CategoríaAna Pastor

Hacer un Rajoy-Pastor

Un nanosegundo es la milmillonésima parte de un segundo o el tiempo que tarda un internauta español en sacarle punta, hacer un chiste y mandar una imagen por la red de cualquier noticia que tenga la más mínima oportunidad de hacerse hilarante. Así somos, chistosos y demoledores. Tanto que –para los creyentes- el patrón de España debiera ser San Benito y no Santiago, porque al que le cae ya no se le quita de encima.

Lo penúltimo de nuestros chascarrillos es , “hacer un…” Así, “Hacer un Fernando Alonso” es que se te averíe el coche, recién salido del taller, sin apenas circular; “Hacer un Cospedal” es intentar explicar lo que está muy claro de manera inexplicable (a propósito del despido de Bárcenas del PP); “Hacer un Zapatero” es ver lo que nadie ve, como las pitonisas, a propósito de los brotes verdes, que no eran brotes, si acaso botes y de humo que no nos dejaban ver el precipicio de la crisis que teníamos por delante; “Hacer un Melendi” es montarla en un avión y obligar a dar la vuelta; o “Hacer un Rosell” es decir que no, que desde luego que no, que todo es mentira, para luego dimitir porque era verdad que en aquel fichaje no había nada claro…

Me apunto a la moda y quiero acuñar una más: “Hacer un Rajoy” o mejor “un Rajoy-Pastor” que no es un movimiento de ajedrez, más bien nuevo sinónimo de procrastinación, es decir dejar las cosas para ya se verá cuándo, que es lo que ha hecho el Gobierno con el Plan piloto de desvío voluntario de vehículos pesados a autopistas de peaje, que tras múltiples idas y venidas, se anunció para su entrada en vigor el pasado 1 de julio para luego retrasarse. Afortunadamente, en este caso (excepcional en eso), sólo tres días hasta el Consejo de Ministros el pasado viernes 3. Otras cuestiones no han tenido tanta suerte.

La dilación ha sido –y es- la marca, el sello, de este Gobierno, que tardó meses en aprobar sus primeros Presupuestos Generales y no menos en que Rajoy compareciera en una rueda de prensa (con o sin preguntas). Y aún lo será, ya que el presidente ha dicho este mismo fin de semana que no sabe, que quizás, que podría ser, o no, que ya veremos, que pudiera ser que dilate la convocatoria de elecciones generales a diciembre, con lo que esa dilación e incertidumbre genera en administraciones, presupuestos, toma de decisiones, etc. Gracias, señor presidente.

¿Y en la logística y el transporte? Pues más de lo mismo. No tendremos aprobado el necesario reglamento (ROTT) de la Ley de Transportes (LOTT) en esta legislatura, pese a la promesa en contra; tampoco avanzará más allá de lo que se hizo en su presentación la Estrategia Logística; e igualmente, no habrá Ley específica para el sector que la acompañe; cualquier día, o no, quizás nunca, habrá una nueva reglamentación para pesos y dimensiones; y no sería extraño que al Gobierno vuelva a pillarle en “fuera de juego”, por no tomar decisiones, alguna protesta como la huelga de transportes que finalmente no fue el pasado mes de diciembre…

En las escuelas de negocio se enseña que no tomar decisiones es, también, tomar una decisión. Parece que el señor presidente y la señora ministra sacaron sobresaliente en esa asignatura del máster y quién sabe, quizás lo adornaran con alguna cita del artículo “Vuelva usted mañana” de Mariano José de Larra.

Sin más dilación, para no caer en el mismo error, mi recomendación literaria, muy de verano, ligera, divertida y que pesa poco, perfecta para leer bajo la sombrilla o sobre la hamaca: “Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco”, un compendio de curiosos relatos de ciencia ficción de Athur C. Clarke que se consume de un tirón.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

La música del anuncio de Marlboro

Hace no demasiado tiempo, cuando fumar no estaba mal visto ni “perseguido” y se podía ver publicidad de las marcas de tabaco en televisión y en el cine, a muchos nos resultaba reconocible un anuncio en particular o mejor dicho, una melodía que acompañaba el anuncio de una marca, Marlboro, que evocaba a las “pelís” de vaqueros, los que transportaban reses por las llanuras del Oeste norteamericano, con enorme esfuerzo y comiendo polvo, desde sus zonas de pasto a los apartaderos ferroviarios, desde donde eran cargadas camino al matadero.

Las escenas finales de esas películas de Hollywood, solían mostrarnos a unos cansados pero satisfechos protagonistas, dirigidos casi siempre por el enorme John Wayne, que conducían las apretujadas reses por filas estabuladas hasta los vagones. Esa misma sensación tuve el pasado viernes. Mis disculpas de antemano si alguien hizo el mismo viaje que yo y no comparte mi sensación, porque personalmente me sentí una res.

Iba a realizar el trayecto Barcelona-Madrid en el tren AVE de las 11h 00´, cuya composición a esa hora era de ¡18 vagones al completo!: más de mil viajeros de una vez.

El maltrato, o la falta de trato adecuado al viajero, que es el cliente, que es también quien paga y quien establece un contrato con la compañía que realiza el trayecto, comenzó con la salida -y también llegada- tardía sin explicación alguna: Renfe cada vez se parece más, en lo malo, a las compañías aéreas.

Pero lo realmente impropio de un medio de transporte moderno como este y con un precio en absoluto “low cost”, es la organización -por llamarla de algún modo- para el control de billetes y entrada en el tren. Fuimos “estabulados” en no menos de siete apretujadas e incómodas filas de pacientes viajeros, que esperamos a pie firme durante 30 minutos, para poder subir a los vagones. La Estación de Sants no dispone de condiciones ni espacio adecuado para ello y el viajero, que es quien paga, lo sufre y naturalmente, se desespera.

La guinda a este pastelón es que una vez superado el control y descendido al andén quienes, como yo, teníamos un número de vagón alto (15 en mi caso) debíamos recorrer un buen trecho hasta alcanzarlo a paso ligero, “achuchados” por el personal de Renfe -sólo les faltaba el sombrero y el tradicional silbido- para recuperar parte del tiempo perdido y, de esa manera, no tener que reembolsar los billetes, según su compromiso de puntualidad.

La semana pasada hablaba en este post del empresario chino que había llevado de vacaciones, a la vez, a 6.400 de sus empleados. Apuesto a que la logística del viaje ha incluido una mejor organización y mucho mejor trato.

Señora Ministra de Fomento: ya que la mayor parte del presupuesto de su departamento va a la Alta Velocidad de viajeros por ferrocarril (aunque prometa otra cosa), gaste algo más en mejorar infraestructuras en las estaciones de viajeros y, también, léale La cartilla al operador único por este trato que describo, que no es anecdótico. Así no tendremos que asimilar un viaje en AVE con la musiquilla del anuncio de Marlboro, en realidad era uno de los temas de la película western “Los Siete Magníficos”.

Mi recomendación literaria es esta vez una crónica, más bien una colección de ellas, que recoge los grandes descubrimientos arqueológicos de principios del siglo XX: “Dioses, Tumbas y Sabios”, de C. W. Ceram. Fascinante. No es fácil de encontrar, pero merece la pena.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Churras, merinas, búhos y loros

La semana pasada se ha presentado el Observatorio del Transporte y la Logística en España, un estudio permanente con indicadores sectoriales y un informe anual, en esta primera vez referido a 2013, que contiene un breve análisis y más de un centenar de gráficos, figuras y tablas. Una útil herramienta que se suma a las iniciativas de la Unidad Logística y la Estrategia Logística puestas en marcha por el Ministerio de Fomento en apenas unos meses.

El Observatorio (OTLE) nace, según Fomento, con vocación de permanencia y tras varios años de reflexión. Hombre, lo primero es de Perogrullo para un “observatorio” sectorial. Lo segundo no está mal decirlo, pero siendo así, en el título de esta herramienta estadística se debería haber obviado “y de la Logística”, pues no está y no sabemos si se la espera.

Se vuelve a caer en un error recurrente, confundir transporte con logística, incluir a la una en el otro, churras con merinas, cuando, en todo caso, sería la logística la que, en “sensu estricto”, podría contener al transporte. No quiero enarbolar una bandera de “chauvinisme logistique”, que diría un francés. El problema está en que Fomento no añade contenido logístico a este denso estudio de situación del transporte en España. En sus 149 páginas, la palabra logística sólo aparece en el texto en cuatro ocasiones; cuando se habla de almacenamiento siempre es en referencia al sector de transporte y almacenamiento y no como actividad singular; y no hay ni una sola referencia ¡ni una! a términos como manipulación o manutención. Transporte, sí; logística, no. Así de simple.

Igualmente, esos “años de reflexión” y esa decidida apuesta por la logística y el transporte de mercancías que defiende la cartera de la ministra viajera, deberían haber servido, digo yo, para no incluir en este observatorio el transporte de viajeros, que poco o nada tiene que ver. Churras y merinas de nuevo.

Hasta ahora, desde la primavera de 2013, el Ministerio inversor menos inversor en décadas, ha planteado buenas declaraciones de intenciones como las que he mencionado y los sectores de transporte y logística se lo han reconocido. Hasta ahora. Pero ya va siendo momento de menos demagogia y de empezar ya a llamar a las cosas por su verdadero nombre. Como en el chiste, por más que el búho se fije detenidamente, no le bastará para arrancar a hablar como el loro. Por más que Fomento diga y publique, no basta. Y menos si lo que dice es inexacto.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

La Pepa, La Juani y La Catalina

El pasado lunes 25 de noviembre asistimos, por fin, a la presentación del Plan transversal del Ministerio de Fomento denominado Estrategia Logística. La puesta de largo de este proyecto multifacético que, entre otras cosas, traerá una Ley del Sector Logístico, que le dote de un cuerpo jurídico propio, así como la elaboración de un Código de Buenas Prácticas, la realizó en Cádiz la titular ministerial, Ana Pastor. La elección de la capital gaditana para esta puesta de largo puede responder al cumplimiento de una promesa realizada por la ministra a la alcaldesa de la “tacita de plata”, Teófila Martínez, durante la XXII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en 2012 en esa ciudad.

Un día después, el presidente de UNO, Gonzalo Sanz, amante de la historia confeso, celebraba este hecho durante la Asamblea General de la patronal de los operadores logísticos, y en la presentación de la intervención de Rafael Catalá, secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, realizaba un parangón con otro documento también presentado -promulgado en realidad- en ese mismo lugar hace 201 años, la Constitución de Cádiz, que el gracejo popular apodó “La Pepa” ya que entró en vigor el día de San José (19 de marzo) de 1812. Un parangón muy ambicioso, el citado por Sanz. Pero veamos si lo es o no.

“La Pepa” fue un texto muy avanzado para la España de principios del siglo XIX (reconocía la soberanía popular o la separación de poderes) y quizás por ello apenas estuvo vigente cuatro años, y ni siquiera consecutivos, desde su promulgación hasta 1837. Su reconocimiento sólo ha sido palpable desde finales del siglo XX, aunque tiene gruesos lunares como el nulo reconocimiento a la mujer.

Con las debidas distancias en la comparación, la Estrategia Logística también ha “nacido” en Cádiz, es igualmente un texto moderno para su tiempo (el primero que reconoce oficialmente la existencia de la disciplina logística y todos los pilares que la sustentan) y no menos ambicioso, pues incluye 18 medidas prioritarias y otras 48 más que suman 66 objetivos más o menos concretos, que tienen además un presupuesto: 8.000 millones de euros.

Como “La Pepa”, a la Estrategia Logística le toca “venirse a Madrid”, metáfora de su puesta en marcha desde la Administración Central, y echar a andar. De momento -como “La Pepa”- ha recibido apoyos de técnicos y de la “burguesía ilustrada” el sector, aunque quizás se echa en falta algo más de entusiasmo y fuegos de artificio para celebrar el alumbramiento y el apoyo, también, de la “aristocracia”. Claro que uno de sus “padres”, el mencionado Rafael Catalá, ya se apresuro a decir que el retoño no traía ni un pan debajo del brazo ni -literalmente- una “varita mágica”.

Acostumbrados a las alharacas que nos regalan los políticos, se entiende la prudente bienvenida del sector, más aún cuando este Plan incluye algunas declaraciones de intenciones -concreciones según Fomento- que ya hemos oído desde hace décadas sin resultado alguno (ferrocarril) o ecuaciones imposibles como la enunciada por Catalá: potenciar las mercancías por ferrocarril no significa reducir las movidas por carretera. Perdone usted, pero la resultante de x – y siempre ha sido algo menor que x.

Pero no quiero parecer derrotista. Cauto, sí. Espero por el bien del sector que esta “constitución logística”, que podríamos llamar “La Catalina” por el día de su onomástica, tenga más recorrido y  vida útil que “La Pepa”, que no tarde tanto en reconocerse, que sume adeptos y adhesiones, que sea una verdadera hoja de ruta, viva y aplicable, y que además se traslade naturalmente sin derogación a otros gobiernos. Por el contrario, lo que no sería deseable es que se convirtiera en espejo de “La Juani” de Bigas Luna. Que “venga a Madrid” a buscarse la vida, como sea, a base de cuerpo -o de texto, en este caso- y que transite por más amarguras que alegrías sin conseguir el éxito pretendido.

Como en la canción que tocaba Sam en el Rick´s Café -estoy inevitablemente cinéfilo- el tiempo pasará y resolverá la ecuación. Pero quien quiera prestar su apoyo al retoño, por favor, que no espere.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

El Platanito y la Estrategia Logística

Blas Romero, más conocido como “El Platanito” fue en los años sesenta del siglo XX una figura mediática del toreo -más mediática y burlona, que figura-, que tras triunfar como novillero y tomar la alternativa se pasó su mala vida torerista pidiendo una oportunidad.

Eso es lo que ahora reclama la logística. Una oportunidad. Ahora que el escaso tejido industrial que nos queda y la construcción, los motores tradicionales, se han venido literalmente abajo. La logística -y con ella los modos de transporte, sobre todo el marítimo y el ferroviario- pide ahora paso para abaratar y hacer más eficaces las cadenas de suministro y, también, como generadora de oportunidades económicas, dadas las características geoestratégicas de España.

Nada de esto es nuevo. Nada se ha descubierto ahora. Quizás el mérito de Fomento haya sido agarrarse al clavo ardiendo de la crisis para reinventar la rueda, haciendo partícipes a todos los implicados y estructurando esos valores logísticos en lo que se ha dado en llamar La Estrategia Logística de España, un documento de 226 páginas ahora en fase de consulta con el sector y las Comunidades Autónomas.

Ese plan estratégico recoge tres objetivos básicos: reforzar el sector logístico español potenciando el papel de España como puerta de entrada, centro de tratamiento y distribución de las mercancías intercontinentales dentro de Europa; promover la integración logística y la potenciación de los modos de transporte más sostenibles, en especial el transporte ferroviario y el transporte marítimo de corta distancia; y mejorar la eficiencia en el uso de los modos de transporte de mercancías, individualmente y en el marco de una integración de los distintos modos, mediante una red intermodal.

Nada que objetar en el fondo, aunque representantes del sector y sus colectivos y CC.AA. estén aportando enmiendas y modificaciones en el detalle. Pero el verdadero mérito de este grandilocuente Plan -el papel lo aguanta todo- estará, si acaso (no puedo evitar mi pesimismo después de oír lo mismo una y otra vez) en su aplicación y concreción, en escuchar a todos pero no hacer caso a todos porque es imposible, en plantear un calendario realista, y en algunas cuestiones coger, de verdad, al toro por los cuernos: definir una red de puertos de interés general mucho menor a los 46 actuales, determinar qué se puede hacer con los recursos actuales, cómo y hacia dónde crecer en tráficos de mercancías por ferrocarril, atraer con servicios y costes atractivos más flujos marítimos, aprobar las 44t pata todo el territorio nacional…y tomar decisiones que a algunos, o a muchos, no agraden, pero que serán necesarias. Es decir ni el “buenismo” de Zapatero, ni la inoperancia de Rajoy. Ya me entienden.

La Estrategia Logística es una oportunidad para hacer las cosas bien y a la primera. Tomemos nota de otras oportunidades recientemente perdidas y de una “ligereza” aplicada cuando no tocaba. Ya se sabe, aquí el que intenta pasar a la historia frívolamente -tome nota Sra. Pastor– tomando un “relaxing cup of café con leche in the Plaza Mayor”, puede también reclamar su oportunidad, pero será como la que pedía una y otra vez El Platanito, más para mover a la hilaridad que para ser aplaudido por hacer una buena “faena”.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail