CategoríaFomento

El viaje, en tren, a ninguna parte

Participé el pasado viernes en el II Encuentro Internacional de Corredores Europeos a su paso por España. Loable idea la de organizar este foro tres años después de haber convocado la primera edición. El objetivo era hacer balance de situación sobre los progresos del ferrocarril de mercancías, esencia de esa red de Corredores en la que España está inserta con el Atlántico y el Mediterráneo.

Y digo que era el objetivo, porque pese a los buenos oficios organizativos de ACTE (Asociación de Centros de transporte de España) y de su presidente, Ramón Vázquez, de la nutrida participación de representantes autonómicos (y portuarios) y del formato elegido (el grueso eran tres mesas de debate con periodistas especializados), prácticamente para lo único que sirvió el encuentro fue para comprobar cómo el acuerdo es unánime, al igual que la queja, a la hora de hablar del ferrocarril de mercancías: ni está, ni tampoco se le espera.

Plazos y proyectos que no se cumplen, descordinación, recursos impropios del siglo XXI, Francia como mal compañero de viaje, promesas imposibles y quejas, sobre todo quejas. Un panorama demoledor que difícilmente se arregla con el diseño de la Red Transeuropea de Transporte y sus nueve Corredores, de los que dos de ellos nacen o mueren en Iberia.

El transporte de mercancías por ferrocarril en niveles mínimamente aceptables es hoy en España una utopía. Se habla mucho pero se avanza poco, cuando no se retrocede. La intermodalidad ferrocarril-puerto, parecía su gran oportunidad pero ¡ca! Que se lo digan al Puerto de Algeciras.

Y por si fuera poco, cada cual se mira el ombligo todo lo que puede. Incapaces de analizar el cuánto y el porqué antes del dónde, los gobernantes, de los nacionales a los locales, intentan –como siempre por otra parte, esta es una música conocida- que los Corredores existentes u otros –el papel lo aguanta todo- pasen por delante de su casa para contentar a vecinos y votantes.

Nos queda, eso sí, el consuelo del tonto, porque en Europa tampoco son muchos los que creen de verdad en ese modo. Francia sin ir más lejos, nuestro paso obligado hacia el resto de Europa, mantiene una política errática en este sentido, por no decir sordomuda.

Seguramente, el discurso plañidero de los representantes autonómicos y portuarios que formaron parte del elenco de ponentes de este foro, era esperado. Quizás, o seguramente también por eso, los representantes del Ministerio de Fomento invitados que iban a formar parte del debate se “cayeron” del cartel a menos de 48 horas de su celebración. Así no tuvieron que someterse al sonrojo de contestar al porqué de la desaparecida Estrategia Logística (que tiene al ferrocarril de mercancías como referente), o al porqué de las ingentes cantidades presupuestarias dedicadas al AVE en esta legislatura y las ridículas para las mercancías por ese mismo modo.

Podría pensarse que no estuvieron porque estamos a menos de un mes de las Elecciones Generales y porque había mucha luz y muchos taquígrafos en el evento. Ellos dirán que esa no fue la razón ¿Y usted?

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

¡Súbeme, Scotty!

La mayor parte de los problemas del transporte, sin el que la logística sería una disciplina coja, terminarían con el teletransporte. Se acabarían las congestiones, las esperas, la construcción de grandes infraestructuras y redes de carreteras, la emisión de gases contaminantes…pero por ahora eso el teletransporte está únicamente en el territorio de la ciencia-ficción, del Enterprise y su tripulación (sobre todo de su responsable, el ingeniero Scotty),  y es algo “altamente improbable”, según el Premio Nobel de Física, Frank Wilczek. Improbable no es imposible, así que aún hay una esperanza.

Mientras tanto, la realidad se impone y ¿por qué cambiarla? Eso es lo que debe haber concluido la ministra de Fomento, Ana Pastor, sola o acompañada del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a la luz de los Presupuesto de su departamento para 2016, en los que la logística ni está ni se la espera.

La estrella de ese presupuesto, que gestionará el PP si gana las Elecciones Generales de diciembre es, de nuevo, el ferrocarril, con el 51 por 100 de la inversión. Pero que nadie en el ámbito logístico se entusiasme. Se trata del transporte de pasajeros por ferrocarril, no de mercancías, y la mayor partida (más de 3.600 millones de euros) son para el AVE, casualmente ahora que llega la hora de las promesas electorales ¡Que cosas!

Al ferrocarril le sigue en importancia inversora, aunque a mucha distancia, la carretera, con un 22 por 100 del gasto. Y luego, mucho más allá, puertos y aeropuertos.

Dicen que bien está lo que bien acaba. Ciertamente esta legislatura no acaba bien, al menos para la logística. Promesas, presentaciones grandilocuentes, la Estrategia Logística, el Grupo de Trabajo multisectorial, el Observatorio de Transporte y Logística…mucho ruido, mucho, y finalmente muy pocas nueces que llevarnos a la boca.

Y sin embargo, esta legislatura se recordará por el patinazo del Ministerio de Hacienda, negándose a devolver la tasa del  “céntimo sanitario” al transporte por carretera a lo que obligaba una sentencia europea, para luego claudicar sin condiciones. Que cada cual saque sus conclusiones de ese sainete.

El globo del Ministerio de Fomento, en lo que a nuestro sector se refiere, se ha ido desinflando y el aire que lo mostraba hinchado se ha escapado a toda velocidad, sonando como una trompetilla burlona.

Con administraciones de este pelo que se repiten y duran y duran como las pilas Duracell, solo cabe esperar, sentados, eso sí, a que algún día, aunque sea lejano, la Improbabilidad del teletransporte deje de serlo o que cualquier otro gran invento nos cambie el panorama y acuñemos  nuestra propia frase ¡Súbeme, Pepe!

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Hacer un Rajoy-Pastor

Un nanosegundo es la milmillonésima parte de un segundo o el tiempo que tarda un internauta español en sacarle punta, hacer un chiste y mandar una imagen por la red de cualquier noticia que tenga la más mínima oportunidad de hacerse hilarante. Así somos, chistosos y demoledores. Tanto que –para los creyentes- el patrón de España debiera ser San Benito y no Santiago, porque al que le cae ya no se le quita de encima.

Lo penúltimo de nuestros chascarrillos es , “hacer un…” Así, “Hacer un Fernando Alonso” es que se te averíe el coche, recién salido del taller, sin apenas circular; “Hacer un Cospedal” es intentar explicar lo que está muy claro de manera inexplicable (a propósito del despido de Bárcenas del PP); “Hacer un Zapatero” es ver lo que nadie ve, como las pitonisas, a propósito de los brotes verdes, que no eran brotes, si acaso botes y de humo que no nos dejaban ver el precipicio de la crisis que teníamos por delante; “Hacer un Melendi” es montarla en un avión y obligar a dar la vuelta; o “Hacer un Rosell” es decir que no, que desde luego que no, que todo es mentira, para luego dimitir porque era verdad que en aquel fichaje no había nada claro…

Me apunto a la moda y quiero acuñar una más: “Hacer un Rajoy” o mejor “un Rajoy-Pastor” que no es un movimiento de ajedrez, más bien nuevo sinónimo de procrastinación, es decir dejar las cosas para ya se verá cuándo, que es lo que ha hecho el Gobierno con el Plan piloto de desvío voluntario de vehículos pesados a autopistas de peaje, que tras múltiples idas y venidas, se anunció para su entrada en vigor el pasado 1 de julio para luego retrasarse. Afortunadamente, en este caso (excepcional en eso), sólo tres días hasta el Consejo de Ministros el pasado viernes 3. Otras cuestiones no han tenido tanta suerte.

La dilación ha sido –y es- la marca, el sello, de este Gobierno, que tardó meses en aprobar sus primeros Presupuestos Generales y no menos en que Rajoy compareciera en una rueda de prensa (con o sin preguntas). Y aún lo será, ya que el presidente ha dicho este mismo fin de semana que no sabe, que quizás, que podría ser, o no, que ya veremos, que pudiera ser que dilate la convocatoria de elecciones generales a diciembre, con lo que esa dilación e incertidumbre genera en administraciones, presupuestos, toma de decisiones, etc. Gracias, señor presidente.

¿Y en la logística y el transporte? Pues más de lo mismo. No tendremos aprobado el necesario reglamento (ROTT) de la Ley de Transportes (LOTT) en esta legislatura, pese a la promesa en contra; tampoco avanzará más allá de lo que se hizo en su presentación la Estrategia Logística; e igualmente, no habrá Ley específica para el sector que la acompañe; cualquier día, o no, quizás nunca, habrá una nueva reglamentación para pesos y dimensiones; y no sería extraño que al Gobierno vuelva a pillarle en “fuera de juego”, por no tomar decisiones, alguna protesta como la huelga de transportes que finalmente no fue el pasado mes de diciembre…

En las escuelas de negocio se enseña que no tomar decisiones es, también, tomar una decisión. Parece que el señor presidente y la señora ministra sacaron sobresaliente en esa asignatura del máster y quién sabe, quizás lo adornaran con alguna cita del artículo “Vuelva usted mañana” de Mariano José de Larra.

Sin más dilación, para no caer en el mismo error, mi recomendación literaria, muy de verano, ligera, divertida y que pesa poco, perfecta para leer bajo la sombrilla o sobre la hamaca: “Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco”, un compendio de curiosos relatos de ciencia ficción de Athur C. Clarke que se consume de un tirón.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

La música del anuncio de Marlboro

Hace no demasiado tiempo, cuando fumar no estaba mal visto ni “perseguido” y se podía ver publicidad de las marcas de tabaco en televisión y en el cine, a muchos nos resultaba reconocible un anuncio en particular o mejor dicho, una melodía que acompañaba el anuncio de una marca, Marlboro, que evocaba a las “pelís” de vaqueros, los que transportaban reses por las llanuras del Oeste norteamericano, con enorme esfuerzo y comiendo polvo, desde sus zonas de pasto a los apartaderos ferroviarios, desde donde eran cargadas camino al matadero.

Las escenas finales de esas películas de Hollywood, solían mostrarnos a unos cansados pero satisfechos protagonistas, dirigidos casi siempre por el enorme John Wayne, que conducían las apretujadas reses por filas estabuladas hasta los vagones. Esa misma sensación tuve el pasado viernes. Mis disculpas de antemano si alguien hizo el mismo viaje que yo y no comparte mi sensación, porque personalmente me sentí una res.

Iba a realizar el trayecto Barcelona-Madrid en el tren AVE de las 11h 00´, cuya composición a esa hora era de ¡18 vagones al completo!: más de mil viajeros de una vez.

El maltrato, o la falta de trato adecuado al viajero, que es el cliente, que es también quien paga y quien establece un contrato con la compañía que realiza el trayecto, comenzó con la salida -y también llegada- tardía sin explicación alguna: Renfe cada vez se parece más, en lo malo, a las compañías aéreas.

Pero lo realmente impropio de un medio de transporte moderno como este y con un precio en absoluto “low cost”, es la organización -por llamarla de algún modo- para el control de billetes y entrada en el tren. Fuimos “estabulados” en no menos de siete apretujadas e incómodas filas de pacientes viajeros, que esperamos a pie firme durante 30 minutos, para poder subir a los vagones. La Estación de Sants no dispone de condiciones ni espacio adecuado para ello y el viajero, que es quien paga, lo sufre y naturalmente, se desespera.

La guinda a este pastelón es que una vez superado el control y descendido al andén quienes, como yo, teníamos un número de vagón alto (15 en mi caso) debíamos recorrer un buen trecho hasta alcanzarlo a paso ligero, “achuchados” por el personal de Renfe -sólo les faltaba el sombrero y el tradicional silbido- para recuperar parte del tiempo perdido y, de esa manera, no tener que reembolsar los billetes, según su compromiso de puntualidad.

La semana pasada hablaba en este post del empresario chino que había llevado de vacaciones, a la vez, a 6.400 de sus empleados. Apuesto a que la logística del viaje ha incluido una mejor organización y mucho mejor trato.

Señora Ministra de Fomento: ya que la mayor parte del presupuesto de su departamento va a la Alta Velocidad de viajeros por ferrocarril (aunque prometa otra cosa), gaste algo más en mejorar infraestructuras en las estaciones de viajeros y, también, léale La cartilla al operador único por este trato que describo, que no es anecdótico. Así no tendremos que asimilar un viaje en AVE con la musiquilla del anuncio de Marlboro, en realidad era uno de los temas de la película western “Los Siete Magníficos”.

Mi recomendación literaria es esta vez una crónica, más bien una colección de ellas, que recoge los grandes descubrimientos arqueológicos de principios del siglo XX: “Dioses, Tumbas y Sabios”, de C. W. Ceram. Fascinante. No es fácil de encontrar, pero merece la pena.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Alta y baja velocidad

Desde hace una semanas y, prácticamente, hasta que acabe este 2015, vamos a oír promesa tras promesa de quienes aspiran a gobernar a escala local, autonómica o nacional. Sin embargo, creo que no me equivoco si digo que oiremos pocas, muy pocas promesas y compromisos en torno al transporte por carretera o a la logística, responsables sin embargo de hacernos llegar todo cuanto consumimos.

La semana pasada, el presidente de ASTIC se quejaba de las escasas inversiones públicas hacia la carretera, desde el punto de vista del transporte de mercancías, tanto en números absolutos como frente al ferrocarril de pasajeros, sobre todo el AVE. Y no le faltaba razón.

La ministra del ramo, Ana Pastor, empezó con buen pie la legislatura, con promesas de acercamiento y apoyo hacia el transporte, la multimodalidad y la logística, incluso articulando la Estrategia Logística de España. El propio sector apoyó esos pasos y compromisos.

Sin embargo, la realidad nos ha devuelto a lo de siempre. La falta de voluntad en devolver la tasa denominada céntimo sanitario que casi nos cuesta una huelga, la “desaparición” de la Estrategia Logística, que deber estar cocinándose a fuego muy, pero que muy lento, en algún rincón ministerial y, sobre todo, las escasas inversiones presupuestarias de Fomento en el ámbito de las mercancías: todo un mazazo de “realidad”. Se acabaron los sueños. Se rompieron las promesas. El dinero se lo ha llevado el ferrocarril y, sobre todo, la Alta Velocidad.

Cuando se trata de invertir-al menos en esta legislatura- Fomento tiene dos velocidades: la alta, la de las urnas, y la de la mayor parte de las inversiones, de cara a la galería del ciudadano: un voto, dos votos, tres votos…; la baja, la del día a día, la del transporte profesional (sobre todo la carretera), que sufre el escaso mantenimiento vial y no ve medidas que lo apoyen, pese a soportar el 90 por 100 del movimiento de bienes de consumo o materias primas.

Alguien, hace muy poco, me ponderaba la actuación ministerial de los últimos cuatro años: no tengo dudas, pero justamente de lo contrario. Y pruebas -ya que a la ministra le gusta tantos su Galicia de adopción- “haberlas haylas”, sólo hay que tirar de hemeroteca o de Presupuestos Generales.

De momento, esta estadística es lo que vale. Y esperar a las próximas promesas y mejores tiempos para el transporte de mercancías.

Y mi recomendación de un “clásico” literario por si alguien no lo ha leído (no vale si ha visto la película): “El nombre de la rosa”, de Umberto Eco. Intriga “policial” e Historia Medieval en una mezcla genial.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

La parte contratante de la primera parte

Que para decir algo no sólo hace falta hablar y que las palabras no siempre incluyen un contenido, lo ha vuelto a poner de manifiesto el XV Foro Nacional del Transporte de AECOC, celebrado la pasada semana en Madrid. Y no por voluntad de sus organizadores, a los que hay que reconocer la capacidad de convocatoria. Más bien por la voluntad (o la falta de ella, y casi cabría decir que de interés) de quienes, se supone, representan a todo el colectivo del transporte y la logística, en este caso de la secretaria general de Transportes del Ministerio de Fomento, Carmen Librero, encargada de la inauguración oficial del evento.

Resumir el contenido de la intervención de la sra. Librero es tan simple como sonrojante. Simple porque no dijo nada, absolutamente nada. Sonrojante, porque se espera que alguien de su rango, ante una más que nutrida y relevante representación del sector de la logística y el transporte, diga, aporte, revele, anuncie, analice, concluya, afirme o niegue, algo importante. Y se espera así, porque esa es su labor y su responsabilidad. Y por ella cobra. Y se espera que sea así, porque si no lo hace ante este foro, ya me dirán ustedes. Y todavía más. Se espera que sea así en un año electoral, de balances y promesas.

Pero no. En su breve intervención, la secretaria general de Transportes recitó lo obvio, cifras ya sabidas y repetidas hasta la extenuación, y cuando parecía que por fin iba a regalarnos un titular al respecto del debate sobre la capacidad de carga, se limitó a expresiones como “estamos trabajando intensamente” -¿eso es novedad u obligación?- o “avanzado una propuesta de modificación” que es tanto como decir la “parte contratante de la primera parte”, pero sin la gracia de los hermanos Marx.

Y aun nos regaló dos guindas, aunque más bien amargas. La primera, al confundir en su intervención dos colectivos del sector -y no es la primera vez-, la segunda al contestar con una pregunta a otra de un informador en lo que más parecía una reprimenda. Así son nuestros políticos.

Con estas intervenciones, con sus tibias respuestas a propuestas como la de SEOPAN sobre el peaje en autovías, con su mirar para otro lado en el asunto de la “devolución del céntimo sanitario”, con su discurso sobre la Estrategia Logística y la importancia de las mercancías, que luego sin embargo no tiene reflejo en los Presupuestos Generales ni continuidad, el Ministerio de Fomento y sus altos cargos demuestran una exasperante falta de sintonía y, sobre todo, una imperdonable e irrespetuosa actitud hacia los que se deben y les escuchan atentamente. Claro que el hábito no hace al monje, ni el cargo a la carga.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Ojo con las promesas, que luego hay que cumplirlas

Salvo que uno sea un extraterrestre nativo de Ganímedes que acabe de aterrizar en el Páramo de Masa, a nadie escapa que estamos no en época, sino en año de elecciones, así en plural, o lo que es lo mismo, los elegibles han sacado sus mejores galas prometedoras para acercar el ascua a su sardina, es decir el elector a su papeleta. Y las infraestructuras logísticas son un bocado apetecible para hacer promesas.

Ya sabemos lo que ocurre cuando se construye más de lo necesario a pesar de que la crisis fuera entonces algo no esperado: las afueras de pueblos, villas y ciudades, y los márgenes de carreteras nacionales y autopistas, se llenaron de grandes carteles que anunciaban futuras plataformas logísticas o, en el mejor de los casos, de una pocas vías y luminarias que dejaron para la posteridad multitud de zonas industriales y logísticas fantasma.

El caramelo de la rápida creación de empleos, del desembarco de grandes y medianos operadores en esas plataformas, de la llegada de vehículos y, con ellos, de consumo de combustible, pernoctaciones, restauración, empresas de servicios y, sobre todo, el sarampión de no ser menos que el “vecino”, produjeron el sinsentido de una red logística a todas luces excesiva, desequilibrada en sus nodos e innecesaria que, pese a la bonanza económica, nunca fue porque el mercado no la precisaba. Sin embargo, las promesas fueron hechas y muchos recursos fueron gastados. Las pruebas, como la verdad, siguen ahí fuera.

Ahora tenemos -es un decir- la Estrategia Logística articulada por el Ministerio de Fomento y los recursos no sobran. Eso debería sostener los ánimos a la hora de imitar al desaparecido presidente Suárez, y su archifamoso “puedo prometer y prometo” . Pero no. Políticos de toda clase, rango y condición, empiezan su romería de inauguraciones, muestra de proyectos y promesas guardadas en un cajón para la ocasión. Y para ejemplo, quienes representan a regiones, comarcas o ciudades que no están en esa Estrategia Logística ni en los planes de la UE en cuanto a infraestructuras: nada de conformarse, nada de no empecinarse, y nada de entender, si es el caso, que la Red Transeuropea de Transporte no es de araña y, por lo tanto, no puede pasar por todos lados. Ni por esas. Todos, al olor de las urnas, lo quieren todo.

O al menos  lo prometen. Y a los efectos inmediatos ese es el problema. Los próceres, que hace dos telediarios no tenían ni idea de que era esto, ha encontrado un nuevo elemento fascinador, de nombre fascinador, y que puede traerles buenos réditos, y eso les fascina: la logística.

Pero, ojo con lo que se promete, que luego quizás haya que cumplirlo, aunque sea una nueva infraestructura innecesaria y, por ello, inútil. Rajoy -muy flaca memoria tiene este señor de sus propias promesas incumplidas- se lo recordaba hace poco a Tsipras: “no se puede prometer lo que luego se sabe que no se va a cumplir”. En esos tiene razón. Ojo y mesura con las promesas.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Blancanieves y las 44 t

¡Espejito, espejito…

La próxima celebración del Foro Nacional del Transporte, organizado por AECOC, ha vuelto a poner sobre la mesa -si es que alguna vez ha dejado de estarlo- el debate sobre el incremento de pesos y dimensiones en el transporte por carretera en España y, sobre todo, la posibilidad de que el límite se eleve a las 44 t. En AECOC lo tienen claro y su director de logística, Alejandro Sánchez, es rotundo al afirmar que estamos perdiendo competitividad por no poder elevar ese límite cuatro toneladas sobre el máximo actual.

Tan claro como lo tiene la asociación de cargadores, lo tienen los colectivos patronales y de autónomos del transporte por carretera en España, pero en sentido contrario. Elevar el límite es, según esas asociaciones, innecesario e inoportuno, sólo favorecería a unos pocos con recursos para invertir en nuevos vehículos de más capacidad y difícilmente ese incremento se trasladará económicamente al sector del transporte.

La Administración nacional ya ha dicho su última palabra: no a las 44 t; sí a los megacamiones de 60 t de MMA y 25,25 m, en determinadas circunstancias. Y la Administración comunitaria sigue con su despropósito de “laissez faire, laissez passer”, que cada país legisle por su cuenta, aunque a todas luces de trate de una cuestión supranacional. Una legislación comunitaria homogénea, aclararía el panorama sobremanera.

Aún más. En lo que, desde luego, no hay opinión rotunda es a quién y en qué proporción irían a parar los supuestos beneficios de esos incrementos de pesos y dimensiones: ¿a los cargadores? ¿a los transportistas? ¿al consumidor? ¿a los fabricantes de vehículos? ¿a los constructores de nuevas o reforzadas infraestructuras viarias?

Y la guinda (aunque más parece una bomba fétida): cinco meses después de su finalización ni está, ni se espera, el informe de conclusiones de la prueba piloto con vehículos de 44 t realizada en Cataluña ¿Por qué?

Si miramos “hacia arriba”, al resto de Europa, el problema y la pugna por incrementar o no esos límites no parece de excesivo calibre a juzgar por lo acontecido en países donde se transporta por encima de las 40 toneladas. Ni tampoco parece que haya sido una solución universal. Más bien una alternativa. Sin más. No ha habido bruja malvada, ni manzana emponzoñada que se haya tragado, engañado con malas artes, el sector del transporte por carretera.

¿Y la Unión Europea? Me dicen que legislará en este sentido a escala comunitaria. Pero no ahora. A partir de 2016.

¡Espejito, espejito!, dime cuál es el mejor límite de peso y dimensión para el transporte por carretera…¡pero dímelo ya! que esto es muy cansino.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Un palito en el avispero

La noticia ha sido la más relevante en mucho tiempo para la logística y el transporte. Hablé de ello en mi blog de hace dos semanas (1 de diciembre) y también nos ocupamos de este singular hito ferroviario el pasado miércoles 10 de diciembre en nuestro new diario: el tren chino de mercancías llegaba a Madrid procedente de China, una relación pionera tras recorrer 13.000 km. Un dato: Alemania cuenta ya con cinco trenes por semana con el gigante asiático.

De esa relevancia, debía dar idea la bienvenida oficial ofrecida al convoy: autoridades chinas y, por parte española, la máxima representación de la Administración central sectorial (Fomento) con la ministra, Ana Pastor, y la máxima representación local con la alcaldesa, Ana Botella, como anfitriona.

El ideal utópico de la democracia -casi una ensoñación- es que gobiernen los más votados mientras que la oposición vigila su bien gobierno y colabora en él. Lo dicho, un sueño. A falta de pan…, y sobre todo con una holgada mayoría y amplia representación del partido gobernante en otras Administraciones locales o regionales, un ideal conformista y facilón es que quienes gestionan la cosa pública colaboren con sus compañeros de filas en cualquiera de sus niveles administrativos. Ejemplos, los hay. Y funcionan. Como el de Aragón hace unos años. Todos en el mismo bote y remando hacia el mismo lado. Es lo mínimo ¿no?

Por eso resulta sorprendente y algo más que sospechoso lo ocurrido con la mencionada noticia del tren Yiwu-Madrid. Me refiero a las notas de prensa oficiales del Ministerio de Fomento (http://www.fomento.gob.es/MFOM/LANG_CASTELLANO/GABINETE_COMUNICACION/NOTICIAS1/2014/DICIEMBRE/141209-03.htm) y del Ayuntamiento de Madrid (http://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/Ayuntamiento/Medios-de-Comunicacion/Notas-de-prensa/Llega-a-Madrid-el-tren-China-Espana?vgnextfmt=default&vgnextoid=b3201a101ee2a410VgnVCM1000000b205a0aRCRD&vgnextchannel=6091317d3d2a7010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD). No creo en las casualidades. Y mucho menos en política. Por eso, sumo dos y dos me dan cuatro, al ver que ni en la nota de Fomento hay la más mínima mención a la alcaldesa, ni en la del ayuntamiento capitalino a la ministra. Ah, ni tampoco a las autoridades chinas, en ninguna. Al menos en las fotos del ayuntamiento aparecen unos y otras. En la de Fomento, ni eso.

Hablamos de la mayor economía del mundo, China, con unas cifras mareantes, que se zampan para desayunar una economía como la nuestra. Y hablamos de un tren que ha llegado a España, a Madrid. Y de 40 contenedores expedidos directamente de China a España, atravesando dos continentes. Hablamos de una oportunidad de verdad histórica que precisa todos los apoyos posibles.

Pero nuestros politicastros “ombliguean” y tienen menos perspectiva que un besugo. Como siempre el interés común sólo es interés si les incluye a ellos. O ellas, en este caso. Se rumoreaba que la ministra que ha aparcado la Estrategia Logística (los Presupuestos, como el algodón, no engañan), podía volver a Sanidad tras la dimisión de Ana Mato (¡otra Ana!), señal de que quizás -esto es especulación- ya no está muy cómoda en Fomento. ¿Y qué decir de la alcaldesa que abandona, abandonada? Sea como fuere ahí tienen la prueba del inoportuno desencuentro.

Lo que nos faltaba es que no se “ajunten” ni ellos. Y ya se sabe, las peores riñas son las de familia. Alguien ha metido un palito en el avispero y quien sabe cómo podemos acabar.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

La noticia ferroviaria que nunca daré

Los periodistas y comunicadores que llegan a convertirse en referentes, pasan ocasionalmente al “otro lado” (con motivo de premios, homenajes, reconocimientos, etc.) y de sujeto emisor se convierten momentáneamente en objeto del mensaje; de entrevistadores a entrevistados. La pregunta recurrente que se les suele hacer, es qué noticia les gustaría dar. Las respuestas suelen ser bastante obvias: el fin de las guerras, del terrorismo, la erradicación del hambre, etc.

Salvando todas las distancias, que son muchas, y cómo de momento no veo que nadie me vaya a hacer esta pregunta, me la he hecho yo. Y una de mis respuestas es esta: el transporte de mercancías por ferrocarril representa el 20 (ó el 30, ó el 40…) por 100 del mercado en España. No es que tenga nada en contra de los otros modos, a los que inevitablemente tendría que “quitar” un buen trozo de pastel el transporte ferroviario de mercaderías para medrar, es que -como a mis colegas estelares- esta noticia me parece una de las mejores que puedan darse, en este caso en el ámbito industrial y logístico, pero también una de las más utópicas.

En los últimos 20 años he oído, leído, visto, atendido, etc. declaraciones de todo tipo y pelaje, de todo color político, desde múltiples estamentos, colectivos y de boca de analistas independientes, comprometiéndose, abogando, deseando o casi rogando, por un necesario incremento del porcentaje de mercancías que, en España, se mueven por ferrocarril, y que ahora apenas supera el 3 por 100.

Si en algo coincidían todos esos, o casi todos, era en dos aspectos a mejorar o cambiar. Por un lado, la decidida apuesta de los Gobiernos (con una suerte de “pacto de Estado” que evitara cambios si varía la adscripción del partido gobernante) por este modo de transporte de mercancías, vía inversiones, actuaciones y políticas dedicadas. Por otro, la liberalización de la red, que trae la competencia y con ello una dinámica de mercado inexistente con el monopolio de Renfe.

Además de otras legislaciones y políticas, estas dos decisiones se entienden imprescindibles. Pues ni la una, ni la otra. Si en algo se vienen pareciendo los Gobiernos socialistas y populares es en la escasa atención general y presupuestaria al transporte de mercancías por ferrocarril. Mucha palabrería frente al sector, pero luego la pasta se va para el AVE (pasajeros). En eso somos los campeones. Que no está mal tener alta velocidad, pero tanta, suena a exceso. Y a desproporción. Por ahí no hemos avanzado nada. Y para prueba, el botón de los Presupuestos de Fomento para 2015. Lamentables en este capítulo.

En cuanto a la liberalización, como las meigas, “haberla, haila”, pero dado su peso real en el mercado, se antoja más como una declaración de intenciones que como una alternativa cotidiana. Quizás tenga en ello algo que ver -o mucho- la noticia que publicábamos el pasado viernes en nuestra web sobre la apertura de un expediente por parte de Competencia a Renfe Operadora, Transportes Ferroviarios Especiales y seis empresas filiales por posible abuso de posición dominante y reparto de mercado. Sin prejuzgar la conclusión de este expediente, se me ocurre que la tentación de mangonear (un término de rabiosa actualidad) para no perder el poder omnímodo, debe ser muy grande.

Así estamos y así continuaremos estando por mucho tiempo de no cambiar no algo, más bien todo, en el panorama ferroviario de las mercancías en España. Me temo que por mucho que se retrase la edad de jubilación, me quedaré con las ganas de dar la noticia. Ojalá que me equivoque.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail