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Elogio de la parsimonia

Este post se podría haber titulado, igualmente, Elogio de la lentitud o Elogio de la pereza. No he elegido ninguno de estos dos, sin embargo, porque ambos son títulos de sendos libros que recomiendo, sobre todo el primero, y no quería piratear la creación literaria. Los piratas para el Caribe. Pero eso es otro cantar. Vayamos al grano.

Me encontré hace unos días a un buen amigo que, digamos, ha pasado no hace mucho a la situación “de reserva”. Debe ser cosa de la edad, de la mía y mis coetáneos, pero cada vez me encuentro a mi alrededor con más personas que han cruzado la línea de la actividad por cuestión de la edad. Aunque mejor debería decir la línea de la hiperactividad. Muchos de ellos –era el caso del amigo encontrado- relatan que lo que más les cuesta es soltar amarras tras ¿vivir? una vida de permanente exigencia, de veloz desenfreno profesional, de corredores de fondo sin fonda en la que descansar. Cuesta –me dicen- desengancharse de esa mala droga –sobra el adjetivo, no la hay buena- que es el exceso de ocupación profesional: vivir para trabajar y no viceversa. A mi amigo le recomendé el primer libro.

Hay alguna iniciativa ya rodada en este sentido, pero me ciño al ámbito de la logística y se me ocurre que una suerte de consejo informal de expertos, sabios o mayores inquietos, tendría todo el sentido y serviría, por un lado, para ayudar a desenganchar, también para mantener un cierto grado de actividad, ligera y sin mayor compromiso –desde luego- y ligada al sector donde uno ha “servido”, igualmente, para continuar disfrutando de cálidos lazos profesionales que tantas veces llegan a lo personal o, quizás,  para crearlos y, de paso, para poner sensatez, conocimiento, sentido común, ideas ¡qué sé yo! en nuestro sector. Uno se da cuenta de lo absurdo que es despreciar tanta materia gris cuando se hace mayor.

Si las empresas tienen la obligación de desarrollar estrategias para formar a los mejores profesionales y retener sus talentos –algo que no siempre es fácil-, los sectores quizás la tengan de aprovechar la sabiduría de los que más atesoran, en el marco de la buena voluntad y ya ajenos a las presiones de la cuenta de resultados.

Por una vez, podríamos hacer de la lentitud, de la parsimonia del profesional, virtud. Plantéenselo, pero despacio.

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