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Época de rebajas

El sector de los proveedores de sistemas y equipamiento logístico se ha ido de compras y parece que ha encontrado buenas oportunidades, pues ha enlazado las rebajas de inverno con las de verano sin solución  de continuidad.

No es fácil encontrar razones para este comportamiento en “modo compra” en el que se han situado empresas casi de cualquier perfil de nuestro sector, ya sean proveedoras de servicios logísticos, ya de mensajería, de intralogística, de carretillas elevadoras, de implementos…

Podría pensarse que es un reflejo de  que la situación económica ha cambiado su tendencia y las perspectivas animan a esa compra para buscar mejores posiciones, ante la época expansiva que ahora debería tocar; podría pensarse que algunos de quienes han culminado la travesía de estos últimos años y han sobrevivido, se sienten fuertes y capaces de absorber mediante compra a otros también supervivientes, saneados por tanto, pero no tan fuertes para persistir en solitario; o podría pensarse que la concentración es el camino empresarial más cierto para medrar. Podría, pero también hay razones para desbaratar éstas por insuficientes. Remedando al filósofo, si hay algo seguro hoy, es que no hay nada seguro.

En todo caso lo cierto es que 1) Hay dinero para gastar y 2) Hay estrategias que pasan por el crecimiento a base de adquisiciones. Y aquí están las muestras, a vuela pluma, de algunas noticias que hemos publicado desde diciembre pasado: FedEx compra TNT Express; TVH a DanTruck; Hyster- Yale ha comprado Bolzoni y una empresa de telemetría; SSI Schaefer a RO-BER; GLS a ASM; Kion a Dematic (que a su vez había comprado poco antes a NDC) e ID Logistics a Logiters.

Las compras siguen siendo el camino más rápido para crecer y diversificar y estas compañías, las compradoras, parecen tener prisa por obtener mejores posiciones en los diferentes mercados lo que habla, ahora sí y sin duda, de un horizonte del corto, medio y, quizás, largo plazo de expansión y estabilidad económica. No cabe otra razón. Al menos para los adquirientes.

Que aquí sea, aunque el panorama de noticias y datos económicos comparativos no arrojen un optimismo sin paliativos que, sin embargo, sí está instalado claramente en empresarios y comercializadores. Ni sí, ni no, sino todo lo contrario.

¡Buf! que me explique un economista este galimatías y lo que ocurrirá después… Ah, no que estos sólo pueden explicarlo cuando ya ha ocurrido.

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Es que no se enteran

Bruselas ha reprendido sin paliativos a España por su falta de Gobierno y, por ende, de estabilidad. Ya saben las instituciones comunitarias de qué va eso (Bélgica, Grecia,…) y que supone en el corto y medio plazo para la economía nacional y, de paso, para comunitaria. Y aquí nadie se salva.

Los magníficos resultados económicos macro y micro de 2015, los primeros realmente optimistas desde 2018 ¡aleluya! pueden tornarse en preocupantes si la política sigue dando avisos de inestabilidad a su “hermana” la economía ¿exagerado?

Hace muy pocos días el director comercial de una gran empresa proveedora del sector logístico me relataba los buenos resultados de su empresa y del sector en el comienzo de 2016 al hilo de lo acontecido en 2015, pero también me confesaba que sin tener un efecto aún directo e inmediato, si que se percibía ralentización en determinadas decisiones y que los clientes argumentaban para esa dilación la incertidumbre política y gubernamental.

En el mismo sentido publicábamos la semana pasada en nuestra web las declaraciones de uno de los dirigentes del sector del transporte por carretera que hablaba –este sin paliativos- de descenso de actividad en un sector que es reflejo de la actividad del resto.

Y también el mercado de inversión en infraestructuras y naves logísticas refleja una caída nada despreciable del 25 por 100 respecto a 2015, según una de las inmobiliarias especializadas en este segmento.

Todas estas razones y la suma de las que reflejen otros sectores, deberían ser suficientes para que los aspirantes a gobernantes o los que ya lo son, se enteraran y tomarán decidida nota para acabar con este pernicioso intermedio ¿lo hacen? Lo más preocupante es que la opinión general es que no: vamos, que no se enteran de cuál es su papel en todo esto. Pues que pregunten a la logística y el transporte. Con eso bastaría.

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El cada vez más extraño baile de máscaras

La primera noticia de este lunes 4 de abril de 2016, en Cuadernos de Logística, es la publicación de los resultados de la encuesta que hemos realizado entre nuestros lectores sobre el efecto que la falta de Gobierno actual tiene sobre su actividad empresarial. Han pasado 106 días desde las elecciones del 20 de diciembre y nada de nada. Y eso preocupa a empresarios y profesionales ¿o no?

No me han sorprendido en nada los resultados de esa encuesta: a la mayoría del sector logístico le afecta negativamente el “desGobierno”. Es la respuesta obvia, lógica y académica.

La que no es tan académica es que casi un 40 por 100 de los que han opinado –significativo, muy significativo- ha optado por lo que yo llamo una respuesta o un efecto (más bien la falta de él) a “la italiana”, si tenemos en cuenta que, históricamente, los continuos cambios de Gobierno en el país transalpino han producido un statu quo desde los Alpes hasta Sicilia en el que la política y el Gobierno italiano van por una lado y la economía y sus empresas, por otro. Es decir que, en nuestra encuesta a 4 de cada 10  no les afecta, o pretenden que no les afecte, la falta de Gobierno constituyente. Un “dedícate a perder tu tiempo, si quieres: yo no puedo hacerlo con el mío”

Estos muchachos y muchachas de amplia labia y escasa productividad, los nuestros –casta o no-  a los que se les encargo hace más de tres meses hacer una sola cosa sobre la que han mostrado incapacidad manifiesta, se lo están ganando a pulso. Y no es de ahora. Su dolce far niente está produciendo otro, el de quienes, cada vez más, huyan de la res pública, que diría Aristóteles.

Si el papel lo aguanta todo, la política más. Ni contigo ni sin ti. Ni sí ni no, sino todo lo contrario. Hoy eres un sectario y mañana y potencial socio de Gobierno, etcétera, etcétera.

No sé si hay líneas rojas entre unos y otros, lo que sí creo que hay, y les une, es una enorme mancha marrón, informe, cada vez más apestosa.

No es de extrañar por ello, que todo este “baile de máscaras” –en el que nadie es lo que parece- sea cada vez más extraño (ajeno) para todos los demás, que cada vez más se extrañen (destierren) a otras causas y lugares y que ya no sorprenda que más y más –recuerden un 40 por 100- extrañen (rehuyan) la política.

Lo único que sostiene a este Babel y le da cierto predicamento es la inversión pública, las infraestructuras, el BCE y su máquina de hacer dinero: por ahí nos tiene cogidos por donde más duele… que si no.

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Las ferias que usted quiera

Comienza un nuevo año en Europa, desde el punto de vista ferial en logística. Volverá a ser intenso. Apretado. La crisis se cebó con estos escaparates como con el resto de sectores comerciales. No era la tecnología, no, la que los había relegado, encogido, hasta el ridículo en algunos casos. Era la crisis. Y con su fin, como el Ave Fénix, vuelven a renacer, a llenarse de expositores, de oferta y, claro, de visitantes. Bienvenidas. Soy de los que opinan que una feria tiene algo insustituible frente a la Red y sus enormes posibilidades: el contacto o mejor –por si los hologramas y la virtualidad me quitan la razón en breve- el calor humano.

En España, sin salir de nuestro sector, los años paupérrimos intensificaron el siempre socorrido y animado debate de la necesidad de existencia de una o más ferias, o incluso de todas. Aquí siempre hemos sido muy dados a matar al mensajero. En este caso, al mensajero comercial. Pero era un debate con los pies de barro. La admirada Germania de la Cancillera ¡no tiene una, ni dos ferias de logística, oiga, tiene tres! Sí, ya se, la dimensión económica y todo eso. Pero es que aquí se argumentaba que Alemania –entonces- sólo tenía una feria (CeMAT) y trienal. Fin de una discusión.

De existir – a veces creo que es pura falacia- el debate ferial hispano en logística quizás debería estar más en el modelo o modelos posibles y en su utilidad. Si pueden cohabitar, cuál o cuáles son los más adecuados actualmente, que aportan unos y otros e incluso -¿por qué no?- si pueden colaborar (termino en ascenso en logística) y, si me apuran, ser complementarios, como hacen CeMAT y Transport Logistic en Alemania, sin ir más lejos. Aunque esto parezca un puro ejercicio de novela fantástica.

Las ferias son consustanciales al ser humano desde que comenzó a utilizar el trueque como moneda y aún perduran por la misma razón. Tú tienes lo que yo necesito. Yo tengo lo que tú necesitas. Fin de otra discusión.

La cuestión que queda por plantear es únicamente y siempre ha sido así ¿qué feria quieren los asistentes? El cliente siempre tiene la razón, ya saben. Y, si acaso, en una aldea cada vez más global ¿dónde la quieren y cada cuánto la quieren? Si alguien tiene la respuesta, ese será el modelo y nada tendría de particular que fuera bicéfalo o tricéfalo, que a pesar de lo que parezca si cercenamos estas dos palabras inusuales por donde no debemos, no es que dos o tres ferias hagan lo que les salga de la punta ¡del pie! ¿Qué pensaban? Es que tengamos, como en el resto de productos dos, tres -o vaya usted a saber cuántas- ferias de logística.

Bueno, usted sí lo sabrá si es el visitante: tendremos las que usted quiera.

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El oráculo de Moncloa

A pesar de que este año vamos a tener una “hartá” de actividad política y que con ello podríamos estar curados de todos los espantos y huérfanos de cualquier sorpresa, no es así. Y esas sorpresas vienen con frecuencia desde lo más alto y en el tono más superlativo que pueda esperarse.

El presidente del Gobierno ha estado este pasado fin de semana en las jornadas del Círculo de Economía que se celebraban en Sitges y allí ha soltado esta prenda: “si se mantiene esta política económica -la suya- asistiremos al ciclo de recuperación económica más largo conocido”. Ahí es nada.

Ni Madoff, ni Lehman Brothers, ni rescate a la banca, ni hipotecas basura, ni ná.  Yo soy Juan Palomo. Y ni siquiera -que yo sepa- ha necesitado a su primo experto en cambio climático para hacer este vaticinio.

La previsión en cualquier ámbito es uno de los ejercicios más difíciles. Particularmente, en el ámbito empresarial es una tarea crucial y para acercarse a la certidumbre los equipos económicos y directivos de las compañías se nutren -entre otras fuentes- de datos históricos, comportamientos de los mercados, escenarios geopolíticos y opiniones y previsiones en política económica doméstica. Aún así, ni siquiera los conocidos como mayores expertos suelen tener un alto índice de acierto. La crisis de la que estamos saliendo es buena prueba de ello.

Por esto, resulta bastante frívolo que alguien a quien se le supone la responsabilidad y de cuyas palabras se suelen inferir decisiones y previsiones de índole económica muy trascendente, se despache tan a gusto con manifestaciones del todo gratuitas por imposibles de vaticinar. Por más que sea un escenario que todos desearíamos ¡Un poquito de sensatez!

Mejor harían nuestros políticos -todos y de todo color y condición- en ser más conservadores en sus declaraciones a la galería y más progresistas en el análisis de sus propias miserias. De ahí les llegaría la ponderación que les falta y la capacidad para mirar al frente y a los lados y no al ombligo…propio.

Y aquí va el clásico reciente de esta semana: “La quinta mujer” de Henning Mankell (1996). En realidad cualquiera de las doce novelas negras o policiacas de este escritor sueco, tiene todos los ingredientes que uno pueda querer para disfrutar de la lectura, por ejemplo, en las vacaciones veraniegas.

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Ojo con las promesas, que luego hay que cumplirlas

Salvo que uno sea un extraterrestre nativo de Ganímedes que acabe de aterrizar en el Páramo de Masa, a nadie escapa que estamos no en época, sino en año de elecciones, así en plural, o lo que es lo mismo, los elegibles han sacado sus mejores galas prometedoras para acercar el ascua a su sardina, es decir el elector a su papeleta. Y las infraestructuras logísticas son un bocado apetecible para hacer promesas.

Ya sabemos lo que ocurre cuando se construye más de lo necesario a pesar de que la crisis fuera entonces algo no esperado: las afueras de pueblos, villas y ciudades, y los márgenes de carreteras nacionales y autopistas, se llenaron de grandes carteles que anunciaban futuras plataformas logísticas o, en el mejor de los casos, de una pocas vías y luminarias que dejaron para la posteridad multitud de zonas industriales y logísticas fantasma.

El caramelo de la rápida creación de empleos, del desembarco de grandes y medianos operadores en esas plataformas, de la llegada de vehículos y, con ellos, de consumo de combustible, pernoctaciones, restauración, empresas de servicios y, sobre todo, el sarampión de no ser menos que el “vecino”, produjeron el sinsentido de una red logística a todas luces excesiva, desequilibrada en sus nodos e innecesaria que, pese a la bonanza económica, nunca fue porque el mercado no la precisaba. Sin embargo, las promesas fueron hechas y muchos recursos fueron gastados. Las pruebas, como la verdad, siguen ahí fuera.

Ahora tenemos -es un decir- la Estrategia Logística articulada por el Ministerio de Fomento y los recursos no sobran. Eso debería sostener los ánimos a la hora de imitar al desaparecido presidente Suárez, y su archifamoso “puedo prometer y prometo” . Pero no. Políticos de toda clase, rango y condición, empiezan su romería de inauguraciones, muestra de proyectos y promesas guardadas en un cajón para la ocasión. Y para ejemplo, quienes representan a regiones, comarcas o ciudades que no están en esa Estrategia Logística ni en los planes de la UE en cuanto a infraestructuras: nada de conformarse, nada de no empecinarse, y nada de entender, si es el caso, que la Red Transeuropea de Transporte no es de araña y, por lo tanto, no puede pasar por todos lados. Ni por esas. Todos, al olor de las urnas, lo quieren todo.

O al menos  lo prometen. Y a los efectos inmediatos ese es el problema. Los próceres, que hace dos telediarios no tenían ni idea de que era esto, ha encontrado un nuevo elemento fascinador, de nombre fascinador, y que puede traerles buenos réditos, y eso les fascina: la logística.

Pero, ojo con lo que se promete, que luego quizás haya que cumplirlo, aunque sea una nueva infraestructura innecesaria y, por ello, inútil. Rajoy -muy flaca memoria tiene este señor de sus propias promesas incumplidas- se lo recordaba hace poco a Tsipras: “no se puede prometer lo que luego se sabe que no se va a cumplir”. En esos tiene razón. Ojo y mesura con las promesas.

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El peligro de la democracia nos acecha

No tengo más remedio que ser abiertamente positivo. Sí, ya sé que esto vende poco y que me pongo a contracorriente de mis colegas de todo medio y condición. Incluso corro el riesgo de colocarme en las antípodas de lo que quiere usted, lector, y eso si que es arriesgado (las estadísticas nos dicen que nuestras noticias más leídas son las “malas noticias”: cierres, catástrofes y fallecimientos). Pero, lo dicho, no tengo más remedio.

Siempre he pensado que las noticias positivas -que no optimistas, eso sería un juicio de valor- debieran ser tan importantes como las negativas. Tener el mismo espacio y protagonismo ponderado en los medios, aunque reconozco que somos morbosos por naturaleza y nos va la marcha de la “negritud informativa”. Por eso no se da la misma relevancia a unas que a otras. Sin embargo, y es curioso, si uno pregunta a un periodista qué noticia le gustaría dar, todos nos decantamos pos las mismas: el fin de las guerras, del terrorismo, del paro, del hambre, la erradicación de tal o cual enfermedad, etc.

Sea como fuere, voy a  intentar trasladarles mi reflexión positiva. Reconozcamos que el entorno económico ha cambiado de signo. Es obvio. Y empiezan, ya, a monetizarse esos signos optimistas que aparecieron allá por el otoño pasado. Incluso antes. Más aún: si usted navega por nuestra web y se detiene en las noticias de hoy, de la semana pasada o de las anteriores, observará cómo las noticias positivas aparecen casi cada día: crecimiento exponencial del comercio electrónico y sus traslación a la logística (hoy mismo), cifras récord en el ejercicio 2014 para muchas empresas -y no sólo como multinacionales, también en sus resultados de aquí- sectores que crecen de manera decidida tras seis ejercicios de caídas o dificultades, como el inmobiliario logístico, el del transporte por carretera o marítimo, o el de las carretillas elevadoras (creció en 2014 un 20 por 100), y cifras de importaciones y exportaciones que casi se igualan el año pasado (264.000 M€ que compramos fuera, frente a 240.000 M€ que vendemos).

Y todos estos datos, la mayoría referidos o extraídos de los servicios logísticos y de transporte, por su transversalidad, es decir por referirse a otros muchos sectores verticales y de consumo, son un magnífico baremo para tomar el pulso al conjunto de la economía.

¿Y la tendencia? Pues igualmente positiva. Hasta los economistas más recalcitrantes ven ya la botella algo más que medio llena. No todos, eso sí. Aunque quizás esto sea lo menos relevante dada su histórica incapacidad para la predicción. En todo caso 2015 será un buen año, según todos los indicios. Y si no ¿qué hacen ahora los bancos llamando a nuestras puertas para ofrecernos créditos?

Pero hasta lo más positivo tiene un pero: la democracia. Que nadie se me remueva de la silla. La democracia tiene su máxima expresión en las urnas. Es lo que, realmente, le da su máxima expresión. El problema es que en algunos países -ay, como este- años como el presente convierten a la expresión popular en poco menos que eventos consuetudinarios -que diría Machado- repetidos hasta la saciedad, cuando deberían ser todo lo contrario.

Y eso es lo que puede modificar el telón positivo que ahora nos acompaña. Me refiero no a la democracia si no a los demócratas ejercientes como políticos, que ahora desempolvarán las inversiones oportuna y quizás arriesgadamente -gastando más de lo que tienen- y prometerán y prometerán lo que luego serán incapaces de cumplir. Riesgos que pueden comprometer el despegue.

Pero no tengo más remedio que ser positivo y, también, admirar cada vez más a los belgas ¿Saben por qué? Pista: no es por la cerveza.

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¡Rafa! no me jodas

Acababa 2014 con un panorama alentador. Todo controlado. El consumo repunta y celebramos las mejores navidades de compras de los últimos años. El paro comienza a descender. Las previsiones internas, y sobre todo externas, para el PIB y el crecimiento de nuestra economía son, cuando menos, alentadoras.

La actividad logística y del transporte, reflejo como pocas del estado de salud macro, pero más aún microeconómico, empiezan a oxigenarse sin respiración asistida. El mercado de carretillas elevadoras, crece, las toneladas-kilómetro en transporte por carretera, también. Se empiezan a desempolvar algunos proyectos inmobiliarios de nuevas plataformas y naves logísticas y, me dicen, que van a llegar más promotores a este mercado, señal de que crece su potencial. La prima de riesgo baja y la confianza sube.

Pero ¡ay! este partido no dura 90 minutos. Mucho más. En realidad está en prórroga indefinida. Y pese a los oficios del árbitro de Bruselas, siempre hay algún bárbaro que se salta el reglamento y las leyes de la convivencia pacífica, detiene el juego y nos aterra más allá de Charlie. O en un tono por fortuna pacífico, siempre hay alguien en el banquillo dispuesto a saltar al césped a demostrar que a este juego se puede jugar de otra manera, lo que desestabiliza al árbitro, a los jueces de línea y al resto de los jugadores. El marcador ya no es tan favorable.

Si la logística es cada vez más global, la economía lo es desde hace mucho. Un escenario de competencias y competición voraz, donde un japonés se ata mal las botas en su vestuario nipón -siguiendo con la misma metáfora- y cambia el resultado de un encuentro en la Francia de Hollande, o donde el cambio de camiseta del equipo griego obliga al combinado español a volver a bregar contra el resultado en contra. Ahora que íbamos ganando y estaba todo tranquilo nos han pitado un penalti y quién sabe si también expulsión: ¡Rafa! no me jodas.

Pero así es el fútbol. Y la economía global, también. No hay dos partidos iguales. No hay temporada tranquila. Nada está escrito. Sólo falta saber si los nuevos jugadores acatarán las reglas y si seguiremos jugando a lo mismo o a otra cosa. Y si es así ¿a cuál?

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2015 acaba en cinco

Traspasado el peculiar periodo navideño, mezcla de encanto festivo, consumo y negocio, un cuando en el que la logística es cada vez más clave, volvemos a la realidad más prosaica y nos enfrentamos de lleno a un 2015 que en el escenario doméstico-económico se presenta muy prometedor.

Aupado por los resultados mejorados de 2014 (sobre todo en su segunda mitad), por el despegue del consumo y por augurios cimentados en las cifras al alza del PIB, contratación laboral, prima de riesgo, etc., los más optimistas se sumarán al análisis gubernamental, rotundamente positivo, y aún augurarán un escenario aún mejor al pronosticado por Rajoy, de Guindos o Bañez; los más pesimistas enarbolarán la oscura bandera del escenario global, los extremismos de Podemos o Syriza, el precio del crudo por los suelos, la debilidad de la UE y entenderán ese análisis como una cortina de humo volátil y electoralista; y los más ponderados reconocerán las cifras como alentadoras, viniendo de donde venimos, aunque aún débiles para esbozar una clara sonrisa. De todo habrá.

Lo cierto es que en el panorama logístico, el horizonte inmediato tiene tintes más optimistas que lo contrario, si atendemos a las cifras y a la opinión de los directamente implicados, tanto clientes como proveedores. Los índices de ventas, de solicitudes de oferta, de alquileres y de proyectos, en carretillas elevadoras, almacenes o equipamiento, han cerrado 2014 con números desconocidos desde hace años; el comercio electrónico no parece tener límite de crecimiento, por ahora, y su actividad se refleja en la práctica totalidad de la cadena de suministros; y hasta el transporte por carretera acabó 2014 con la indisimulada sonrisa de su órdago ganado al Gobierno en la pugna por la devolución del “céntimo sanitario”.

Por lo tanto, hay razones para no deprimirse en exceso, aunque no conviene olvidar que hay sombras entre las luces y que hace ocho años estos mismo índices y resultados nos hubieran parecido poco más que ridículos y, desde luego, nadie los hubiera pronosticado.

Por cierto, un experto economista internacional viene a decir que los pronósticos económicos solo sirven para hacer más creíble la astrología. Es decir que los que saben, realmente, no saben lo que va a pasar.

Con estos mimbres, lo único veraz es que habrá que trabajar y mucho, que aquí arranca 2015, y que podrá ser un año Jekyll o Hyde, la “niña bonita” o hacer honor a su último dígito, con perdón.

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Gargantúas y Pantagrueles

Creo que ya he contado que, en mi bachiller, la lengua extranjera que se estudiaba era el francés. Recuerdo una profesora, la señorita Peiró, dura como el acero, inasequible a las concesiones que, finalmente, me hizo aprender la lengua de Moliére y admirar a los clásicos de la literatura gala. Uno de esos escritores fue Rabelais (siglo XVI) quien escribió, entre sus muchas obras, un cuento de dos gigantes, a modo de fábula. Dos enormes, vulgares y groseros, padre e hijo, Gargantúa y Pantagruel, que dieron al escritor para cinco novelas, y cuya mayor seña de identidad era su glotonería sin medida.

Estos días, conocido el acuerdo entre otros dos gigantes, Correos y Amazon, que aprovecharán la enorme capilaridad de la red de 2.400 oficinas postales españolas, como centros de recogida para las compras on-line en la empresa norteamericana, he recordado a los dos enormes “devoralotodo” de Rabelais y con ello un adjetivo casi en desuso, debido al vástago de Gartgantúa, que describe la glotonería superlativa: pantagruélico.

Como esa glotonería de los personajes del literato francés,  la economía libre de mercado tiene una de sus señas de identidad en la concentración, un eufemismo para referir la compra, absorción o fusión de empresas para controlar o tener predominio en un mercado concreto. Mientras eso ha ido ocurriendo y cada vez más -creando una estirpe de gigantes que hemos llamado multinacionales- las leyes mercantiles nos han engañado procurando demostrar que en ese mismo tapiz de economía libre de mercado el monopolio es una ilegalidad indeseable, aunque sea real y universal.

Aún más. Nos empeñamos en cantar las bondades de los más pequeños, ponderando la calidad de lo que producen o proponen, cuando una y otra vez se terminan “integrando” -otro eufemismo- en estructuras más y más grandes, precisamente las que han reducido el mundo a una aldea global de la que -eso sí- todos queremos ser partícipes. No seamos mojigatos. El mundo comercial es de los modernos Gargatúa y Pantagruel y no hay por qué despreciar el modelo del que -casi- todos participamos.

Volviendo a Correos y Amazon, la multinacional norteamericana de la venta on-line, tuvo hace años, en sus primera navidades, una indigestión severa que a punto estuvo de mandarla al otro barrio de muerte por éxito. Desde entonces sus comilonas son igualmente pantagruélicas, pero mastica mejor y digiere en consecuencia, con un estómago que parece no tener fin. Este acuerdo es una prueba más.

Crean o no crean en cuentos, les gusten o no las novelas del XVI, sean monárquicos o republicanos del juguete (Reyes Magos/Papa Nöel): ¡Feliz 2015!…y hasta entonces.

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