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El viaje, en tren, a ninguna parte

Participé el pasado viernes en el II Encuentro Internacional de Corredores Europeos a su paso por España. Loable idea la de organizar este foro tres años después de haber convocado la primera edición. El objetivo era hacer balance de situación sobre los progresos del ferrocarril de mercancías, esencia de esa red de Corredores en la que España está inserta con el Atlántico y el Mediterráneo.

Y digo que era el objetivo, porque pese a los buenos oficios organizativos de ACTE (Asociación de Centros de transporte de España) y de su presidente, Ramón Vázquez, de la nutrida participación de representantes autonómicos (y portuarios) y del formato elegido (el grueso eran tres mesas de debate con periodistas especializados), prácticamente para lo único que sirvió el encuentro fue para comprobar cómo el acuerdo es unánime, al igual que la queja, a la hora de hablar del ferrocarril de mercancías: ni está, ni tampoco se le espera.

Plazos y proyectos que no se cumplen, descordinación, recursos impropios del siglo XXI, Francia como mal compañero de viaje, promesas imposibles y quejas, sobre todo quejas. Un panorama demoledor que difícilmente se arregla con el diseño de la Red Transeuropea de Transporte y sus nueve Corredores, de los que dos de ellos nacen o mueren en Iberia.

El transporte de mercancías por ferrocarril en niveles mínimamente aceptables es hoy en España una utopía. Se habla mucho pero se avanza poco, cuando no se retrocede. La intermodalidad ferrocarril-puerto, parecía su gran oportunidad pero ¡ca! Que se lo digan al Puerto de Algeciras.

Y por si fuera poco, cada cual se mira el ombligo todo lo que puede. Incapaces de analizar el cuánto y el porqué antes del dónde, los gobernantes, de los nacionales a los locales, intentan –como siempre por otra parte, esta es una música conocida- que los Corredores existentes u otros –el papel lo aguanta todo- pasen por delante de su casa para contentar a vecinos y votantes.

Nos queda, eso sí, el consuelo del tonto, porque en Europa tampoco son muchos los que creen de verdad en ese modo. Francia sin ir más lejos, nuestro paso obligado hacia el resto de Europa, mantiene una política errática en este sentido, por no decir sordomuda.

Seguramente, el discurso plañidero de los representantes autonómicos y portuarios que formaron parte del elenco de ponentes de este foro, era esperado. Quizás, o seguramente también por eso, los representantes del Ministerio de Fomento invitados que iban a formar parte del debate se “cayeron” del cartel a menos de 48 horas de su celebración. Así no tuvieron que someterse al sonrojo de contestar al porqué de la desaparecida Estrategia Logística (que tiene al ferrocarril de mercancías como referente), o al porqué de las ingentes cantidades presupuestarias dedicadas al AVE en esta legislatura y las ridículas para las mercancías por ese mismo modo.

Podría pensarse que no estuvieron porque estamos a menos de un mes de las Elecciones Generales y porque había mucha luz y muchos taquígrafos en el evento. Ellos dirán que esa no fue la razón ¿Y usted?

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¡Una de bravas!

Que yo sepa, aunque estas cosas se estudien en las Facultades de Empresariales y en los Másters postgrado, y aunque haya literatura al respecto, no hay regla absoluta, fórmula matemática, ni conjuro diabólico que asegure el éxito de una empresa, de una idea puesta en práctica por una compañía mercantil. Lo que si hay es un “manual del sentido común” que, sin embargo, no siempre se aplica a la aventura empresarial incipiente y luego ¡ay! viene lo que viene.

Desde que ejerzo mi profesión periodística en el ámbito profesional –hace muchos años- he venido observando como aquí, pero también allende, se pretenden fundamentar negocios y estrategias empresariales…por las bravas. Una fórmula abocada al fracaso. No hablo de coraje o atrevimiento –ese componente siempre es imprescindible para el emprendedor- hablo de falta de análisis, de creer en milagros, de tomar decisiones sin reflexión, de suponer que algo bueno ocurrirá porque sí, porque se me ha ocurrido a mí o porque me duele el juanete cada vez que va a llover.

Como sucede en la época navideña, el verano en España es muy proclive a que aparezcan (en el ámbito logístico y en otros) nuevos negocios, divisiones, plataformas, distribuidores o productos que aupándose en la ola veraniega de consumo, creen dirigirse cargados de éxito a un futuro idealizado que casi nunca existe. El verano acabará y esos negocio también. Casi siempre porque no pudieron cumplir con unas perspectivas ideales que imaginaron y que sólo estaban ahí, en la imaginación ¿Cuántos fallidos en servicios relacionados con la logística, el transporte o la manutención se producen en estas épocas de punta estacional? Muchos. Demasiados.

Montar un negocio, arrancarlo, emprender, es una aventura, sí. Pero una aventura basada en el conocimiento, el análisis, el sentido común, la planificación y, desde luego peor no sólo, el diferencial de creatividad que suele acompañar –ese sí- al éxito. Todos aquellos condimentos son necesarios e imprescindibles antes de añadir este toque “secreto” y único. Como en el recién concluido Tour, los negocios medran por cerebro, piernas y pulmones no por…ya me entienden. Eso que llaman “la chispa” te viste de amarillo, de éxito…pero sólo si tienes con qué acompañarla.

Por las bravas lo único que se deberían preparar son esas patatas con salsa picante de idéntico nombre, que pese a su aparente sencillez culinaria, tampoco se preparan de cualquier manera para que respondan al gusto de la clientela.

¡Que aproveche! Yo vuelvo en septiembre.

Y para leer, mi última recomendación de clásico moderno de esta temporada: “A sangre fría” de Truman Capote (1966). Una novela basada en hechos reales. Imprescindible.

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Hacer un Rajoy-Pastor

Un nanosegundo es la milmillonésima parte de un segundo o el tiempo que tarda un internauta español en sacarle punta, hacer un chiste y mandar una imagen por la red de cualquier noticia que tenga la más mínima oportunidad de hacerse hilarante. Así somos, chistosos y demoledores. Tanto que –para los creyentes- el patrón de España debiera ser San Benito y no Santiago, porque al que le cae ya no se le quita de encima.

Lo penúltimo de nuestros chascarrillos es , “hacer un…” Así, “Hacer un Fernando Alonso” es que se te averíe el coche, recién salido del taller, sin apenas circular; “Hacer un Cospedal” es intentar explicar lo que está muy claro de manera inexplicable (a propósito del despido de Bárcenas del PP); “Hacer un Zapatero” es ver lo que nadie ve, como las pitonisas, a propósito de los brotes verdes, que no eran brotes, si acaso botes y de humo que no nos dejaban ver el precipicio de la crisis que teníamos por delante; “Hacer un Melendi” es montarla en un avión y obligar a dar la vuelta; o “Hacer un Rosell” es decir que no, que desde luego que no, que todo es mentira, para luego dimitir porque era verdad que en aquel fichaje no había nada claro…

Me apunto a la moda y quiero acuñar una más: “Hacer un Rajoy” o mejor “un Rajoy-Pastor” que no es un movimiento de ajedrez, más bien nuevo sinónimo de procrastinación, es decir dejar las cosas para ya se verá cuándo, que es lo que ha hecho el Gobierno con el Plan piloto de desvío voluntario de vehículos pesados a autopistas de peaje, que tras múltiples idas y venidas, se anunció para su entrada en vigor el pasado 1 de julio para luego retrasarse. Afortunadamente, en este caso (excepcional en eso), sólo tres días hasta el Consejo de Ministros el pasado viernes 3. Otras cuestiones no han tenido tanta suerte.

La dilación ha sido –y es- la marca, el sello, de este Gobierno, que tardó meses en aprobar sus primeros Presupuestos Generales y no menos en que Rajoy compareciera en una rueda de prensa (con o sin preguntas). Y aún lo será, ya que el presidente ha dicho este mismo fin de semana que no sabe, que quizás, que podría ser, o no, que ya veremos, que pudiera ser que dilate la convocatoria de elecciones generales a diciembre, con lo que esa dilación e incertidumbre genera en administraciones, presupuestos, toma de decisiones, etc. Gracias, señor presidente.

¿Y en la logística y el transporte? Pues más de lo mismo. No tendremos aprobado el necesario reglamento (ROTT) de la Ley de Transportes (LOTT) en esta legislatura, pese a la promesa en contra; tampoco avanzará más allá de lo que se hizo en su presentación la Estrategia Logística; e igualmente, no habrá Ley específica para el sector que la acompañe; cualquier día, o no, quizás nunca, habrá una nueva reglamentación para pesos y dimensiones; y no sería extraño que al Gobierno vuelva a pillarle en “fuera de juego”, por no tomar decisiones, alguna protesta como la huelga de transportes que finalmente no fue el pasado mes de diciembre…

En las escuelas de negocio se enseña que no tomar decisiones es, también, tomar una decisión. Parece que el señor presidente y la señora ministra sacaron sobresaliente en esa asignatura del máster y quién sabe, quizás lo adornaran con alguna cita del artículo “Vuelva usted mañana” de Mariano José de Larra.

Sin más dilación, para no caer en el mismo error, mi recomendación literaria, muy de verano, ligera, divertida y que pesa poco, perfecta para leer bajo la sombrilla o sobre la hamaca: “Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco”, un compendio de curiosos relatos de ciencia ficción de Athur C. Clarke que se consume de un tirón.

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Sed opere et collaborationem

Las órdenes monacales acuñaron la fórmula perfecta para sus correligionarios, un magnífico eslogan medieval que ha saltado las barreras temporales. Reza y Trabaja. Ora et Labora. Alimento para el cuerpo y el alma. Una versión pía del men sana in corpore sano, más agnóstico. Con el mayor de los respetos a cualquier religión o creencia, la católica siempre ha sido especialmente hábil en producir campañas de marketing in eternum.

Tengo especial debilidad por el latín -rarito que es uno- y a propósito del “labora”, pensaba ponerles deberes para las vacaciones que algunos ya estarán disfrutando y otros planeando. Al final he decidido poner sólo el titular de este post en la lengua de Cicerón para que cualquiera ipso facto pueda traducirlo a “román paladino” -que diría Berceo- con cualquiera de las herramientas que pululan por la red.

Todo este circunloquio es para hablarles de colaboración. De colaboración y perplejidad o incredulidad. Ya he mencionado el término en este mismo púlpito,  pero fue hace más de tres años y eso no hace más que añadir argumento a mi diatriba. Poco ha cambiado.

Llevo oyendo hablar de colaboración en el entorno logístico -incluso tiene su propia nomenclatura, bajo la definición de logística colaborativa– mucho tiempo, y por ello me llama poderosamente a la atención que siga siendo un término recurrente por omisión y no por acción. Me temo que esa insistencia no es exclusiva de nuestro sector.

Además, últimamente (hace menos de una semana), he oído quejas por la falta de esa deseada colaboración no sólo extramuros, entre empresas diferentes o entre sectores colatrerales -la más costosa y retadora-, sino intramuros, dentro de las propias compañías, es decir protestas por las barreras departamentales que hacen que unos tomen decisiones que afectan a los otros -y todas afectan en mayor o menor medida- sin contar precisamente con los otros, de forma unilateral, lo que no solo complica la operativa, también la encarece y ralentiza en la caso de la cadena logística.

La secuencia es más o menos esta: Dirección decide una estrategia que traslada a marketing; comercial la lleva a un mercado que, con frecuencia, responde en una dirección inesperada; comercial exige a producción mucho más de esto y nada de aquello y, con suerte, producción responde; y logística debe ponerlo en el lineal o la repisa, cuadre la promoción, el embalaje, los tiempos y la frecuencia, con los recursos, o no.

En el interim de este despropósito -exagerado como regla, si quieren, pero real- en foros y congresos, se habla de casos de éxito de colaboración -como no puede ser de otra manera- que se me antojan en exceso excepcionales frente a lo que parecen comunes casus belli en el propio seno de las empresas.

Si las asociaciones y gremios interprofesionales pueden establecer cauces para la colaboración más allá de las propias fronteras corporativas, sólo la dirección de las compañías con órganos internos abiertos y cooperativos puede evitar esa incomunicación que, a la postre, tiene un altísimo coste laboral y económico. No se trata de crear una balsa de aceite, más bien de utilizar el sentido común en sensu estricto.

Hacen falta más y más prácticas de colaboración y es preciso hacerlas públicas como ejemplo de lo que es posible. Pero tempus fugit, del tiempo pasa y la velocidad se demuestra andando: sed opere et collaborationem. O lo que es lo mismo, trabajar y colaborar, ahora. Fuera y dentro.

En cursiva las palabras que hubiera entendido el mismísimo Julio César sin traductor de Google.

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Abdicación

Muchos no habíamos usado el término abdicación desde nuestra época del Bachillerato porque sólo estaba en los libros. Sin embargo, hace unos pocos años, algunos monarcas europeos continentales decidieron tomar ese camino y ceder su jefatura del Estado.

Desde entonces el uso del término se ha “popularizado” -incluso utilizándolo, equívocamente, para la renuncia del Papá Benedicto XVI- por lo que ya a nadie ha extrañado al pronunciarse con motivo de la cesión real de Juan Carlos I en favor de su hijo, ahora Felipe VI. La última acepción -casualmente coincidente con la fecha regia- la de la debacle de “La Roja” en Brasil que, según comentaristas televisivos y periodistas deportivos, ha “abdicado” con su pobre juego y sus derrotas de su cetro futbolístico mundial, aunque aún no se sepa en favor de qué sucesor. Pues aprovechemos el tirón abdicador.

Se calcula que actualmente existen unos 1.000 millones de webs en todo el mundo con unas 8.700 millones de páginas…pero que más del 70 por 100 de ellas están sin actualizar. Esa falta de actualización es demoledora, sobre todo, para las empresas. Información anticuada o en desuso, imagen superada, contactos, teléfonos, emails que no llevan a ninguna parte porque hace mucho que fueron cambiados o borrados, catálogos sin renovación desde hace años, noticias redactadas y fechadas varios años atrás ¿Cuántas veces se ha encontrado con esto en sus búsquedas en la red? ¿Y qué efecto le ha producido? ¿Ha vuelto a esa página? ¿Ha intentado contactar con esa empresa después de ello?

La era digital, la conectividad a través de la red de redes, Internet en toda su magnitud, no es el futuro, ni siquiera es absolutamente el presente, comienza ser casi el pasado. Y tan importante e imprescindible como estar ahí, es estarlo -para las empresas y profesionales- con el uso apropiado, como el escaparate universal que es. Las compañías que no están y las que no actualizan los contenidos de la web abdican de sus privilegios y oportunidades, estableciendo entre ellas y sus clientes o mercado potencial una fractura insalvable. Utilizando un eufemismo regio “ni están ni se les espera”, porque nadie lo va hacer. En un mundo de enorme voracidad comercial, el competidor que si está y/o sí actualiza su web pasa a ocupar inmediatamente, y quizás para siempre, nuestra posición.

Si la publicidad en sus distintos formatos es el primer grifo que se cierra cuando las empresas aplican otro eufemismo, “hacer economías” (para después caer en cuenta, a veces demasiado tarde, que “desaparecer” es un error capital), la ausencia de desarrollo de una página web y, sobre todo, su escaso mantenimiento, no le van a la zaga en el pódium de la malas decisiones empresariales.

Quizás el primer error es concebir una web demasiado grande y compleja, con demasiadas páginas y variables, cuya actualización exige unos recursos desproporcionados para el tamaño, actividad y volumen comercial…y con demasiados contenidos (noticiarios sectoriales, juegos, galerías de imágenes, enlaces relacionados, etc.) ajenos a la actividad concreta de la compañía que se trate o muy alejados del concepto de escaparate y promoción comercial de productos o servicios, objetivo primordial y casi único de cualquier web empresarial.

Hoy no hay otro canal más irrenunciable que el digital. Quien no lo asuma así, que vaya haciendo las maletas. Y no actualizar su web es el primer paso para sacar billete a ninguna parte.

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El clásico

La noticia del fallecimiento de Adolfo Suárez ha eclipsado otra que amenazaba seriamente con acaparar portadas e informativos, la del enfrentamiento futbolístico en el Santiago Bernabéu. Un nuevo “clásico” del fútbol que repite los tópicos hasta la saciedad: partido del siglo, el más decisivo de los celebrados nunca, el derby más esperado, etc. etc. Una retahíla de argumentos vociferados sin variación una y otra y otra vez. No sé si es falta de imaginación de los comunicadores o que este es el “alimento argumental” que quieren los aficionados. Repito, sin variación.

En nuestro sector hay también un “clásico”. Un recurrente intercambio dialéctico entre los que defienden y los que denostan las ferias profesionales como canal o instrumento comercial. Comienza este mes de abril la “temporada” de ferias logísticas y las hay para todos los gustos, colores, tamaños y objetivos. Modestas, menos modestas, enormes, de bolsillo, nacionales, internacionales, sin apellido, solitarias, acompañadas, jóvenes o maduras.

Desde el 1 de abril hasta el 6 de noviembre, los profesionales del sector logístico pueden ver las últimas ofertas de productos y servicios de las empresas proveedoras y asistir a un sinfín de actos paralelos con diferente formato donde se debatirá sobre la problemática del sector. Zaragoza, París, Hannover, Barcelona, Madrid serán los lugares que acojan a otras tantas ferias.

Y los que a partir de ahora vayan o no a esas citas profesionales, aportarán argumentos en favor y en contra, pero serán los mismos de siempre. Y estaremos, de nuevo, en el intercambio “clásico”: las ferias son caras;  o no, depende del resultado en contactos que se obtenga; con tanta información las ferias ya no aportan nada; el contacto humano que favorecen las ferias es una aportación insustituible; se ven los de siempre; se puede ver a todo el sector.

Como con los adjetivos futboleros para calificar “el clásico”, echo en falta nuevos argumentos para justificar la ausencia o asistencia (por cierto, la ferias se siguen llenado en buena parte de sus convocatorias), aportaciones técnicas y estadísticas serias (de verdad) por parte de los organizadores para que sean creíbles, planes de marketing elaborados por los expositores en torno a su presencia, informes independientes de conveniencia de dónde, cuándo, cuántas y con qué frecuencia convocar una feria profesional, estudios económicos que demuestren el valor de mercado de un espacio ferial (que siempre se antoja muy caro), otros que indaguen en el por qué de la “huida” de grandes empresas de algunas ferias para organizarse la suya propia, y en fin encuestas que pregunten a unos y a otros, más allá de las cuestiones “clásicas” y las respuestas ya conocidas, por sus afinidad o desafecto ferial.

Para eso, seguramente, hacen falta entidades sectoriales independientes (¿asociaciones?), que arbitren esos estudios e informes cuyas conclusiones tendrían sin duda mucho valor. Pero, eso sí, árbitros reconocidos y acertados…no como los del “clásico”.

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El sueño de Calderón

Este fin de semana se ha producido una noticia que puede ser histórica de verdad. Fundamental para el devenir de empresas y economías. Y básica para salir del atolladero de la crisis en la que se han metido la mayoría de las economías occidentales, especialmente las del Sur de Europa.

La llamada Ronda de Doha una suerte de club multitudinario de países libre-comerciantes, emparentada con la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha conseguido un acuerdo entre sus 159 miembros para agilizar los flujos de mercancías entre países y suprimir burocracia y trabas aduaneras. Cuando ya casi se tenía la certeza de la inutilidad de ese colectivo y muchos lo daban por defenestrado, consigue su mayor logro. Eso sí, ha tardado casi dos décadas en alcanzarlo.

Y no es baladí. Para las empresas que exportan, eliminar los vericuetos que enredan sus ventas en el exterior suele ser una de sus peticiones más recurrentes. Esta misma semana pasada Cuadernos de Logística organizaba una mesa redonda con presidentes, directores generales, gerentes y directivos de máximo nivel de empresas de nuestro sector para debatir sobre exportación. Y ahí, una de las conclusiones era la petición a quien correspondiera de reducir esas barreras burocráticas. Y casi, dicho y hecho. Sus “oraciones” han sido oídas.

Quedará como siempre leer la letra pequeña que suele ser la importante. Pero todos los analistas dicen que es un paso de gigante. Tanto, que las cifras parecen increíbles: 159 países se han puesto de acuerdo; favorecerá un aumento del comercio internacional cifrado en 730.000 millones de euros y, con ello, podrán crearse 21 millones de puestos de trabajo.

Exportar no es fácil, ni con ello se consiguen resultados inmediatos. Requiere estrategia, planes, trabajo, estudios de mercado, paciencia, conocimientos, socios adecuados y algo de suerte. Si además le añadimos las leyes y burocracias particulares de cada país, casi nunca comunes a otros, el dolor de cabeza se convierte en migraña crónica. Aún así se exporta y las empresas españolas que lo hacen -y que ya lo hacían- están teniendo con ello mejores oportunidades para atravesar las crisis con ello.

Esperemos que este regalo navideño adelantado del acuerdo de la OMC, sea algo más que una ilusión pasajera y que no se diluya como la magia de esta época ya en ciernes con la desaparición de las luces de colores y la vuelta del espumillón y las bolitas de colores al trastero. Vamos, que no haga buena la frase de Calderón de la Barca de que “toda la vida es sueño”.

Como en Santa Claus y los Reyes Magos, en este tipo de grandes y optimistas noticias creer, creo, pero a veces, me cuesta.

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La Pepa, La Juani y La Catalina

El pasado lunes 25 de noviembre asistimos, por fin, a la presentación del Plan transversal del Ministerio de Fomento denominado Estrategia Logística. La puesta de largo de este proyecto multifacético que, entre otras cosas, traerá una Ley del Sector Logístico, que le dote de un cuerpo jurídico propio, así como la elaboración de un Código de Buenas Prácticas, la realizó en Cádiz la titular ministerial, Ana Pastor. La elección de la capital gaditana para esta puesta de largo puede responder al cumplimiento de una promesa realizada por la ministra a la alcaldesa de la “tacita de plata”, Teófila Martínez, durante la XXII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en 2012 en esa ciudad.

Un día después, el presidente de UNO, Gonzalo Sanz, amante de la historia confeso, celebraba este hecho durante la Asamblea General de la patronal de los operadores logísticos, y en la presentación de la intervención de Rafael Catalá, secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, realizaba un parangón con otro documento también presentado -promulgado en realidad- en ese mismo lugar hace 201 años, la Constitución de Cádiz, que el gracejo popular apodó “La Pepa” ya que entró en vigor el día de San José (19 de marzo) de 1812. Un parangón muy ambicioso, el citado por Sanz. Pero veamos si lo es o no.

“La Pepa” fue un texto muy avanzado para la España de principios del siglo XIX (reconocía la soberanía popular o la separación de poderes) y quizás por ello apenas estuvo vigente cuatro años, y ni siquiera consecutivos, desde su promulgación hasta 1837. Su reconocimiento sólo ha sido palpable desde finales del siglo XX, aunque tiene gruesos lunares como el nulo reconocimiento a la mujer.

Con las debidas distancias en la comparación, la Estrategia Logística también ha “nacido” en Cádiz, es igualmente un texto moderno para su tiempo (el primero que reconoce oficialmente la existencia de la disciplina logística y todos los pilares que la sustentan) y no menos ambicioso, pues incluye 18 medidas prioritarias y otras 48 más que suman 66 objetivos más o menos concretos, que tienen además un presupuesto: 8.000 millones de euros.

Como “La Pepa”, a la Estrategia Logística le toca “venirse a Madrid”, metáfora de su puesta en marcha desde la Administración Central, y echar a andar. De momento -como “La Pepa”- ha recibido apoyos de técnicos y de la “burguesía ilustrada” el sector, aunque quizás se echa en falta algo más de entusiasmo y fuegos de artificio para celebrar el alumbramiento y el apoyo, también, de la “aristocracia”. Claro que uno de sus “padres”, el mencionado Rafael Catalá, ya se apresuro a decir que el retoño no traía ni un pan debajo del brazo ni -literalmente- una “varita mágica”.

Acostumbrados a las alharacas que nos regalan los políticos, se entiende la prudente bienvenida del sector, más aún cuando este Plan incluye algunas declaraciones de intenciones -concreciones según Fomento- que ya hemos oído desde hace décadas sin resultado alguno (ferrocarril) o ecuaciones imposibles como la enunciada por Catalá: potenciar las mercancías por ferrocarril no significa reducir las movidas por carretera. Perdone usted, pero la resultante de x – y siempre ha sido algo menor que x.

Pero no quiero parecer derrotista. Cauto, sí. Espero por el bien del sector que esta “constitución logística”, que podríamos llamar “La Catalina” por el día de su onomástica, tenga más recorrido y  vida útil que “La Pepa”, que no tarde tanto en reconocerse, que sume adeptos y adhesiones, que sea una verdadera hoja de ruta, viva y aplicable, y que además se traslade naturalmente sin derogación a otros gobiernos. Por el contrario, lo que no sería deseable es que se convirtiera en espejo de “La Juani” de Bigas Luna. Que “venga a Madrid” a buscarse la vida, como sea, a base de cuerpo -o de texto, en este caso- y que transite por más amarguras que alegrías sin conseguir el éxito pretendido.

Como en la canción que tocaba Sam en el Rick´s Café -estoy inevitablemente cinéfilo- el tiempo pasará y resolverá la ecuación. Pero quien quiera prestar su apoyo al retoño, por favor, que no espere.

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El Platanito y la Estrategia Logística

Blas Romero, más conocido como “El Platanito” fue en los años sesenta del siglo XX una figura mediática del toreo -más mediática y burlona, que figura-, que tras triunfar como novillero y tomar la alternativa se pasó su mala vida torerista pidiendo una oportunidad.

Eso es lo que ahora reclama la logística. Una oportunidad. Ahora que el escaso tejido industrial que nos queda y la construcción, los motores tradicionales, se han venido literalmente abajo. La logística -y con ella los modos de transporte, sobre todo el marítimo y el ferroviario- pide ahora paso para abaratar y hacer más eficaces las cadenas de suministro y, también, como generadora de oportunidades económicas, dadas las características geoestratégicas de España.

Nada de esto es nuevo. Nada se ha descubierto ahora. Quizás el mérito de Fomento haya sido agarrarse al clavo ardiendo de la crisis para reinventar la rueda, haciendo partícipes a todos los implicados y estructurando esos valores logísticos en lo que se ha dado en llamar La Estrategia Logística de España, un documento de 226 páginas ahora en fase de consulta con el sector y las Comunidades Autónomas.

Ese plan estratégico recoge tres objetivos básicos: reforzar el sector logístico español potenciando el papel de España como puerta de entrada, centro de tratamiento y distribución de las mercancías intercontinentales dentro de Europa; promover la integración logística y la potenciación de los modos de transporte más sostenibles, en especial el transporte ferroviario y el transporte marítimo de corta distancia; y mejorar la eficiencia en el uso de los modos de transporte de mercancías, individualmente y en el marco de una integración de los distintos modos, mediante una red intermodal.

Nada que objetar en el fondo, aunque representantes del sector y sus colectivos y CC.AA. estén aportando enmiendas y modificaciones en el detalle. Pero el verdadero mérito de este grandilocuente Plan -el papel lo aguanta todo- estará, si acaso (no puedo evitar mi pesimismo después de oír lo mismo una y otra vez) en su aplicación y concreción, en escuchar a todos pero no hacer caso a todos porque es imposible, en plantear un calendario realista, y en algunas cuestiones coger, de verdad, al toro por los cuernos: definir una red de puertos de interés general mucho menor a los 46 actuales, determinar qué se puede hacer con los recursos actuales, cómo y hacia dónde crecer en tráficos de mercancías por ferrocarril, atraer con servicios y costes atractivos más flujos marítimos, aprobar las 44t pata todo el territorio nacional…y tomar decisiones que a algunos, o a muchos, no agraden, pero que serán necesarias. Es decir ni el “buenismo” de Zapatero, ni la inoperancia de Rajoy. Ya me entienden.

La Estrategia Logística es una oportunidad para hacer las cosas bien y a la primera. Tomemos nota de otras oportunidades recientemente perdidas y de una “ligereza” aplicada cuando no tocaba. Ya se sabe, aquí el que intenta pasar a la historia frívolamente -tome nota Sra. Pastor– tomando un “relaxing cup of café con leche in the Plaza Mayor”, puede también reclamar su oportunidad, pero será como la que pedía una y otra vez El Platanito, más para mover a la hilaridad que para ser aplaudido por hacer una buena “faena”.

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