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El selfie con Soraya

Las dos últimas semanas me las he pasado de feriante. La moqueta ha sido el suelo que he pisado, casi exclusivamente, durante ese tiempo. Un identificador ha colgado de mi cuello día sí y día también. Un hotel ha sido mi casa y la conversación más habitual que he tenido ha  versado sobre contactos y novedades. Para unos estos quince días han ido bien; para otros, no tanto. Ya se sabe que cada uno ve las ferias según les va en ellas. Yo, desde luego, lo que tengo muy claro, es que quienes dicen que las ferias no son como las de antes, yerran tanto como aciertan ¿Por qué?

Primero, porque son, es decir, porque siguen existiendo. Desde que asistí a mi primera feria profesional de logística –hace mucho tiempo- siempre he oído pronósticos de desaparición. Y no les digo desde que existe Internet. Para muchos era la puntilla que acabaría con ellas. Pero no solo no ha ocurrido: se han multiplicado en el tiempo, en la frecuencia y en el espacio. El mundo se hace pequeño y las ferias cada vez son más y están más cerca unas de otras, en fechas y lugares, como corros de setas en el otoño.

Segundo, porque aunque se hable en las ferias de novedades, cada vez son menos. Me refiero, a las de verdad. Primicias que te dejen con la boca abierta. Auténticas revoluciones en la maquinaria, en los sistemas, en la electrónica o la informática. Ya no se espera a una feria para el lanzamiento de una novedad que, a la velocidad del progreso, casi aparece cada día.

Y tercero, porque pese a todos esos hándicaps y profetas aún se sigue pensando –y mucho- en nuevas ferias. Y sigo hablando exclusivamente de ferias de logística y manutención. Se piensa en cómo hacerlas; cuándo y dónde; solas o en conjunto con otras complementarias; en recintos feriales o de manera exclusiva por parte de las marcas que tienen esa capacidad; en nuevos sub-sectores o para competir con otras ya existentes; donde se han hecho siempre o en lugares lejanos; con stands uniformes o de diseño libre; con actividades paralelas –muchas o pocas- o sin ellas.

Dos semanas de feria son muchos días. Muchos kilómetros de pasillos recorridos; muchas cuadrículas tachadas en un plano; muchos bocadillos infames entre pecho y espalda. Pero son, sobre todo, muchas conversaciones en apariencia informales, sonrisas, confidencias, apretones de manos, gentes sacadas de contexto -a veces a la fuerza- y lugares de naturaleza inhóspita colonizados temporalmente, vestidos para la mejor gala con unos decorados de cartón piedra y un suelo enmoquetado que es una maldición.

Que quieren que les diga, aunque para algunos las ferias ya no sean como las de antes, en eso del apretón de manos y la conversación, en el contacto personal con personas que apenas sí conocemos, seguimos siendo muy de antes, casi medievales. Vamos a las ferias porque vamos o por si acaso, seguimos escupiéndonos en la mano antes de dárnosla, seguimos midiendo las ferias por el ruido de la bolsa en la faltriquera, y seguimos hablando de tapadillo del próximo condenado a patíbulo en la Plaza del Castillo. Más o menos.

Como mucho habrán variado las formas, que no el fondo.  Si no, ya me dirán ustedes por qué todavía podemos encontrar en estos lugares, siempre improvisados, vendedoras de humo, charlatanas fascinantes rodeadas de su fiel público asombrado, acercándose a un pregonero para hurtarle hábilmente la atención de su público. O a una vicepresidenta en funciones hacerse un selfie por sorpresa con un  monologista, contratado por una empresa para celebrar su aniversario en SIL, que para el caso, es lo mismo. Medieval, totalmente medieval.

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Un año de seis meses

Ahora que a nuestro presidente en funciones se le ha ocurrido plantear como nueva la idea de un horario laboral y general más europeo, podría también idear un año de seis meses, al menos en el ámbito profesional. Claro que esta idea necesitaría de un consenso internacional, pero ya que se proponen tantas ideas peregrinas, una más y refrendada por la fuerza de los hechos, tendría oportunidad de ser tenida en cuenta. Digo yo.

La fuerza de esos hechos la dicta el calendario y se da en casi todos, por no decir en todos, los sectores profesionales. Con seis meses, como mucho, tenemos bastante. Agrupamos –más bien agolpamos- la inmensa mayoría de las citas profesionales, ferias, congresos, eventos, jornadas, etc. en esa estrecha franja temporal, como si no hubiera más, como si una invisible barrera impidiera salirse de ahí, e incluso nos sorprende que se utilicen otras fechas fuera de esa horquilla. Y así, tan contentos, todos con la lengua fuera.

Esa horquilla incluye los meses de marzo, abril, mayo y junio; y los de octubre y noviembre. Y a veces incluso de estrecha más pues la Semana Santa (cuatro días de asueto que se convierten “milagrosamente” en diez o quince) saca algunos días más de ese año “profesional” de seis meses.

¿No me creen? Tomen nota. Estamos a 11 de abril. De aquí al 9 de junio –menos de dos meses- los profesionales del sector logístico tenemos los siguientes compromisos profesionales: Debates ICIL, Día Europeo de la Logística, Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas, Jornadas CEL, feria CeMAT y feria SIL. Quedarán para esos dos meses de octubre y noviembre el Encuentro Empresarial de UNO (en 2015 fue el 30 de septiembre), el Congreso de CETM y la feria Logistics. Y seguro que se me escapa alguna cita profesional que aún estreche más el calendario.

La buena noticia es que con esta concentración, poco queda fuera y, si sobrevivimos, nos queda otro año de seis meses para trabajar a ritmo “caribeño”, para conciliar horarios, para llegar pronto a casa, para echarnos la siesta (según los rotativos europeos), para vacaciones, puentes, acueductos y para tomarnos la vida laboral y familiar con mucha tranquilidad, sin prisas ni estrés ¿o no les pasa a ustedes?

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Las ferias que usted quiera

Comienza un nuevo año en Europa, desde el punto de vista ferial en logística. Volverá a ser intenso. Apretado. La crisis se cebó con estos escaparates como con el resto de sectores comerciales. No era la tecnología, no, la que los había relegado, encogido, hasta el ridículo en algunos casos. Era la crisis. Y con su fin, como el Ave Fénix, vuelven a renacer, a llenarse de expositores, de oferta y, claro, de visitantes. Bienvenidas. Soy de los que opinan que una feria tiene algo insustituible frente a la Red y sus enormes posibilidades: el contacto o mejor –por si los hologramas y la virtualidad me quitan la razón en breve- el calor humano.

En España, sin salir de nuestro sector, los años paupérrimos intensificaron el siempre socorrido y animado debate de la necesidad de existencia de una o más ferias, o incluso de todas. Aquí siempre hemos sido muy dados a matar al mensajero. En este caso, al mensajero comercial. Pero era un debate con los pies de barro. La admirada Germania de la Cancillera ¡no tiene una, ni dos ferias de logística, oiga, tiene tres! Sí, ya se, la dimensión económica y todo eso. Pero es que aquí se argumentaba que Alemania –entonces- sólo tenía una feria (CeMAT) y trienal. Fin de una discusión.

De existir – a veces creo que es pura falacia- el debate ferial hispano en logística quizás debería estar más en el modelo o modelos posibles y en su utilidad. Si pueden cohabitar, cuál o cuáles son los más adecuados actualmente, que aportan unos y otros e incluso -¿por qué no?- si pueden colaborar (termino en ascenso en logística) y, si me apuran, ser complementarios, como hacen CeMAT y Transport Logistic en Alemania, sin ir más lejos. Aunque esto parezca un puro ejercicio de novela fantástica.

Las ferias son consustanciales al ser humano desde que comenzó a utilizar el trueque como moneda y aún perduran por la misma razón. Tú tienes lo que yo necesito. Yo tengo lo que tú necesitas. Fin de otra discusión.

La cuestión que queda por plantear es únicamente y siempre ha sido así ¿qué feria quieren los asistentes? El cliente siempre tiene la razón, ya saben. Y, si acaso, en una aldea cada vez más global ¿dónde la quieren y cada cuánto la quieren? Si alguien tiene la respuesta, ese será el modelo y nada tendría de particular que fuera bicéfalo o tricéfalo, que a pesar de lo que parezca si cercenamos estas dos palabras inusuales por donde no debemos, no es que dos o tres ferias hagan lo que les salga de la punta ¡del pie! ¿Qué pensaban? Es que tengamos, como en el resto de productos dos, tres -o vaya usted a saber cuántas- ferias de logística.

Bueno, usted sí lo sabrá si es el visitante: tendremos las que usted quiera.

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Resistencia

Mañana, 9 de junio, se inaugura la 17 edición anual del Salón Internacional de la Logística y de la Manutención de Barcelona. Diecisiete años consecutivos de exposición, de jornadas y eventos paralelos en torno a la logística, el transporte y la manipulación de mercancías. Una historia que comenzó en 1998 tras el éxito cosechado por la jornada logística organizada un año antes en la antigua Lonja del puerto de la Ciudad Condal. Comenzaba una andadura, el esfuerzo de un equipo, capitaneado desde entonces por Enrique Lacalle.

La trayectoria de esta cita anual del sector logístico en España no ha sido fácil. Primero, unos años de expansión, con el Salón celebrándose en Montjuic (Plaza de España) y ediciones que siempre superaban a la anterior, creciendo en espacio y número de pabellones ocupados y en actividades paralelas (incluso llegó a atraer durante varios años las Jornadas CEL, que se celebraron simultáneamente al SIL).

Ese crecimiento propició el cambio de instalaciones a las más modernas de Fira Barcelona en L´Hospitalet. Para entonces ya habían aparecido y desaparecido varios eventos competidores en Madrid y Bilbao. SIL podía con todo y con todos, a su inauguración acudían las primeras autoridades del Estado (Juan Carlos I, Felipe VI, entonces Príncipe de Asturias, los Ministros del ramo, etc.) y ya estaba en el calendario internacional europeo de certámenes del sector, lejos de CeMAT pero codeándose, por ejemplo, con el Salon de la Manutention de París o la IMHX de Birmingham, ambos con trayectorias más longevas.

Durante todos estos años SIL ha crecido y madurado, pero también ha resistido los embates de mercado, de una dura coyuntura económica, de los competidores y ha pugnado contra su propio desgaste (inevitable), un lastre para la  supervivencia. Ahora, de vuelta al reciento de Plaza de España,  “lucha” contra el competidor más serio que haya tenido nunca: otro Salón logístico y anual, en Madrid.

Ni Enrique Lacalle, líder absoluto e insustituible del proyecto, ni su equipo, que ha crecido en estos años en conocimiento, solvencia y relaciones internacionales, han querido nunca oír hablar de cambio de modelo o frecuencia. Han resistido y -quizás- cuando lo peor de la crisis ha pasado, ahora empiecen a recoger los frutos de la dura travesía del desierto logístico español de los últimos años.

Para algunos esta permanencia ha sido un vacuo empecinamiento; para otros simple supervivencia: yo creo que ha sido un ejemplo de la mejor versión de la resistencia de quién sabe lo que quiere -y lo transmite a los suyos- y continua hacia adelante. Los éxitos o los fracasos finalmente los marca únicamente el implacable mercado.

El SIL nació con la adolescencia de la logística en España y ahora ambos caminan hacia la madurez. Pero aún queda mucho por recorrer y no menos por resistir. Con permiso del mercado, claro.

Nosotros también estaremos de nuevo ahí, en SIL. Con luz taquígrafos y cámaras…y ya les contaremos.

El clásico de esta semana es “2001: Odisea Espacial”, de Arthur C. Clarke. Primero relato (1948); luego película de Stanley Kubrick (1968) y luego novela, trasladando el guión del film. Tanto si ha visto la película como si no; si le gusta la ciencia-ficción o no; la novela que traspone el guión, es un descubrimiento. ¡Ah! y abstenerse de las secuelas.

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Carretillas descosidas buscan roto

Mi madre, que es modista, me enseñó una frase de esas que forman parte del denso refranero español: siempre hay un roto para un descosido. Que viene a significar que todo o todos tenemos en alguna parte nuestra “pareja de baile”, “media naranja”, complemento, o llámese como se quiera y que, por extensión, puede aplicarse a cualquier cosa.

No sé si, exactamente, y siempre en sentido figurado, las empresas fabricantes y comercializadoras de carretillas elevadoras que operan en España, estaban descosidas para los salones profesionales, si habían perdido su hilván ferial. Pero el caso es que desde hace algunos años, salvo unas -muy pocas- excepciones, y a pesar de que la oferta ferial en el sector logístico y de manutención no ha hecho más que crecer en este país incluso en época poco bonancible, la presencia de las marcas de este importante subsector se había tornado testimonial. Ahora parece que la tendencia se rompe, decididamente.

Eso es lo que dice la presencia de no menos de ocho empresas carretilleras en la inminente IV edición de Logistics Madrid (5 y 6 de noviembre), esta misma semana.

¿Por qué este cambio? ¿Qué “roto” ha ofrecido la feria a las “descosidas”, quizás mejor desencantadas, empresas y marcas? ¿Por qué ahora? Preguntadas por este tema, las máximas responsables de la feria expresan dos argumentos como clave: la realización de negocio que hace repetir a las que ya han venido a probar; y el “efecto llamada” que ese negocio provoca en los que aún no han venido. Y así se aumenta el portfolio.

No son malos argumentos, quizás más el primero que el de la imitación, pero también éste, porque desde luego hay que estar donde hay negocio, sobre todo cuando el negocio no sobra. Y más ahora que el mercado comienza a repuntar.

Se ha dicho -y publicado- que el sector de las carretillas elevadoras no encontraba respuesta en su presencia ferial, de ahí su abandono. Pero no es cierto. Basta pasearse por la CeMAT de Hannover o por el Salón de la Manutention de París. Es más, algunas marcas punteras de este sector han decidido montar sus propias “feria”, señal inequívoca de su clara querencia hacia este formato para llegar a sus clientes potenciales.

Sin duda es una buena noticia esta importante presencia en Madrid, en número y representatividad. Otra más que sumar a un sector que remonta el vuelo. Sólo queda ver cómo esa muestra se sustenta en resultados y si éstos permiten que Logistics 2014 no sea una anécdota en este aspecto. Porque las ferias de logística son más ferias si en ellas están las carretillas. Sin duda.

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Vente a Alemania, Li

Acabo de volver de Hannover, la ciudad industrial alemana, de recorrer con un inusual tiempo veraniego, una nueva edición de CeMAT, la feria ahora llamada de intralogística que cada tres años -y a partir de ahora cada dos- reúne a buena parte de los proveedores de equipamiento logístico que buscan un escaparate internacional.

Dentro de ese escaparate, las carretillas elevadoras y los equipos de manutención son uno de los mayores atractivos -y más dinámicos- de la muestra. Pues bien, este año, algo especialmente llamativo en el evento en ese segmento ha sido el “desembarco chino”. Nada menos que 19 marcas productoras de  carretillas del gigante oriental, han llegado hasta los pabellones de la Deutsche Messe.

Como si se repitiera la llamada que hacía José Sacristán a Alfredo Landa en la película de Pedro Lazaga, los productores chinos se han ido a “hacer las alemanias” buscando una oportunidad de medrar en el mercado global. Aunque más que los productores habría que decir una mínima parte de ellos, pues se dice que los fabricantes de carretillas de ese país superan los 250.

El aspecto y diseño, en muchos casos, dejaba patente que a estos proveedores aún les queda mucho  camino por recorrer para competir en los mercados tecnológicamente más avanzados y exigentes, como puede ser el europeo.

Pero no todo eran carretillas como las que diseñaban y desarrollaban los fabricantes más importantes hace 15 ó 20 años; en algún caso el diseño era notable y, sin poder ir más allá, los aportes tecnológicos también resultaban destacados en otras, eso sí, las menos.

No sé si es evitable esta previsible invasión que, de momento, se dirige a mercados menos exigentes; ni siquiera si es algo circunstancial y si la presencia china en Hannover era únicamente un trampolín para otras regiones, o hay interés, también, por el mercado europeo. Lo llamativo es el cambio cuantitativo, el efecto llamada, y desde luego, la capacidad de producir del estado-continente que no se conforma con sus 1.200 millones de consumidores. Un mercado, por cierto, en el que ya están desde hace varios años algunas marcas top de carretillas, con sus propias fábricas.

Los productores europeos, norteamericanos o japoneses siguen, de momento, por la senda de la calidad y el desarrollo tecnológico, y con las exigentes normas UE en el caso europeo como la mejor barrera arancelaria. Pero no hay que perder de vista esta ola. De hecho alguna  multinacional de carretillas de primer nivel ya se ha aprestado a lanzar una segunda marca para competir en los segmentos menos exigentes. Porque los chinos, venir, vendrán y no traen chorizo y queso manchego en la maleta de madera, traen carretillas.

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Estamos mejor que nunca

La logística y todos los sectores que la forman, no es ajena a la crisis, toda vez que es una de las pocas actividades que presta servicio a la práctica totalidad de las áreas económicas. Escasez de ventas, malos resultados, crecimiento de impagados, desaparición del crédito, proyectos detenidos…razones para las plañideras no han faltado.

Sin embargo, veamos si somos capaces de “darle la vuelta a la tortilla” y si otros datos y un análisis sectorial general pero estricto, son capaces de compensar el tono gris que ahora empieza a despejarse. Pongámonos a ello.

En el ámbito europeo, el sector logístico nunca ha estado tan cohesionado, la ELA y sus asociaciones nacionales son prueba de ello; nunca hasta ahora habíamos tenido un Día Europeo de la Logística; hay tantas o más ferias que nunca allende los Pirineos; la mayor de todas (CeMAT) ha reducido su frecuencia de tres a dos años; algunas compañías proveedoras del sector han decidido volver a fabricar en Europa; se ha creado un reconocimiento anual a escala continental  para las carretillas elevadoras; y en el ámbito de la UE el transporte ha redescubierto el cabotaje, se han implantado las primeras autopistas del mar, se han diseñado las Redes Transeuropeas del Transporte y, tímidamente, se avanza en la armonización de pesos y medidas en la carretera.

En el ámbito nacional, nunca hemos tenido tantas asociaciones, con tanta actividad, ni tan representativas y defensoras de los distintos subsectores de la logística; nunca ha habido en España tantas ferias dedicadas a la logística y el transporte como ahora; nunca ha habido tantos actos, reuniones, jornadas, congresos, mesa redondas y, probablemente, nunca haya habido tanta oferta de proveedores en el mercado.

Ni siquiera nosotros mismos, Cuadernos de Logística, estábamos aquí antes de la crisis. Es decir, todo esto ha ocurrido durante la larga y pertinaz fase económica negativa, gris y en apariencia inmovilista que aún nos acompaña.

Las razones que llamaríamos de estricta índole económica, los dineros, vamos, no cambian con este inventario (donde seguramente me habré dejado algo en el tintero), desgraciadamente. Pero lo que si puede cambiar es el tono o la intensidad del “quejío” hasta hacerlo casi desaparecer bajo el reconocimiento de que, en logística, pese a todo, no hemos dejado de progresar, de hacer, de construir. Y el tono es, precisamente, lo primero que hace cambiar los balances.

En resumen, si no fuera por los números, estamos mejor que nunca.

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El Año de la Carretilla

Este 2014 ha sido declarado año de la Agricultura Familiar, de la Promoción de la Industria Responsable, de la Dieta  Mediterránea, de El Greco y de la Cristalografía. Para los chinos es ya el Año del Caballo de Madera, pero también podría ser el Año de la Carretilla Elevadora.

Tras una más que sufrida travesía del desierto, de seis años, del que apenas se empieza a salir, el mercado se ha estabilizado y tiende a la superación global de unas cifras que no han hecho más que caer en los últimos ejercicios en buena parte de los mercados. Por fortuna, para los fabricantes globales China y los países emergentes han suplido buena parte de las caídas en mercados regionales de primer orden, como el europeo.

Todo hace pensar que el panorama está cambiando (en 2013 se superó por primera vez la barrera del millón de carretillas vendidas en todo el mundo), los pronósticos son optimistas y, con ello, los grandes productores mundiales han comenzado una frenética actividad de presentaciones, lanzamiento de nuevos modelos, anuncio de eventos especiales, presencia notable en ferias y un largo etcétera. Todo para estar en la primera línea de lo que ya se da como segura recuperación.

Así, CeMAT, la gran feria mundial de intralogística de Hannover va a ser escaparate de algunas marcas como Toyota o Clark que no quieren dejar pasar esta oportunidad para “echar el resto” con una presentación sobresaliente en espacio y novedades; Jungheinrich que también será protagonista en esa feria mundial, no oculta su optimismo por los resultados obtenidos y las perspectivas para 2014; Linde prepara en Alemania un macroevento, World of Material Handling, durante todo un mes; Hyster presentará también novedades; e incluso en el plano nacional parece romperse una tendencia con la presencia destacada de algunas marcas, como Crown, en la edición de este año de SIL en Barcelona. No hay en este repaso un ánimo de ser absolutamente exhaustivo, por lo que seguro que habrá más.

Buena falta le hace ese optimismo, respaldado por cifras de mercado igualmente optimistas, a un sector que no siempre recibe el trato protagonista que merece en el ámbito logístico, pero que es insustituible en la cadena de suministros, que invierte en I+D+i como pocos, que está siempre en la primera línea y que es termómetro exacto de la situación y actividad económica. Si las carretillas van bien, todo lo demás suele ir bien.

Lo dicho parece que este, por fin, puede ser el Año de la Carretilla.

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Ruleta rusa ferial

El pasado jueves el Instituto de Fomento de Aragón (IAF), junto a otras instituciones feriales y relacionadas con la construcción, organizaba en Feria de Zaragoza una jornada bajo el paraguas de su marca Pilot, titulada “Construcción y Logística”. La excusa, u oportunidad, era la celebración simultánea por primera vez de las ferias Logis y SMOPYC, una de logística, la otra de maquinaria para construcción y minería.

Si lo que vale es la intención, este post acabaría aquí. Pero creo que no es suficiente. En el programa de la jornada, el binomio construcción y logística estuvo totalmente desequilibrado en favor de la primera, que ocupó cuatro quintas partes del contenido; se habló mucho de construcción y sobre todo de constructoras -repitiendo hasta la saciedad las mismas estadísticas por distintos ponentes- y muy poco de la maquinaria protagonista de la feria SMOPYC (de hecho sólo lo hizo, y relativamente, un ponente/periodista británico); y desde luego apenas quedó tiempo, al final, para hablar de logística, a pesar de la calidad de los ponentes convocados de este sector: Eduardo Zapata (UNO/CITET), Enric Ticó (FETEIA) y Ramón Vázquez (ACTE/CETM Multimodal). Obligada faena de aliño y poco más, moderada por quien escribe. Además, a esas alturas y después de todo un día de feria, buena parte del público había hecho “mutis”.

Creo que el encuentro fue imagen especular de sus sectores y de su relación actual con las ferias. Aunque IAF y Feria de Zaragoza quisieran “construir”  este evento paralelo a la exposición con la mejor de sus intenciones y el saber hacer que les acompaña -yo, al menos, no dudo de eso-, las circunstancias y el entorno invitan, cuando no empujan, a una profunda reflexión que debe hacerse de inmediato. Y me ciño al sector logístico.

El formato ferial tradicional, creo que en todos los sectores pero desde luego en el logístico, ha reducido de manera notable su aportación de valor a expositores y visitantes. A ello se une la reducción de presupuestos para marketing de las empresas y la no menos importante reducción de recursos humanos. Conclusión: cuesta mucho ir a una feria como las de antes, como se iba antes. Las ferias realmente internacionales todavía mantienen cierto atractivo para quienes buscan llegar a otros mercados pero, ojo, también empiezan a sufrir mermas importantes del lado expositor.

Aunque todas las ferias y organizadores feriales reconocen esa necesidad de cambio (algo es algo), todavía no se han hecho más que maquillajes o pequeños retoques estéticos. Falta imaginación. Detenerse y reflexionar. Y volver a empezar, casi desde cero, sobre la base de dos argumentos imbatibles para cualquier feria profesional: el contacto humano y las instalaciones. La tecnología en red no podrá nunca suplir el primero y hace falta gastar demasiado dinero para competir con lo segundo.

A pesar de todo ello, del desgaste del modelo, de los costes, de las críticas, proveedores de productos, demandantes, prensa y responsables de diferentes administraciones, siguen acudiendo a las ferias. En menor medida, pero ahí están. Y sin hacer tampoco un notable ejercicio de imaginación. Algo tendrán las ferias (yo llevo tres post seguidos hablando de ellas). Empecemos por ahí.

Llevo asistiendo a ferias y salones profesionales desde hace más de 30 años y creo que, por primera vez, estamos en una verdadera encrucijada. En un “rien ne va plus”. O en una peligrosa ruleta rusa ferial. Probablemente hemos traspasado el punto de no retorno. Quien haga el primer ejercicio de reflexión, aporte nuevas ideas y las ponga en marcha, tendrá mucho ganado. Quien no, estará condenado a desparecer.

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Ir pa ná

Bufones, payasos, cómicos y humoristas han tenido la habilidad y el gracejo -que diría un castizo-, para decir lo que otros callan, para señalar lo que otros saben y no dicen por aquello de las formas, la educación y el protocolo. Ha sido así desde la Edad Media (al menos) hasta nuestra época mediática. Va siendo hora de hacerles la competencia…en serio.

Es habitual -y deseable- que en reuniones profesionales más o menos multitudinarias, forme parte del programa la presencia de “la autoridad”, el cargo de turno más oportuno, y de mayor jerarquía a ser posible, emparentado con el tema que se trate. Eso también ha sido así desde siempre.

Los organizadores de la reunión o evento, buscan esa presencia oficial con la que dotar a la convocatoria de mayor ¿nivel? y desde luego relevancia, atención mediática y, probablemente más asistentes. La pregunta es ¿para qué?

Entiendo porque es lo exigible, que la ministra, el secretario de Estado o el director general de tal o cual departamento ministerial, estén cerca de los profesionales, empresarios y medios de comunicación que más les atañen en su desempeño. Entiendo que comparezcan en esos foros de reunión profesional para anunciar o compartir algo. Y entendería que aprovecharan esa circunstancia para departir con el sector, en nuestro caso el logístico, para saber, compartir, conocer, escuchar, aprender en suma, qué se cuece, en el contacto con unos y otros. Pero esto es lo que nunca -o casi nunca- ocurre.

La autoridad de turno llega  a la hora que determina “su” agenda, no la del evento, lo que suele traer una migraña descomunal a los organizadores; pasa por encima de lo programado, interrumpiendo ponencias, cercenando debates, modificando horarios, etc.; y sale pitando llevada en volandas por su séquito. Antes, eso sí, se ha subido al púlpito para dar una clase magistral de cómo no decir nada de nada. Y eso es así, reconózcanlo conmigo, 99 veces de cada 100.

Y para prueba una muy cercana. El evento,  el Foro del Transporte de AECOC de la pasada semana (26 de marzo). La autoridad, el secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, Rafael Catalá. Los hechos, que tuvo de cabeza a los organizadores al cambiar en el último momento la hora de su intervención; que mutiló una de las intervenciones que se quedó sin debate; y que repitió exactamente lo que ya había dicho hace cuatro meses que, a su vez era lo mismo, que dijo la ministra Pastor meses antes.

Olvidan los cargos públicos y autoridades que están ahí puestos por los ciudadanos para desempeñar un trabajo y que parte de ese trabajo es informar de lo que saben, proponer lo que defienden y articular soluciones a los problemas. Transitar por un territorio exclusivo, ajeno a lo que les rodea, no es parte de ese trabajo.

Sólo unas pocas excepciones, unos pocos eventos, han decidido “pasar” de la autoridad y sus alharacas. Visto lo visto y oído lo oído, no es mala decisión. Si hay que ir se va, se escucha, se habla, se participa, pero “ir pa ná” ya dijo el cómico lo que es.

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