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De enchufes, morados y networking

Hace unos días escuchaba en una emisora de radio una conversación tertuliana en la que se ponía sobre la mesa algo que unos de los asistentes llamó “esa costumbre tan española del enchufe”. A poco de mencionarlo todos los partícipes estuvieron de acuerdo en denostarla como algo impropio y muy “made in Spain”. La tesis común era radical y todos cerraron filas en torno a ella. Lo que me llamó más a la atención era que, aunque uno de los conversadores intentó esa distinción, finalmente todos “acordaron” que no había diferencia alguna que hacer entre lo público y privado, entre la designación a dedo y la sugerencia. Todas eran prácticas deleznables. Yo creo que no.

Veamos. Desde luego que en lo público debe prevalecer absolutamente la transparencia en la designación de cargos y que deberían ser los méritos los que hablaran por él o los candidatos, y no ser amigo de, hijo de, sobrina de, o sencillamente estar pagando con esa designación un favor realizado. Esta forma de proceder tiene su figura delictiva.

Otra cosa es el ámbito privado y, si bien, lo deseable es que los méritos hablen casi exclusiva e igualmente a favor de los aspirantes a cualquier puesto de trabajo –que a la postre, obviamente, es lo que buscan los empleadores- allá cada cual con su oferta de trabajo y las decisiones que tome. No creo en el intervencionismo y mucho menos en el ámbito privado, ya sea empresarial o estrictamente personal. Ahí, que cada palo aguante su vela. La figura protectora y subvencionadora de “papá Estado” me repugna.

En todo caso, creo que los contertulios del programa radiofónico y todos los que –al menos de cara a la galería- se ponen morados defendiendo esas obviedades, olvidan algo o confunden “churras con merinas”. Esos que ahora parecen haber inventado la rueda de la decencia y la honestidad, no tienen en cuenta en su discurso que la vida profesional está hecha, afortunadamente, de relaciones -eso que llamamos “networking”- y que esas relaciones suponen oportunidades y esas oportunidades, negocios, mejoras, desarrollos, evoluciones. Y que si yo busco un buen profesional (él o ella) y tú lo conoces y me lo presentas. Bienvenido sea. Y todo eso no solamente es legal, además es deseable.

Tan deseable que si no fuera por eso muchas ferias profesionales, de logística y de otros ámbitos y sectores, muchos congresos y foros –sin ir más lejos los de la semana pasada de AECOC sobre distribución urbana y transporte- se quedarían prácticamente en nada, porque con la cantidad de información que se produce y recibe cada segundo, en esos encuentros es difícil ya encontrar algo nuevo o, por lo menos, no es el único objetivo de los organizadores, me parece (de serlo los programas serían diferentes).

Así que, cuidado con no llamar a las cosas por su nombre, cuidado también con meter todo lo que hemos hecho hasta ahora, indiscriminadamente, en el mismo saco de podredumbre, y “un poquito de por favor” a la hora del análisis y de nuestra comparación con lo que se hace ahí fuera.

Relación (profesional) es traslado de conocimiento. Si alguien, en el ámbito profesional, puede permitirse despreciarlo, que levante la mano.

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La parte contratante de la primera parte

Que para decir algo no sólo hace falta hablar y que las palabras no siempre incluyen un contenido, lo ha vuelto a poner de manifiesto el XV Foro Nacional del Transporte de AECOC, celebrado la pasada semana en Madrid. Y no por voluntad de sus organizadores, a los que hay que reconocer la capacidad de convocatoria. Más bien por la voluntad (o la falta de ella, y casi cabría decir que de interés) de quienes, se supone, representan a todo el colectivo del transporte y la logística, en este caso de la secretaria general de Transportes del Ministerio de Fomento, Carmen Librero, encargada de la inauguración oficial del evento.

Resumir el contenido de la intervención de la sra. Librero es tan simple como sonrojante. Simple porque no dijo nada, absolutamente nada. Sonrojante, porque se espera que alguien de su rango, ante una más que nutrida y relevante representación del sector de la logística y el transporte, diga, aporte, revele, anuncie, analice, concluya, afirme o niegue, algo importante. Y se espera así, porque esa es su labor y su responsabilidad. Y por ella cobra. Y se espera que sea así, porque si no lo hace ante este foro, ya me dirán ustedes. Y todavía más. Se espera que sea así en un año electoral, de balances y promesas.

Pero no. En su breve intervención, la secretaria general de Transportes recitó lo obvio, cifras ya sabidas y repetidas hasta la extenuación, y cuando parecía que por fin iba a regalarnos un titular al respecto del debate sobre la capacidad de carga, se limitó a expresiones como “estamos trabajando intensamente” -¿eso es novedad u obligación?- o “avanzado una propuesta de modificación” que es tanto como decir la “parte contratante de la primera parte”, pero sin la gracia de los hermanos Marx.

Y aun nos regaló dos guindas, aunque más bien amargas. La primera, al confundir en su intervención dos colectivos del sector -y no es la primera vez-, la segunda al contestar con una pregunta a otra de un informador en lo que más parecía una reprimenda. Así son nuestros políticos.

Con estas intervenciones, con sus tibias respuestas a propuestas como la de SEOPAN sobre el peaje en autovías, con su mirar para otro lado en el asunto de la “devolución del céntimo sanitario”, con su discurso sobre la Estrategia Logística y la importancia de las mercancías, que luego sin embargo no tiene reflejo en los Presupuestos Generales ni continuidad, el Ministerio de Fomento y sus altos cargos demuestran una exasperante falta de sintonía y, sobre todo, una imperdonable e irrespetuosa actitud hacia los que se deben y les escuchan atentamente. Claro que el hábito no hace al monje, ni el cargo a la carga.

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