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Por si acaso, chubasquero y bronceador

Ante el entorno económico en el que ahora nos movemos, podemos ser radicalmente optimistas: la crisis se acabó y ¡España va bien! muy bien; o podemos hacer eso que forma parte de nuestra idiosincrasia hispana, ser derrotistas y no creer nada de lo que dicen las estadísticas: es todo un espejismo y ¡España va mal! muy mal. Les voy a plantear otra visión.

Hace unos días, en unos de los eventos que organizamos periódicamente, con directivos del más alto nivel de responsabilidad, tuve ocasión de escuchar y compartir un análisis que me parece de lo más certero sobre la situación actual, que justifica y explica sobradamente lo que ocurre, el buen momento, pero que pone también en énfasis y reclama la atención sobre un horizonte potencialmente inseguro.

Vivimos una suerte de tormenta económicamente perfecta, en la que se han conjugado una serie de elementos para regalarnos una situación “meteorológica” de la que no somos del todo responsables. El primero de esos elementos es  el final de la crisis (si algo tienen estas épocas flacas es que siempre se acaban, es lo único seguro), que por su longitud y crudeza exige ahora la renovación de suministros y equipamientos, el aumento de actividad y crecimiento de plantillas para dar respuesta a un escenario de crecimiento. Además, ello es posible en condiciones favorables para las empresas, pues la época pasada ha traído consigo una reducción de salarios y de las condiciones de despido.

Igualmente, el dinero –el crédito- está barato y las entidades financieras empujan y llaman a nuestra puerta para concedérnoslo: necesitan vender mucho crédito para sacar algo de rédito. De nuevo en el terreno de los costes, el petróleo se ha abaratado considerablemente, lo que es una buena noticia en sí misma, además de influir en el precio de casi todos los bienes y servicios.

Y, por si fuera poco, España es un país atractivo y seguro, lo que atrae a capitales y turistas. No tenemos especiales problemas de seguridad ni –por ahora- un “Brexit” o una rotura de las reglas, en el horizonte más inmediato. Ni tampoco nos penaliza ahora mismo (incluso el FMI lo ha reconocido) el tener un Gobierno en funciones desde hace casi un año. Todo lo que podía salir bien, ha salido bien.

Pero… claro, la pregunta del millón es si esta tormenta se tornará en borrasca pertinaz y podremos seguir disfrutando del momento; si gracias al chaparrón se crearán condiciones para que todo esto no sea un aguacero pasajero, sino algo tan permanente como permitan los ciclos económicos; o si, como tormenta que es, escampará, dejará de llover y tronar y saldrá un Sol radiante que nos frene en seco.

El escenario es para disfrutar y si los economistas no son capaces de profetizar un cambio económico, salvo cuando ha sucedido, no lo voy a hacer yo ¿Qué pasará a continuación? Pocos pueden asegurarlo, lo más desearlo o intuirlo.

Por si acaso, yo que ustedes tendría a mano tanto el paraguas como la crema bronceadora… por lo que pueda pasar.

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Es que no se enteran

Bruselas ha reprendido sin paliativos a España por su falta de Gobierno y, por ende, de estabilidad. Ya saben las instituciones comunitarias de qué va eso (Bélgica, Grecia,…) y que supone en el corto y medio plazo para la economía nacional y, de paso, para comunitaria. Y aquí nadie se salva.

Los magníficos resultados económicos macro y micro de 2015, los primeros realmente optimistas desde 2018 ¡aleluya! pueden tornarse en preocupantes si la política sigue dando avisos de inestabilidad a su “hermana” la economía ¿exagerado?

Hace muy pocos días el director comercial de una gran empresa proveedora del sector logístico me relataba los buenos resultados de su empresa y del sector en el comienzo de 2016 al hilo de lo acontecido en 2015, pero también me confesaba que sin tener un efecto aún directo e inmediato, si que se percibía ralentización en determinadas decisiones y que los clientes argumentaban para esa dilación la incertidumbre política y gubernamental.

En el mismo sentido publicábamos la semana pasada en nuestra web las declaraciones de uno de los dirigentes del sector del transporte por carretera que hablaba –este sin paliativos- de descenso de actividad en un sector que es reflejo de la actividad del resto.

Y también el mercado de inversión en infraestructuras y naves logísticas refleja una caída nada despreciable del 25 por 100 respecto a 2015, según una de las inmobiliarias especializadas en este segmento.

Todas estas razones y la suma de las que reflejen otros sectores, deberían ser suficientes para que los aspirantes a gobernantes o los que ya lo son, se enteraran y tomarán decidida nota para acabar con este pernicioso intermedio ¿lo hacen? Lo más preocupante es que la opinión general es que no: vamos, que no se enteran de cuál es su papel en todo esto. Pues que pregunten a la logística y el transporte. Con eso bastaría.

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Iker se va; Florentino se queda

Sea usted aficionado al fútbol o no; sea usted merengue o culé; seguidor del Atletí, del Valencia, del Sevilla o de la Ponferradina; le guste el deporte o el sedentarismo, seguro que no ha podido sustraerse a la noticia (un culebrón) de la marcha de Iker Casillas al Oporto. El portero del R. Madrid, tras 25 años vistiendo la camiseta de la “casa blanca” en todas las categorías del club, cambia de empresa.

Son muchas las voces populares y periodísticas que han estado en desacuerdo con lo que se interpreta como otra decisión personal del presidente del Club, el poderoso empresario de la construcción Florentino Pérez. Puede que sea un error (y no sería el primero) o puede que no.

Por un lado, los futbolistas de élite no pueden evitar el divismo, y gestionar a un grupo de jóvenes con escasa formación -casi siempre-, con los bolsillos repletos y que desarrollan su profesión en calzoncillos, no debe ser nada fácil. Por otro, a un “ser especial” como alguien calificó a F. Pérez, un exterraqueo que se pasa buena parte de su vida fichando estrellas en otra galaxia, tampoco le debe ser fácil comportarse como el resto de mortales.

Trabajé hace años en una multinacional –enorme- que también tenía su Florentino Pérez, un director general poderoso, afamado y hábil para los grandes negocios, y también personalista, radical y maniático con aquellos que “no le gustaban”, no su desempeño, sólo ellos o ellas. Lo que hizo con la compañía –como la marcha de Iker- tiene difícil explicación. Cercenó algunas carreras profesionales prometedoras; deshizo un conjunto de ideales; masacró una brillante masa gris, quizás irrepetible en un mismo tiempo y espacio, y redujo casi a polvo una marca poderosa…y todo sabemos lo que cuesta llegar hasta ahí.

La gestión de las personas, tanto en las empresas industriales como en las de servicios, es el gran reto, casi el único. Trasladar unos valores, los de la compañía, a todo el conjunto de trabajadores, mantenerlos en el tiempo, recompensar adecuadamente, y tener como vara de medir el desempeño y la implicación, y no la empatía personal, es la única receta posible. Sin esa “poción mágica” no hay producto o idea que valga, funcionará quizás un tiempo, pero nada más.

En el próximo número de Cuadernos de Logística publicaremos un interesante artículo que, precisamente, pone el foco en las personas como clave del éxito. No hay otra y creo que nadie es capaz de estar en desacuerdo con ello. Lo lamentable es, sin embargo, que quienes están dotados y han sido elegidos para dirigir y mandar, desarrollen con frecuencia vicios de “mandamás”, trazas de irracionalidad, raptos de iluminación divina, que tiran por tierra lo construido y reducen al trabajador, ya sea un peón o un directivo, un utilero o el mejor cancerbero del mundo, a la mínima expresión de autoestima, amén de “descapitalizar” el mayor valor de una empresa y lo único que no se puede clonar o copiar: su plantilla.

Todos de acuerdo…en teoría, porque por más que la conozcamos, no dejamos de repetir la Historia y la mala gestión del personal siga siendo algo habitual. Iker se va; Florentino se queda.

El clásico para leer -como tantos, llevado al cine con fortuna discutible- es “1984” de George Orwell, una fábula escrita a finales de los años 40 del siglo XX, que cada vez parece más cotidiana.

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Taxistas, limpiadoras de colegio y repartidores

Primero fueron los conductores particulares metidos a taxistas o transportistas urbanos a través de la aplicación Uber; luego las mamás agrupadas en cooperativas para limpiar el colegio de sus nenes (una sugerencia de la nueva alcaldesa de Madrid) y ahora Amazon pretende que usted o yo –si queremos- al menos en los Estados Unidos, hagamos de repartidores de sus envíos si nos pilla “de paso”, según ha publicado The Wall Street Journal.

Por una lado, los que tienen una visión de la sociedad basada en la autogestión (que para mí siempre ha sido aprovecharse de lo que los demás ya han hecho antes sin “pasar por caja”) están frotándose las manos: yo, mi, me, conmigo. Por otro, los que si no se han manifestado deberían hacerlo, son los operadores logísticos y los prestatarios de servicios de transporte y, especialmente, los de e-commerce.

Que el mayor negocio mundial de este tipo, proponga al particular como su repartidor, deja en muy mal lugar a todos esos prestatarios de servicios logísticos que no dejan de invertir, sin un horizonte seguro, en soluciones para entregar a cada vez más barato y cada vez más rápido. Nada de hoy para dentro de una semana, ni de 48 horas, ni de hoy para mañana: de hoy para ahoritita mismo, que diría un mexicano.

Aún más, hay quienes desde el propio sector de los operadores –nuevos negocios- afirman que      los precios que el comercio electrónico estará dispuesto a pagar por el transporte serán más bajos y que quienes mejor se adapten a este contexto y ofrezcan servicios de gran valor añadido lograrán una ventaja competitiva…si están vivos, claro.

Me froto los ojos y aún no salgo de mi asombro: precios bajos y gran valor añadido para llevarse el mayor trozo del pastel. A mí no me salen las cuentas salvo en un entorno miserable en todos los aspectos.

Creo que los operadores de comercio electrónico se equivocan. Lo de dar “duros a peseta” es más viejo que la tos y nunca funciona. Mucho menos sustituir el trabajo de unos (Excelentísima sra. Carmena) por el ciudadano de a pie. Como experimento de medida contenida, la “República de Marinaleda” está bien, pero nada más.

El proyecto de Amazon tiene hasta nombre, On My Way, y suena a canción de Sinatra, aunque aquella hablaba de un final y el proyecto de Amazon de un principio por el que ¡cómo no! lo que pretende es ahorrar costes, aunque remunerando al usuario-repartidor. El titular de la noticia del rotativo norteamericano, “Después de los drones: Tú”, me recuerda a los carteles de la II Guerra Mundial en las que el “Tío Sam” señalaba con el dedo índice a sus compatriotas  para que se alistaran.

Gasolineras sin personal, cajeros bancarios automáticos, autoservicios de alimentación, cajas de autopago en cada vez más establecimientos, muebles en kit…así las cosas, la idea de Amazon, en realidad, solo se apunta a una tendencia que ya casi es costumbre y que, eso sí, deja, injustamente en mi opinión, la eficacia de los operadores logísticos a la altura del betún. Sin contar otras “aristas”, como las entregas fallidas o la responsabilidad de esos repartidores “advenedizos” sobre las entregas ¿Y dónde queda el servicio?

El clásico moderno de esta semana es para amantes del terror sobrenatural: “La Profecía”, de David Seltzer (1976). Se da la circunstancia de que el autor fue el guionista de la primera versión cinematográfica, lo que la hace bastante fiel al original.

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Un apretón de manos vale más que mil catálogos

La costumbre, el clima y la idiosincrasia de los pueblos condicionan y determinan sus relaciones sociales, el marco en el que se desarrollan, sus reglas no escritas y el cauce por el que fluyen.  En nuestro caso –el español-, esas relaciones son de cercanía, de entorno próximo, casi rurales. Un escenario que, pese a la comunicación global, sigue siendo aldeano, lo que lejos de ser peyorativo, es un valor social y un determinante comercial.

Triunfaron, por jemplo, los modelos de grandes superficies e hipermercados, pero no por ello desapareció por completo el tejido comercial de “barrio” ni su componente de nexo de relación interpersonal, que ahora parece tener una “segunda juventud” en determinados nichos, favorecida por la tendencia hacia una vida más sana y tradicional.

Y si eso ocurre a escala de consumo, otro tanto sucede con los bienes de inversión y un ejemplo claro es la venta, distribución y alquiler de carretillas elevadoras.

El mercado español –y prácticamente el mundial- se concentra en una decena de fabricantes y sus marcas o poco más. Potentes multinacionales europeas, asiáticas y norteamericanas, que utilizan ese tamaño y condición para un I+D+i constante que trasladan al mercado y sus necesidades.

Ese rasgo de multinacional global no impide ni significa, sin embargo, que no deban llegar al comprador nacional a través de organizaciones capilares cercanas al potencial cliente, bien desde sus redes propias, bien desde distribuidores/comercializadores exclusivistas o multimarca que representan, exactamente, el mismo papel que esa tienda de barrio a la que aludía al principio.

Al menos en este rincón de Europa que es el nuestro, aún queremos comprar o alquilar a Luis, a Pepe o a Paloma; que sí, que representan a una gran marca, a una empresa que dispone de la mejor gama de equipos de manipulación y el mejor servicio post-venta , etc. pero su cara, su voz, su confianza, su apretón de manos, significa tanto como la mejor tecnología aplicada a una carretilla elevadora y muchas veces tiene más valor intrínseco. Y quizás también por eso, estos productos los venden y los compran finalmente las personas y no las máquinas, aunque esas –Internet, aplicaciones de gestión- auxilien cada vez más en la tarea.

Ese espíritu de relación personal tan arraigado en la costumbre, es el que soporta precisamente el Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras cuya II edición celebramos el próximo jueves 18 de junio. Si quiere participar de ese entorno de conocimiento y relación, de caras y apretones de manos, aún está a tiempo: puede dirigirse a los teléfonos 91 388 47 77 (Maribel) y 91 676 82 62 (Elena) o remitir un email a:info@cdecomunicacion.es

Y no me olvido de la recomendación literaria de un clásico: Moby Dyck (1851) de Hermann Melville, una novela profunda y aterradora a la que el cine –como a otros tantos títulos- no le ha hecho precisamente un favor.

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El peligro de la democracia nos acecha

No tengo más remedio que ser abiertamente positivo. Sí, ya sé que esto vende poco y que me pongo a contracorriente de mis colegas de todo medio y condición. Incluso corro el riesgo de colocarme en las antípodas de lo que quiere usted, lector, y eso si que es arriesgado (las estadísticas nos dicen que nuestras noticias más leídas son las “malas noticias”: cierres, catástrofes y fallecimientos). Pero, lo dicho, no tengo más remedio.

Siempre he pensado que las noticias positivas -que no optimistas, eso sería un juicio de valor- debieran ser tan importantes como las negativas. Tener el mismo espacio y protagonismo ponderado en los medios, aunque reconozco que somos morbosos por naturaleza y nos va la marcha de la “negritud informativa”. Por eso no se da la misma relevancia a unas que a otras. Sin embargo, y es curioso, si uno pregunta a un periodista qué noticia le gustaría dar, todos nos decantamos pos las mismas: el fin de las guerras, del terrorismo, del paro, del hambre, la erradicación de tal o cual enfermedad, etc.

Sea como fuere, voy a  intentar trasladarles mi reflexión positiva. Reconozcamos que el entorno económico ha cambiado de signo. Es obvio. Y empiezan, ya, a monetizarse esos signos optimistas que aparecieron allá por el otoño pasado. Incluso antes. Más aún: si usted navega por nuestra web y se detiene en las noticias de hoy, de la semana pasada o de las anteriores, observará cómo las noticias positivas aparecen casi cada día: crecimiento exponencial del comercio electrónico y sus traslación a la logística (hoy mismo), cifras récord en el ejercicio 2014 para muchas empresas -y no sólo como multinacionales, también en sus resultados de aquí- sectores que crecen de manera decidida tras seis ejercicios de caídas o dificultades, como el inmobiliario logístico, el del transporte por carretera o marítimo, o el de las carretillas elevadoras (creció en 2014 un 20 por 100), y cifras de importaciones y exportaciones que casi se igualan el año pasado (264.000 M€ que compramos fuera, frente a 240.000 M€ que vendemos).

Y todos estos datos, la mayoría referidos o extraídos de los servicios logísticos y de transporte, por su transversalidad, es decir por referirse a otros muchos sectores verticales y de consumo, son un magnífico baremo para tomar el pulso al conjunto de la economía.

¿Y la tendencia? Pues igualmente positiva. Hasta los economistas más recalcitrantes ven ya la botella algo más que medio llena. No todos, eso sí. Aunque quizás esto sea lo menos relevante dada su histórica incapacidad para la predicción. En todo caso 2015 será un buen año, según todos los indicios. Y si no ¿qué hacen ahora los bancos llamando a nuestras puertas para ofrecernos créditos?

Pero hasta lo más positivo tiene un pero: la democracia. Que nadie se me remueva de la silla. La democracia tiene su máxima expresión en las urnas. Es lo que, realmente, le da su máxima expresión. El problema es que en algunos países -ay, como este- años como el presente convierten a la expresión popular en poco menos que eventos consuetudinarios -que diría Machado- repetidos hasta la saciedad, cuando deberían ser todo lo contrario.

Y eso es lo que puede modificar el telón positivo que ahora nos acompaña. Me refiero no a la democracia si no a los demócratas ejercientes como políticos, que ahora desempolvarán las inversiones oportuna y quizás arriesgadamente -gastando más de lo que tienen- y prometerán y prometerán lo que luego serán incapaces de cumplir. Riesgos que pueden comprometer el despegue.

Pero no tengo más remedio que ser positivo y, también, admirar cada vez más a los belgas ¿Saben por qué? Pista: no es por la cerveza.

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2015 acaba en cinco

Traspasado el peculiar periodo navideño, mezcla de encanto festivo, consumo y negocio, un cuando en el que la logística es cada vez más clave, volvemos a la realidad más prosaica y nos enfrentamos de lleno a un 2015 que en el escenario doméstico-económico se presenta muy prometedor.

Aupado por los resultados mejorados de 2014 (sobre todo en su segunda mitad), por el despegue del consumo y por augurios cimentados en las cifras al alza del PIB, contratación laboral, prima de riesgo, etc., los más optimistas se sumarán al análisis gubernamental, rotundamente positivo, y aún augurarán un escenario aún mejor al pronosticado por Rajoy, de Guindos o Bañez; los más pesimistas enarbolarán la oscura bandera del escenario global, los extremismos de Podemos o Syriza, el precio del crudo por los suelos, la debilidad de la UE y entenderán ese análisis como una cortina de humo volátil y electoralista; y los más ponderados reconocerán las cifras como alentadoras, viniendo de donde venimos, aunque aún débiles para esbozar una clara sonrisa. De todo habrá.

Lo cierto es que en el panorama logístico, el horizonte inmediato tiene tintes más optimistas que lo contrario, si atendemos a las cifras y a la opinión de los directamente implicados, tanto clientes como proveedores. Los índices de ventas, de solicitudes de oferta, de alquileres y de proyectos, en carretillas elevadoras, almacenes o equipamiento, han cerrado 2014 con números desconocidos desde hace años; el comercio electrónico no parece tener límite de crecimiento, por ahora, y su actividad se refleja en la práctica totalidad de la cadena de suministros; y hasta el transporte por carretera acabó 2014 con la indisimulada sonrisa de su órdago ganado al Gobierno en la pugna por la devolución del “céntimo sanitario”.

Por lo tanto, hay razones para no deprimirse en exceso, aunque no conviene olvidar que hay sombras entre las luces y que hace ocho años estos mismo índices y resultados nos hubieran parecido poco más que ridículos y, desde luego, nadie los hubiera pronosticado.

Por cierto, un experto economista internacional viene a decir que los pronósticos económicos solo sirven para hacer más creíble la astrología. Es decir que los que saben, realmente, no saben lo que va a pasar.

Con estos mimbres, lo único veraz es que habrá que trabajar y mucho, que aquí arranca 2015, y que podrá ser un año Jekyll o Hyde, la “niña bonita” o hacer honor a su último dígito, con perdón.

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El señor del armario

No es tan famoso como “El señor de los anillos”, ni tan inquietante como “El señor de las moscas”, y sin embargo “El señor del armario” merece una reflexión. Con este título se presentaba hace poco Pedro Puig, el director general de LTR y del Grupo Leuter, en una ponencia durante Logistics 2014. Y no es la primera vez que se presenta así. De hecho en Sudamérica empiezan a conocerle por ese prosaico título que él mismo se ha concedido.

Trata así de simplificar su presentación empresarial. A fin de cuentas una empresa como el Grupo Leuter, dedicada a proporcionar soluciones de gestión de almacenes, no hace sino -puestos a simplificar- ordenar el inmenso armario que es un almacén. Simple y directo. Tanto, que huye de etiquetas  como la denostada de consultor -aunque su trabajo sea con frecuencia ese- y sólo tiene una pregunta que hacer a sus potenciales nuevos clientes ¿Tiene un problema?

Puig ha luchado por esa transparencia con tanto denuedo, que casi le cuesta acabar con su propio proyecto, eso sí, con la inestimable ayuda de la justicia y su exasperante lentitud. Eso no ha cambiado su discurso. Ni su pasión por lo que hace. Y ahí está. Él y su compañía. Comiéndose el mundo. Y entre bocado y bocado, compiten y ganan -tres de cada cuatro veces-en Latinoamérica, con las poderosas multinacionales norteamericanas en su mismo nicho.

Conozco a un puñado, escaso, de “señores del armario”. Sencillos. Abiertos. Trabajadores. Hechos a sí mismos. Sin ayuda, ni casi reconocimiento. Sacrificados por un sueño. Por una empresa. A todos les mueve la pasión por lo que hacen. Y el emprendimiento. Y lo llevan por todo el mundo. Son fieles a sus principios aunque ello suponga que pinten bastos de vez en cuando. Aunque esos no les haya permitido medrar lo suficiente para mirar al futuro sin sobresaltos.

Esos  y no aquellos que están en los consejos y dirigiendo la CEOE (o digiriendo, pues se “zampan” todo lo que pillan), son los que merecen el apoyo, el galardón, el aplauso, el reconocimiento, las inversiones y las subvenciones si las hubiere, aunque esto último no les haga mucha gracia. Esos son los verdaderos empresarios, porque una empresa no es sino una   tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo (RAE).

Soy un afortunado por conocer a ese puñado de EMPRESARIOS. Y eso me sirve para compensar el hartazgo, la sin razón y el mal estómago que me producen las tarjetas “black”, las cajas B, el tráfico de influencias y las prevaricaciones con las que me desayuno, como ustedes, cada día.

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El lado oscuro y la metrología

El malo malísimo de la saga Star Wars, Lord Darth Vader, reprochaba a uno de los generales del Imperio en el episodio IV (el primero cronológico según su estreno), su nula fe en las artes paranormales del lado oscuro: “su falta de fe resulta molesta”, le espetaba, mirándole fijamente (es un decir) con su máscara archiconocida.

Saltando tiempo, espacio y de la ficción a la realidad, la pasada semana en unas declaraciones a un periódico digital, el director de Metroscopia, la empresa de estudios y encuestas de opinión, decía que la gente no supo en su momento por qué había estallado la crisis “y ahora no se fía de la recuperación”.

Item más, también a este lado de la realidad. Los directores generales de los fabricantes e importadores de las principales marcas del mercado de carretillas, reunidos en la IV Cumbre del Sector, como las anteriores organizada por Cuadernos de Logística, expresaban con muchas,  muchas cautelas, -lo que cuesta alegrarse- aquello que debería ser de un optimismo desbordado, si tenemos en cuenta que de un mercado decreciente los últimos años, el de las carretillas elevadoras -como tantos- hemos pasado a un crecimiento en ventas que en los primeros meses ha sido del 40 por 100 y que, finalmente, puede situarse en el 25 por 100.

No sé si esta falta de confianza en la recuperación puede calificarse de molesta, de cautelosa o de conservadora, pero lo cierto es que los casi siete años de “plaga económica” que llevamos acumulados no han sido una bofetada, sino toda una tortura psicológica que ahora nos impide creer siquiera en los datos objetivos, eso mismo que antes esgrimíamos como justificación de lo mal que estaba todo y que nos recordaba uno de los asistente a la IV Cumbre: PIB, IBEX, Prima de Riesgo, Indice de Confianza.

Aprendemos de todo. Pero mucho más de aquello que nos deja huella negativa, y si el PIB o la prima más famosa de España van bien, que diría Aznar, enseguida nos acordamos del paro y la Deuda Pública, para volver a esa realidad triste y desgastada que, como un narcótico, nos devuelve al lado oscuro.

No hay realidad paradisíaca, ni modelo económico imbatible y eterno. Lo que si hay, lo que si tenemos o deberíamos tener, a mi me lo parece, especialmente desde el lado de las empresas y sobre todo de los medios de comunicación, es una responsabilidad metrológica, es decir un mandato tácito para medir con los mismos instrumentos y raseros cualquier escenario (económico) para sacar conclusiones comparables, pues la economía es una ciencia…o lo parece. Y si a la vista de los números hay que llorar, se llora. Pero si hay que sonreír, como empieza a ser muy aconsejable…pues eso. Feliz lunes.

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