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Por si acaso, chubasquero y bronceador

Ante el entorno económico en el que ahora nos movemos, podemos ser radicalmente optimistas: la crisis se acabó y ¡España va bien! muy bien; o podemos hacer eso que forma parte de nuestra idiosincrasia hispana, ser derrotistas y no creer nada de lo que dicen las estadísticas: es todo un espejismo y ¡España va mal! muy mal. Les voy a plantear otra visión.

Hace unos días, en unos de los eventos que organizamos periódicamente, con directivos del más alto nivel de responsabilidad, tuve ocasión de escuchar y compartir un análisis que me parece de lo más certero sobre la situación actual, que justifica y explica sobradamente lo que ocurre, el buen momento, pero que pone también en énfasis y reclama la atención sobre un horizonte potencialmente inseguro.

Vivimos una suerte de tormenta económicamente perfecta, en la que se han conjugado una serie de elementos para regalarnos una situación “meteorológica” de la que no somos del todo responsables. El primero de esos elementos es  el final de la crisis (si algo tienen estas épocas flacas es que siempre se acaban, es lo único seguro), que por su longitud y crudeza exige ahora la renovación de suministros y equipamientos, el aumento de actividad y crecimiento de plantillas para dar respuesta a un escenario de crecimiento. Además, ello es posible en condiciones favorables para las empresas, pues la época pasada ha traído consigo una reducción de salarios y de las condiciones de despido.

Igualmente, el dinero –el crédito- está barato y las entidades financieras empujan y llaman a nuestra puerta para concedérnoslo: necesitan vender mucho crédito para sacar algo de rédito. De nuevo en el terreno de los costes, el petróleo se ha abaratado considerablemente, lo que es una buena noticia en sí misma, además de influir en el precio de casi todos los bienes y servicios.

Y, por si fuera poco, España es un país atractivo y seguro, lo que atrae a capitales y turistas. No tenemos especiales problemas de seguridad ni –por ahora- un “Brexit” o una rotura de las reglas, en el horizonte más inmediato. Ni tampoco nos penaliza ahora mismo (incluso el FMI lo ha reconocido) el tener un Gobierno en funciones desde hace casi un año. Todo lo que podía salir bien, ha salido bien.

Pero… claro, la pregunta del millón es si esta tormenta se tornará en borrasca pertinaz y podremos seguir disfrutando del momento; si gracias al chaparrón se crearán condiciones para que todo esto no sea un aguacero pasajero, sino algo tan permanente como permitan los ciclos económicos; o si, como tormenta que es, escampará, dejará de llover y tronar y saldrá un Sol radiante que nos frene en seco.

El escenario es para disfrutar y si los economistas no son capaces de profetizar un cambio económico, salvo cuando ha sucedido, no lo voy a hacer yo ¿Qué pasará a continuación? Pocos pueden asegurarlo, lo más desearlo o intuirlo.

Por si acaso, yo que ustedes tendría a mano tanto el paraguas como la crema bronceadora… por lo que pueda pasar.

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El cada vez más extraño baile de máscaras

La primera noticia de este lunes 4 de abril de 2016, en Cuadernos de Logística, es la publicación de los resultados de la encuesta que hemos realizado entre nuestros lectores sobre el efecto que la falta de Gobierno actual tiene sobre su actividad empresarial. Han pasado 106 días desde las elecciones del 20 de diciembre y nada de nada. Y eso preocupa a empresarios y profesionales ¿o no?

No me han sorprendido en nada los resultados de esa encuesta: a la mayoría del sector logístico le afecta negativamente el “desGobierno”. Es la respuesta obvia, lógica y académica.

La que no es tan académica es que casi un 40 por 100 de los que han opinado –significativo, muy significativo- ha optado por lo que yo llamo una respuesta o un efecto (más bien la falta de él) a “la italiana”, si tenemos en cuenta que, históricamente, los continuos cambios de Gobierno en el país transalpino han producido un statu quo desde los Alpes hasta Sicilia en el que la política y el Gobierno italiano van por una lado y la economía y sus empresas, por otro. Es decir que, en nuestra encuesta a 4 de cada 10  no les afecta, o pretenden que no les afecte, la falta de Gobierno constituyente. Un “dedícate a perder tu tiempo, si quieres: yo no puedo hacerlo con el mío”

Estos muchachos y muchachas de amplia labia y escasa productividad, los nuestros –casta o no-  a los que se les encargo hace más de tres meses hacer una sola cosa sobre la que han mostrado incapacidad manifiesta, se lo están ganando a pulso. Y no es de ahora. Su dolce far niente está produciendo otro, el de quienes, cada vez más, huyan de la res pública, que diría Aristóteles.

Si el papel lo aguanta todo, la política más. Ni contigo ni sin ti. Ni sí ni no, sino todo lo contrario. Hoy eres un sectario y mañana y potencial socio de Gobierno, etcétera, etcétera.

No sé si hay líneas rojas entre unos y otros, lo que sí creo que hay, y les une, es una enorme mancha marrón, informe, cada vez más apestosa.

No es de extrañar por ello, que todo este “baile de máscaras” –en el que nadie es lo que parece- sea cada vez más extraño (ajeno) para todos los demás, que cada vez más se extrañen (destierren) a otras causas y lugares y que ya no sorprenda que más y más –recuerden un 40 por 100- extrañen (rehuyan) la política.

Lo único que sostiene a este Babel y le da cierto predicamento es la inversión pública, las infraestructuras, el BCE y su máquina de hacer dinero: por ahí nos tiene cogidos por donde más duele… que si no.

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