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¡Papi! Cómprame un aeropuerto

Desde su hamaca, Pocholo cogió su IPhone 24 de la mesita junto a la piscina, para llamar a su amigo Luis Alberto:

– Hola Luisito: te vas  a morir de envidia. Papá me va a comprar un Pastón Martín V8. Voy a ser la envidia en Santci Pauli este verano. Va a ser lo más.

Luis Alberto esperaba con ansiedad la llamada presuntuosa de su íntimo Pocholo o de cualquiera de los del club de golf para darles en los morros. Él sí que iba a ser la sensación este verano. Lentamente, mientras dejaba la copa de Bartini, respondíó displicente:
– ¿Ah un coche?…pues hay algo más cool, sabes: tener un aeropuerto. Y papi me ha comprado uno.

Lo que hubiera podido disfrutar Luis Alberto si hubiera visto la cara de sorpresa y el enorme sonrojo de envidia de Pocholo, quien pasó de la euforia a la rabia y la admiración pensando: “un aeropuerto; eso sí que era lo más; osea”.

Ya no hace falta ser Pocholo o Luis Alberto; Amancio Ortega, Dimas Gimeno o Florentino Pérez. Si usted tiene 10.000 euros puede comprarse un aeropuerto: la menos el “aeromuerto” de Ciudad Real, la quintaesencia del despropósito, el despilfarro, la falta de visión estratégica, la ineficacia en la gestión y en el márketing. Por ¡10.000 euros! un grupo inversor ha pujado por él la semana pasada. Y puede que la puja sea suficiente.

Concebido como un aeropuerto satélite del, entonces, congestionado Aeropuerto de Madrid-Barajas (aunque la distancia entre ambos es de nada menos que 233 km), entró en servicio en diciembre de 2008 tras una inauguración fallida en octubre de ese mismo año y apenas estuvo en servicio de manera muy intermitente y con escasos pasajeros y carga en 2009 y 2010. En 2011 cesaron las operaciones.

Ni siquiera el interés del operador logístico DSV por tener allí una base de operaciones de carga aérea en 2009 fue suficiente argumento para un aeródromo privado que pese a su escaso recorrido ha tenido tres nombres. Primero se llamó Aeropuerto Madrid Sur-Ciudad Real, denominación que hubo que cambiar ante la reclamación de la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; luego, Aeropuerto Don Quijote; y finalmente, Aeropuerto Central Ciudad Real.

Ahora un grupo inversor chino ha hecho una puja en la subasta pública de la semana pasada por 10.000 euros para quedarse con el aeropuerto aunque parece –es el último despropósito de la esta infraestructura- que aunque las condiciones de la subasta no exigían precio mínimo, si hay una estimación de justiprecio que está en torno a los 26-28 millones de euros (el aeropuerto costó 1.100 millones)  y que el precio final de compra-venta nunca podría ser –o eso parece, tampoco está claro- de esos ridículos 10.000 euros. Lo siento por Pocholo.

El despropósito no ha acabado. Sólo es un capítulo más. Una enorme mancha en La Mancha, que no debió empeñarse –nunca mejor dicho- con un aeropuerto que hasta ahora ha sido un sonoro y carísimo  aerofiasco. Y el cuento no se ha acabado.

Mi recomendación de clásico actual: “Cometas en el cielo” de Khaled Hosseini (2006), una novela ambientada en el Afganistán actual, que ayuda, un poco, a comprender la realidad de Oriente Medio.

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La parte contratante de la primera parte

Que para decir algo no sólo hace falta hablar y que las palabras no siempre incluyen un contenido, lo ha vuelto a poner de manifiesto el XV Foro Nacional del Transporte de AECOC, celebrado la pasada semana en Madrid. Y no por voluntad de sus organizadores, a los que hay que reconocer la capacidad de convocatoria. Más bien por la voluntad (o la falta de ella, y casi cabría decir que de interés) de quienes, se supone, representan a todo el colectivo del transporte y la logística, en este caso de la secretaria general de Transportes del Ministerio de Fomento, Carmen Librero, encargada de la inauguración oficial del evento.

Resumir el contenido de la intervención de la sra. Librero es tan simple como sonrojante. Simple porque no dijo nada, absolutamente nada. Sonrojante, porque se espera que alguien de su rango, ante una más que nutrida y relevante representación del sector de la logística y el transporte, diga, aporte, revele, anuncie, analice, concluya, afirme o niegue, algo importante. Y se espera así, porque esa es su labor y su responsabilidad. Y por ella cobra. Y se espera que sea así, porque si no lo hace ante este foro, ya me dirán ustedes. Y todavía más. Se espera que sea así en un año electoral, de balances y promesas.

Pero no. En su breve intervención, la secretaria general de Transportes recitó lo obvio, cifras ya sabidas y repetidas hasta la extenuación, y cuando parecía que por fin iba a regalarnos un titular al respecto del debate sobre la capacidad de carga, se limitó a expresiones como “estamos trabajando intensamente” -¿eso es novedad u obligación?- o “avanzado una propuesta de modificación” que es tanto como decir la “parte contratante de la primera parte”, pero sin la gracia de los hermanos Marx.

Y aun nos regaló dos guindas, aunque más bien amargas. La primera, al confundir en su intervención dos colectivos del sector -y no es la primera vez-, la segunda al contestar con una pregunta a otra de un informador en lo que más parecía una reprimenda. Así son nuestros políticos.

Con estas intervenciones, con sus tibias respuestas a propuestas como la de SEOPAN sobre el peaje en autovías, con su mirar para otro lado en el asunto de la “devolución del céntimo sanitario”, con su discurso sobre la Estrategia Logística y la importancia de las mercancías, que luego sin embargo no tiene reflejo en los Presupuestos Generales ni continuidad, el Ministerio de Fomento y sus altos cargos demuestran una exasperante falta de sintonía y, sobre todo, una imperdonable e irrespetuosa actitud hacia los que se deben y les escuchan atentamente. Claro que el hábito no hace al monje, ni el cargo a la carga.

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