Negociar o niego-ciar

Anda el transporte de mercancías revuelto. Por otra parte, nada inusual. El día que no haya conflicto en ese sector, coincidirá con el día en que no haya ni una zanja abierta en Madrid, pongamos por caso. Algo difícil de ver.

Por un lado, está el conflicto de los estibadores portuarios, a los que una sentencia de Unión Europea obliga a cambiar del modelo actual, rígido, proteccionista y nada transparente, por la liberación del sector, como cualquier otro. El Ministerio de Fomento quiere aprobar un Decreto que haga efectiva esa sentencia, de inmediato; las empresas estibadoras apoyan esa liberalización; los estibadores, no lo aceptan. Para hoy estaba anunciado y luego desconvocado, el inicio de una huelga. No me queda claro que no se vaya a producir, finalmente.

Por otro lado, AECOC (cargadores) y el Comité Nacional de Transporte por Carretera, el CNTC (transportistas), andan también enfrentados a propósito de la aprobación de la norma que permita el transporte con vehículos mayores y de mayor capacidad, las llamadas 44 toneladas. Los cargadores apoyan esa medida. Los transportistas hablan de más costes a su costa, inoportunidad y favorecimiento a los más grandes con esa propuesta.

Lo curioso, que se repite en ambos escenarios –y en muchos otros, claro- es que las partes han dicho, públicamente, que están dispuestas a sentarse a negociar. Hasta ahí se impone la lógica de estas situaciones: para desbloquear un conflicto las partes deben ponerse a hablar y a entenderse. Pero esa lógica se detiene bruscamente justo cuando debe empezar a tener sentido. Porque esos mismos que, públicamente, dicen que están dispuesta a negociar, lo hacen desde un postulado que va contra la naturaleza de la negociación: no ceder ni un ápice.

Así, en el conflicto portuario, Fomento quiere sentarse a negociar no se sabe qué, pues expresa como inamovible el fondo de la cuestión: la sentencia de la UE; igualmente, los estibadores quieren negociar, pero sin perder nada de lo que tienen ahora. Y por su parte AECOC ha dicho (en este mismo boletín pueden leerlo) que negociarán con el CNTC, si apoya las 44 toneladas, que es el punto conflictivo.

Me temo que esta negociación sin negociación, es un sarampión que se nos ha pegado de algunos aberrantes usos y costumbres recientes, como las ruedas de prensa sin preguntas, los silencios presidenciales o las acusaciones de falsedad cuando las informaciones no me favorecen. Más que negociar, ahora se sientan a la mesa a niego-ciar: lo mío, ni tocarlo.

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