Categoríaalmacenes

Admirose un portugués…

Cada vez que oigo que alguien tiene agotada su capacidad de admiración, me sorprendo. Creo que es una falacia. Porque también creo que esa capacidad es ilimitada por definición. Sólo hace falta pararse a pensar un momento en lo que nos rodea, en lo más prosaico. En lo común y corriente. Eso que pasa cada día. Como dice un amigo mío: ¿Cómo no voy a creer en la magia si abro el grifo y sale agua… y además caliente?

Llevo muchos años escribiendo e informando de sectores profesionales e industriales. Y no dejo de asombrarme y de admirar la capacidad del ser humano para inventar, para dar soluciones a tareas y procesos que antaño, hace muy poco, eran simplemente imposibles, casi mágicos o territorio de las mancias o de la ciencia ficción.

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme, casi como lo harían mis tatarabuelos, cuando una máquina eléctrica y ¡sin cable! es capaz de elevar varios cientos de kilos a cinco, seis, siete… metros sin esfuerzo y trasladarlos mientras el hombre está sentado tranquilamente sobre ella?

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme ¡nada por aquí, nada por allá! si algo llamado software, que no tiene forma ni esencia física, es capaz de saber (y decirme a voluntad) dónde está cada mercancía en cada hueco de palé, aunque estos sean decenas de miles y descontarlos cuando se sacan y sumarlos cuando de añaden?

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme si un ingenio que parece el infierno de Dante, puede traerme ese palé o una caja desde un oscuro y elevado hueco en un almacén, con sólo darle a un botón?

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme si de algo que parece una pistola, pero que ni dispara balas ni hace ruido, sale un rayo que es capaz de traducir una serie de ininteligibles rayas gruesas y finas pegadas a una caja u otro envase, en letras que me dicen que hay dentro de esa caja?

¿Cómo no voy a admirar y asombrarme cuando los periódicos del día llegan cada mañana a los kioskos, los productos perecederos a los supermercados y restaurantes, las medicinas a las farmacias, los textiles y productos de bazar o electrónicos a las tiendas y grandes almacenes, la gasolina a las estaciones de servicio, los juguetes a “los sacos de Papá Noël y los Reyes Magos”, las maletas a las zonas de recogida de los aeropuertos, el dinero a los bancos… cada día?

Todo de la forma más natural. Sin aparentes esfuerzos. Como si lo fantástico fuera lo obvio y lo mágico, habitual. Los logísticos hubieran sido quemados en la hoguera de la Inquisición por brujería, por prácticas tan habituales como esas, o les tacharían de locos los mismos ingenieros que a finales del siglo XIX pronosticaron que un tren nunca podría circular a más de 30 km/h sin que los viajeros salieran despedidos por las ventanillas (de la velocidad de los trenes de mercancías nada dijeron, ahí hubieran acertado).

Admirose un portugués al ver que en su tierna infancia, todos los niños de Francia supieran hablar francés ¡Arte diabólica es! dijo torciendo el mostacho…

Arte diabólica es esto de la logística, boto a bríos. Cualquier día, todos a la hoguera. Mientras tanto, no dejen de admirar y asombrarse. Eso hace más grande esta profesión y a quienes la sostienen.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Tiempos no tan modernos

Esta semana voy a comenzar de nuevo con otra referencia cinematográfica. Casi primitiva, comparada con la película de ciencia-ficción que citaba hace ocho días. Esta es en blanco y negro, y con el mínimo subrayado sonoro: “Tiempos modernos” del genial Charles Chaplin. Un cuento moderno que exagera -o no- y enfatiza una de las conquistas industriales de principios del siglo XX, las cadenas de montaje a las que Henry Ford diera protagonismo para sus automóviles y que sirvieron, en todos los sectores, para producir en masa, abaratando costes y precio final del producto.

“De todo para todos” era la consigna y de ahí salieron los Ford modelo T, las botellas de Coca-Cola, el bolígrafo Bic, los suministros militares para la II Guerra Mundial, el Seat 600, el televisor, las camisas de tergal…y las carretillas elevadoras, los camiones Pegaso, los largueros para el almacenaje de mercancías o el palé con sus medidas estándar. El objetivo era cumplir con el deseo del consumidor particular o empresarial, “lo quiero, lo tengo”, en el menor plazo posible y al menor coste posible. Pura logística de producción.

Pero ha llegado el XXI, con su aldea global, sus crisis y su des-uniformización, y el péndulo vuelve a trazar veloz un nuevo arco por dónde ya pasó. Y se repite la historia. Si la artesanía y lo hecho a mano era lo que dominaba la producción antes de las cadenas fabriles, ahora a eso mismo se le llama personalizar la oferta, “customizarla” dicen algunos: el prêt -a-porter ha muerto (bueno, no del todo) y vuelve la sastrería. Y no solo a la moda o al automóvil.

No hay que mirar muy lejos, en el tiempo, para comparar los dos extremos del arco. En los años 70 y 80 del siglo pasado era frecuente escuchar a empresarios o profesionales de este país, que movieran mercancía, hablar de tener una “fenvi” (una carretilla Fenwick, hoy Linde) o una “caterpila” (una carretilla o equipo de obras públicas Caterpillar); como el que pedía una “casera” para acompañar al vino. Aunque parezca lo contrario, en realidad lo que se buscaba era el producto, en genérico, no la marca, si bien estas habían conseguido representar al todo.

Hoy (péndulo va, péndulo viene) importa la marca -y de qué modo- porque sabemos más y porque las propias compañías se han encargado de que lo sepamos todo de “sus” productos. Sus características diferenciales, su “personalidad”.

Y no solo eso. Ahora, esas empresas fabricantes, gracias al bagaje acumulado, son capaces de ofrecernos la mayor sofisticación pero a la medida de nuestras exclusivas necesidades…y a un precio competitivo. Y no hablo de moda o refrescos: hablo de maquinaria y de industria. Desaparecen las grandes series de equipos o, si las hay, disponen de tal cantidad de variables que ya no se puede hablar de producción en masa. Y si no, vea cualquier línea de producción actual  de una carretilla elevadora, por ejemplo: cada tramo en esa cadena se asemeja, cada vez más, a células de “artesanía industrial”: miles de familias, cientos de variables, decenas de opciones, me permiten configurar hoy la máquina (o el almacén) que quiero, como si de una joya engarzada se tratara.

Tiempos modernos que vuelven a donde ya estuvieron, al menos en el concepto.

Y ya que he hablado de péndulos, una recomendación para acabar, y en esto olvídese del cine, por favor, y de cualquier versión que no sea el original: el relato breve de Edgar Allan Poe “El Pozo y el Péndulo”.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

La prosaica magia de la Navidad y el papelón de Ferré

Todo el mundo sabe que se acerca la Navidad. No hacer falta mirar el calendario. El Corte Inglés y el resto de la distribución comercial, junto a los fabricantes de productos estacionales, ya sean juguetes y turrones o colonias y lotería (este año no sé si jugar o cortarme las venas a la vista del lacrimógeno spot televisivo), ya nos lo están recordando. El consumidor engrasa la cartera y empieza a hacer planes. Y el comercio está en pleno acopio.

Durante las seis semanas que arrancan más o menos hacia el 8 ó 10 de noviembre y llegan hasta las vísperas de Nochebuena, la gran distribución, las medianas superficies y el comercio tradicional, sin olvidar las plataformas de comercio electrónico, reciben el gran avituallamiento que desemboca en la mayor concentración de consumo de todo el año, que va del 20 de diciembre al 5 de enero, y que luego tiene su prórroga en las rebajas con las que da comienzo el año.

Los almacenes y las salas de ventas se llenan estos días hasta el límite de mercancías no perecederas, alimentación seca, artículos de bazar, textil, juguetes, ocio, electrónica, informática, papelería, etc. Y un poco más tarde las perecederas. Es importante tener el surtido adecuado y completo. El cliente no espera, y mucho menos en unas fechas en las que el calendario es implacable: Papá Noel o los Reyes Magos no pueden posponerse, y muchos menos las pantagruélicas cenas y comidas que se concentran en esas fechas.

De ahí que el pánico se apoderara de los colectivos comerciales las pasadas semanas (¡socorro!) ante la perspectiva de un paro en el transporte de mercancías que, finalmente, no se ha producido. Quien más quien menos, ya estaba buscando alternativas -muy difíciles en este caso con todo el sector del transporte cerrando filas- o adelantando entregas. Tal ha sido el apretón de corbata que han sentido los cargadores (en la fase de acopio de una campaña que se anuncia como la mejor en ¡siete años!) que los empresarios del transporte por carretera se han encontrado con un inesperado aliado que ha movido sus influencias y, por una vez, ha estado del lado del apoyo al trasiego de mercancías y no de la presión.

Bien está lo que bien acaba, aunque no para todos. Háganme un favor. Vayan a ver esta foto y vuelvan ¿Ya han vuelto? Pues eso: no para todos. Cada uno de los protagonistas de la imagen (el acuerdo entre el sector del transporte por carretera y Hacienda) representa a las mil maravillas su papel. Ovidio de la Roza (presidente del CNTC), sonriente, de frente; otros miembros del Comité de transportistas con miradas y caras de satisfacción, le arropan, como el coro de una tragedia griega; por su parte Miguel Ferré, secretario de Estado de Hacienda, más que papel, tiene en esta obra un “papelón”, el que le ha dejado su “jefe” Montoro para que se las componga: gesto resignado, de lado, como queriendo escaparse del escenario. Y no era para menos. Esto sí que ha sido un gol, y no los de Messi, Mandzukic o Ronaldo.

Pero, en fin, lo importante es que tendremos Navidad para consumir y, parece, que un buen número de contratos, muchos de ellos en tareas logísticas. Y esa sí que es buena noticia.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Amanece, que no es poco

No quería ponerme demasiado poético. Pero no voy a tener más remedio. Estamos asistiendo, seguramente -por aquello de la falsa objetividad del que aún no puede tomar distancia y perspectiva temporal del hecho- a un nuevo amanecer, a una nueva etapa, que puede ser fundamental en el devenir histórico de la logística en España, a poco que se fundamenten algunos pasos incipientes. Lo que no tengo muy claro es qué sentido tomarán las cosas.

Hace un año, sólo un año, que la Administración ha empezado a hablar de logística; ya no sólo de industria, de comercio, de infraestructuras o de transporte. Por fin la logística figura como una nueva entrada del “diccionario del Gobierno” a través de su apéndice Fomento, con un desarrollo del término, la Estrategia Logística, de lo más alentador. Sólo cabe esperar -tengo mis dudas- que todo esto no se quede en un vocablo efímero en su uso administrativo.

Por otro lado, un puñado de cuestiones que marcarán el futuro del transporte y de la logística -no solo nacional- están sobre la mesa y su resolución está en marcha o en el horizonte más cercano. Y nunca antes habían sido tantas y de tanto calado: pesos y dimensiones en la carretera; autopistas del mar; intermodalidad y, con ello, conexiones ferrocarril-puerto; fiscalidad; medioambiente; vehículos eléctricos; drones; realidad aumentada (y su uso en almacenes); gestión “inteligente” de flotas de carretillas…

Finalmente, pero no menos importante, dado su protagonismo e implicación la última década, se han producido cambios en las cúpulas de dos de los colectivos más importantes del sector logístico/transporte (y por cuestiones de “calendario vital”, no serán las únicas a corto plazo): el relevo en la presidencia y secretaría general de UNO, la patronal de los operadores logísticos, la pasada primavera, e igualmente el de la presidencia en la patronal del transporte por carretera (CETM) que acaba de anunciar Marcos Montero, tras diez años en el cargo. En ambos casos, la necesidad de dar paso a una nueva etapa ha sido la justificación de quienes se van.

Ocasionalmente, se agolpan estas circunstancias sectoriales (legislativas, tecnológicas, institucionales, etc.) que suelen coincidir, afortunadamente, con importantes saltos cualitativos, casi de necesidad “evolutiva”, si bien no exentos con frecuencia de episodios de tránsito poco saludables. Todo nuevo parto exige su cuota de dolor. Veremos en qué quedan todos estos.

Alumbramientos o amanecer, lo importante es que traigan desarrollo y continuidad para un sector, la logística, aún en formación, y que no se queden en un absurdo y surrealista relato,  como el guión de la película de José Luis Cuerda que sirve de título a este post.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

¡Larga vida al rey!

Año 1974, Troy (Ohio, EE.UU.), una pequeña localidad del Estado fronterizo con Canadá en el noreste norteamericano. En un establecimiento de la cadena Marsh, una cajera escanea unas líneas negras entre espacios en blanco impresos en una barrita de chicle Wrigley’s: ¡bip, bip! Ha nacido el código de barras en el retail.

Desde entonces, ese simple gesto de la cajera norteamericana se ha multiplicado y hoy se repite 5.000 millones de veces cada día en todo el mundo. Lo que comenzó siendo un invento para identificar inequívocamente a los vagones de ferrocarril, dio el salto y encontró su verdadera y universal utilidad en la gran distribución comercial y, de ahí, a toda la cadena logística.

Hoy, en 2014, cuarenta años después, nos parece inconcebible trabajar en la cadena de suministros sin códigos de barras, un sistema de registro, codificación y control reconocido, internacional, fiable, inequívoco, sencillo y homogéneo, utilizado por todos los eslabones de esa cadena. Y si los sistemas de impresión han mejorado para asegurar la claridad de los datos insertado en cada producto, la tecnología de lectura no le ha ido a la zaga, permitiendo escaneos en cualquier posición y lecturas casi imposible sobre soportes a veces muy deteriorados (roturas del embalaje, humedad, etc.).

Todo se ha codificado (producto, paquete, caja, palé) y ello ha contribuido a mejorar sustancialmente la gestión de los flujos físicos y económicos entre fabricantes, distribuidores y consumidores.  Unas ventajas que han traído más y más necesidades de información y, con ello, otros códigos y sistemas capaces de leer y almacenar aún más datos o de formas diferentes: RFID,  multifilas, Datamatrix, QR…

Esos otros sistemas de codificación y lectura, han buscado -y encontrado-, su hueco en la cada vez más compleja cadena logística, con más o menos éxito, pero ninguno hasta ahora ha conseguido desbancar -si acaso compartir-  la omnipresencia del conjunto de barritas negras de distinto grosor y espaciado sobre fondo blanco, para cualquier producto y en cualquier rincón del globo.

El código de barras llegó por casualidad al consumo. Lo hizo tímidamente (hasta la década de los 80 del siglo XX no registró su auténtico despegue) para luego quedarse, y ha cumplido ya la cuarentena como auténtico, y único, rey de la codificación. La logística le debe mucho: ¡Larga vida el rey!

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Una asociación nacional de carretilleros

El pasado jueves hemos celebrado el I Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras. Una iniciativa de Cuadernos de Logística que luego lo ha sido, también, de los patrocinadores y del propio sector, dado el entusiasmo generalizado con que ha sido recogida y acompañada esta idea, que tendrá continuidad anual, ese es nuestro compromiso, en años venideros.

Y digo celebrado, porque el sector lo ha manifestado como tal con su asistencia, un centenar de invitados (y eso a pesar de la coincidencia con un par de eventos internos de otras tantas compañías), y con su participación, tanto en la mañana de ponencias como en el resto de actos del programa, básicamente pensado para el intercambio y el contacto profesional.

El sector de las carretillas elevadoras y equipos de manipulación es perfectamente reconocible. Importadores, distribuidores y alquiladores forman el grueso de la oferta a la que se unen los suministradores de accesorios o servicios alrededor de la máquina: neumáticos, implementos, baterías, repuestos, formación, etc. Todo para dar respuesta en la manipulación de mercancías a una demanda infinitamente dispersa, pues en casi todos los sectores industriales hay que mover, almacenar o manipular productos.

Esa cohesión en la oferta no se ve sin embargo reflejada, al menos hasta ahora, por un colectivo gremial igualmente dimensionado y representativo del sector en su conjunto. Sí, existen algunos colectivos, pero son sólo parcialmente representativos o forman parte de otros mayores. Ese es el caso de MEDEA, la asociación de importadores de carretillas, un núcleo muy importante en peso específico e igualmente concreto en número (12 compañías), donde están las grandes marcas que opera con filial u organización propia en España. Igualmente, algunas asociaciones empresariales de índole regional o local o con otra misión, como es el caso de AECE o la FEM, intentan dar cobijo, aglutinar y representar a los “carretilleros” en ámbitos geográficos o concretos.

Tanto por esa clara identificación gremial, que supone en consecuencia compartir retos y problema comunes, como por su implantación pan-industrial, y por pertenecer a un colectivo mayor, el logístico, una de cuyas señas de identidad es el asociacionismo, resulta llamativo que a estas alturas no exista ya ese colectivo del sector de carretillas elevadoras en España a escala nacional -o incluso ibérico-, que englobe a todos los actores implicados sin excepción.

Por si alguien lo dudaba, el I Encuentro Nacional de Distribuidores y Alquiladores de Carretillas Elevadoras ha demostrado que existe el germen necesario, y dado el origen diverso de los asistentes y las peticiones de continuidad del evento recibidas -sobre todo ponderando la comunicación y necesario encuentro de profesionales del sector- también la inquietud por la unión a escala nacional.

En mi opinión este es el mejor momento para fortalecer al sector de carretillas, ahora que salimos de la crisis. Sólo hace falta que alguien con carácter, ganas y conocimiento del sector, catalice esos ingredientes y ponga hilo a esa aguja. El sector lo merece.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

El Año de la Carretilla

Este 2014 ha sido declarado año de la Agricultura Familiar, de la Promoción de la Industria Responsable, de la Dieta  Mediterránea, de El Greco y de la Cristalografía. Para los chinos es ya el Año del Caballo de Madera, pero también podría ser el Año de la Carretilla Elevadora.

Tras una más que sufrida travesía del desierto, de seis años, del que apenas se empieza a salir, el mercado se ha estabilizado y tiende a la superación global de unas cifras que no han hecho más que caer en los últimos ejercicios en buena parte de los mercados. Por fortuna, para los fabricantes globales China y los países emergentes han suplido buena parte de las caídas en mercados regionales de primer orden, como el europeo.

Todo hace pensar que el panorama está cambiando (en 2013 se superó por primera vez la barrera del millón de carretillas vendidas en todo el mundo), los pronósticos son optimistas y, con ello, los grandes productores mundiales han comenzado una frenética actividad de presentaciones, lanzamiento de nuevos modelos, anuncio de eventos especiales, presencia notable en ferias y un largo etcétera. Todo para estar en la primera línea de lo que ya se da como segura recuperación.

Así, CeMAT, la gran feria mundial de intralogística de Hannover va a ser escaparate de algunas marcas como Toyota o Clark que no quieren dejar pasar esta oportunidad para “echar el resto” con una presentación sobresaliente en espacio y novedades; Jungheinrich que también será protagonista en esa feria mundial, no oculta su optimismo por los resultados obtenidos y las perspectivas para 2014; Linde prepara en Alemania un macroevento, World of Material Handling, durante todo un mes; Hyster presentará también novedades; e incluso en el plano nacional parece romperse una tendencia con la presencia destacada de algunas marcas, como Crown, en la edición de este año de SIL en Barcelona. No hay en este repaso un ánimo de ser absolutamente exhaustivo, por lo que seguro que habrá más.

Buena falta le hace ese optimismo, respaldado por cifras de mercado igualmente optimistas, a un sector que no siempre recibe el trato protagonista que merece en el ámbito logístico, pero que es insustituible en la cadena de suministros, que invierte en I+D+i como pocos, que está siempre en la primera línea y que es termómetro exacto de la situación y actividad económica. Si las carretillas van bien, todo lo demás suele ir bien.

Lo dicho parece que este, por fin, puede ser el Año de la Carretilla.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

El preparador que sabía demasiado

Hubo un tiempo, no muy lejano en el que la expresión “el que vale, vale, y el que no, al almacén” podía no estar muy alejada de la realidad. En otros sectores y con ligeras variaciones sucedía lo mismo: “el que vale, vale y el que no, a…”. Reflejaba este chascarrillo la falta de formación y conocimientos de los almaceneros que, si acaso, se iban supliendo con la experiencia. Pero no hacía falta mucha: los almacenes eran pozos sin fondo, destartalados, sucios y oscuros, donde sólo unos pocos se atrevían a moverse entre sus estanterías y sin la más mínima presión por la productividad.

La mecanización, la identificación inequívoca, el equipamiento para manejo y transporte de  cargas, la gestión informática, los lectores para captura de datos, los escáneres de muñeca, las pantallas abordo y finalmente la gestión por voz, han cambiado ese entorno, que ahora es limpio, luminoso, conocido y productivo. Los operarios se forman -más o menos- manejan las últimas tecnologías y cobran en función de su productividad.

A esa productividad contribuye hoy de manera notable la voz en la preparación de pedidos, liberando las manos del operario y estableciendo con él un diálogo de órdenes y confirmaciones que multiplican la rapidez con que desarrolla sus cometidos. Unos de los diálogos más recurrentes es la solicitud del sistema de la confirmación de los dígitos de la ubicación a la que ha dirigido al preparador para recoger mercancía, con lo que se evitan errores.

La vuelta recurrente del preparador, una y otra vez, a determinadas ubicaciones de alta rotación, hace que sea capaz de retener en su memoria esos dígitos que solicita la voz del sistema. Conclusión: el preparador recita los números al sistema -sin necesidad de leerlos- antes de llegar a la ubicación.

En una reciente reunión profesional, el representante de un gran distribuidor comercial se quejaba públicamente de este hecho, que otros distribuidores presentes reconocían como igualmente pernicioso, pues el libre albedrío del preparador podría conducir a errores. Solución: complicar la retención memorística añadiendo más dígitos a esos números de control. Si tiene dos, tres; si tiene tres, cuatro; etc.

La búsqueda de la productividad y la minimización de los errores es una de las bondades de este tipo de sistemas que, a la vez, redundan en beneficio para toda la cadena: empleador, empleado y cliente. Pero se me antoja que el hecho de que un preparador – sometido a esa espada de Damocles de la productividad vía nómina- “sepa demasiado” es más una ventaja que un inconveniente, o dicho de otro modo, me parece más un ítem a mejorar o revisar por parte del diseñador, que un problema para el empleador.

Claro, salvo que no nos importe volver a la casilla de salida: “el que vale, vale y el que no,…”

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Un cuento chino

Primero despertó, luego se desperezó, estiró sus músculos tras un sueño literalmente milenario y ahora se ha calzado las zapatillas de deporte y ha salido a la calle para correr por delante de los demás: China ya lidera el comercio mundial. Y no solo eso. Las importaciones crecen a un ritmo incluso superior a las exportaciones.

Las cifras apabullan: un 10 por 100 del comercio mundial pasa por China (llega o sale de allí), su economía -aunque ha abandonado los dos dígitos y refleja algo de la crisis mundial- crece a un ritmo del 7,6 por 100 anual, y el conjunto de exportaciones e importaciones suma 3,05 billones de euros, superando a los Estados Unidos en el liderazgo (detrás están Alemania y Japón).

Sin entrar de lleno en el análisis político, China ha pasado de ser un país medieval bajo la autoridad divina del emperador a convertirse en un modelo de aplicación de las doctrinas comunistas, o de una economía cerrada y agrícola a ser la fábrica “low cost” de occidente en apenas un siglo. Hoy aplica un modelo económico-político impensable hace tan solo unas décadas, con un capitalismo extremo que convive “contra natura” con las tesis comunistas, un consumo que crece exponencialmente y unas posibilidades comerciales e industriales que empiezan ya a mirar más hacia dentro que hacia afuera.

La logística y sus proveedores son han sido ajenos a este macrodesarrollo. Los puertos chinos están a la cabeza mundial, sus plataformas logísticas no tienen parangón (por volumen y expansión) y no son pocos los proveedores de equipamiento (carretillas, manutención) que ya han instalado unidades fabriles en sueño chino.

Lo que a finales del siglo XX se vislumbraba en el horizonte, pero todavía parecía un cuento chino, es hoy una realidad.

¿Cómo se ha conseguido? El verdadero cuento chino es el del trabajo y planificación. No diré que China es un modelo indudable, pues la censura, las purgas, etc. o la contaminación extrema le “bajan la nota”, pero si es un ejemplo de velocidad en ese desarrollo y, sobre todo, se muestra como una oportunidad comercial que, se me antoja, puede ser más rentable y longeva que otras emergentes hoy en diferente latitud.

No nos va a quedar más remedio -algunos ya tienen esos deberes hechos- que aprender chino y empezar a conocer esa cultura que desde luego no es la del Kung-fu, ni la de la comida que nos ofrecen los restaurantes chinos, y sí la del confucionismo, el budismo o la de la complejidad de sus 58 etnias diferentes.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Malas artes publicitarias

Ayer, 6 de enero, se cumplió una de las tradiciones más agradables del calendario: Los Reyes Magos. Niños y no tan niños recibieron con diferente grado de sorpresa juguetes y regalos. Una categoría protagonista de juegos y juguetes, ya desde hace años, son los videojuegos. Los más, con un escenario y objetivos violentos: matar, masacrar, destripar, cercenar, destruir, atropellar o echar fuera de la carretera al oponente.

Las series y versiones se suceden. Una de estas celebraba en las Navidades 2013 el lanzamiento del videojuego Gran Turismo 6 para PlayStation, una de las compañías de Sony Computer Entertainment. El juego es un simulador de conducción y consiste, básicamente, en competir en diferentes circuitos y con diferentes coches. Hasta aquí, uno más.

Sin embargo, la publicidad que promocionaba el videojuego en televisión ha sido del todo, menos acertada. Para calentar el ánimo comprador, el spot (que puede verse en http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=0fVxEeR7LHo) mostraba dos situaciones, supuestamente reales, que llevaban al reto competitivo que propone el juego. En esas dos situaciones los competidores eran dos jugadores de golf en sendos carritos y ¡dos carretilleros sobre dos carretillas contrapesadas en un almacén! apenas unos segundos en ambos casos, pero con todo lujo de detalle.

Desconozco la autoría creativa y de realización del spot, pero de las imágenes muy bien puede deducirse que se ha hecho aquí, en España, para el público español. El mensaje, masculino y cargado de casposa testosterona viene a decir: ¡machote! ya que te divierte o no puedes dejar de competir con todos los vehículos que caen en tus manos, hazlo con este simulador, etc.

Lo preocupante del mensaje son los ejemplos: los carritos de golf y las carretillas elevadoras. No solo no tienen gracia, si no que son un ejemplo de malas artes publicitarias, dando por hecho un uso muy peligroso de ambos vehículos, para el que desde luego no han sido ideados.

Pero lo más preocupante es cómo y por qué se le ha ocurrido al creativo y a quienes hayan dado el visto bueno al anuncio, el ejemplo de los carretilleros compitiendo, y jugándose la vida, pues la publicidad acude en estos casos a la realidad, aunque a veces la caricaturice. Incluso cabría preguntarse dónde se ha rodado y quiénes se han prestado a ello.

Tíldenme de exagerado si les parece (un blog es opinión y da derecho a la réplica) pero ahí están las estadísticas de accidentabilidad en manutención y creo que con algunas cosas mejor no jugar (nunca mejor dicho). Ah, y la misma crítica valdría si se hubieran puesto como ejemplos dos conductores de camión o de autobús escolar: ¿a qué esto último hubiera sido de mal gusto para todos?

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail