Categoríacadena de suministros

Los panes, los peces y el puzle

Siempre he creído que la logística tiene algo de milagroso. Quizás por ello produce en muchos –en mí lo hace- esa cierta fascinación de lo increíble, de lo difícil de explicar. Buscando un simil, he pensado con frecuencia que gestionar adecuadamente y cada día la cadena de suministros, con todas sus tensiones y sus escenarios cambiantes, era como intentar resolver en tiempo récord uno de esos puzles de miles de piezas, pero en el que no supiéramos ni el número exacto de ellas ni la imagen que debe aparecer finalmente.

Y no debo ser el único que ve esta disciplina, actividad o sector, como parte de un territorio divinamente ignoto, sin ánimo irreverente. Así, en la reunión que celebramos hace unos días para analizar la situación del talento en el entorno logístico español, alguien, en el coloquio final, definió a la logística como un milagro diario que no sabemos vender. Vamos que tenemos boda de Caná y multiplicación de los panes y los peces, día sí y día también.

Que no sepamos venderlo, como decía el directivo que tomó la palabra en la sede de IMF donde se celebró la mencionada reunión, es una característica –dice el tópico- muy de aquí, frente a otros (los italianos sin ir más lejos) que si saben ponderar y vender sus logros. Parte de la transparencia que tiene la logística frente a la sociedad, puede venir de ahí.

Sin embargo para mí es más importante, y creo que denota una provisionalidad impropia de la gestión logística, el hecho de que se la califique de “milagro” o –como dijo otro de los intervinientes en esa misma reunión- “improvisación continua”, calificativos que se entienden, o deben hacerlo, como la capacidad –también muy nuestra- de resolver situaciones problemáticas no previstas de manera exitosa, pero que destilan un cierto halo de descontrol que, en absoluto, tiene que ver con la realidad. Y estoy seguro que ninguno de los dos intervinientes quiso decir eso, más bien ponderar las capacidades de quienes trabajan cada día en logística, pero sus palabras están ahí

Mientras que no seamos capaces no ya de ver, sino de verbalizar, la gestión logística con la exigencia, seriedad, base científica y académica, eficiencia y eficacia que la acompaña, nos será difícil explicarla sin acudir a términos mágicos o milagreros… aunque la logística, para el que no la conoce, lo parezca.

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Pesadilla logística

Imagine por un momento que prepara sus vacaciones y a la hora de renovar su fondo de armario, por aquello de los “michelines” o de la dieta de la alcachofa, en su comercio textil habitual y en el otro y en el otro, no hay mercancía. Que sí, que la habrá, pero quién sabe cuándo ni cuánta, le dicen.

Imagine que, aún así, lleva al coche al taller para una puesta a punto antes de iniciar viaje y su mecánico le comenta que no hay stock de la pieza que es necesario sustituir, que el fabricante la envío, pero que es imposible saber dónde se encuentra ni cuándo llegará.

Imagine que, de todas formas, asume el riesgo de ponerse en marcha, pongamos que camino de alguna playa y que, una vez en carretera, se detiene en una estación de servicio a repostar. Allí descubre una inmensa fila de automóviles cuyos conductores esperan, no se sabe cuánto, a que llegue el suministro de no se sabe qué carburante, que no ha estado a tiempo en el momento más necesario de la masiva salida vacacional.

Horas después, imagine, que llega al ansiado apartamento playero y tras tanta frustración, decide darse un homenaje con su familia en aquel restaurante tan agradable al borde del mar. Se sientan a la mesa y apenas lo han hecho el amable camarero les informa de que hay una importante falta de existencias y por lo tanto de platos de la carta, porque no llegaron los suministros y los que lo hicieron no pudieron bajarse de la camión o la furgoneta porque nadie previó disponer de una carretilla elevadora o una transpaleta ¡Ah! y que lo que sí tienen no lo pueden cocinar, porque son mercancías de otro negocio distribuidas aquí por error.

Imagine que, por fin, consigue algo que llevarse a la boca y algo menos hambriento pero igualmente perplejo, camina de vuelta al apartamento y lo que ve a su alrededor es un caos de protestas, automóviles parados por falta de combustible, terrazas y heladerías vacías, y colas enormes ante los pocos negocios que sí tienen suministro en el momento preciso y lugar oportuno…

E imagine que, rendido, cae en la cama y concilia a duras penas un sueño inquieto, repleto de pesadillas.

Al despertar descubre, sin embargo, que sigue en su lugar de residencia habitual y que, al parecer, todo ha sido un mal sueño. Baja risueño a la calle y compra el periódico que estaba, puntualmente, en su quiosco de siempre. Se toma un café en el bar de Manolo, donde no falta de nada. Entra en el comercio textil y se compra no uno, sino dos bañadores, que ha elegido entre docenas de modelos y le entran ganas de coger su coche y llenar el depósito en la gasolinera más próxima, aunque decide dejarlo para más tarde porque se detiene e imagina lo que su sueño le había imaginado, un mundo sin logística, y se dice a sí mismo incrédulo: “imposible”.

¿Lo imagina? Pues eso.

Feliz Verano. Volvemos en septiembre.

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¿En qué se parece la logística a la Isla de Pascua?

Como conté en mi último post, la semana que ha concluido se ha celebrado el Día de la Logística. Este año, el 21 de abril. Una cita anual alrededor de la cual se han llevado a  cabo varios actos, reuniones, jornadas y conmemoraciones, a las que nos hemos sumado desde nuestro medio de comunicación. Como dijo el presidente del CEL, Alejandro Gutiérrez, en la velada que supuso el cierre de esas celebraciones, el Día de la Logística tiene como objetivo “dar mayor visibilidad social a la gestión de la cadena de suministros”. La pregunta es ¿Lo conseguimos?

El plantel de asistentes a la citada velada era del todo espléndido en cantidad, calidad y representatividad sectorial; el de los actos que organiza el CEL lo es igualmente y también, modestamente, el que ponemos en marcha desde Cuadernos de Logística. Pero, sinceramente, creo que debemos aspirar a más. Y el foco debemos ponerlo en el  término “social” de esa frase que dictaba Gutiérrez.

La mayor parte de quienes acudimos u organizamos esas citas, sabemos de qué va la logística. Está bien tener una cita anual de todo el sector, escuchar y debatir de temas comunes, premiar a los mejores cada año, desde luego. Pero ¿Están en estas convocatorias esos que deben permear a la sociedad de la res logística? Creo que no.

Ojo, no se trata de señalar deficiencias. Que no las hay. Es claramente, y así lo señalo, el lanzamiento de un reto. Un escalón más. Creo que bajo el liderazgo del CEL, que es quien detenta el compromiso de celebrar en España ese Día de la Logística, debemos ser capaces de atraer a otros estamentos o de ir a buscarlos si es preciso y de ahí, en aluvión, llegar a empapar a la sociedad, contarle qué hacemos, el cómo y porqué esta profesión es de vital importancia.

Hablo del Gobierno, de la Administración (en cualquiera de sus niveles o en todos), de la Universidad, de la enseñanza Secundaria, de las cooperativas, centrales de compras, de las asociaciones de consumidores, etc.

Debemos hacer, en mi opinión, un gran frente común. Necesitamos ese conocimiento (y reconocimiento) social hacia la logística. Y lo necesitamos casi diría que con urgencia. Un frente al que puedan sumarse los más posibles. Y si la montaña no va a Mahoma…habrá que ir a contárselo a su casa, a sus clases, a sus eventos. Y no sólo el CEL, las empresas de carretillas, las de sistemas, los operadores logísticos, la prensa, en suma: todos estamos obligados.

Tenemos vocación y voluntad pero nos falta ese paso, que puede ser pequeño en dimensión y enrome en repercusión, porque a veces somos un tanto endogámicos y nos miramos en exceso al ombligo, que es como los habitantes de la Isla de Pascua llaman a su tierra en el lenguaje original: Te Pito Te Henua (El ombligo del Mundo). Quizás porque no pudieron salir de allí.

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Logística de bajos vuelos

Desde que a mediados del siglo pasado la logística y quienes la gestionan tomaran conciencia de su importancia y del auxilio que aportaba en múltiples labores, una de sus características intrínsecas ha sido su capacidad para absorber tecnologías emergentes y aplicarlas en la cadena de suministros rápidamente.

La informática y con ella el software, la robótica, los vehículos autónomos, la realidad virtual y aumentada, la automatización en múltiples registros, la captura de datos o la gestión de rutas merced al GPS, son algunos ejemplos de ello a los que podríamos añadir un largo etcétera.

Ahora empiezan a irrumpir en nuestro entorno profesional los drones. Al hilo del desenfreno en el que nos has tocado cohabitar, estos vehículos autónomos voladores han pasado en un abrir y cerrar de ojos de juguetes más o menos sofisticados, a estar presentes en múltiples aplicaciones industriales, desde la filmación para medios de comunicación a las inspecciones de seguridad en líneas de alta tensión. Y las aplicaciones se acumulan. La imaginación es el límite.

En España ya hay varias experiencias piloto en nuestro sector, ligadas a la distribución de paquetería. De momento. Y muchas otras que aún pasan desapercibidas por su carácter experimental o incipiente, pero que no tardarán en llegar. Hoy son sólo una prueba; mañana todo el mundo las usará. El “juguetito” es cada vez más serio y no parece tener barreras. Ha venido para quedarse. Eso es seguro. Y no sería de extrañar, dados los antecedentes, que fuera la logística, callada, opaca socialmente, pero insustituible, la que recogiera gran parte de sus aplicaciones, tan silenciosa como hábilmente, sin mucho ruido, como los propios drones.

Nosotros queremos poner nuestro granito de arena a esta irrupción tecnológica, que los límites de la seguridad aérea circunscriben a vuelos a baja altura. Por eso, con la colaboración del Centro Español de Logística (CEL) organizamos este miércoles, víspera del Día Europeo de la Logística –y con ese motivo onomástico- una mesa redonda para escuchar, debatir, aportar pero, sobre todo aprender y poner en común qué sabemos de los drones y qué pueden hacer por la distribución y la intralogística. De su desarrollo, ya que se celebra a puerta cerrada, daremos buena cuenta a través de nuestros canales impresos y on-line. CeMAT, Air Drone Logistics y Dimensia, se han unido a este inciativa.

La aplicación de los drones en logística está por hacer. Pero no se descuiden, que hoy medimos la implantación tecnológica en meses y puede que muy pronto estemos viendo estos artefactos cotidianamente y tarareando el “volare” de Domenico Modugno mientras deambulan grácilmente sobre “el azul pintado de azul y tan felices” ¿Me acompañan? “Nel blu di pinto di blu, felice di stare lassù”.

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Admirose un portugués…

Cada vez que oigo que alguien tiene agotada su capacidad de admiración, me sorprendo. Creo que es una falacia. Porque también creo que esa capacidad es ilimitada por definición. Sólo hace falta pararse a pensar un momento en lo que nos rodea, en lo más prosaico. En lo común y corriente. Eso que pasa cada día. Como dice un amigo mío: ¿Cómo no voy a creer en la magia si abro el grifo y sale agua… y además caliente?

Llevo muchos años escribiendo e informando de sectores profesionales e industriales. Y no dejo de asombrarme y de admirar la capacidad del ser humano para inventar, para dar soluciones a tareas y procesos que antaño, hace muy poco, eran simplemente imposibles, casi mágicos o territorio de las mancias o de la ciencia ficción.

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme, casi como lo harían mis tatarabuelos, cuando una máquina eléctrica y ¡sin cable! es capaz de elevar varios cientos de kilos a cinco, seis, siete… metros sin esfuerzo y trasladarlos mientras el hombre está sentado tranquilamente sobre ella?

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme ¡nada por aquí, nada por allá! si algo llamado software, que no tiene forma ni esencia física, es capaz de saber (y decirme a voluntad) dónde está cada mercancía en cada hueco de palé, aunque estos sean decenas de miles y descontarlos cuando se sacan y sumarlos cuando de añaden?

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme si un ingenio que parece el infierno de Dante, puede traerme ese palé o una caja desde un oscuro y elevado hueco en un almacén, con sólo darle a un botón?

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme si de algo que parece una pistola, pero que ni dispara balas ni hace ruido, sale un rayo que es capaz de traducir una serie de ininteligibles rayas gruesas y finas pegadas a una caja u otro envase, en letras que me dicen que hay dentro de esa caja?

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme cuando los periódicos del día llegan cada mañana a los kioskos, los productos perecederos a los supermercados y restaurantes, las medicinas a las farmacias, los textiles y productos de bazar o electrónicos a las tiendas y grandes almacenes, la gasolina a las estaciones de servicio, los juguetes a “los sacos de Papá Noël y los Reyes Magos”, las maletas a las zonas de recogida de los aeropuertos, el dinero a los bancos… cada día?

Todo de la forma más natural. Sin aparentes esfuerzos. Como si lo fantástico fuera lo obvio y lo mágico, habitual. Los logísticos hubieran sido quemados en la hoguera de la Inquisición por brujería, por prácticas tan habituales como esas, o les tacharían de locos los mismos ingenieros que a finales del siglo XIX pronosticaron que un tren nunca podría circular a más de 30 km/h sin que los viajeros salieran despedidos por las ventanillas (de la velocidad de los trenes de mercancías nada dijeron, ahí hubieran acertado).

Admirose un portugués al ver que en su tierna infancia, todos los niños de Francia supieran hablar francés ¡Arte diabólica es! dijo torciendo el mostacho…

Arte diabólica es esto de la logística, boto a bríos. Cualquier día, todos a la hoguera. Mientras tanto, no dejen de admirar y asombrarse. Eso hace más grande esta profesión y a quienes la sostienen.

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Los Reyes Magos no existen; Papá Nöel, tampoco

Melchor, Gaspar y Baltasar, los Reyes Magos, no existen; Papá Nöel, tampoco. Ni ningún otro personaje, barbudo o no, con nombre Santo o aspecto de carbonero. No voy a recurrir a desvelar la verdad más dolorosa de la infancia, la que nos revela que, en realidad, todos esos personajes son suplantados por los padres de las criaturitas, porque no es verdad. Ellos, los progenitores, tampoco son los mensajeros de los regalos navideños.

La verdad es que los Reyes Magos, Santa Claus, San Nicolás, Papá Nöel, el Tío Nadal (el de Rafa no, el otro) o el Olentzero, son trasuntos de los operarios, de los preparadores de pedidos, empleados de picking, carretilleros, gestores de almacén, mensajeros, conductores de camión o furgoneta, y directores de logística, de planificación, de operaciones y de cadena de suministros. Son trasuntos de ellos, como los dromedarios o el trineo con los renos, los son de toda la tecnología aplicada a la logística, desde una caja identificada con RFID a una carretilla elevadora, un sorter o una gran instalación automatizada.

Son esos recursos humanos y eso medios materiales, y no otros, a los que desde hoy les esperan dos meses de frenética actividad, para que en la época de mayor concentración de consumo del año podamos encontrar lo que buscamos cuando vayamos a buscarlo, ya sean las viandas y bebidas de las grandes comilonas navideñas, ya sean los perfumes, las corbatas, los juguetes o los juegos de ordenador. Todo debe estar en el momento oportuno, en el sitio justo, porque no hay margen temporal. Ahora no.

Acuérdese de todos esos “magos” y “nöeles” que harán posible el milagro navideño que cada cual celebra como quiere, pero esos sí, no antes del 24 de diciembre ni después del 6 de enero. Acuérdese de ellos, porque son los que hacen posible eso que parece imposible, que haya de todo en todas partes, en los comercios físicos y en los virtuales. Acuérdese y, de paso, si quiere, reconozca el valor que aportan esos profesionales y el sector de la logística en su conjunto al día a día y, en particular, a fechas como las que se nos vienen encima. Hágalo, por favor, porque nos hace mucha falta esa visibilidad, ese reconocimiento y ese atractivo para atraer talentos y retener a los que tenemos. Sería muy bueno reconocerlo ahora, cuando el sector da el “do de pecho”.

Ni los Reyes Magos ni Santa Claus existen, los de verdad, al menos yo no los he visto nunca, que quizás no sea lo mismo. Los que si existen son los empleados y directivos del sector logístico que van a hacer (ya lo están haciendo), una años más, que creamos en la magia de la Navidad y nos convirtamos, en todo Occidente, en consumados consumidores: ¡Preparados! ¡Listos! …

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¿Un mundo ideal o un mundo irreal?

La semana pasada, en Madrid, se celebraba una nueva edición, la quinta, del Congreso AECOC de Supply Chain. Se cumplió el tópico  de que “no hay quinto malo”, con ponencias y mesas redondas acertadas en contenido y exposición, y un nivel de asistencia que ha batido el récord de este encuentro, con más de 340 profesionales. Con estos datos solo cabe felicitar a la organización que reunió a la “flor y nata” de los responsables logísticos de la fabricación y distribución y, también, una notable representación de los operadores logísticos.

Olvidada la crisis o, al menos, con un ya muy escaso protagonismo, las grandes empresas expusieron en este foro estrategias, filosofías, casos de éxito, desarrollos, nuevas tecnologías, en un escenario casi ideal que dudo que sea homogéneo.

El “pero” está (sin desmerecer en nada este sobresaliente foro) en que hay otras muchas, muchas empresas en España que no son estas –que ya estaban liderando sus mercados antes de la crisis y lo siguen haciendo después, nada ha cambiado- a las que esas filosofías, estrategias, desarrollos, colaboraciones, les quedan grandes o están muy lejos de su realidad, que sigue siendo de “economía de guerra“.

Siempre me ha parecido –y lo he dicho públicamente- que en un escenario empresarial como el español en el que más del 80 por 100 de las empresas son pymes, y de ellas gran parte pequeñas compañías, no hay cauces para que se relacionen y encuentren sus modelos, es decir, las referencias que les son comunes y habituales y que, desde luego, no son las que se refieren a multinacionales o grandes empresas: los problemas estructurales pueden ser comunes; las soluciones, desde luego que no.

Aunque caigamos en ese error de sólo “mirar hacia arriba”, a veces, desde Cuadernos de Logística intentamos equilibrar la balanza con encuentros para ambos colectivos, por ejemplo en el sector de las carretillas elevadoras. Y son, precisamente, el conjunto de empresas más modestas y menores en tamaño, las que más agradecen estas convocatorias, un oasis en el común desierto por el que casi siempre transitan.

Hay oportunidad, hay necesidad, hay cauces (las asociaciones del sector logístico, por ejemplo), para que encuentros del máximo nivel económico-logístico como el de AECOC tengan su correspondiente en otros en los que se descienda a la trinchera, se den recetas y soluciones al problema de hoy, al de las pymes que siguen estando huérfanas y a la intemperie, sin el necesario paraguas que las reúna en torno a su realidad común que dista mucho de ser ideal.

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La culpa es del cha-cha-chá

La culpa es del cha-cha-chá

El pasado viernes 18 aparecía un nuevo periódico semanal independiente bajo la cabecera Ahora. En estos tiempos devoradores de negocios sin importar su longevidad, la aparición de una nueva cabecera y su homónima en la red (dirigidas por  Miguel Ángel Aguilar) es siempre una buena noticia, sobre todo en lo que al papel se refiere, pues demuestra que los agoreros que lo condenan quizás todavía deban esperar.

Entre los artículos de este número 1, me ha llamado a la atención uno que habla de manera recurrente -y por ello me sorprende más en un medio que, sin duda, pretenderá ser distinto- de automatización y robótica y vuelve a poner en la misma carga respectiva en ambos platos de la balanza: por un lado, automatización de tareas y procesos, industriales, de síntesis o cotidianos, para hacerlos más rápidos, eficaces, cómodos y baratos; por otro la sustitución del ser humano de esas tareas.

Y para ejemplificarlo, vuelta a los mismos argumentos de siempre: cuántos puestos de trabajo se perderán en esta u otra tarea; la inexistencia de cansancio o protesta que define a la máquina; a qué sectores afecta más; o cuánto se reducen los costes de producción con la intervención de máquinas o autómatas frente a humanos.

Para mí los argumentos en contra de la automatización son sencillamente una falacia y por ello ni siquiera son argumentos, son características o consecuencias. El mundo no sería lo que es sin el progreso, sobre todo sin el tecnológico. Desde la rueda a las aplicaciones de la física cuántica en los ordenadores personales, cada avance, automatización, robotización o mejora en un proceso, para hacerlo más eficaz, menos fatigoso, más rápido o más fuerte, ha definido al ser humano y sus inquietud por llegar un paso más allá.

¿Y qué me dicen de la logística o el transporte? ¿Son concebibles sus procesos, las cadenas de suministros, las exigencia a las que sometemos a la logística (lo quiero y lo quiero ya), sin informática, sin almacenes automáticos, sin maquinaria robusta, eficaz y cada vez más silenciosa (eso también es automatización), etc.? Todos sabemos cuál es la rotunda respuesta.

El problema es que nos ponemos orejeras y apuntamos equivocadamente hacia dónde no es (el progreso) cuando no sabemos hacia dónde hacerlo, o cuando nuestra miserias nos llegan al cuello por no haber previsto cómo sería determinado escenario económico, con determinada población y determinado nivel de bienestar.

En mi opinión quien apunta a la automatización como “culpable” o “responsable” inane de estos males sociales, está dibujando un escenario más propio de una novela de ciencia ficción post apocalíptica en la que se proscribe a la tecnología como hacedora del Mal.

En suma, esos argumentarios se sostienen menos que si echáramos la culpa al cha-cha-chá, como en la canción de Gabinete Caligari, aunque si fuera así, al menos sonarían bien.

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Nos falta un tornillo

En Cuadernos de Logística nos falta un tornillo. Bueno, en realidad son cuatro y nos faltan en toda la compañía, Grupo C de Comunicación. Afortunadamente nos faltan desde hace poco y casi nadie lo ha notado.

Cuando oigo hablar de  problemas de logística, pongo cara de incrédulo: tras más de dos décadas como periodista de este ámbito profesional si algo tengo claro es que logística y problema no son sinónimo. Logística y solución, sí. Y si la solución es simple, probada  y conocida, aún más cerca un término de otro.

Vuelvo a los tornillos y a su falta. En C de Comunicación hemos adecuado una zona de nuestras oficinas para organizar reuniones, mesa redondas y otras actividades. Y en una de sus paredes hemos instalado una flamante pantalla de TV Phillips. Para empezar, el relato para disponer de ese monitor ha sido del todo esperpéntico y nuestro director general ya le ha dedicado un blog. Les invito a leerlo en     http://blogs.cdecomunicacion.es/juanmanuel/2015/03/23/servicios-de-maltrato-al-cliente/. El título ya lo dice todo: “Servicio de maltrato al cliente”.

Pero el colmo de esta desastrosa aplicación de las más elementales reglas de la logística y la gestión de la cadena de suministros ha sido para disponer de cuatro tornillos ¡cuatro! para anclar el monitor a la pared sobre un bastidor al uso. La definición más clásica de la logística dice que esta procura al consumidor “disponer de un producto determinado en el momento oportuno, en el lugar adecuado y al menor coste posible”. No es que no se haya cumplido una de esas condiciones: han fallado todas.

El monitor de 50 pulgadas, pese a lo solicitado en la compra on-line, no trajo (“momento oportuno”) los tornillos necesarios para ese montaje en nuestras instalaciones (“lugar adecuado”) y del coste, ni les cuento. No para nosotros, para el comercializador, porque los más aberrante, desde el punto de vista logístico y de eficiencia, ha sido ver aparecer en nuestra sede a un empleado que traía unos tornillos (los únicos que hemos visto hasta ahora en varias semanas) con la seguridad -la suya- de que no eran los adecuados. Y no lo eran.

¿Cuánto vale todo el tiempo perdido por nosotros en reclamaciones, hasta ahora inútiles? ¿Cuánto el de quienes están al otro lado del teléfono “gestionando” una y otra vez el mismo problema? ¿Y cuánto el de ese repartidor que se desplaza para entregarnos algo que, de antemano, sabe que no es lo pedido? O mejor aún ¿Cuánto cuesta una logística eficaz de gestión post-venta?

Algunas compañías basan su éxito en la exactitud y pulcritud con que cumplen todo, absolutamente todo,  lo relativo al servicio que acompaña la compra. Quizás el caso más paradigmático sea el del Ikea. Las que no lo hacen tienen los días contados. Esa es la explicación de muchos fracasos empresariales inexcusables. Porque hoy en día, quien no sabe de logística, no tiene excusa.

¡Ah! y a nosotros nos sigue faltando un tornillo…bueno, cuatro.

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Pero se mueve

El pasado jueves convocábamos una mesa redonda bajo el título “Logística sin fronteras” para sumarnos (el único medio que lo hace cada año) a la celebración, esta misma semana, del Día Europeo de la Logística, 16 de abril, que pretende dar mayor visibilidad e importancia a esta disciplina.

En esa reunión profesional, a la hora de las conclusiones, el máximo responsable de la logística de la multinacional Canon en España, Carlos Díez-Humanes, con más de dos décadas de experiencia en responsabilidades de cadena de suministros e implicación sectorial indudable – fue presidente del CEL (2003-2005)- afirmaba con rotundidad que el concepto logística y el de cadena de suministros van a cambiar a partir de ahora. Y lo van a hacer para representar un estadio superior en la responsabilidad de las empresas, abarcando la totalidad de las operaciones bajo una gestión única.

Y para muestra y ejemplo, daba el de su propia compañía, en la que el director general europeo de supply chain acaba de convertirse en el director general de business operations, que dará cobertura completa desde el momento de la orden de compra hasta su entrega al cliente y la gestión y soporte de ventas, logística y de contrato. Una posición con idéntica representatividad que un director financiero, de ventas o marketing, y miembro del comité de dirección.

Por fin la logística deja de ser herramienta o instrumento, deja de ser un departamento o área al servicio de…para convertirse en dirección de todos y cada uno de los eslabones de una cadena que ya ocupa toda la empresa y sin la cual no se entiende el negocio. Ya no es una herramienta esencial, es la verdadera clave, la piedra que sostiene toda la bóveda empresarial, en opinión de profesionales y empresarios, pues ya nada se vende si no es en función de la logística, siendo el elemento más determinante para las transacciones comerciales. El mercado así lo ha señalado. Y el mercado manda.

Así que si el Día Europeo de la Logística busca la notoriedad de la profesión, puede que esté muy cerca de conseguirlo, de que se reconozca universalmente -si no se hace ya-, que se conozca de verdad sin afirmar equívocamente que la logística “es eso de los camiones y los almacenes”, y que se valore, aunque siga siendo transparente y callada por definición: como dijo Galileo Galilei en su famoso juicio -refiriéndose a la Tierra-, la logística no se ve “pero se mueve”, y como nuestro mundo, no para.

Y ya que hablamos de Historia y para acabar, una nueva recomendación en forma de clásico de divulgación y fácil lectura, para quienes quieran conocer, entre otras cosas, la logística del Imperio Romano: “Historia de los Griegos / Historia de Roma”, de Indro Montanelli.

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