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Lo ha dicho la tele

Aunque otros medios intenten hacerle la competencia, especialmente Internet, con el que –por cierto- ha hecho bueno el axioma de que “si no puedes vencerlo únete a él”, la televisión mantiene su protagonismo casi intacto y todo lo que destila del canal catódico sigue fascinando y proporcionado una visibilidad difícil de igualar. Y ello pese a esa condición no escrita, pero compartida, de que todo lo que sale por la tele está muy “cocinado”, por no decir, directamente, que no es la quintaesencia de la veracidad.

Inicialmente, comparto esa condición de “artificial” que ya comentaban mis profesores de Facultad de CC. de la Información. Nada es espontáneo en televisión: nada se deja al albur, ni siquiera los “directos”.

La semana pasada, una empresa de logística (Palibex) fue protagonista de ese medio a través del programa “El Jefe Infiltrado” de la Sexta, como ya publicamos en nuestro anterior boletín.

En un programa como este, tan complejo, la “cocción” ya no es una condición, es la condición. Tanto, me decía su protagonista el mismo día de la emisión, que la proporción entre el material rodado y el emitido es de 60 a 1. Y también me comentaba que hubo situaciones de verdadera sorpresa –incluso para él- con lo que puede que haya excepciones en esa creencia generalizada de falta de espontaneidad. Personalmente, me sigue pareciendo increíble que nadie le reconociera, aunque fuera del contexto profesional todos parecemos diferentes.

No voy a entrar de lleno en el contenido del programa, que es lo que es, aunque la productora y sus guionistas cometieron un par de errores. Y mucho menos en su epílogo, muy sentimental, que busca, indudablemente, la empatía lacrimógena. No es el único formato que lo hace. Lo que me pregunto, inevitablemente, es qué efecto habrá producido en los potenciales clientes de esta marca (la visibilidad del nombre parece indudable) y, también, que efecto en aquellos que no tienen una idea clara de lo que es la logística o la distribución de palés. Por mi conocimiento y profesión no puedo olvidar lo que sé. No sirvo para este caso. Pero creo que sería interesante conocer qué vieron los que no saben nada o casi nada de logística.

Paradójicamente, pese a esa “cocina”, hace algunos años, y no demasiados, cuando aún no había surgido con toda su fuerza y omnipresencia el fenómeno de Internet, las verdades absolutas, lo fueran o no, surgían de la “caja tonta” y era muy frecuente escuchar “lo ha dicho la tele” para refrendar una opinión como veraz, al tiempo que se atribuía carácter y voluntad al medio inane. No sé qué queda de aquello. Imagino que muy poco. Y, de nuevo, sería bueno saberlo.

Lo seria porque la logística adolece de transparencia y visibilidad social, e iniciativas como esta de Palibex pueden haber sido, o no -dependerá de la credibilidad que aún atesore el medio TV- una oportunidad para que se sepa qué hacen quienes trabajan en logística, en qué consiste su trabajo y, sobre todo, qué importancia social tiene.

Si fuera así, si hubiera cumplido ese objetivo o valor añadido, sería magnífico ¿No creen?

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La parte contratante de la primera parte

Que para decir algo no sólo hace falta hablar y que las palabras no siempre incluyen un contenido, lo ha vuelto a poner de manifiesto el XV Foro Nacional del Transporte de AECOC, celebrado la pasada semana en Madrid. Y no por voluntad de sus organizadores, a los que hay que reconocer la capacidad de convocatoria. Más bien por la voluntad (o la falta de ella, y casi cabría decir que de interés) de quienes, se supone, representan a todo el colectivo del transporte y la logística, en este caso de la secretaria general de Transportes del Ministerio de Fomento, Carmen Librero, encargada de la inauguración oficial del evento.

Resumir el contenido de la intervención de la sra. Librero es tan simple como sonrojante. Simple porque no dijo nada, absolutamente nada. Sonrojante, porque se espera que alguien de su rango, ante una más que nutrida y relevante representación del sector de la logística y el transporte, diga, aporte, revele, anuncie, analice, concluya, afirme o niegue, algo importante. Y se espera así, porque esa es su labor y su responsabilidad. Y por ella cobra. Y se espera que sea así, porque si no lo hace ante este foro, ya me dirán ustedes. Y todavía más. Se espera que sea así en un año electoral, de balances y promesas.

Pero no. En su breve intervención, la secretaria general de Transportes recitó lo obvio, cifras ya sabidas y repetidas hasta la extenuación, y cuando parecía que por fin iba a regalarnos un titular al respecto del debate sobre la capacidad de carga, se limitó a expresiones como “estamos trabajando intensamente” -¿eso es novedad u obligación?- o “avanzado una propuesta de modificación” que es tanto como decir la “parte contratante de la primera parte”, pero sin la gracia de los hermanos Marx.

Y aun nos regaló dos guindas, aunque más bien amargas. La primera, al confundir en su intervención dos colectivos del sector -y no es la primera vez-, la segunda al contestar con una pregunta a otra de un informador en lo que más parecía una reprimenda. Así son nuestros políticos.

Con estas intervenciones, con sus tibias respuestas a propuestas como la de SEOPAN sobre el peaje en autovías, con su mirar para otro lado en el asunto de la “devolución del céntimo sanitario”, con su discurso sobre la Estrategia Logística y la importancia de las mercancías, que luego sin embargo no tiene reflejo en los Presupuestos Generales ni continuidad, el Ministerio de Fomento y sus altos cargos demuestran una exasperante falta de sintonía y, sobre todo, una imperdonable e irrespetuosa actitud hacia los que se deben y les escuchan atentamente. Claro que el hábito no hace al monje, ni el cargo a la carga.

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Abdicación

Muchos no habíamos usado el término abdicación desde nuestra época del Bachillerato porque sólo estaba en los libros. Sin embargo, hace unos pocos años, algunos monarcas europeos continentales decidieron tomar ese camino y ceder su jefatura del Estado.

Desde entonces el uso del término se ha “popularizado” -incluso utilizándolo, equívocamente, para la renuncia del Papá Benedicto XVI- por lo que ya a nadie ha extrañado al pronunciarse con motivo de la cesión real de Juan Carlos I en favor de su hijo, ahora Felipe VI. La última acepción -casualmente coincidente con la fecha regia- la de la debacle de “La Roja” en Brasil que, según comentaristas televisivos y periodistas deportivos, ha “abdicado” con su pobre juego y sus derrotas de su cetro futbolístico mundial, aunque aún no se sepa en favor de qué sucesor. Pues aprovechemos el tirón abdicador.

Se calcula que actualmente existen unos 1.000 millones de webs en todo el mundo con unas 8.700 millones de páginas…pero que más del 70 por 100 de ellas están sin actualizar. Esa falta de actualización es demoledora, sobre todo, para las empresas. Información anticuada o en desuso, imagen superada, contactos, teléfonos, emails que no llevan a ninguna parte porque hace mucho que fueron cambiados o borrados, catálogos sin renovación desde hace años, noticias redactadas y fechadas varios años atrás ¿Cuántas veces se ha encontrado con esto en sus búsquedas en la red? ¿Y qué efecto le ha producido? ¿Ha vuelto a esa página? ¿Ha intentado contactar con esa empresa después de ello?

La era digital, la conectividad a través de la red de redes, Internet en toda su magnitud, no es el futuro, ni siquiera es absolutamente el presente, comienza ser casi el pasado. Y tan importante e imprescindible como estar ahí, es estarlo -para las empresas y profesionales- con el uso apropiado, como el escaparate universal que es. Las compañías que no están y las que no actualizan los contenidos de la web abdican de sus privilegios y oportunidades, estableciendo entre ellas y sus clientes o mercado potencial una fractura insalvable. Utilizando un eufemismo regio “ni están ni se les espera”, porque nadie lo va hacer. En un mundo de enorme voracidad comercial, el competidor que si está y/o sí actualiza su web pasa a ocupar inmediatamente, y quizás para siempre, nuestra posición.

Si la publicidad en sus distintos formatos es el primer grifo que se cierra cuando las empresas aplican otro eufemismo, “hacer economías” (para después caer en cuenta, a veces demasiado tarde, que “desaparecer” es un error capital), la ausencia de desarrollo de una página web y, sobre todo, su escaso mantenimiento, no le van a la zaga en el pódium de la malas decisiones empresariales.

Quizás el primer error es concebir una web demasiado grande y compleja, con demasiadas páginas y variables, cuya actualización exige unos recursos desproporcionados para el tamaño, actividad y volumen comercial…y con demasiados contenidos (noticiarios sectoriales, juegos, galerías de imágenes, enlaces relacionados, etc.) ajenos a la actividad concreta de la compañía que se trate o muy alejados del concepto de escaparate y promoción comercial de productos o servicios, objetivo primordial y casi único de cualquier web empresarial.

Hoy no hay otro canal más irrenunciable que el digital. Quien no lo asuma así, que vaya haciendo las maletas. Y no actualizar su web es el primer paso para sacar billete a ninguna parte.

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Ir pa ná

Bufones, payasos, cómicos y humoristas han tenido la habilidad y el gracejo -que diría un castizo-, para decir lo que otros callan, para señalar lo que otros saben y no dicen por aquello de las formas, la educación y el protocolo. Ha sido así desde la Edad Media (al menos) hasta nuestra época mediática. Va siendo hora de hacerles la competencia…en serio.

Es habitual -y deseable- que en reuniones profesionales más o menos multitudinarias, forme parte del programa la presencia de “la autoridad”, el cargo de turno más oportuno, y de mayor jerarquía a ser posible, emparentado con el tema que se trate. Eso también ha sido así desde siempre.

Los organizadores de la reunión o evento, buscan esa presencia oficial con la que dotar a la convocatoria de mayor ¿nivel? y desde luego relevancia, atención mediática y, probablemente más asistentes. La pregunta es ¿para qué?

Entiendo porque es lo exigible, que la ministra, el secretario de Estado o el director general de tal o cual departamento ministerial, estén cerca de los profesionales, empresarios y medios de comunicación que más les atañen en su desempeño. Entiendo que comparezcan en esos foros de reunión profesional para anunciar o compartir algo. Y entendería que aprovecharan esa circunstancia para departir con el sector, en nuestro caso el logístico, para saber, compartir, conocer, escuchar, aprender en suma, qué se cuece, en el contacto con unos y otros. Pero esto es lo que nunca -o casi nunca- ocurre.

La autoridad de turno llega  a la hora que determina “su” agenda, no la del evento, lo que suele traer una migraña descomunal a los organizadores; pasa por encima de lo programado, interrumpiendo ponencias, cercenando debates, modificando horarios, etc.; y sale pitando llevada en volandas por su séquito. Antes, eso sí, se ha subido al púlpito para dar una clase magistral de cómo no decir nada de nada. Y eso es así, reconózcanlo conmigo, 99 veces de cada 100.

Y para prueba una muy cercana. El evento,  el Foro del Transporte de AECOC de la pasada semana (26 de marzo). La autoridad, el secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, Rafael Catalá. Los hechos, que tuvo de cabeza a los organizadores al cambiar en el último momento la hora de su intervención; que mutiló una de las intervenciones que se quedó sin debate; y que repitió exactamente lo que ya había dicho hace cuatro meses que, a su vez era lo mismo, que dijo la ministra Pastor meses antes.

Olvidan los cargos públicos y autoridades que están ahí puestos por los ciudadanos para desempeñar un trabajo y que parte de ese trabajo es informar de lo que saben, proponer lo que defienden y articular soluciones a los problemas. Transitar por un territorio exclusivo, ajeno a lo que les rodea, no es parte de ese trabajo.

Sólo unas pocas excepciones, unos pocos eventos, han decidido “pasar” de la autoridad y sus alharacas. Visto lo visto y oído lo oído, no es mala decisión. Si hay que ir se va, se escucha, se habla, se participa, pero “ir pa ná” ya dijo el cómico lo que es.

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