El contenedor por el mango

Andan revueltas las aguas de los puertos españoles del lado tierra. La amenaza inminente es que las carretillas, los portacontenedores, los reachstackers, los straddle carriers y las grúas Post Panamax queden varadas por la amenaza de huelga de quienes las manejan: los estibadores. Para los menos avezados, una de esas máquinas la manejaba Tom Cruise en los primeros fotogramas de “La Guerra de los Mundos”.

Oficio rudo el de estibador, aunque la tecnología ha venido a mitigar sobremanera, en la mayor parte de los puertos, una tarea que era de fuerza bruta. Y oficio antiguo. Desde que el hombre empezara a comerciar por mar, han hecho falta braceros para descargar las mercancías de los barcos a los muelles y viceversa.

En España casi todo el que tenga algo que ver o trabaje continua o esporádicamente con un puerto, sabe del imperio de los estibadores. Un territorio en el que ejercen el autogobierno más estricto, dictan y controlan las reglas y el empleo, impiden el acceso a los no deseados (entre ellos a personal femenino) y campan a sus anchas. Una situación que todo el mundo conoce y que se ha mantenido inamovible desde que la memoria alcanza.

Ahora se anuncia la liberalización de ese sector. Un término comodín que suele traer consigo –eso sí hay que decirlo- cuando de empleo de trata, peores y más laxas condiciones, precariedad y reducción de ingresos. Hasta ahí podría ser comprensible el rechazo. Pero este es un escenario muy diferente y, en todo caso, la sentencia europea que avala la implantación de esa liberalización, data ya de 2014 y Bruselas ha conminado varias veces al Gobierno español su aplicación. Hasta tal punto, que la “rebeldía”, que no es más que auténtica falta de transparencia y ética en este sector, nos cuesta a todos los españoles unos 150.000 euros de multa cada día que se mantiene el actual statu quo.

La liberación del sector de la estiba permitirá el libre acceso a la profesión que ¡asómbrense! hoy está vinculado al parentesco de los estibadores, y acabaría con la exclusividad y subjetividad en la contratación de esos servicios a empresas pertenecientes a las asociaciones de estiba. Un escenario que, además de impropio y no conforme a la legalidad, no tiene parangón. Y que tiene muchos nombres y ninguno bueno.

La huelga no tardará. Los sindicatos de estibadores ya la han anunciado. Y pese a su estricto control hemos podido ver cómo se las gastan por un vídeo que se ha filtrado de una de sus reuniones, publicado por El Confidencial. Tienen el contenedor por el mango, pueden ocasionar una auténtico caos en los puertos –una máquina que no puede detenerse- e incluso provocar desabastecimiento, especialmente en los puertos insulares.

El monstruo de la estiba se ha estado alimentado durante décadas y décadas, se ha vuelto enorme, poderoso y voraz, y no va a ser fácil domarlo.

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