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Los panes, los peces y el puzle

Siempre he creído que la logística tiene algo de milagroso. Quizás por ello produce en muchos –en mí lo hace- esa cierta fascinación de lo increíble, de lo difícil de explicar. Buscando un simil, he pensado con frecuencia que gestionar adecuadamente y cada día la cadena de suministros, con todas sus tensiones y sus escenarios cambiantes, era como intentar resolver en tiempo récord uno de esos puzles de miles de piezas, pero en el que no supiéramos ni el número exacto de ellas ni la imagen que debe aparecer finalmente.

Y no debo ser el único que ve esta disciplina, actividad o sector, como parte de un territorio divinamente ignoto, sin ánimo irreverente. Así, en la reunión que celebramos hace unos días para analizar la situación del talento en el entorno logístico español, alguien, en el coloquio final, definió a la logística como un milagro diario que no sabemos vender. Vamos que tenemos boda de Caná y multiplicación de los panes y los peces, día sí y día también.

Que no sepamos venderlo, como decía el directivo que tomó la palabra en la sede de IMF donde se celebró la mencionada reunión, es una característica –dice el tópico- muy de aquí, frente a otros (los italianos sin ir más lejos) que si saben ponderar y vender sus logros. Parte de la transparencia que tiene la logística frente a la sociedad, puede venir de ahí.

Sin embargo para mí es más importante, y creo que denota una provisionalidad impropia de la gestión logística, el hecho de que se la califique de “milagro” o –como dijo otro de los intervinientes en esa misma reunión- “improvisación continua”, calificativos que se entienden, o deben hacerlo, como la capacidad –también muy nuestra- de resolver situaciones problemáticas no previstas de manera exitosa, pero que destilan un cierto halo de descontrol que, en absoluto, tiene que ver con la realidad. Y estoy seguro que ninguno de los dos intervinientes quiso decir eso, más bien ponderar las capacidades de quienes trabajan cada día en logística, pero sus palabras están ahí

Mientras que no seamos capaces no ya de ver, sino de verbalizar, la gestión logística con la exigencia, seriedad, base científica y académica, eficiencia y eficacia que la acompaña, nos será difícil explicarla sin acudir a términos mágicos o milagreros… aunque la logística, para el que no la conoce, lo parezca.

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Logística de bajos vuelos

Desde que a mediados del siglo pasado la logística y quienes la gestionan tomaran conciencia de su importancia y del auxilio que aportaba en múltiples labores, una de sus características intrínsecas ha sido su capacidad para absorber tecnologías emergentes y aplicarlas en la cadena de suministros rápidamente.

La informática y con ella el software, la robótica, los vehículos autónomos, la realidad virtual y aumentada, la automatización en múltiples registros, la captura de datos o la gestión de rutas merced al GPS, son algunos ejemplos de ello a los que podríamos añadir un largo etcétera.

Ahora empiezan a irrumpir en nuestro entorno profesional los drones. Al hilo del desenfreno en el que nos has tocado cohabitar, estos vehículos autónomos voladores han pasado en un abrir y cerrar de ojos de juguetes más o menos sofisticados, a estar presentes en múltiples aplicaciones industriales, desde la filmación para medios de comunicación a las inspecciones de seguridad en líneas de alta tensión. Y las aplicaciones se acumulan. La imaginación es el límite.

En España ya hay varias experiencias piloto en nuestro sector, ligadas a la distribución de paquetería. De momento. Y muchas otras que aún pasan desapercibidas por su carácter experimental o incipiente, pero que no tardarán en llegar. Hoy son sólo una prueba; mañana todo el mundo las usará. El “juguetito” es cada vez más serio y no parece tener barreras. Ha venido para quedarse. Eso es seguro. Y no sería de extrañar, dados los antecedentes, que fuera la logística, callada, opaca socialmente, pero insustituible, la que recogiera gran parte de sus aplicaciones, tan silenciosa como hábilmente, sin mucho ruido, como los propios drones.

Nosotros queremos poner nuestro granito de arena a esta irrupción tecnológica, que los límites de la seguridad aérea circunscriben a vuelos a baja altura. Por eso, con la colaboración del Centro Español de Logística (CEL) organizamos este miércoles, víspera del Día Europeo de la Logística –y con ese motivo onomástico- una mesa redonda para escuchar, debatir, aportar pero, sobre todo aprender y poner en común qué sabemos de los drones y qué pueden hacer por la distribución y la intralogística. De su desarrollo, ya que se celebra a puerta cerrada, daremos buena cuenta a través de nuestros canales impresos y on-line. CeMAT, Air Drone Logistics y Dimensia, se han unido a este inciativa.

La aplicación de los drones en logística está por hacer. Pero no se descuiden, que hoy medimos la implantación tecnológica en meses y puede que muy pronto estemos viendo estos artefactos cotidianamente y tarareando el “volare” de Domenico Modugno mientras deambulan grácilmente sobre “el azul pintado de azul y tan felices” ¿Me acompañan? “Nel blu di pinto di blu, felice di stare lassù”.

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Un año de seis meses

Ahora que a nuestro presidente en funciones se le ha ocurrido plantear como nueva la idea de un horario laboral y general más europeo, podría también idear un año de seis meses, al menos en el ámbito profesional. Claro que esta idea necesitaría de un consenso internacional, pero ya que se proponen tantas ideas peregrinas, una más y refrendada por la fuerza de los hechos, tendría oportunidad de ser tenida en cuenta. Digo yo.

La fuerza de esos hechos la dicta el calendario y se da en casi todos, por no decir en todos, los sectores profesionales. Con seis meses, como mucho, tenemos bastante. Agrupamos –más bien agolpamos- la inmensa mayoría de las citas profesionales, ferias, congresos, eventos, jornadas, etc. en esa estrecha franja temporal, como si no hubiera más, como si una invisible barrera impidiera salirse de ahí, e incluso nos sorprende que se utilicen otras fechas fuera de esa horquilla. Y así, tan contentos, todos con la lengua fuera.

Esa horquilla incluye los meses de marzo, abril, mayo y junio; y los de octubre y noviembre. Y a veces incluso de estrecha más pues la Semana Santa (cuatro días de asueto que se convierten “milagrosamente” en diez o quince) saca algunos días más de ese año “profesional” de seis meses.

¿No me creen? Tomen nota. Estamos a 11 de abril. De aquí al 9 de junio –menos de dos meses- los profesionales del sector logístico tenemos los siguientes compromisos profesionales: Debates ICIL, Día Europeo de la Logística, Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas, Jornadas CEL, feria CeMAT y feria SIL. Quedarán para esos dos meses de octubre y noviembre el Encuentro Empresarial de UNO (en 2015 fue el 30 de septiembre), el Congreso de CETM y la feria Logistics. Y seguro que se me escapa alguna cita profesional que aún estreche más el calendario.

La buena noticia es que con esta concentración, poco queda fuera y, si sobrevivimos, nos queda otro año de seis meses para trabajar a ritmo “caribeño”, para conciliar horarios, para llegar pronto a casa, para echarnos la siesta (según los rotativos europeos), para vacaciones, puentes, acueductos y para tomarnos la vida laboral y familiar con mucha tranquilidad, sin prisas ni estrés ¿o no les pasa a ustedes?

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Sed opere et collaborationem

Las órdenes monacales acuñaron la fórmula perfecta para sus correligionarios, un magnífico eslogan medieval que ha saltado las barreras temporales. Reza y Trabaja. Ora et Labora. Alimento para el cuerpo y el alma. Una versión pía del men sana in corpore sano, más agnóstico. Con el mayor de los respetos a cualquier religión o creencia, la católica siempre ha sido especialmente hábil en producir campañas de marketing in eternum.

Tengo especial debilidad por el latín -rarito que es uno- y a propósito del “labora”, pensaba ponerles deberes para las vacaciones que algunos ya estarán disfrutando y otros planeando. Al final he decidido poner sólo el titular de este post en la lengua de Cicerón para que cualquiera ipso facto pueda traducirlo a “román paladino” -que diría Berceo- con cualquiera de las herramientas que pululan por la red.

Todo este circunloquio es para hablarles de colaboración. De colaboración y perplejidad o incredulidad. Ya he mencionado el término en este mismo púlpito,  pero fue hace más de tres años y eso no hace más que añadir argumento a mi diatriba. Poco ha cambiado.

Llevo oyendo hablar de colaboración en el entorno logístico -incluso tiene su propia nomenclatura, bajo la definición de logística colaborativa– mucho tiempo, y por ello me llama poderosamente a la atención que siga siendo un término recurrente por omisión y no por acción. Me temo que esa insistencia no es exclusiva de nuestro sector.

Además, últimamente (hace menos de una semana), he oído quejas por la falta de esa deseada colaboración no sólo extramuros, entre empresas diferentes o entre sectores colatrerales -la más costosa y retadora-, sino intramuros, dentro de las propias compañías, es decir protestas por las barreras departamentales que hacen que unos tomen decisiones que afectan a los otros -y todas afectan en mayor o menor medida- sin contar precisamente con los otros, de forma unilateral, lo que no solo complica la operativa, también la encarece y ralentiza en la caso de la cadena logística.

La secuencia es más o menos esta: Dirección decide una estrategia que traslada a marketing; comercial la lleva a un mercado que, con frecuencia, responde en una dirección inesperada; comercial exige a producción mucho más de esto y nada de aquello y, con suerte, producción responde; y logística debe ponerlo en el lineal o la repisa, cuadre la promoción, el embalaje, los tiempos y la frecuencia, con los recursos, o no.

En el interim de este despropósito -exagerado como regla, si quieren, pero real- en foros y congresos, se habla de casos de éxito de colaboración -como no puede ser de otra manera- que se me antojan en exceso excepcionales frente a lo que parecen comunes casus belli en el propio seno de las empresas.

Si las asociaciones y gremios interprofesionales pueden establecer cauces para la colaboración más allá de las propias fronteras corporativas, sólo la dirección de las compañías con órganos internos abiertos y cooperativos puede evitar esa incomunicación que, a la postre, tiene un altísimo coste laboral y económico. No se trata de crear una balsa de aceite, más bien de utilizar el sentido común en sensu estricto.

Hacen falta más y más prácticas de colaboración y es preciso hacerlas públicas como ejemplo de lo que es posible. Pero tempus fugit, del tiempo pasa y la velocidad se demuestra andando: sed opere et collaborationem. O lo que es lo mismo, trabajar y colaborar, ahora. Fuera y dentro.

En cursiva las palabras que hubiera entendido el mismísimo Julio César sin traductor de Google.

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Ruleta rusa ferial

El pasado jueves el Instituto de Fomento de Aragón (IAF), junto a otras instituciones feriales y relacionadas con la construcción, organizaba en Feria de Zaragoza una jornada bajo el paraguas de su marca Pilot, titulada “Construcción y Logística”. La excusa, u oportunidad, era la celebración simultánea por primera vez de las ferias Logis y SMOPYC, una de logística, la otra de maquinaria para construcción y minería.

Si lo que vale es la intención, este post acabaría aquí. Pero creo que no es suficiente. En el programa de la jornada, el binomio construcción y logística estuvo totalmente desequilibrado en favor de la primera, que ocupó cuatro quintas partes del contenido; se habló mucho de construcción y sobre todo de constructoras -repitiendo hasta la saciedad las mismas estadísticas por distintos ponentes- y muy poco de la maquinaria protagonista de la feria SMOPYC (de hecho sólo lo hizo, y relativamente, un ponente/periodista británico); y desde luego apenas quedó tiempo, al final, para hablar de logística, a pesar de la calidad de los ponentes convocados de este sector: Eduardo Zapata (UNO/CITET), Enric Ticó (FETEIA) y Ramón Vázquez (ACTE/CETM Multimodal). Obligada faena de aliño y poco más, moderada por quien escribe. Además, a esas alturas y después de todo un día de feria, buena parte del público había hecho “mutis”.

Creo que el encuentro fue imagen especular de sus sectores y de su relación actual con las ferias. Aunque IAF y Feria de Zaragoza quisieran “construir”  este evento paralelo a la exposición con la mejor de sus intenciones y el saber hacer que les acompaña -yo, al menos, no dudo de eso-, las circunstancias y el entorno invitan, cuando no empujan, a una profunda reflexión que debe hacerse de inmediato. Y me ciño al sector logístico.

El formato ferial tradicional, creo que en todos los sectores pero desde luego en el logístico, ha reducido de manera notable su aportación de valor a expositores y visitantes. A ello se une la reducción de presupuestos para marketing de las empresas y la no menos importante reducción de recursos humanos. Conclusión: cuesta mucho ir a una feria como las de antes, como se iba antes. Las ferias realmente internacionales todavía mantienen cierto atractivo para quienes buscan llegar a otros mercados pero, ojo, también empiezan a sufrir mermas importantes del lado expositor.

Aunque todas las ferias y organizadores feriales reconocen esa necesidad de cambio (algo es algo), todavía no se han hecho más que maquillajes o pequeños retoques estéticos. Falta imaginación. Detenerse y reflexionar. Y volver a empezar, casi desde cero, sobre la base de dos argumentos imbatibles para cualquier feria profesional: el contacto humano y las instalaciones. La tecnología en red no podrá nunca suplir el primero y hace falta gastar demasiado dinero para competir con lo segundo.

A pesar de todo ello, del desgaste del modelo, de los costes, de las críticas, proveedores de productos, demandantes, prensa y responsables de diferentes administraciones, siguen acudiendo a las ferias. En menor medida, pero ahí están. Y sin hacer tampoco un notable ejercicio de imaginación. Algo tendrán las ferias (yo llevo tres post seguidos hablando de ellas). Empecemos por ahí.

Llevo asistiendo a ferias y salones profesionales desde hace más de 30 años y creo que, por primera vez, estamos en una verdadera encrucijada. En un “rien ne va plus”. O en una peligrosa ruleta rusa ferial. Probablemente hemos traspasado el punto de no retorno. Quien haga el primer ejercicio de reflexión, aporte nuevas ideas y las ponga en marcha, tendrá mucho ganado. Quien no, estará condenado a desparecer.

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Ir pa ná

Bufones, payasos, cómicos y humoristas han tenido la habilidad y el gracejo -que diría un castizo-, para decir lo que otros callan, para señalar lo que otros saben y no dicen por aquello de las formas, la educación y el protocolo. Ha sido así desde la Edad Media (al menos) hasta nuestra época mediática. Va siendo hora de hacerles la competencia…en serio.

Es habitual -y deseable- que en reuniones profesionales más o menos multitudinarias, forme parte del programa la presencia de “la autoridad”, el cargo de turno más oportuno, y de mayor jerarquía a ser posible, emparentado con el tema que se trate. Eso también ha sido así desde siempre.

Los organizadores de la reunión o evento, buscan esa presencia oficial con la que dotar a la convocatoria de mayor ¿nivel? y desde luego relevancia, atención mediática y, probablemente más asistentes. La pregunta es ¿para qué?

Entiendo porque es lo exigible, que la ministra, el secretario de Estado o el director general de tal o cual departamento ministerial, estén cerca de los profesionales, empresarios y medios de comunicación que más les atañen en su desempeño. Entiendo que comparezcan en esos foros de reunión profesional para anunciar o compartir algo. Y entendería que aprovecharan esa circunstancia para departir con el sector, en nuestro caso el logístico, para saber, compartir, conocer, escuchar, aprender en suma, qué se cuece, en el contacto con unos y otros. Pero esto es lo que nunca -o casi nunca- ocurre.

La autoridad de turno llega  a la hora que determina “su” agenda, no la del evento, lo que suele traer una migraña descomunal a los organizadores; pasa por encima de lo programado, interrumpiendo ponencias, cercenando debates, modificando horarios, etc.; y sale pitando llevada en volandas por su séquito. Antes, eso sí, se ha subido al púlpito para dar una clase magistral de cómo no decir nada de nada. Y eso es así, reconózcanlo conmigo, 99 veces de cada 100.

Y para prueba una muy cercana. El evento,  el Foro del Transporte de AECOC de la pasada semana (26 de marzo). La autoridad, el secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, Rafael Catalá. Los hechos, que tuvo de cabeza a los organizadores al cambiar en el último momento la hora de su intervención; que mutiló una de las intervenciones que se quedó sin debate; y que repitió exactamente lo que ya había dicho hace cuatro meses que, a su vez era lo mismo, que dijo la ministra Pastor meses antes.

Olvidan los cargos públicos y autoridades que están ahí puestos por los ciudadanos para desempeñar un trabajo y que parte de ese trabajo es informar de lo que saben, proponer lo que defienden y articular soluciones a los problemas. Transitar por un territorio exclusivo, ajeno a lo que les rodea, no es parte de ese trabajo.

Sólo unas pocas excepciones, unos pocos eventos, han decidido “pasar” de la autoridad y sus alharacas. Visto lo visto y oído lo oído, no es mala decisión. Si hay que ir se va, se escucha, se habla, se participa, pero “ir pa ná” ya dijo el cómico lo que es.

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El clásico

La noticia del fallecimiento de Adolfo Suárez ha eclipsado otra que amenazaba seriamente con acaparar portadas e informativos, la del enfrentamiento futbolístico en el Santiago Bernabéu. Un nuevo “clásico” del fútbol que repite los tópicos hasta la saciedad: partido del siglo, el más decisivo de los celebrados nunca, el derby más esperado, etc. etc. Una retahíla de argumentos vociferados sin variación una y otra y otra vez. No sé si es falta de imaginación de los comunicadores o que este es el “alimento argumental” que quieren los aficionados. Repito, sin variación.

En nuestro sector hay también un “clásico”. Un recurrente intercambio dialéctico entre los que defienden y los que denostan las ferias profesionales como canal o instrumento comercial. Comienza este mes de abril la “temporada” de ferias logísticas y las hay para todos los gustos, colores, tamaños y objetivos. Modestas, menos modestas, enormes, de bolsillo, nacionales, internacionales, sin apellido, solitarias, acompañadas, jóvenes o maduras.

Desde el 1 de abril hasta el 6 de noviembre, los profesionales del sector logístico pueden ver las últimas ofertas de productos y servicios de las empresas proveedoras y asistir a un sinfín de actos paralelos con diferente formato donde se debatirá sobre la problemática del sector. Zaragoza, París, Hannover, Barcelona, Madrid serán los lugares que acojan a otras tantas ferias.

Y los que a partir de ahora vayan o no a esas citas profesionales, aportarán argumentos en favor y en contra, pero serán los mismos de siempre. Y estaremos, de nuevo, en el intercambio “clásico”: las ferias son caras;  o no, depende del resultado en contactos que se obtenga; con tanta información las ferias ya no aportan nada; el contacto humano que favorecen las ferias es una aportación insustituible; se ven los de siempre; se puede ver a todo el sector.

Como con los adjetivos futboleros para calificar “el clásico”, echo en falta nuevos argumentos para justificar la ausencia o asistencia (por cierto, la ferias se siguen llenado en buena parte de sus convocatorias), aportaciones técnicas y estadísticas serias (de verdad) por parte de los organizadores para que sean creíbles, planes de marketing elaborados por los expositores en torno a su presencia, informes independientes de conveniencia de dónde, cuándo, cuántas y con qué frecuencia convocar una feria profesional, estudios económicos que demuestren el valor de mercado de un espacio ferial (que siempre se antoja muy caro), otros que indaguen en el por qué de la “huida” de grandes empresas de algunas ferias para organizarse la suya propia, y en fin encuestas que pregunten a unos y a otros, más allá de las cuestiones “clásicas” y las respuestas ya conocidas, por sus afinidad o desafecto ferial.

Para eso, seguramente, hacen falta entidades sectoriales independientes (¿asociaciones?), que arbitren esos estudios e informes cuyas conclusiones tendrían sin duda mucho valor. Pero, eso sí, árbitros reconocidos y acertados…no como los del “clásico”.

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Flaquísimo favor

No hay nada peor que tener el enemigo en casa, que le pongan a uno “los cuernos” y ser el último en enterarse, o que sea tu propia empresa, colectivo o ente de pertenencia el que te haga la competencia. Además de los daños correspondientes, materiales o morales, lo normal es que se te quede una magnífica cara de tonto.

El pasado 21 de enero publicábamos en nuestra web la noticia de la celebración en Barcelona del European Supply Chain & Logistics Summit, merced a un acuerdo con la Generalitat de Catalunya y el ayuntamiento de Barcelona. El evento había sido presentado el día anterior a bombo y platillo con la asistencia del Consejero de Empresa y Empleo de la Generalitat, Felip Puig,  y la segunda teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Sònia Recasens.

Hasta aquí, una buena noticia, para el sector logístico y para Barcelona. Un evento itinerante, parece que de alto nivel, convocado por una organización privada que se celebrará durante dos años, 2014 y 2015, en la Ciudad Condal.

Las sorpresas empiezan, sin embargo, con la fecha de la convocatoria de este congreso en 2014: del 16 al 18 de junio. Exactamente once días después de que el Salón Internacional de la Logística de Barcelona eche el cierre a su 16ª edición.

Como siempre en el SIL, la exposición y oferta de los stands estará ampliamente complementada con actividades paralelas en formato de foro, cumbre, jornadas o ponencias, y muchas de ellas de marcado carácter y representación internacional y periódico, como la Cumbre Latinoamericana de Logística o el Fórum Mediterráneo de Logística y Transporte. No parece, por lo tanto, muy acertada y menos oportuna en fechas la nueva convocatoria.

Pero la sorpresa llega a extremos de vodevil o esperpento si añadimos que, en la mencionada presentación del pasado día 20, la teniente de alcalde, señalaba que “este nuevo evento se suma al SIL”, cuando más parece que resta, divide, despista o complica la oferta de citas logísticas. Aún más -no se lo pierdan- esa misma teniente de alcalde, por razones de cargo, forma parte de los órganos de gobierno del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, entidad a su vez organizadora del SIL. Y toda vía más, en el SIL no se sabía nada de este nuevo congreso hasta apenas 48 horas antes de su anuncio.

La respuesta de la organización del SIL -aunque sin serlo oficialmente- ha sido con la “artillería” de las estadísticas de 15 ediciones consecutivas. Además, Enrique Lacalle, presidente del comité organizador del SIL no oculta su contrariedad al señalar que  “los congresos y ferias que recalan en Barcelona van y vienen, nosotros siempre estamos”.

Aunque la compañía organizadora del congreso no parece tener especial predicamento, por lo que hemos podido averigua a través de algún miembro de la ELA (European Logistics Association), no se le puede negar atención, basándonos en las empresas y directivos presentes en anteriores ediciones.

Pero lo realmente lamentable, penoso e impropio, es que intereses políticos -no cabe otra explicación- provoquen esta situación, que hace un flaquísimo favor al sector (dos eventos de corte similar en menos de dos semanas), al SIL, desde luego, y deja patente la falta de criterio de quienes deben promover las mejores prácticas y el mejor clima empresarial y económico.

Quizás la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona -y el partido que comparten-  saquen algún rédito político de todo esto. Pero será sólo eso. A la oferta del sector y a su coherencia le han hecho polvo.

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La Pepa, La Juani y La Catalina

El pasado lunes 25 de noviembre asistimos, por fin, a la presentación del Plan transversal del Ministerio de Fomento denominado Estrategia Logística. La puesta de largo de este proyecto multifacético que, entre otras cosas, traerá una Ley del Sector Logístico, que le dote de un cuerpo jurídico propio, así como la elaboración de un Código de Buenas Prácticas, la realizó en Cádiz la titular ministerial, Ana Pastor. La elección de la capital gaditana para esta puesta de largo puede responder al cumplimiento de una promesa realizada por la ministra a la alcaldesa de la “tacita de plata”, Teófila Martínez, durante la XXII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en 2012 en esa ciudad.

Un día después, el presidente de UNO, Gonzalo Sanz, amante de la historia confeso, celebraba este hecho durante la Asamblea General de la patronal de los operadores logísticos, y en la presentación de la intervención de Rafael Catalá, secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, realizaba un parangón con otro documento también presentado -promulgado en realidad- en ese mismo lugar hace 201 años, la Constitución de Cádiz, que el gracejo popular apodó “La Pepa” ya que entró en vigor el día de San José (19 de marzo) de 1812. Un parangón muy ambicioso, el citado por Sanz. Pero veamos si lo es o no.

“La Pepa” fue un texto muy avanzado para la España de principios del siglo XIX (reconocía la soberanía popular o la separación de poderes) y quizás por ello apenas estuvo vigente cuatro años, y ni siquiera consecutivos, desde su promulgación hasta 1837. Su reconocimiento sólo ha sido palpable desde finales del siglo XX, aunque tiene gruesos lunares como el nulo reconocimiento a la mujer.

Con las debidas distancias en la comparación, la Estrategia Logística también ha “nacido” en Cádiz, es igualmente un texto moderno para su tiempo (el primero que reconoce oficialmente la existencia de la disciplina logística y todos los pilares que la sustentan) y no menos ambicioso, pues incluye 18 medidas prioritarias y otras 48 más que suman 66 objetivos más o menos concretos, que tienen además un presupuesto: 8.000 millones de euros.

Como “La Pepa”, a la Estrategia Logística le toca “venirse a Madrid”, metáfora de su puesta en marcha desde la Administración Central, y echar a andar. De momento -como “La Pepa”- ha recibido apoyos de técnicos y de la “burguesía ilustrada” el sector, aunque quizás se echa en falta algo más de entusiasmo y fuegos de artificio para celebrar el alumbramiento y el apoyo, también, de la “aristocracia”. Claro que uno de sus “padres”, el mencionado Rafael Catalá, ya se apresuro a decir que el retoño no traía ni un pan debajo del brazo ni -literalmente- una “varita mágica”.

Acostumbrados a las alharacas que nos regalan los políticos, se entiende la prudente bienvenida del sector, más aún cuando este Plan incluye algunas declaraciones de intenciones -concreciones según Fomento- que ya hemos oído desde hace décadas sin resultado alguno (ferrocarril) o ecuaciones imposibles como la enunciada por Catalá: potenciar las mercancías por ferrocarril no significa reducir las movidas por carretera. Perdone usted, pero la resultante de x – y siempre ha sido algo menor que x.

Pero no quiero parecer derrotista. Cauto, sí. Espero por el bien del sector que esta “constitución logística”, que podríamos llamar “La Catalina” por el día de su onomástica, tenga más recorrido y  vida útil que “La Pepa”, que no tarde tanto en reconocerse, que sume adeptos y adhesiones, que sea una verdadera hoja de ruta, viva y aplicable, y que además se traslade naturalmente sin derogación a otros gobiernos. Por el contrario, lo que no sería deseable es que se convirtiera en espejo de “La Juani” de Bigas Luna. Que “venga a Madrid” a buscarse la vida, como sea, a base de cuerpo -o de texto, en este caso- y que transite por más amarguras que alegrías sin conseguir el éxito pretendido.

Como en la canción que tocaba Sam en el Rick´s Café -estoy inevitablemente cinéfilo- el tiempo pasará y resolverá la ecuación. Pero quien quiera prestar su apoyo al retoño, por favor, que no espere.

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Hangás, saraos y sainetes

Un amigo y colega, extremeño, me enseño hace mucho tiempo una expresión que él utilizaba para describir una cita profesional, ineludible, que se hacía insoportable, ya por el contenido y los discursantes, ya por la estulticia de los asistentes: hangá.

No he encontrado esa expresión coloquial en el diccionario de la RAE, ni tampoco como jerga; lo más cercano es un sustantivo, sin acento, que se utiliza en la lengua de la Isla de Pascua. Aunque algunos extremeños de los siglos XV y XVI pasaron a la historia por sus descubrimientos geográficos, no creo que de ahí venga el origen de la palabra.

Hay otra, sarao, que según el citado diccionario es “reunión nocturna de personas de distinción para divertirse con baile o música”, y que, sin embargo, también puede usarse, con propiedad muy aproximada, para definir otras reuniones profesionales, convocatorias, congresos, celebraciones, foros, jornadas, mesas redondas, meetings, etc.

La cantidad no trae la calidad. La proliferación de estas citas profesionales que -por otro lado demuestran la vitalidad del sector logístico- ha traído consigo un montón de hangás y saraos de los que nada se aprovecha y que, a duras penas, se justifican por eso que se ha dado en llamar networking, lo que en román paladino se llama conversación o, si se prefiere, intercambio profesional de opiniones.

Es más, parece que si en esas citas profesionales no hay cantidad (de asistentes), no se consideran exitosas. Erróneamente se concluye así porque la cantidad se ve -y se justifica ante los patrocinadores- y la calidad, sin embargo, es mucho más difícil y esquiva de medir. Pero mucho más útil y objetiva.

Las preguntas son: ¿a cuántas citas profesionales de verdad interesantes, de las que haya sacado algo en claro, ha asistido últimamente? ¿Y en las otras, qué primaba la cantidad o la calidad? ¿Calificaría alguna de ellas de hangá o sarao? Piénselo.

En cualquiera de esas reuniones -ojo, necesarias en su justa medida- se oye con frecuencia la misma expresión: es muy difícil sacar tiempo para asistir. Las estructuras de las empresas cada vez son más pequeñas y el trabajo se multiplica, pero no los recursos humanos, más bien lo contrario. De ahí que sea más necesario que nunca -yo diría que exigible, sobre todo para los organizadores recurrentes- que se persiga la calidad de la convocatoria y sus contenidos como primer objetivo y sí, además, se logra la cantidad, miel sobre hojuelas.

Y aún hay una más, sainete, que en varias de sus acepciones (pieza dramática jocosa en un acto, de carácter popular, que se representaba como intermedio de una función o al final; salsa que se pone a ciertos manjares para hacerlos más apetitosos; cosa que aviva y realza el mérito de algo, de suyo agradable…) encaja con más de una y más de dos de esas concentraciones profesionales en el sector de logística como en otros, haciendo de una parte, frívola, el todo y con ello un flaco favor a asistentes y convocantes.

¿Les suena?

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