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Convenio y sin venia

El fin de la ultractividad por decreto, el pasado 8 de julio, que impide la renovación automática de los convenios colectivos mientras se acuerda uno nuevo, ha sacado a la palestra un conflicto que, como el Guadiana, aparece y desaparece, pero que lleva tiempo estando ahí: la necesidad -o no- de un convenio específico para la actividad logística independiente del transporte. Un referente laboral por el que aboga, desde su fundación, el colectivo representado en UNO -la patronal de los operadores logísticos-, defendido denodada y públicamente por su presidente, Gonzalo Sanz, cada vez que tiene ocasión. Y si no la tiene, la crea.

Este nuevo capítulo ha demostrado que hay politraumatismo en este conflicto y que existen otras fracturas además de la que separa a UNO de CETM -la Confederación del Transporte- o sus asociaciones regionales: la que separa a UNO de los sindicatos, más concretamente de Comisiones Obreras, o como diría el patético Urdaci, de CC.OO.

Antes de entrar en si debe o no existir un convenio que recoja estrictamente la actividad que desarrollan las empresas que prestan servicios logísticos, además de los de transporte, quiero detenerme en la actividad y representatividad de los sindicatos. Para no aceptar las nuevas reglas del juego que propone UNO, el sindicato Comisiones Obreras esgrime que no goza de la necesaria representatividad sectorial. Y lo hace atendiendo a unos argumentos de sector y clase, cuando menos algo trasnochados, que hacen aflorar la mayor lacra sindicalista: dramatizar su papel, rasgarse las vestiduras y olvidar que, precisamente, representan a los trabajadores y no a sí mismos, y que la falta de un convenio es un fracaso de sus interlocutores, uno de los cuales es siempre la representación sindical.

Y por fin: ¿Debe existir un convenio logístico independiente del transporte? Rotundamente, sí. Se podrán criticar las habilidades de planteamiento, este o aquél fleco serán discutibles, pero no su necesidad ni su oportunidad. La logística es hoy una actividad madura, compleja y multifacética, que no puede concebirse sin el transporte: pero no es sólo transporte.

A nadie se le ocurriría someter al convenio de transporte la actividad pesquera de bajura, que se realiza, sin embargo, en un medio de transporte igualmente inseparable de su actividad; ni la de minería del carbón, que utiliza en todo caso vagonetas, transportadores o dúmperes; ni tampoco la de cualquier actividad ambulante (mercados, circos, teatros, giras musicales, etc.), que por su naturaleza está asociada al transporte.

La actividades logística y de transporte -básicamente carretera, aunque cada vez más multimodal- deben mantener esa íntima relación sin necesidad de que uno fagocite al otro, puesto que mucho de los que hacen los unos, laboralmente hablando, nada tiene que ver con los otros.

Además de voz y voto en los órganos de representación nacional -otro cantar que más parece El Cantar de los Cantares- la logística necesita la venia macrosectorial para trazar su propia estructura laboral, gestionarla y renovarla periódicamente. Y la necesita ya, por el bien de las empresas y de quienes trabajan en esas empresas. Salvando dificultades y falta de entendimiento. Y aportando voluntad negociadora real. Los hay que ya parecen haberlo entendido. Pero aún no son todos. Quo tándem?

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