La alcaldesa, mi primo y yo

A su excelencia doña Manuela Carmena Castrillo, alcaldesa de Madrid.

Como vecino de Madrid y contribuyente a las arcas municipales, entre otros con el impuesto de circulación de vehículos a motor, creo mi obligación señalar a su excelencia, las sorpresas que me ha producido la publicación  del Decreto de 24 de noviembre de 2016, en el que se ponía en macha un calendario de restricciones al tráfico por la Gran Vía y otras calles del centro de la capital, desde el 2 de diciembre al 8 de enero de 2017.

Lo primero que me sorprende es que este Decreto no sea una medida para reducir la contaminación, puesto que está amparada únicamente por la Ordenanza Municipal de septiembre de 2005 (en época de su antecesor don Alberto Ruiz-Gallardón Jiménez) que faculta al Ayuntamiento de Madrid a “prohibir o limitar la circulación en determinadas vías públicas cuando existan razones basadas en la movilidad o fluidez del tráfico”.

Además, excelencia, su Decreto dice que en Madrid: se registra en las fechas navideñas una elevada congestión de las aceras y zonas peatonales que se produce en particular en el eje de la Gran Vía. En el caso de esta calle, foco principal de las limitaciones, mi condición de paseante habitual desde hace muchos años, me permite saber que la superficie peatonal de la Gran Vía es una de las mayores de Madrid, mayor que la del paseo de la Castellana y sólo comparable con la calle Serrano, igualmente muy comercial. Y ello por mi propia observación, y no porque la Ilustrísima señora Esperanza Aguirre, concejala, haya medido el ancho de la acera “a pasos” cual infanta.

Aún así, se han habilitado para peatones dos de los tres carriles por sentido de la Gran Vía, dejando únicamente un tercio del total para circulación viaria, que en mi humilde opinión de ciudadano de a pie, se congestionará cada vez que un vehículo se detenga mínimamente o ralentice en exceso su marcha, ante la imposibilidad de adelantar por otro carril.

Pero lo que más me sorprende, es la cantidad de limitaciones que tienen esa medida, excelencia, ya que según el Decreto y sus posteriores correcciones, pueden circular por las calles objeto de la limitación: residentes en las mismas o titulares de plazas de aparcamiento en ellas; taxis, motos, ciclomotores y bicicletas; autobuses (transporte público) y autobuses turísticos Madrid City Tour; autobuses del servicio especial navideño; unidades móviles de producción y retransmisión audiovisual; vehículos que dispongan del distintivo o etiquetado “cero emisiones” establecido por la DGT; vehículos que accedan a hoteles y porten maletas o bultos pesados; vehículos destinados al transporte de detenidos;  grúas para el remolque de vehículos; vehículos de transporte funerario; vehículos municipales; vehículos de la policía y fuerzas y cuerpos de seguridad; vehículos de Uber y Cabify; vehículos que presten servicios postales de recogida y/o entrega de paquetes, así como la distribución logística de toda clase de mercancías con origen o destino en uno de los viales de la citada área restringida;  y aquellos vehículos que a criterio de los Agentes de la Autoridad actuante deban acceder por razones de interés general o necesidad urgente inaplazable, que podrían autoridades, médicos, bomberos, reporteros, servicios de atención técnica, gestión de contadores, mantenimiento de redes de telefonía, agua, gas o electricidad… y todos ellos deberán circular por un solo carril en cada sentido de la Gran Vía, excelencia.

Con tanta excepción, excelencia, solo quedamos mi primo y yo sin poder circular por esa calles, al no cumplir con ninguna de esas excepciones, ni siquiera con aquella vieja coletilla de los cines de la posguerra, por la que no pagaban “niños y militares sin graduación”.

Expuesto lo anterior, mi primo y yo rogamos de su magnanimidad, excelencia, nos faculte igualmente para la circulación por la Gran Vía de Madrid, por razones estadísticas, y así quedará todo como estaba antes del Decreto. Bueno, algo más congestionado, porque todos circularemos por un sólo carril.

Firmado: Mi primo y yo

P. D: ¿No será que esta medida es algo improvisada?

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