La logística del churro

Estoy seguro de que muchos de los que lean estas líneas compartirán ese placer, generalmente temprano e invernal, de saborear esas piezas de harina, levadura, agua y sal, fritas en aceite, mojadas en café o chocolate, que según la región española de la que hablemos llamamos churros o porras, o ambas cosas.

Un pequeño placer. Tradicional e invariable. Solitario o en compañía. En la barra o en la mesa de un bar, que los churros caseros nunca han triunfado. Hasta ahora. Y no es que las recetas, ingredientes y utensilios los hayan hecho más accesibles para el común de la cocina hogareña. La razón es Intenet. Claro.

Y en este caso, la idea no es de Amazon, Aliexpress, Zara, Privalia, El Corte Inglés o Mercadona. Por una vez. La idea es de pequeños, muy pequeños emprendedores. Negocios de barrio. Churrerías gestionadas, seguramente, por gente joven. Por vocación o por herencia. Y en ese negocio había un hueco y una oportunidad para unir tradición y tecnología al uso. Sabor y clicks. El resto era fácil.

Hay ya varios, no pocos, negocios en este nicho. En una rápida investigación he detectado más de una docena, todos de barrio o pequeñas localidades, en Madrid –donde el desayuno con churros es una tradición mantenida- y en otras ciudades, con nombres web tan sugerentes como quierochurros, servichurro, churrosadomicilio, telechurro…

Como en cualquier portal de compra B2C, se entra, se elige, se compra… y al carrito. Luego a esperar. Los compromisos de entrega horaria y de condiciones varían –servir este producto más o menos caliente complica la entrega sobremanera- y casi todas las webs aprovechan para ofertar productos que complementan el principal: en lugar de zapatos con bolsos, churros con chocolate. Para chuparse los dedos, vamos.

El otro día alguien me contaban que un negocio incipiente en la red, eso que los más cools llaman statups, había empezado a funcionar a velocidad de crucero en apenas unos días, pero que hubo de frenar su ímpetu porque no se había tenido en cuenta –o no lo suficiente- la logística de transporte, distribución y entrega de todo eso que se iba a vender; y otro caso, también real, el de quien empezó vender productos singulares o exclusivos –ahí estaba su éxito implícito- y no cayó en la cuenta previamente de que el volumen o características de aquello lo hacían No transportable por medios o vehículos habituales, con todo lo que ello supone.

Muchas empresas de comercio electrónico, especialmente pequeñas o medianas, negocios “modernos”, singulares, que están inventando sus nichos de mercado, caen en el error de no considerar desde el minuto uno, o despreciar como menor, el aspecto logístico, desde el almacenamiento a la entrega.  Un grave error sobre todo en negocios que venden al consumidor final por la dispersión de las entregas y la presión temporal.

Sufrí la semana pasada en mis carnes, por no decir en mi estómago y glándulas salivares, esa circunstancia como sujeto frustado de la oración. Los churros no llegaron. Una entrega fallida por incomparecencia del envío. Razón: el transporte decidió averiarse en el momento más inoportuno y claro –aquí viene la moraleja- un negocio como este no ha pensado en alternativas, un solo vehículo a motor es toda su flota.

Además de con hambre, me sentí defraudado. Las reglas ahora son otras. Quizás no vuelva a comprar churros por Internet. Seguramente, no en esa página. Y sí, la logística es aquí tan importante como en cualquier otro negocio. Porque en la compra venta por Internet, lo relevante no es el precio del producto, no. Esa decisión se ha tomado antes. Lo importante es la entrega según lo comprometido: el producto elegido, en el lugar estipulado y en el momento prometido.

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