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Controlar a los controladores que controlan a los controladores

La pasada semana hemos concluido un ciclo de jornadas logísticas en colaboración con el Instituto Logístico Tajamar. La última se circunscribía a la tecnología aplicada a la cadena de suministros, una íntima relación que define hoy a la logística, su carácter, auxilio y soporte tecnológico.

En una de las ponencias en concreto se habló de una determinada familia de herramientas (aplicaciones de software) cuyo objetivo es controlar procesos ya de por sí automatizados (y gestionados a su vez por otras aplicaciones de software) y con la información recogida en tiempo real o acumulada por periodos de tiempo o subprocesos, corregir desviaciones y tomar decisiones para mejorar esos flujos.

Lo que puede parecer un contrasentido, inicialmente, es decir dotarse de una herramienta para automatizar el control de un proceso ya automático que –digamos- no cumple con lo prometido, tiene todo el sentido si tenemos en cuenta que las inversiones de esos procesos automatizados son enormes y de su estricto cumplimiento (flujos, entregas en tiempo y forma, satisfacción del cliente, facturación, cumplimiento de objetivos, beneficios,… ) depende en muchos casos la supervivencia y el futuro de la empresa.

Algo parecido ocurre con el dinero público, el que manejan técnicos de la administración y los cargos públicos en su desempeño, venga o no de las arcas públicas, y el que desde manos privadas llega a la caja única vía pago de los obligados impuestos: transita por caminos ya prefijados en flujos continuos y “automatizados” (IVA, IRPF, Patrimonio, etc.).  Pero esta suerte de maquinaria es sumamente imperfecta por el uso humano. Esos caminos están con frecuencia poco iluminados y los flujos se “pierden” por oscuros recovecos antes de llegar a destino. La perfección en el mantenimiento de semáforos y señalética (Declaraciones de Renta, de IVA, Impuesto de Sociedades,… ) es en realidad una utopía por lo que es necesario acudir al recurso humano: especialistas revestidos de autoridad (Administración del Estado, Autonómica, Local, Inspectores de Hacienda, Especialistas de Guardia Civil y Policía) que regulen el tráfico y vigilen los caminos adyacentes para que nada se distraiga.

Estos días, miremos a donde miremos, parece demostrado que esos controladores no solo no son suficientes en número y atribución para evitar tanta pérdida, sustracción, o evasión, sino que algunos de ellos necesitan más control que el propio sistema: zorros vigilando gallineros. Y hay quienes afirman que en este estado de podredumbre tampoco podemos estar seguros de que  quien controle al controlador no necesite, también, control y así –“es que somos como somos”, oí hace muy poco- hasta el infinito y más allá, que diría Buzz Ligthyear.

Barro para casa: ¿Cuántos kilómetros de Corredor Mediterráneo podrían haberse puesto en marcha con lo defraudado por Noos, Gúrteles, Bárcenas, Ratos, ERES, Valencias, Plazas, Fabras y compañía? ¿Cuántos por actuaciones del mismo pelo en la empresa privada? ¿Cuántas conexiones ferroviarias a puertos? ¿Cuántas ayudas en planes PIVE o Pima para venta de máquinas o vehículos? ¿Cuántas urbanizaciones de viales de plataformas logísticas? ¿Cuántas promociones a la exportación de equipamiento, estanterías o sistemas de automatización, por ejemplo? ¿Cuántos puestos de trabajo pueden sostenerse con todo ese flujo económico que se “perdió” entre el punto A y el B?

Ayer mismo oía en una tertulia que lo realmente preocupante es que todo puede no ser más que la parte visible de un iceberg. No sé a ustedes: a mí me asusta pensar que debajo puede haber mucho, mucho más.

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Elogio de la parsimonia

Este post se podría haber titulado, igualmente, Elogio de la lentitud o Elogio de la pereza. No he elegido ninguno de estos dos, sin embargo, porque ambos son títulos de sendos libros que recomiendo, sobre todo el primero, y no quería piratear la creación literaria. Los piratas para el Caribe. Pero eso es otro cantar. Vayamos al grano.

Me encontré hace unos días a un buen amigo que, digamos, ha pasado no hace mucho a la situación “de reserva”. Debe ser cosa de la edad, de la mía y mis coetáneos, pero cada vez me encuentro a mi alrededor con más personas que han cruzado la línea de la actividad por cuestión de la edad. Aunque mejor debería decir la línea de la hiperactividad. Muchos de ellos –era el caso del amigo encontrado- relatan que lo que más les cuesta es soltar amarras tras ¿vivir? una vida de permanente exigencia, de veloz desenfreno profesional, de corredores de fondo sin fonda en la que descansar. Cuesta –me dicen- desengancharse de esa mala droga –sobra el adjetivo, no la hay buena- que es el exceso de ocupación profesional: vivir para trabajar y no viceversa. A mi amigo le recomendé el primer libro.

Hay alguna iniciativa ya rodada en este sentido, pero me ciño al ámbito de la logística y se me ocurre que una suerte de consejo informal de expertos, sabios o mayores inquietos, tendría todo el sentido y serviría, por un lado, para ayudar a desenganchar, también para mantener un cierto grado de actividad, ligera y sin mayor compromiso –desde luego- y ligada al sector donde uno ha “servido”, igualmente, para continuar disfrutando de cálidos lazos profesionales que tantas veces llegan a lo personal o, quizás,  para crearlos y, de paso, para poner sensatez, conocimiento, sentido común, ideas ¡qué sé yo! en nuestro sector. Uno se da cuenta de lo absurdo que es despreciar tanta materia gris cuando se hace mayor.

Si las empresas tienen la obligación de desarrollar estrategias para formar a los mejores profesionales y retener sus talentos –algo que no siempre es fácil-, los sectores quizás la tengan de aprovechar la sabiduría de los que más atesoran, en el marco de la buena voluntad y ya ajenos a las presiones de la cuenta de resultados.

Por una vez, podríamos hacer de la lentitud, de la parsimonia del profesional, virtud. Plantéenselo, pero despacio.

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Iker se va; Florentino se queda

Sea usted aficionado al fútbol o no; sea usted merengue o culé; seguidor del Atletí, del Valencia, del Sevilla o de la Ponferradina; le guste el deporte o el sedentarismo, seguro que no ha podido sustraerse a la noticia (un culebrón) de la marcha de Iker Casillas al Oporto. El portero del R. Madrid, tras 25 años vistiendo la camiseta de la “casa blanca” en todas las categorías del club, cambia de empresa.

Son muchas las voces populares y periodísticas que han estado en desacuerdo con lo que se interpreta como otra decisión personal del presidente del Club, el poderoso empresario de la construcción Florentino Pérez. Puede que sea un error (y no sería el primero) o puede que no.

Por un lado, los futbolistas de élite no pueden evitar el divismo, y gestionar a un grupo de jóvenes con escasa formación -casi siempre-, con los bolsillos repletos y que desarrollan su profesión en calzoncillos, no debe ser nada fácil. Por otro, a un “ser especial” como alguien calificó a F. Pérez, un exterraqueo que se pasa buena parte de su vida fichando estrellas en otra galaxia, tampoco le debe ser fácil comportarse como el resto de mortales.

Trabajé hace años en una multinacional –enorme- que también tenía su Florentino Pérez, un director general poderoso, afamado y hábil para los grandes negocios, y también personalista, radical y maniático con aquellos que “no le gustaban”, no su desempeño, sólo ellos o ellas. Lo que hizo con la compañía –como la marcha de Iker- tiene difícil explicación. Cercenó algunas carreras profesionales prometedoras; deshizo un conjunto de ideales; masacró una brillante masa gris, quizás irrepetible en un mismo tiempo y espacio, y redujo casi a polvo una marca poderosa…y todo sabemos lo que cuesta llegar hasta ahí.

La gestión de las personas, tanto en las empresas industriales como en las de servicios, es el gran reto, casi el único. Trasladar unos valores, los de la compañía, a todo el conjunto de trabajadores, mantenerlos en el tiempo, recompensar adecuadamente, y tener como vara de medir el desempeño y la implicación, y no la empatía personal, es la única receta posible. Sin esa “poción mágica” no hay producto o idea que valga, funcionará quizás un tiempo, pero nada más.

En el próximo número de Cuadernos de Logística publicaremos un interesante artículo que, precisamente, pone el foco en las personas como clave del éxito. No hay otra y creo que nadie es capaz de estar en desacuerdo con ello. Lo lamentable es, sin embargo, que quienes están dotados y han sido elegidos para dirigir y mandar, desarrollen con frecuencia vicios de “mandamás”, trazas de irracionalidad, raptos de iluminación divina, que tiran por tierra lo construido y reducen al trabajador, ya sea un peón o un directivo, un utilero o el mejor cancerbero del mundo, a la mínima expresión de autoestima, amén de “descapitalizar” el mayor valor de una empresa y lo único que no se puede clonar o copiar: su plantilla.

Todos de acuerdo…en teoría, porque por más que la conozcamos, no dejamos de repetir la Historia y la mala gestión del personal siga siendo algo habitual. Iker se va; Florentino se queda.

El clásico para leer -como tantos, llevado al cine con fortuna discutible- es “1984” de George Orwell, una fábula escrita a finales de los años 40 del siglo XX, que cada vez parece más cotidiana.

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El oráculo de Moncloa

A pesar de que este año vamos a tener una “hartá” de actividad política y que con ello podríamos estar curados de todos los espantos y huérfanos de cualquier sorpresa, no es así. Y esas sorpresas vienen con frecuencia desde lo más alto y en el tono más superlativo que pueda esperarse.

El presidente del Gobierno ha estado este pasado fin de semana en las jornadas del Círculo de Economía que se celebraban en Sitges y allí ha soltado esta prenda: “si se mantiene esta política económica -la suya- asistiremos al ciclo de recuperación económica más largo conocido”. Ahí es nada.

Ni Madoff, ni Lehman Brothers, ni rescate a la banca, ni hipotecas basura, ni ná.  Yo soy Juan Palomo. Y ni siquiera -que yo sepa- ha necesitado a su primo experto en cambio climático para hacer este vaticinio.

La previsión en cualquier ámbito es uno de los ejercicios más difíciles. Particularmente, en el ámbito empresarial es una tarea crucial y para acercarse a la certidumbre los equipos económicos y directivos de las compañías se nutren -entre otras fuentes- de datos históricos, comportamientos de los mercados, escenarios geopolíticos y opiniones y previsiones en política económica doméstica. Aún así, ni siquiera los conocidos como mayores expertos suelen tener un alto índice de acierto. La crisis de la que estamos saliendo es buena prueba de ello.

Por esto, resulta bastante frívolo que alguien a quien se le supone la responsabilidad y de cuyas palabras se suelen inferir decisiones y previsiones de índole económica muy trascendente, se despache tan a gusto con manifestaciones del todo gratuitas por imposibles de vaticinar. Por más que sea un escenario que todos desearíamos ¡Un poquito de sensatez!

Mejor harían nuestros políticos -todos y de todo color y condición- en ser más conservadores en sus declaraciones a la galería y más progresistas en el análisis de sus propias miserias. De ahí les llegaría la ponderación que les falta y la capacidad para mirar al frente y a los lados y no al ombligo…propio.

Y aquí va el clásico reciente de esta semana: “La quinta mujer” de Henning Mankell (1996). En realidad cualquiera de las doce novelas negras o policiacas de este escritor sueco, tiene todos los ingredientes que uno pueda querer para disfrutar de la lectura, por ejemplo, en las vacaciones veraniegas.

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La parte contratante de la primera parte

Que para decir algo no sólo hace falta hablar y que las palabras no siempre incluyen un contenido, lo ha vuelto a poner de manifiesto el XV Foro Nacional del Transporte de AECOC, celebrado la pasada semana en Madrid. Y no por voluntad de sus organizadores, a los que hay que reconocer la capacidad de convocatoria. Más bien por la voluntad (o la falta de ella, y casi cabría decir que de interés) de quienes, se supone, representan a todo el colectivo del transporte y la logística, en este caso de la secretaria general de Transportes del Ministerio de Fomento, Carmen Librero, encargada de la inauguración oficial del evento.

Resumir el contenido de la intervención de la sra. Librero es tan simple como sonrojante. Simple porque no dijo nada, absolutamente nada. Sonrojante, porque se espera que alguien de su rango, ante una más que nutrida y relevante representación del sector de la logística y el transporte, diga, aporte, revele, anuncie, analice, concluya, afirme o niegue, algo importante. Y se espera así, porque esa es su labor y su responsabilidad. Y por ella cobra. Y se espera que sea así, porque si no lo hace ante este foro, ya me dirán ustedes. Y todavía más. Se espera que sea así en un año electoral, de balances y promesas.

Pero no. En su breve intervención, la secretaria general de Transportes recitó lo obvio, cifras ya sabidas y repetidas hasta la extenuación, y cuando parecía que por fin iba a regalarnos un titular al respecto del debate sobre la capacidad de carga, se limitó a expresiones como “estamos trabajando intensamente” -¿eso es novedad u obligación?- o “avanzado una propuesta de modificación” que es tanto como decir la “parte contratante de la primera parte”, pero sin la gracia de los hermanos Marx.

Y aun nos regaló dos guindas, aunque más bien amargas. La primera, al confundir en su intervención dos colectivos del sector -y no es la primera vez-, la segunda al contestar con una pregunta a otra de un informador en lo que más parecía una reprimenda. Así son nuestros políticos.

Con estas intervenciones, con sus tibias respuestas a propuestas como la de SEOPAN sobre el peaje en autovías, con su mirar para otro lado en el asunto de la “devolución del céntimo sanitario”, con su discurso sobre la Estrategia Logística y la importancia de las mercancías, que luego sin embargo no tiene reflejo en los Presupuestos Generales ni continuidad, el Ministerio de Fomento y sus altos cargos demuestran una exasperante falta de sintonía y, sobre todo, una imperdonable e irrespetuosa actitud hacia los que se deben y les escuchan atentamente. Claro que el hábito no hace al monje, ni el cargo a la carga.

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El lado oscuro y la metrología

El malo malísimo de la saga Star Wars, Lord Darth Vader, reprochaba a uno de los generales del Imperio en el episodio IV (el primero cronológico según su estreno), su nula fe en las artes paranormales del lado oscuro: “su falta de fe resulta molesta”, le espetaba, mirándole fijamente (es un decir) con su máscara archiconocida.

Saltando tiempo, espacio y de la ficción a la realidad, la pasada semana en unas declaraciones a un periódico digital, el director de Metroscopia, la empresa de estudios y encuestas de opinión, decía que la gente no supo en su momento por qué había estallado la crisis “y ahora no se fía de la recuperación”.

Item más, también a este lado de la realidad. Los directores generales de los fabricantes e importadores de las principales marcas del mercado de carretillas, reunidos en la IV Cumbre del Sector, como las anteriores organizada por Cuadernos de Logística, expresaban con muchas,  muchas cautelas, -lo que cuesta alegrarse- aquello que debería ser de un optimismo desbordado, si tenemos en cuenta que de un mercado decreciente los últimos años, el de las carretillas elevadoras -como tantos- hemos pasado a un crecimiento en ventas que en los primeros meses ha sido del 40 por 100 y que, finalmente, puede situarse en el 25 por 100.

No sé si esta falta de confianza en la recuperación puede calificarse de molesta, de cautelosa o de conservadora, pero lo cierto es que los casi siete años de “plaga económica” que llevamos acumulados no han sido una bofetada, sino toda una tortura psicológica que ahora nos impide creer siquiera en los datos objetivos, eso mismo que antes esgrimíamos como justificación de lo mal que estaba todo y que nos recordaba uno de los asistente a la IV Cumbre: PIB, IBEX, Prima de Riesgo, Indice de Confianza.

Aprendemos de todo. Pero mucho más de aquello que nos deja huella negativa, y si el PIB o la prima más famosa de España van bien, que diría Aznar, enseguida nos acordamos del paro y la Deuda Pública, para volver a esa realidad triste y desgastada que, como un narcótico, nos devuelve al lado oscuro.

No hay realidad paradisíaca, ni modelo económico imbatible y eterno. Lo que si hay, lo que si tenemos o deberíamos tener, a mi me lo parece, especialmente desde el lado de las empresas y sobre todo de los medios de comunicación, es una responsabilidad metrológica, es decir un mandato tácito para medir con los mismos instrumentos y raseros cualquier escenario (económico) para sacar conclusiones comparables, pues la economía es una ciencia…o lo parece. Y si a la vista de los números hay que llorar, se llora. Pero si hay que sonreír, como empieza a ser muy aconsejable…pues eso. Feliz lunes.

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Artur Mas tiene razón

La pugna entre soberanistas catalanes y constitucionalistas está en pleno auge. Unionistas y separatistas esgrimen desde Madrid y Barcelona sus argumentos históricos y económicos, y buscan y rebuscan otros para convencer de la bondad de sus tesis, de la necesidad o no de un referéndum, del derecho a la autodeterminación, de las ventajas y desventajas de la independencia.

Entre tanta refriega dialéctica, Artur Mas ha demostrado que o está muy bien aconsejado, o es un tipo avispado donde los haya. En todo caso: tiene razón.

Sí, porque el pasado martes 3 de junio al Muy Honorable president de la Generalitat le tocó inaugurar el XVI Salón Internacional de la Logística de Barcelona, y en su discurso -en el que insistió en reclamar dinero al Gobierno- dijo algo que quizás pasara desapercibido pero que merece resaltarse: “Enhorabuena a los organizadores del Salón Internacional de la Logística…y de la Manutención, que esta segunda rúbrica casi siempre se olvida”.

Curiosa la apreciación y puntualización del sr. Mas quien, quizás, conozca la manutención por su trabajo en el sector privado antes de entrar en política o por pertenecer a una familia con intereses en la industria textil y metalúrgica. Curiosa, pero muy acertada.

SIL, como otras ferias de logística en este país y en cualquier otro, se empeñan y trabajan para contar con expositores representantes de fabricantes o comercializadores de carretillas elevadoras nuevas y usadas -la última “moda”- y en organizar zonas de demostración o formación con estas máquinas. Como en los salones del automóvil, gusta ver las carretillas, tocarlas, observar su diseño. Pero, con frecuencia, se hurta a estos vehículos el protagonismo que merecen frente a la “sofisticada” logística.  Habría que preguntarse si esto tiene que ver con el cierto desencuentro de algunas marcas con las ferias de logística.

Fui algo más que partícipe, en su día, de añadir al “Salón Internacional de la Logística” un segundo título “y de la Manutención”. Estaría bien que nadie tuviera que recordar la existencia de ese epígrafe, como también que presencias como las de Crown (magnífica por cierto) o Clark en la última edición del salón en Barcelona, no fueran singulares, sino parte de una mayor oferta.

Artur Mas tenía razón.

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Ruleta rusa ferial

El pasado jueves el Instituto de Fomento de Aragón (IAF), junto a otras instituciones feriales y relacionadas con la construcción, organizaba en Feria de Zaragoza una jornada bajo el paraguas de su marca Pilot, titulada “Construcción y Logística”. La excusa, u oportunidad, era la celebración simultánea por primera vez de las ferias Logis y SMOPYC, una de logística, la otra de maquinaria para construcción y minería.

Si lo que vale es la intención, este post acabaría aquí. Pero creo que no es suficiente. En el programa de la jornada, el binomio construcción y logística estuvo totalmente desequilibrado en favor de la primera, que ocupó cuatro quintas partes del contenido; se habló mucho de construcción y sobre todo de constructoras -repitiendo hasta la saciedad las mismas estadísticas por distintos ponentes- y muy poco de la maquinaria protagonista de la feria SMOPYC (de hecho sólo lo hizo, y relativamente, un ponente/periodista británico); y desde luego apenas quedó tiempo, al final, para hablar de logística, a pesar de la calidad de los ponentes convocados de este sector: Eduardo Zapata (UNO/CITET), Enric Ticó (FETEIA) y Ramón Vázquez (ACTE/CETM Multimodal). Obligada faena de aliño y poco más, moderada por quien escribe. Además, a esas alturas y después de todo un día de feria, buena parte del público había hecho “mutis”.

Creo que el encuentro fue imagen especular de sus sectores y de su relación actual con las ferias. Aunque IAF y Feria de Zaragoza quisieran “construir”  este evento paralelo a la exposición con la mejor de sus intenciones y el saber hacer que les acompaña -yo, al menos, no dudo de eso-, las circunstancias y el entorno invitan, cuando no empujan, a una profunda reflexión que debe hacerse de inmediato. Y me ciño al sector logístico.

El formato ferial tradicional, creo que en todos los sectores pero desde luego en el logístico, ha reducido de manera notable su aportación de valor a expositores y visitantes. A ello se une la reducción de presupuestos para marketing de las empresas y la no menos importante reducción de recursos humanos. Conclusión: cuesta mucho ir a una feria como las de antes, como se iba antes. Las ferias realmente internacionales todavía mantienen cierto atractivo para quienes buscan llegar a otros mercados pero, ojo, también empiezan a sufrir mermas importantes del lado expositor.

Aunque todas las ferias y organizadores feriales reconocen esa necesidad de cambio (algo es algo), todavía no se han hecho más que maquillajes o pequeños retoques estéticos. Falta imaginación. Detenerse y reflexionar. Y volver a empezar, casi desde cero, sobre la base de dos argumentos imbatibles para cualquier feria profesional: el contacto humano y las instalaciones. La tecnología en red no podrá nunca suplir el primero y hace falta gastar demasiado dinero para competir con lo segundo.

A pesar de todo ello, del desgaste del modelo, de los costes, de las críticas, proveedores de productos, demandantes, prensa y responsables de diferentes administraciones, siguen acudiendo a las ferias. En menor medida, pero ahí están. Y sin hacer tampoco un notable ejercicio de imaginación. Algo tendrán las ferias (yo llevo tres post seguidos hablando de ellas). Empecemos por ahí.

Llevo asistiendo a ferias y salones profesionales desde hace más de 30 años y creo que, por primera vez, estamos en una verdadera encrucijada. En un “rien ne va plus”. O en una peligrosa ruleta rusa ferial. Probablemente hemos traspasado el punto de no retorno. Quien haga el primer ejercicio de reflexión, aporte nuevas ideas y las ponga en marcha, tendrá mucho ganado. Quien no, estará condenado a desparecer.

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Ir pa ná

Bufones, payasos, cómicos y humoristas han tenido la habilidad y el gracejo -que diría un castizo-, para decir lo que otros callan, para señalar lo que otros saben y no dicen por aquello de las formas, la educación y el protocolo. Ha sido así desde la Edad Media (al menos) hasta nuestra época mediática. Va siendo hora de hacerles la competencia…en serio.

Es habitual -y deseable- que en reuniones profesionales más o menos multitudinarias, forme parte del programa la presencia de “la autoridad”, el cargo de turno más oportuno, y de mayor jerarquía a ser posible, emparentado con el tema que se trate. Eso también ha sido así desde siempre.

Los organizadores de la reunión o evento, buscan esa presencia oficial con la que dotar a la convocatoria de mayor ¿nivel? y desde luego relevancia, atención mediática y, probablemente más asistentes. La pregunta es ¿para qué?

Entiendo porque es lo exigible, que la ministra, el secretario de Estado o el director general de tal o cual departamento ministerial, estén cerca de los profesionales, empresarios y medios de comunicación que más les atañen en su desempeño. Entiendo que comparezcan en esos foros de reunión profesional para anunciar o compartir algo. Y entendería que aprovecharan esa circunstancia para departir con el sector, en nuestro caso el logístico, para saber, compartir, conocer, escuchar, aprender en suma, qué se cuece, en el contacto con unos y otros. Pero esto es lo que nunca -o casi nunca- ocurre.

La autoridad de turno llega  a la hora que determina “su” agenda, no la del evento, lo que suele traer una migraña descomunal a los organizadores; pasa por encima de lo programado, interrumpiendo ponencias, cercenando debates, modificando horarios, etc.; y sale pitando llevada en volandas por su séquito. Antes, eso sí, se ha subido al púlpito para dar una clase magistral de cómo no decir nada de nada. Y eso es así, reconózcanlo conmigo, 99 veces de cada 100.

Y para prueba una muy cercana. El evento,  el Foro del Transporte de AECOC de la pasada semana (26 de marzo). La autoridad, el secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, Rafael Catalá. Los hechos, que tuvo de cabeza a los organizadores al cambiar en el último momento la hora de su intervención; que mutiló una de las intervenciones que se quedó sin debate; y que repitió exactamente lo que ya había dicho hace cuatro meses que, a su vez era lo mismo, que dijo la ministra Pastor meses antes.

Olvidan los cargos públicos y autoridades que están ahí puestos por los ciudadanos para desempeñar un trabajo y que parte de ese trabajo es informar de lo que saben, proponer lo que defienden y articular soluciones a los problemas. Transitar por un territorio exclusivo, ajeno a lo que les rodea, no es parte de ese trabajo.

Sólo unas pocas excepciones, unos pocos eventos, han decidido “pasar” de la autoridad y sus alharacas. Visto lo visto y oído lo oído, no es mala decisión. Si hay que ir se va, se escucha, se habla, se participa, pero “ir pa ná” ya dijo el cómico lo que es.

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