El Pisito

La información que abre hoy nuestro boletín no ofrece duda: el ladrillo (o el hormigón si se prefiere) están de enhorabuena. Récord histórico para la inversión en infraestructuras logísticas, crecen los precios y la demanda y escasean las ofertas en los dos núcleos principales del mercado logístico español, Madrid y Barcelona.

Con este escenario solo cabría esperar que se hablase de buenas, magníficas noticias pero… pero somos una país de plañideras con lo propio, ya se sabe, forma parte de nuestra idiosincrasia, tan natural y reiterativo como hablar de la crisis del teatro, vaya como vaya, y mucho no se atreven a lanzar las campanas al vuelo. Pues ya que somos así, intentemos extraer buenas conclusiones de esa amargura patria. Veamos.

Los menos optimistas ponen el foco en el comportamiento cíclico de los mercados y aconsejan moderar los precios aunque la ley de la oferta y la demanda invite a lo contrario. Con ello se lograría favorecer el mercado a largo plazo y no el “pelotazo”.

Igualmente, dicen los más cautos, hay que ir con pies de plomo antes de lanzarse a inversiones en mercados secundarios –aunque el escenario así lo aconseje- para evitar que vuelvan a repetirse estampas de “zonas logísticas fantasmas” aquí y allá, construidas a rebufo del crecimiento y luego imposibles de comercializar ni rentabilizar, por falta de oportunidad, inadecuada ubicación o inexistencia de mercado real.

Y, finalmente, quienes ven el vaso aún medio vacío, insisten en que el foco debe ponerse en la calidad (características constructivas de la nave, situación, infraestructuras, accesos) y no en la cantidad, pues nuestro mercado no puede crecer a un gran ritmo indefinidamente.

Claro que también habría que escuchar a los optimistas, a los que ven el vaso a rebosar, a los que miran al crecimiento del mercado logístico provocado por el comercio electrónico y su necesidad de pulmones para concentración y distribución de compras on-line. A esos, que llaman a la atención sobre lo que empieza a señalarse como preocupante falta de oferta, para una demanda que como las pilas del anuncio dura y dura y dura.

Al paso que apuntan los más exagerados (y ya se sabe que somos un país de extremos), más de un demandante tendrá que plantearse estrategias como las de los protagonistas de “El Pisito”, aquella genial película de Marco Ferreri, es decir “enamorar” al casero o casera y casarse con él/ella, no importa la edad, para asegurarse una “herencia” y disposición de nave logística, buena, bonita, barata y bien ubicada: Se Busca Nave. Razón Aquí.

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