las Jornadas CEL, que se celebraron simultáneamente al SIL).

Ese crecimiento propició el cambio de instalaciones a las más modernas de Fira Barcelona en L´Hospitalet. Para entonces ya habían aparecido y desaparecido varios eventos competidores en Madrid y Bilbao. SIL podía con todo y con todos, a su inauguración acudían las primeras autoridades del Estado (Juan Carlos I, Felipe VI, entonces Príncipe de Asturias, los Ministros del ramo, etc.) y ya estaba en el calendario internacional europeo de certámenes del sector, lejos de CeMAT pero codeándose, por ejemplo, con el Salon de la Manutention de París o la IMHX de Birmingham, ambos con trayectorias más longevas.

Durante todos estos años SIL ha crecido y madurado, pero también ha resistido los embates de mercado, de una dura coyuntura económica, de los competidores y ha pugnado contra su propio desgaste (inevitable), un lastre para la  supervivencia. Ahora, de vuelta al reciento de Plaza de España,  “lucha” contra el competidor más serio que haya tenido nunca: otro Salón logístico y anual, en Madrid.

Ni Enrique Lacalle, líder absoluto e insustituible del proyecto, ni su equipo, que ha crecido en estos años en conocimiento, solvencia y relaciones internacionales, han querido nunca oír hablar de cambio de modelo o frecuencia. Han resistido y -quizás- cuando lo peor de la crisis ha pasado, ahora empiecen a recoger los frutos de la dura travesía del desierto logístico español de los últimos años.

Para algunos esta permanencia ha sido un vacuo empecinamiento; para otros simple supervivencia: yo creo que ha sido un ejemplo de la mejor versión de la resistencia de quién sabe lo que quiere -y lo transmite a los suyos- y continua hacia adelante. Los éxitos o los fracasos finalmente los marca únicamente el implacable mercado.

El SIL nació con la adolescencia de la logística en España y ahora ambos caminan hacia la madurez. Pero aún queda mucho por recorrer y no menos por resistir. Con permiso del mercado, claro.

Nosotros también estaremos de nuevo ahí, en SIL. Con luz taquígrafos y cámaras…y ya les contaremos.

El clásico de esta semana es “2001: Odisea Espacial”, de Arthur C. Clarke. Primero relato (1948); luego película de Stanley Kubrick (1968) y luego novela, trasladando el guión del film. Tanto si ha visto la película como si no; si le gusta la ciencia-ficción o no; la novela que traspone el guión, es un descubrimiento. ¡Ah! y abstenerse de las secuelas.

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Una asociación nacional de carretilleros

El pasado jueves hemos celebrado el I Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras. Una iniciativa de Cuadernos de Logística que luego lo ha sido, también, de los patrocinadores y del propio sector, dado el entusiasmo generalizado con que ha sido recogida y acompañada esta idea, que tendrá continuidad anual, ese es nuestro compromiso, en años venideros.

Y digo celebrado, porque el sector lo ha manifestado como tal con su asistencia, un centenar de invitados (y eso a pesar de la coincidencia con un par de eventos internos de otras tantas compañías), y con su participación, tanto en la mañana de ponencias como en el resto de actos del programa, básicamente pensado para el intercambio y el contacto profesional.

El sector de las carretillas elevadoras y equipos de manipulación es perfectamente reconocible. Importadores, distribuidores y alquiladores forman el grueso de la oferta a la que se unen los suministradores de accesorios o servicios alrededor de la máquina: neumáticos, implementos, baterías, repuestos, formación, etc. Todo para dar respuesta en la manipulación de mercancías a una demanda infinitamente dispersa, pues en casi todos los sectores industriales hay que mover, almacenar o manipular productos.

Esa cohesión en la oferta no se ve sin embargo reflejada, al menos hasta ahora, por un colectivo gremial igualmente dimensionado y representativo del sector en su conjunto. Sí, existen algunos colectivos, pero son sólo parcialmente representativos o forman parte de otros mayores. Ese es el caso de MEDEA, la asociación de importadores de carretillas, un núcleo muy importante en peso específico e igualmente concreto en número (12 compañías), donde están las grandes marcas que opera con filial u organización propia en España. Igualmente, algunas asociaciones empresariales de índole regional o local o con otra misión, como es el caso de AECE o la FEM, intentan dar cobijo, aglutinar y representar a los “carretilleros” en ámbitos geográficos o concretos.

Tanto por esa clara identificación gremial, que supone en consecuencia compartir retos y problema comunes, como por su implantación pan-industrial, y por pertenecer a un colectivo mayor, el logístico, una de cuyas señas de identidad es el asociacionismo, resulta llamativo que a estas alturas no exista ya ese colectivo del sector de carretillas elevadoras en España a escala nacional -o incluso ibérico-, que englobe a todos los actores implicados sin excepción.

Por si alguien lo dudaba, el I Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras ha demostrado que existe el germen necesario, y dado el origen diverso de los asistentes y las peticiones de continuidad del evento recibidas -sobre todo ponderando la comunicación y necesario encuentro de profesionales del sector- también la inquietud por la unión a escala nacional.

En mi opinión este es el mejor momento para fortalecer al sector de carretillas, ahora que salimos de la crisis. Sólo hace falta que alguien con carácter, ganas y conocimiento del sector, catalice esos ingredientes y ponga hilo a esa aguja. El sector lo merece.

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Ruleta rusa ferial

El pasado jueves el Instituto de Fomento de Aragón (IAF), junto a otras instituciones feriales y relacionadas con la construcción, organizaba en Feria de Zaragoza una jornada bajo el paraguas de su marca Pilot, titulada “Construcción y Logística”. La excusa, u oportunidad, era la celebración simultánea por primera vez de las ferias Logis y SMOPYC, una de logística, la otra de maquinaria para construcción y minería.

Si lo que vale es la intención, este post acabaría aquí. Pero creo que no es suficiente. En el programa de la jornada, el binomio construcción y logística estuvo totalmente desequilibrado en favor de la primera, que ocupó cuatro quintas partes del contenido; se habló mucho de construcción y sobre todo de constructoras -repitiendo hasta la saciedad las mismas estadísticas por distintos ponentes- y muy poco de la maquinaria protagonista de la feria SMOPYC (de hecho sólo lo hizo, y relativamente, un ponente/periodista británico); y desde luego apenas quedó tiempo, al final, para hablar de logística, a pesar de la calidad de los ponentes convocados de este sector: Eduardo Zapata (UNO/CITET), Enric Ticó (FETEIA) y Ramón Vázquez (ACTE/CETM Multimodal). Obligada faena de aliño y poco más, moderada por quien escribe. Además, a esas alturas y después de todo un día de feria, buena parte del público había hecho “mutis”.

Creo que el encuentro fue imagen especular de sus sectores y de su relación actual con las ferias. Aunque IAF y Feria de Zaragoza quisieran “construir”  este evento paralelo a la exposición con la mejor de sus intenciones y el saber hacer que les acompaña -yo, al menos, no dudo de eso-, las circunstancias y el entorno invitan, cuando no empujan, a una profunda reflexión que debe hacerse de inmediato. Y me ciño al sector logístico.

El formato ferial tradicional, creo que en todos los sectores pero desde luego en el logístico, ha reducido de manera notable su aportación de valor a expositores y visitantes. A ello se une la reducción de presupuestos para marketing de las empresas y la no menos importante reducción de recursos humanos. Conclusión: cuesta mucho ir a una feria como las de antes, como se iba antes. Las ferias realmente internacionales todavía mantienen cierto atractivo para quienes buscan llegar a otros mercados pero, ojo, también empiezan a sufrir mermas importantes del lado expositor.

Aunque todas las ferias y organizadores feriales reconocen esa necesidad de cambio (algo es algo), todavía no se han hecho más que maquillajes o pequeños retoques estéticos. Falta imaginación. Detenerse y reflexionar. Y volver a empezar, casi desde cero, sobre la base de dos argumentos imbatibles para cualquier feria profesional: el contacto humano y las instalaciones. La tecnología en red no podrá nunca suplir el primero y hace falta gastar demasiado dinero para competir con lo segundo.

A pesar de todo ello, del desgaste del modelo, de los costes, de las críticas, proveedores de productos, demandantes, prensa y responsables de diferentes administraciones, siguen acudiendo a las ferias. En menor medida, pero ahí están. Y sin hacer tampoco un notable ejercicio de imaginación. Algo tendrán las ferias (yo llevo tres post seguidos hablando de ellas). Empecemos por ahí.

Llevo asistiendo a ferias y salones profesionales desde hace más de 30 años y creo que, por primera vez, estamos en una verdadera encrucijada. En un “rien ne va plus”. O en una peligrosa ruleta rusa ferial. Probablemente hemos traspasado el punto de no retorno. Quien haga el primer ejercicio de reflexión, aporte nuevas ideas y las ponga en marcha, tendrá mucho ganado. Quien no, estará condenado a desparecer.

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Ir pa ná

Bufones, payasos, cómicos y humoristas han tenido la habilidad y el gracejo -que diría un castizo-, para decir lo que otros callan, para señalar lo que otros saben y no dicen por aquello de las formas, la educación y el protocolo. Ha sido así desde la Edad Media (al menos) hasta nuestra época mediática. Va siendo hora de hacerles la competencia…en serio.

Es habitual -y deseable- que en reuniones profesionales más o menos multitudinarias, forme parte del programa la presencia de “la autoridad”, el cargo de turno más oportuno, y de mayor jerarquía a ser posible, emparentado con el tema que se trate. Eso también ha sido así desde siempre.

Los organizadores de la reunión o evento, buscan esa presencia oficial con la que dotar a la convocatoria de mayor ¿nivel? y desde luego relevancia, atención mediática y, probablemente más asistentes. La pregunta es ¿para qué?

Entiendo porque es lo exigible, que la ministra, el secretario de Estado o el director general de tal o cual departamento ministerial, estén cerca de los profesionales, empresarios y medios de comunicación que más les atañen en su desempeño. Entiendo que comparezcan en esos foros de reunión profesional para anunciar o compartir algo. Y entendería que aprovecharan esa circunstancia para departir con el sector, en nuestro caso el logístico, para saber, compartir, conocer, escuchar, aprender en suma, qué se cuece, en el contacto con unos y otros. Pero esto es lo que nunca -o casi nunca- ocurre.

La autoridad de turno llega  a la hora que determina “su” agenda, no la del evento, lo que suele traer una migraña descomunal a los organizadores; pasa por encima de lo programado, interrumpiendo ponencias, cercenando debates, modificando horarios, etc.; y sale pitando llevada en volandas por su séquito. Antes, eso sí, se ha subido al púlpito para dar una clase magistral de cómo no decir nada de nada. Y eso es así, reconózcanlo conmigo, 99 veces de cada 100.

Y para prueba una muy cercana. El evento,  el Foro del Transporte de AECOC de la pasada semana (26 de marzo). La autoridad, el secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, Rafael Catalá. Los hechos, que tuvo de cabeza a los organizadores al cambiar en el último momento la hora de su intervención; que mutiló una de las intervenciones que se quedó sin debate; y que repitió exactamente lo que ya había dicho hace cuatro meses que, a su vez era lo mismo, que dijo la ministra Pastor meses antes.

Olvidan los cargos públicos y autoridades que están ahí puestos por los ciudadanos para desempeñar un trabajo y que parte de ese trabajo es informar de lo que saben, proponer lo que defienden y articular soluciones a los problemas. Transitar por un territorio exclusivo, ajeno a lo que les rodea, no es parte de ese trabajo.

Sólo unas pocas excepciones, unos pocos eventos, han decidido “pasar” de la autoridad y sus alharacas. Visto lo visto y oído lo oído, no es mala decisión. Si hay que ir se va, se escucha, se habla, se participa, pero “ir pa ná” ya dijo el cómico lo que es.

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El clásico

La noticia del fallecimiento de Adolfo Suárez ha eclipsado otra que amenazaba seriamente con acaparar portadas e informativos, la del enfrentamiento futbolístico en el Santiago Bernabéu. Un nuevo “clásico” del fútbol que repite los tópicos hasta la saciedad: partido del siglo, el más decisivo de los celebrados nunca, el derby más esperado, etc. etc. Una retahíla de argumentos vociferados sin variación una y otra y otra vez. No sé si es falta de imaginación de los comunicadores o que este es el “alimento argumental” que quieren los aficionados. Repito, sin variación.

En nuestro sector hay también un “clásico”. Un recurrente intercambio dialéctico entre los que defienden y los que denostan las ferias profesionales como canal o instrumento comercial. Comienza este mes de abril la “temporada” de ferias logísticas y las hay para todos los gustos, colores, tamaños y objetivos. Modestas, menos modestas, enormes, de bolsillo, nacionales, internacionales, sin apellido, solitarias, acompañadas, jóvenes o maduras.

Desde el 1 de abril hasta el 6 de noviembre, los profesionales del sector logístico pueden ver las últimas ofertas de productos y servicios de las empresas proveedoras y asistir a un sinfín de actos paralelos con diferente formato donde se debatirá sobre la problemática del sector. Zaragoza, París, Hannover, Barcelona, Madrid serán los lugares que acojan a otras tantas ferias.

Y los que a partir de ahora vayan o no a esas citas profesionales, aportarán argumentos en favor y en contra, pero serán los mismos de siempre. Y estaremos, de nuevo, en el intercambio “clásico”: las ferias son caras;  o no, depende del resultado en contactos que se obtenga; con tanta información las ferias ya no aportan nada; el contacto humano que favorecen las ferias es una aportación insustituible; se ven los de siempre; se puede ver a todo el sector.

Como con los adjetivos futboleros para calificar “el clásico”, echo en falta nuevos argumentos para justificar la ausencia o asistencia (por cierto, la ferias se siguen llenado en buena parte de sus convocatorias), aportaciones técnicas y estadísticas serias (de verdad) por parte de los organizadores para que sean creíbles, planes de marketing elaborados por los expositores en torno a su presencia, informes independientes de conveniencia de dónde, cuándo, cuántas y con qué frecuencia convocar una feria profesional, estudios económicos que demuestren el valor de mercado de un espacio ferial (que siempre se antoja muy caro), otros que indaguen en el por qué de la “huida” de grandes empresas de algunas ferias para organizarse la suya propia, y en fin encuestas que pregunten a unos y a otros, más allá de las cuestiones “clásicas” y las respuestas ya conocidas, por sus afinidad o desafecto ferial.

Para eso, seguramente, hacen falta entidades sectoriales independientes (¿asociaciones?), que arbitren esos estudios e informes cuyas conclusiones tendrían sin duda mucho valor. Pero, eso sí, árbitros reconocidos y acertados…no como los del “clásico”.

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Flaquísimo favor

No hay nada peor que tener el enemigo en casa, que le pongan a uno “los cuernos” y ser el último en enterarse, o que sea tu propia empresa, colectivo o ente de pertenencia el que te haga la competencia. Además de los daños correspondientes, materiales o morales, lo normal es que se te quede una magnífica cara de tonto.

El pasado 21 de enero publicábamos en nuestra web la noticia de la celebración en Barcelona del European Supply Chain & Logistics Summit, merced a un acuerdo con la Generalitat de Catalunya y el ayuntamiento de Barcelona. El evento había sido presentado el día anterior a bombo y platillo con la asistencia del Consejero de Empresa y Empleo de la Generalitat, Felip Puig,  y la segunda teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Sònia Recasens.

Hasta aquí, una buena noticia, para el sector logístico y para Barcelona. Un evento itinerante, parece que de alto nivel, convocado por una organización privada que se celebrará durante dos años, 2014 y 2015, en la Ciudad Condal.

Las sorpresas empiezan, sin embargo, con la fecha de la convocatoria de este congreso en 2014: del 16 al 18 de junio. Exactamente once días después de que el Salón Internacional de la Logística de Barcelona eche el cierre a su 16ª edición.

Como siempre en el SIL, la exposición y oferta de los stands estará ampliamente complementada con actividades paralelas en formato de foro, cumbre, jornadas o ponencias, y muchas de ellas de marcado carácter y representación internacional y periódico, como la Cumbre Latinoamericana de Logística o el Fórum Mediterráneo de Logística y Transporte. No parece, por lo tanto, muy acertada y menos oportuna en fechas la nueva convocatoria.

Pero la sorpresa llega a extremos de vodevil o esperpento si añadimos que, en la mencionada presentación del pasado día 20, la teniente de alcalde, señalaba que “este nuevo evento se suma al SIL”, cuando más parece que resta, divide, despista o complica la oferta de citas logísticas. Aún más -no se lo pierdan- esa misma teniente de alcalde, por razones de cargo, forma parte de los órganos de gobierno del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, entidad a su vez organizadora del SIL. Y toda vía más, en el SIL no se sabía nada de este nuevo congreso hasta apenas 48 horas antes de su anuncio.

La respuesta de la organización del SIL -aunque sin serlo oficialmente- ha sido con la “artillería” de las estadísticas de 15 ediciones consecutivas. Además, Enrique Lacalle, presidente del comité organizador del SIL no oculta su contrariedad al señalar que  “los congresos y ferias que recalan en Barcelona van y vienen, nosotros siempre estamos”.

Aunque la compañía organizadora del congreso no parece tener especial predicamento, por lo que hemos podido averigua a través de algún miembro de la ELA (European Logistics Association), no se le puede negar atención, basándonos en las empresas y directivos presentes en anteriores ediciones.

Pero lo realmente lamentable, penoso e impropio, es que intereses políticos -no cabe otra explicación- provoquen esta situación, que hace un flaquísimo favor al sector (dos eventos de corte similar en menos de dos semanas), al SIL, desde luego, y deja patente la falta de criterio de quienes deben promover las mejores prácticas y el mejor clima empresarial y económico.

Quizás la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona -y el partido que comparten-  saquen algún rédito político de todo esto. Pero será sólo eso. A la oferta del sector y a su coherencia le han hecho polvo.

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Hangás, saraos y sainetes

Un amigo y colega, extremeño, me enseño hace mucho tiempo una expresión que él utilizaba para describir una cita profesional, ineludible, que se hacía insoportable, ya por el contenido y los discursantes, ya por la estulticia de los asistentes: hangá.

No he encontrado esa expresión coloquial en el diccionario de la RAE, ni tampoco como jerga; lo más cercano es un sustantivo, sin acento, que se utiliza en la lengua de la Isla de Pascua. Aunque algunos extremeños de los siglos XV y XVI pasaron a la historia por sus descubrimientos geográficos, no creo que de ahí venga el origen de la palabra.

Hay otra, sarao, que según el citado diccionario es “reunión nocturna de personas de distinción para divertirse con baile o música”, y que, sin embargo, también puede usarse, con propiedad muy aproximada, para definir otras reuniones profesionales, convocatorias, congresos, celebraciones, foros, jornadas, mesas redondas, meetings, etc.

La cantidad no trae la calidad. La proliferación de estas citas profesionales que -por otro lado demuestran la vitalidad del sector logístico- ha traído consigo un montón de hangás y saraos de los que nada se aprovecha y que, a duras penas, se justifican por eso que se ha dado en llamar networking, lo que en román paladino se llama conversación o, si se prefiere, intercambio profesional de opiniones.

Es más, parece que si en esas citas profesionales no hay cantidad (de asistentes), no se consideran exitosas. Erróneamente se concluye así porque la cantidad se ve -y se justifica ante los patrocinadores- y la calidad, sin embargo, es mucho más difícil y esquiva de medir. Pero mucho más útil y objetiva.

Las preguntas son: ¿a cuántas citas profesionales de verdad interesantes, de las que haya sacado algo en claro, ha asistido últimamente? ¿Y en las otras, qué primaba la cantidad o la calidad? ¿Calificaría alguna de ellas de hangá o sarao? Piénselo.

En cualquiera de esas reuniones -ojo, necesarias en su justa medida- se oye con frecuencia la misma expresión: es muy difícil sacar tiempo para asistir. Las estructuras de las empresas cada vez son más pequeñas y el trabajo se multiplica, pero no los recursos humanos, más bien lo contrario. De ahí que sea más necesario que nunca -yo diría que exigible, sobre todo para los organizadores recurrentes- que se persiga la calidad de la convocatoria y sus contenidos como primer objetivo y sí, además, se logra la cantidad, miel sobre hojuelas.

Y aún hay una más, sainete, que en varias de sus acepciones (pieza dramática jocosa en un acto, de carácter popular, que se representaba como intermedio de una función o al final; salsa que se pone a ciertos manjares para hacerlos más apetitosos; cosa que aviva y realza el mérito de algo, de suyo agradable…) encaja con más de una y más de dos de esas concentraciones profesionales en el sector de logística como en otros, haciendo de una parte, frívola, el todo y con ello un flaco favor a asistentes y convocantes.

¿Les suena?

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Groucho Marx y Mercadona

Dicen los compendios de los epitafios más originales que el de Groucho Marx –el hermano del frac, el puro, el bigote y las cejas falsas, de la genial troupe cómica de principios del siglo XX- reza así: “Perdonen que no me levante”. Tan obvio y sarcástico como su humor.

Hace unos días, en el congreso AECOC de Supply Chain celebrado en Madrid, recordé esa frase mientras oía al director general de Logística de Mercadona, Francisco López. No quiero decir que su exposición, que no estuvo alineada con la expectación que genera siempre el modelo de éxito de Juan Roig, moviera a la hilaridad, ni mucho menos. El recuerdo me asaltó sin embargo, como suele ocurrir con estas cosas, desde alguna recóndita conexión sináptica de las que enlazan las neuronas, al oír a López disculparse -“Perdonen que haga un poco de publicidad”- por presumir durante unos instantes de su enseña. Otra disculpa, pero esta vez ni obvia, ni sarcástica. Preocupante. Las asociaciones cerebrales son así.

La pregunta es ¿por qué uno de los principales directivos de una marca de éxito como Mercadona, que se ha desarrollado multiplicando y difundiendo ese éxito –el logístico también- por muchos rincones, con una imagen sólidamente publicitada, se disculpa por esa difusión en un foro profesional?

Me he planteado esta ecuación y creo que la incógnita queda despejada si eliminamos uno de los factores, Mercadona, y sólo nos fijamos en el otro, AECOC; y mejor si lo hacemos únicamente en el género de lo celebrado por ese colectivo: congreso, jornada, seminario…llamémoslo X, ya que es una ecuación de segundo grado.

Estoy convencido de que Francisco López, como todos los F.L. de turno, se disculpaba por una mala costumbre establecida de un tiempo a esta parte; porque como él lo hacen todos los ponentes de todos los congresos, jornadas, seminarios, etc. cuando hablan de sus empresas al principio de sus ponencias o intervenciones; a las que asisten invitados por lo que saben a través, precisamente, de su desempeño profesional. Tampoco obvio. Quizás sarcástico. Desde luego, absolutamente paradójico.

Llevo muchos años asistiendo –cuando no organizando o moderando- a todo tipo de foros profesionales y siempre me asalta las mismas preguntas: ¿qué sacan en claro los oyentes? ¿qué quieren escuchar? ¿qué necesitan?

Con la cantidad de información disponible y repetida, y la proliferación de estos eventos, creo que cada vez obtienen menos. Quizás por ello los ponentes se disculpan al hablar de sus empresas –especialmente en los foros de pago-, porque con frecuencia no ofrecen mucho más que eso, lo ya sabido. Los organizadores lo saben: tanto que en ocasiones ponderan más el networking que las ponencias.

Sea como fuere, es necesario y urgente reinventar estos encuentros. Tanto como asumir que la publicidad no es incómoda. Es un motor insustituible de la economía libre de mercado, plagada de marcas competidoras que deben utilizarla para diferenciarse.

Huir de lo obvio. Mucho más de lo sarcástico y lo paradójico. Y buscar lo útil, novedoso y sorprendente. Más lecciones y recetas. Menos disculpas.

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