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¿En qué se parece la logística a la Isla de Pascua?

Como conté en mi último post, la semana que ha concluido se ha celebrado el Día de la Logística. Este año, el 21 de abril. Una cita anual alrededor de la cual se han llevado a  cabo varios actos, reuniones, jornadas y conmemoraciones, a las que nos hemos sumado desde nuestro medio de comunicación. Como dijo el presidente del CEL, Alejandro Gutiérrez, en la velada que supuso el cierre de esas celebraciones, el Día de la Logística tiene como objetivo “dar mayor visibilidad social a la gestión de la cadena de suministros”. La pregunta es ¿Lo conseguimos?

El plantel de asistentes a la citada velada era del todo espléndido en cantidad, calidad y representatividad sectorial; el de los actos que organiza el CEL lo es igualmente y también, modestamente, el que ponemos en marcha desde Cuadernos de Logística. Pero, sinceramente, creo que debemos aspirar a más. Y el foco debemos ponerlo en el  término “social” de esa frase que dictaba Gutiérrez.

La mayor parte de quienes acudimos u organizamos esas citas, sabemos de qué va la logística. Está bien tener una cita anual de todo el sector, escuchar y debatir de temas comunes, premiar a los mejores cada año, desde luego. Pero ¿Están en estas convocatorias esos que deben permear a la sociedad de la res logística? Creo que no.

Ojo, no se trata de señalar deficiencias. Que no las hay. Es claramente, y así lo señalo, el lanzamiento de un reto. Un escalón más. Creo que bajo el liderazgo del CEL, que es quien detenta el compromiso de celebrar en España ese Día de la Logística, debemos ser capaces de atraer a otros estamentos o de ir a buscarlos si es preciso y de ahí, en aluvión, llegar a empapar a la sociedad, contarle qué hacemos, el cómo y porqué esta profesión es de vital importancia.

Hablo del Gobierno, de la Administración (en cualquiera de sus niveles o en todos), de la Universidad, de la enseñanza Secundaria, de las cooperativas, centrales de compras, de las asociaciones de consumidores, etc.

Debemos hacer, en mi opinión, un gran frente común. Necesitamos ese conocimiento (y reconocimiento) social hacia la logística. Y lo necesitamos casi diría que con urgencia. Un frente al que puedan sumarse los más posibles. Y si la montaña no va a Mahoma…habrá que ir a contárselo a su casa, a sus clases, a sus eventos. Y no sólo el CEL, las empresas de carretillas, las de sistemas, los operadores logísticos, la prensa, en suma: todos estamos obligados.

Tenemos vocación y voluntad pero nos falta ese paso, que puede ser pequeño en dimensión y enrome en repercusión, porque a veces somos un tanto endogámicos y nos miramos en exceso al ombligo, que es como los habitantes de la Isla de Pascua llaman a su tierra en el lenguaje original: Te Pito Te Henua (El ombligo del Mundo). Quizás porque no pudieron salir de allí.

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Líderes en incomparecencia

Uno de los signos que demuestran que un sector empresarial, profesional, tiene personalidad propia y razón de ser, es la aparición de un sentimiento de cohesión y colaboración que se produce en el seno de las compañías que lo forman. Entonces unos y otros se unen en torno a un colectivo con objetivos y funciones que, casi siempre, miran hacia fuera, aunque las fórmulas son muchas y esto último no es condición imprescindible.

Estas uniones son consustanciales a los profesionales que desarrollan una labor semejante y ya en la Edad Media eran reconocibles. Entonces  -y aún ahora- se les conocía como gremios, vocablo cuya raíz latina indica reunión de cosas o elementos muy cercanos.

En el sector logístico –incluyendo, como no, el transporte- podemos hablar casi de una situación de privilegio. Empezando por el transporte que –me dicen- cuenta con más de 300 asociaciones y grupos gremiales (sectoriales, locales, regionales, nacionales, supranacionales), pero también entre los fabricantes y distribuidores de equipamiento, de prestación de servicios logísticos, de investigación, hasta llegar a las más generales (y longevas) que agrupan buena parte de las actividades anteriores. Unos y otras no desmerecen al resto. Suman, que es lo importante, si bien en ocasiones parezca que compitan.

Pero sean grandes o pequeñas, generales o específicas, singulares o no, todas las que prestan un servicio a sus asociados y estos las reconocen como útiles, eficaces, defensoras del interés común y cohesionadoras, tienen un rasgo común: un equipo de gestión comprometido y un líder o lideresa que ejerce como tal. No se trata de un ejercicio de mera representatividad, de figurar en la primera línea del organigrama o de estampar su nombre en la correspondiente tarjera de visita. No. De él o ella depende, puede que mucho más que en su propia empresa, llegar a buen puerto en cada una de las singladuras de la travesía en las que va a ejercer como “capitán”. O el líder, o el caos. Ni más ni menos.

Pues bien, a pesar de los numerosos y ejercientes grupos profesionales y asociaciones que desarrollan una magnífica labor en el sector de la logística en su conjunto, existen algunas que han olvidado este principio, cuyos líderes no están casi nunca ni tampoco se les espera. Aunque aceptaron una responsabilidad, no la practican y la han delegado (conculcando el principio que lo impide), arrogándose, eso sí, el resto de prebendas del nombramiento que casi siempre le sirve para otros fines.

Además de minusvalorar, cuando no demostrar desconsideración o desprecio por el colectivo y cada una de sus individualidades, quienes “ejercen” de esta manera suelen hacerlo por dos razones igualmente impropias: fines políticos o intereses particulares relativos a su empresa o negocio. Medrar es su interés. Auparse más alto y más lejos utilizando el trampolín de la asociación. No descubro nada. Es una vieja canción. Pero no por conocida y repetida es menos indeseable. Ah y lo que llega a continuación también es “de libro”: los presidentes y presidentas que así actúan, destrozan o anulan en poco tiempo lo logrado por el colectivo en mucho más y con más esfuerzo.

Como las monedas, la lealtad gremial tiene dos caras. Y una de ellas consiste en echarse a un lado si nada hay que ofrecer al grupo. Si no se dispone de tiempo o el esfuerzo resulta imposible de sobrellevar o es simplemente tedioso, mejor hacerse a un lado.

Que yo sepa, nadie llega con grilletes al cargo de presidente de una asociación. Y nadie debería salir avergonzado por incomparecencia. Ningún sector lo merece. Este tampoco.

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¿Un mundo ideal o un mundo irreal?

La semana pasada, en Madrid, se celebraba una nueva edición, la quinta, del Congreso AECOC de Supply Chain. Se cumplió el tópico  de que “no hay quinto malo”, con ponencias y mesas redondas acertadas en contenido y exposición, y un nivel de asistencia que ha batido el récord de este encuentro, con más de 340 profesionales. Con estos datos solo cabe felicitar a la organización que reunió a la “flor y nata” de los responsables logísticos de la fabricación y distribución y, también, una notable representación de los operadores logísticos.

Olvidada la crisis o, al menos, con un ya muy escaso protagonismo, las grandes empresas expusieron en este foro estrategias, filosofías, casos de éxito, desarrollos, nuevas tecnologías, en un escenario casi ideal que dudo que sea homogéneo.

El “pero” está (sin desmerecer en nada este sobresaliente foro) en que hay otras muchas, muchas empresas en España que no son estas –que ya estaban liderando sus mercados antes de la crisis y lo siguen haciendo después, nada ha cambiado- a las que esas filosofías, estrategias, desarrollos, colaboraciones, les quedan grandes o están muy lejos de su realidad, que sigue siendo de “economía de guerra“.

Siempre me ha parecido –y lo he dicho públicamente- que en un escenario empresarial como el español en el que más del 80 por 100 de las empresas son pymes, y de ellas gran parte pequeñas compañías, no hay cauces para que se relacionen y encuentren sus modelos, es decir, las referencias que les son comunes y habituales y que, desde luego, no son las que se refieren a multinacionales o grandes empresas: los problemas estructurales pueden ser comunes; las soluciones, desde luego que no.

Aunque caigamos en ese error de sólo “mirar hacia arriba”, a veces, desde Cuadernos de Logística intentamos equilibrar la balanza con encuentros para ambos colectivos, por ejemplo en el sector de las carretillas elevadoras. Y son, precisamente, el conjunto de empresas más modestas y menores en tamaño, las que más agradecen estas convocatorias, un oasis en el común desierto por el que casi siempre transitan.

Hay oportunidad, hay necesidad, hay cauces (las asociaciones del sector logístico, por ejemplo), para que encuentros del máximo nivel económico-logístico como el de AECOC tengan su correspondiente en otros en los que se descienda a la trinchera, se den recetas y soluciones al problema de hoy, al de las pymes que siguen estando huérfanas y a la intemperie, sin el necesario paraguas que las reúna en torno a su realidad común que dista mucho de ser ideal.

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Los premios están bien para quien los gana

Desde 2013 se viene convocando los premios IFOY, unos galardones organizados por la  potente asociación alemana de ingeniería VDMA (sección equipos de manutención e intralogística), que tienen al apoyo del Ministerio Federal Alemán de Asuntos Económicos y Energía, y que impulsa como partner la feria internacional CeMAT de Hannover. El jurado está formado por un grupo de 16 periodistas del sector de otros tantos países europeos.

La elección anual de un puñado de carretillas elevadoras y equipos de manipulación, y de un proyecto de aplicación (cinco premios en total) es algo interesante, sobre todo para las marcas que resultan premiadas, y también es algo relativamente convencional y al uso. En el sector del automóvil y en el de camión, por ejemplo, igualmente un grupo de periodistas elige cada doce meses el vehículo del año.

La pregunta es, en nuestro caso y sector, ¿cuál es la mejor carretilla contrapesadas o equipo de manipulación y por qué? No desmerezco la labor de mis colegas de la prensa logística, que someten a cada candidato a una batería de comprobaciones y test intensiva y muy técnica. Sin embargo, cuando las propias marcas reconocen, en su mayoría, que las diferencias, incluso las tecnológicas más avanzadas, son mínimas entre los protagonistas del mercado y que lo que importa es lo que hay detrás (servicio, fidelización postventa, estudio de necesidades, adecuación a la demanda cambiante, etc.), la elección del equipo no es todo lo singular y relevante que podría serlo unos años atrás.

Es más, es elección de esa decena de marcas fabricantes presentarse o no a estos galardones, aparecer como candidatas y de entre esa lista esperar a ser premiadas con los IFOY Awards. Pero no están todos los que son. Llegar a la excelencia, a la verdadera representatividad sectorial, en cualquier premio que se convoque, siempre es muy complicado. Ni siquiera los Planeta del fallecido Lara Bosch, lo han conseguido al cien por cien.

Hace unos años, desde Cuadernos de Logística, pretendimos instaurar unos premios nacionales en este mismo sector de las carretillas y equipos de manipulación, para reconocer a los equipos que llevaran más tiempo trabajando y con un desempeño acorde a sus capacidades. Una suerte de galardón a la longevidad técnica. No lo llegamos a hacer. El sector y los fabricantes nos dieron una lección.

Frente a nuestro objetivo, había muchos otros que dejaban como irrelevante ese reconocimiento. Que nuestra intención estaba bien, según los productores, importadores y comercializadores exclusivos (de nuevo esa decena reconocible por todos), que sí, pero ¿qué aportaba? El premio, nos dijeron, se consigue cada día, lo dan los usuarios con su respaldo, con sus compras y alquileres, con su reconocimiento sobre todo a los nuevos equipos que aparecen constantemente en el mercado. Están orgullosos de esa máquinas longevas, pero miran hacia adelante mucho más que hacia atrás. Y más al mercado que al producto. Porque éste no es nada sin aquél.

Los premios están bien, sobre todo para los que ganan. Lo que no sé es si la “mejor carretilla” es la mejor carretilla, en singular. De lo que estoy seguro es que “mejores” carretillas “haberlas haylas”. Y muchas. Esas y otras.

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Paro parece, PPNOES

La patronal del transporte de mercancías por carretera, ha convocado un paro (no confundir con huelga ¡por favor! que es lo que hacen los trabajadores, dicen) de tres días que comenzará a las 00h 00´del próximo lunes 17 de noviembre. Motivo, la decisión del Ministerio de Hacienda de recortar sustancialmente la devolución del impuesto de hidrocarburos llamado “céntimo sanitario” tras la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), que lo declaró ilegal esta primavera.

El Gobierno de Mariano Rajoy ha vuelto a hacer una de las dos cosas que le definen tras su victoria en las elecciones de noviembre de 2011: A) no hacer nada que ya pasará el chaparrón, también llamada postura de las avestruces inoperantes (PAIS) B) hacer lo contrario a lo prometido o pío, pío, que yo no he sío (PPNOES). En este caso ha optado por la B.

El inicio de la campaña de Navidad está en marcha -la que puede ser la mejor de los últimos siete años- y los comerciantes, que están que trinan, han llamado al diálogo a través de las asociaciones y colectivos de la distribución comercial y gran consumo, ante la perspectiva de un paro que podría extremarse y convertirse en indefinido.

Sin entrar en disquisiciones jurídicas -la sentencia del TJUE ha sido citada hasta la saciedad- hay quien, además del Gobierno, la interpreta tal y como Montoro y su equipo (que más parecen la T.I.A. de Mortadelo y Filemón) pretenden aplicarla. Quizás, sólo quizás, ya que hablamos de un buen “pellizco” en forma de millones de euros, eso fuera lo de menos si el titular de Hacienda hubiera aplicado un mismo criterio inicialmente y no hubiera pasado por todos los estados de la materia en este asunto: no devolverlo; devolverlo obligado por la sentencia; anunciar su inmediata devolución; recortar esa devolución y…ya veremos.

Miren ustedes, sé que no se puede generalizar, pero esta casta de dirigentes, que está haciendo el “caldo gordo” a expresiones políticas quijotesco-anarquistas, parece estar muy acostumbrada a “meter mano en la caja“ en beneficio propio, y seguramente no tanto en beneficio de los demás, ni siquiera sentencia mediante. Pero no pasa nada, el PAIS y el PPNOES lo aguantan todo.

¡Ah!, y un efecto colateral más. Si hay paro, habrá desabastecimiento; y si el paro torna a indefinido, todavía más. Luego, cuando concluya, se pedirá a la logística que responda más, mucho más rápido, para tapar los agujeros y llenar los lineales al mismo precio. Ya lo verán.

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Amanece, que no es poco

No quería ponerme demasiado poético. Pero no voy a tener más remedio. Estamos asistiendo, seguramente -por aquello de la falsa objetividad del que aún no puede tomar distancia y perspectiva temporal del hecho- a un nuevo amanecer, a una nueva etapa, que puede ser fundamental en el devenir histórico de la logística en España, a poco que se fundamenten algunos pasos incipientes. Lo que no tengo muy claro es qué sentido tomarán las cosas.

Hace un año, sólo un año, que la Administración ha empezado a hablar de logística; ya no sólo de industria, de comercio, de infraestructuras o de transporte. Por fin la logística figura como una nueva entrada del “diccionario del Gobierno” a través de su apéndice Fomento, con un desarrollo del término, la Estrategia Logística, de lo más alentador. Sólo cabe esperar -tengo mis dudas- que todo esto no se quede en un vocablo efímero en su uso administrativo.

Por otro lado, un puñado de cuestiones que marcarán el futuro del transporte y de la logística -no solo nacional- están sobre la mesa y su resolución está en marcha o en el horizonte más cercano. Y nunca antes habían sido tantas y de tanto calado: pesos y dimensiones en la carretera; autopistas del mar; intermodalidad y, con ello, conexiones ferrocarril-puerto; fiscalidad; medioambiente; vehículos eléctricos; drones; realidad aumentada (y su uso en almacenes); gestión “inteligente” de flotas de carretillas…

Finalmente, pero no menos importante, dado su protagonismo e implicación la última década, se han producido cambios en las cúpulas de dos de los colectivos más importantes del sector logístico/transporte (y por cuestiones de “calendario vital”, no serán las únicas a corto plazo): el relevo en la presidencia y secretaría general de UNO, la patronal de los operadores logísticos, la pasada primavera, e igualmente el de la presidencia en la patronal del transporte por carretera (CETM) que acaba de anunciar Marcos Montero, tras diez años en el cargo. En ambos casos, la necesidad de dar paso a una nueva etapa ha sido la justificación de quienes se van.

Ocasionalmente, se agolpan estas circunstancias sectoriales (legislativas, tecnológicas, institucionales, etc.) que suelen coincidir, afortunadamente, con importantes saltos cualitativos, casi de necesidad “evolutiva”, si bien no exentos con frecuencia de episodios de tránsito poco saludables. Todo nuevo parto exige su cuota de dolor. Veremos en qué quedan todos estos.

Alumbramientos o amanecer, lo importante es que traigan desarrollo y continuidad para un sector, la logística, aún en formación, y que no se queden en un absurdo y surrealista relato,  como el guión de la película de José Luis Cuerda que sirve de título a este post.

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Una asociación nacional de carretilleros

El pasado jueves hemos celebrado el I Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras. Una iniciativa de Cuadernos de Logística que luego lo ha sido, también, de los patrocinadores y del propio sector, dado el entusiasmo generalizado con que ha sido recogida y acompañada esta idea, que tendrá continuidad anual, ese es nuestro compromiso, en años venideros.

Y digo celebrado, porque el sector lo ha manifestado como tal con su asistencia, un centenar de invitados (y eso a pesar de la coincidencia con un par de eventos internos de otras tantas compañías), y con su participación, tanto en la mañana de ponencias como en el resto de actos del programa, básicamente pensado para el intercambio y el contacto profesional.

El sector de las carretillas elevadoras y equipos de manipulación es perfectamente reconocible. Importadores, distribuidores y alquiladores forman el grueso de la oferta a la que se unen los suministradores de accesorios o servicios alrededor de la máquina: neumáticos, implementos, baterías, repuestos, formación, etc. Todo para dar respuesta en la manipulación de mercancías a una demanda infinitamente dispersa, pues en casi todos los sectores industriales hay que mover, almacenar o manipular productos.

Esa cohesión en la oferta no se ve sin embargo reflejada, al menos hasta ahora, por un colectivo gremial igualmente dimensionado y representativo del sector en su conjunto. Sí, existen algunos colectivos, pero son sólo parcialmente representativos o forman parte de otros mayores. Ese es el caso de MEDEA, la asociación de importadores de carretillas, un núcleo muy importante en peso específico e igualmente concreto en número (12 compañías), donde están las grandes marcas que opera con filial u organización propia en España. Igualmente, algunas asociaciones empresariales de índole regional o local o con otra misión, como es el caso de AECE o la FEM, intentan dar cobijo, aglutinar y representar a los “carretilleros” en ámbitos geográficos o concretos.

Tanto por esa clara identificación gremial, que supone en consecuencia compartir retos y problema comunes, como por su implantación pan-industrial, y por pertenecer a un colectivo mayor, el logístico, una de cuyas señas de identidad es el asociacionismo, resulta llamativo que a estas alturas no exista ya ese colectivo del sector de carretillas elevadoras en España a escala nacional -o incluso ibérico-, que englobe a todos los actores implicados sin excepción.

Por si alguien lo dudaba, el I Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras ha demostrado que existe el germen necesario, y dado el origen diverso de los asistentes y las peticiones de continuidad del evento recibidas -sobre todo ponderando la comunicación y necesario encuentro de profesionales del sector- también la inquietud por la unión a escala nacional.

En mi opinión este es el mejor momento para fortalecer al sector de carretillas, ahora que salimos de la crisis. Sólo hace falta que alguien con carácter, ganas y conocimiento del sector, catalice esos ingredientes y ponga hilo a esa aguja. El sector lo merece.

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Estamos mejor que nunca

La logística y todos los sectores que la forman, no es ajena a la crisis, toda vez que es una de las pocas actividades que presta servicio a la práctica totalidad de las áreas económicas. Escasez de ventas, malos resultados, crecimiento de impagados, desaparición del crédito, proyectos detenidos…razones para las plañideras no han faltado.

Sin embargo, veamos si somos capaces de “darle la vuelta a la tortilla” y si otros datos y un análisis sectorial general pero estricto, son capaces de compensar el tono gris que ahora empieza a despejarse. Pongámonos a ello.

En el ámbito europeo, el sector logístico nunca ha estado tan cohesionado, la ELA y sus asociaciones nacionales son prueba de ello; nunca hasta ahora habíamos tenido un Día Europeo de la Logística; hay tantas o más ferias que nunca allende los Pirineos; la mayor de todas (CeMAT) ha reducido su frecuencia de tres a dos años; algunas compañías proveedoras del sector han decidido volver a fabricar en Europa; se ha creado un reconocimiento anual a escala continental  para las carretillas elevadoras; y en el ámbito de la UE el transporte ha redescubierto el cabotaje, se han implantado las primeras autopistas del mar, se han diseñado las Redes Transeuropeas del Transporte y, tímidamente, se avanza en la armonización de pesos y medidas en la carretera.

En el ámbito nacional, nunca hemos tenido tantas asociaciones, con tanta actividad, ni tan representativas y defensoras de los distintos subsectores de la logística; nunca ha habido en España tantas ferias dedicadas a la logística y el transporte como ahora; nunca ha habido tantos actos, reuniones, jornadas, congresos, mesa redondas y, probablemente, nunca haya habido tanta oferta de proveedores en el mercado.

Ni siquiera nosotros mismos, Cuadernos de Logística, estábamos aquí antes de la crisis. Es decir, todo esto ha ocurrido durante la larga y pertinaz fase económica negativa, gris y en apariencia inmovilista que aún nos acompaña.

Las razones que llamaríamos de estricta índole económica, los dineros, vamos, no cambian con este inventario (donde seguramente me habré dejado algo en el tintero), desgraciadamente. Pero lo que si puede cambiar es el tono o la intensidad del “quejío” hasta hacerlo casi desaparecer bajo el reconocimiento de que, en logística, pese a todo, no hemos dejado de progresar, de hacer, de construir. Y el tono es, precisamente, lo primero que hace cambiar los balances.

En resumen, si no fuera por los números, estamos mejor que nunca.

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La encrucijada de UNO

La patronal de los operadores logísticos, UNO, está viviendo, involuntariamente o no, su particular encrucijada este 2014, tres años después de su nacimiento en julio de 2011. El resultante de la unión de Lógica (Organización Empresarial de Operadores Logísticos, a su vez evolución de ANADIF), AECAF (Asociación Empresarial Española de Carga Fraccionada) y AECI (Asociación Española de Couriers Internacionales), ha tenido durante este trienio un desarrollo espectacular, buscando un cambio profundo y necesario en el galimatías del mapa español de asociaciones del transporte y logística, y dando solidez y transparencia a las buenas prácticas profesionales con instrumentos como el Sello “e”.

Las asociaciones son y serán imagen especular de sus directivos, que asumen una tarea, con frecuencia ingrata. Y el éxito, la representatividad sectorial, la consecución de objetivos y la cohesión de los socios del colectivo depende, sí o sí, del empeño y dedicación generosa de esos directivos, muchas veces solos y otros en equipo.

UNO ha transitado estos tres últimos años por ese camino gracias a un presidente, Gonzalo Sanz, que ha sido y será siempre un “animal asociativo” (perdón Gonzalo), que ya fue presidente del Centro Español de Logística, que ha creído en la causa de los operadores y que ha enarbolado su defensa como colectivo y la transparencia sectorial como meta. Y junto a él han trabajado Eduardo Zapata, secretario general, desarrollando una labor de hondo calado profesional y amplia generosidad de miras; y también Eloísa García-Moreno, directora general corporativa, implicada en estructurar legalmente al colectivo, entre otras tareas.

Ninguno de ellos desempeña ya el cargo descrito. Gonzalo Sanz, presentó su renuncia por motivos personales el pasado 30 de enero; Eduardo Zapata abandona su cargo pasado mañana, 7 de mayo, y sale del sector logístico para abordar un nuevo reto profesional; y Eloísa García-Moreno ha recalado en la Fundación para la Excelencia de la Logística y el Transporte, creada desde el seno de UNO, para promocionar el Sello de Calidad. Casualidades “haberlas hailas”, pero que quieren que les diga, esto suena a abandono del barco porque empieza  a tener una vía de agua o porque ya no sopla viento y es mejor remar a otros mares desde un bote más gobernable.

Sea de una forma u otra, lo cierto es que el futuro de UNO está, por lo menos, comprometido y su dinámica singladura desde 2011 es ahora calma chicha. Un ejemplo: desde el nombramiento de su nuevo presidente, Juan Pablo Lázaro, el pasado 28 de marzo, aún se espera su primera convocatoria ante el sector o ante los medios. Habrá que ver si sucede algo parecido con el nuevo secretario general, cuya selección está en marcha.

La labor de Gonzalo Sanz ha sido criticada -sobre todo desde el lobby del transporte- y quizás en algún caso esa crítica sea acertada y ponderada, pero de lo que no hay duda es del desempeño y empeño del equipo de gobierno que ha liderado en UNO para poner en el mapa del transporte y la logística, definitivamente, a los miembros y al colectivo.  Por ello, en mi opinión, el primer reto del nuevo equipo debe ser, sencillamente, una labor de emulación. El resto de retos no van a ser tan fáciles.

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El clásico

La noticia del fallecimiento de Adolfo Suárez ha eclipsado otra que amenazaba seriamente con acaparar portadas e informativos, la del enfrentamiento futbolístico en el Santiago Bernabéu. Un nuevo “clásico” del fútbol que repite los tópicos hasta la saciedad: partido del siglo, el más decisivo de los celebrados nunca, el derby más esperado, etc. etc. Una retahíla de argumentos vociferados sin variación una y otra y otra vez. No sé si es falta de imaginación de los comunicadores o que este es el “alimento argumental” que quieren los aficionados. Repito, sin variación.

En nuestro sector hay también un “clásico”. Un recurrente intercambio dialéctico entre los que defienden y los que denostan las ferias profesionales como canal o instrumento comercial. Comienza este mes de abril la “temporada” de ferias logísticas y las hay para todos los gustos, colores, tamaños y objetivos. Modestas, menos modestas, enormes, de bolsillo, nacionales, internacionales, sin apellido, solitarias, acompañadas, jóvenes o maduras.

Desde el 1 de abril hasta el 6 de noviembre, los profesionales del sector logístico pueden ver las últimas ofertas de productos y servicios de las empresas proveedoras y asistir a un sinfín de actos paralelos con diferente formato donde se debatirá sobre la problemática del sector. Zaragoza, París, Hannover, Barcelona, Madrid serán los lugares que acojan a otras tantas ferias.

Y los que a partir de ahora vayan o no a esas citas profesionales, aportarán argumentos en favor y en contra, pero serán los mismos de siempre. Y estaremos, de nuevo, en el intercambio “clásico”: las ferias son caras;  o no, depende del resultado en contactos que se obtenga; con tanta información las ferias ya no aportan nada; el contacto humano que favorecen las ferias es una aportación insustituible; se ven los de siempre; se puede ver a todo el sector.

Como con los adjetivos futboleros para calificar “el clásico”, echo en falta nuevos argumentos para justificar la ausencia o asistencia (por cierto, la ferias se siguen llenado en buena parte de sus convocatorias), aportaciones técnicas y estadísticas serias (de verdad) por parte de los organizadores para que sean creíbles, planes de marketing elaborados por los expositores en torno a su presencia, informes independientes de conveniencia de dónde, cuándo, cuántas y con qué frecuencia convocar una feria profesional, estudios económicos que demuestren el valor de mercado de un espacio ferial (que siempre se antoja muy caro), otros que indaguen en el por qué de la “huida” de grandes empresas de algunas ferias para organizarse la suya propia, y en fin encuestas que pregunten a unos y a otros, más allá de las cuestiones “clásicas” y las respuestas ya conocidas, por sus afinidad o desafecto ferial.

Para eso, seguramente, hacen falta entidades sectoriales independientes (¿asociaciones?), que arbitren esos estudios e informes cuyas conclusiones tendrían sin duda mucho valor. Pero, eso sí, árbitros reconocidos y acertados…no como los del “clásico”.

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