Hipersensibilidad y tolerancia logística

La quiebra que aboca ya a la desaparición de la naviera Hanjin, una de las grandes a escala global en el manejo de contenedores, ha provocado no pocos problemas a grandes, medianas y pequeñas empresas que tenían confiados productos para transporte o importación a esa compañía. El problema ha sido de tal calibre, que alguna de esas empresas de pequeño o mediano tamaño y, por ello, con recursos limitados, ha visto seriamente comprometida su existencia al no poder buscar y sufragar alternativas a los envíos en manos de la empresa surcoreana.

Desde el famoso “Efecto 2000”, que nos trajo de cabeza en el cambio de dígitos y milenio, afortunadamente para nada, hemos leído y visto en crónicas, novelas y películas visionarias, el peligro de un corte de suministro eléctrico global o una caída masiva de las redes (Internet). Es tal nuestra dependencia de esas tecnologías, que el panorama que se nos plantea –y que admitimos como creíble- es dantesco: poco menos que volver  varios siglos atrás en nuestra Historia.

Pero hay otro escenario que exige, igualmente, mucha atención y que demuestra la hipersensibilidad que tiene la sociedad actual a la logística, sus flujos y proveedores, que es lo que ha puesto de manifiesto, precisamente, la caída de la citada naviera. Si la sola existencia de los comercios físicos de cualquier tipo –del textil a la alimentación y hasta la restauración- requiere de una sólida y continua red de suministradores para hacer llegar las mercancías a los puntos de consumo, el comercio electrónico –con crecimientos exponenciales y cuyo techo en volumen y operaciones aún se desconoce- ha multiplicado esa actividad, tanto desde el origen –más puntos de recogida- como sobre todo de destino: el domicilio de millones de consumidores y empresas que ahora, también, compran por Internet.

Estamos a las puertas de la “gran campaña anual de ventas on-line”, con el Black Friday (25 de noviembre) y el Cyber Monday (28 de noviembre) como teloneros, las Navidades como actuación estelar y las rebajas como número final. Es el “agosto” para muchos negocios a través de la Red y su gran reto para suministrar, que comparten con empresas couriers, paqueteras, empresas de movimiento express de palés  y operadores logísticos.  Si todas ellas funcionan  –y no tiene por qué no ser así- todo serán buenas noticias, en una campaña que se anuncia, además, como histórica por sus ventas.

Pero el entorno es muy sensible, mucho, y tiende a una cierta inestabilidad, por la masa crítica que han ido generando unos y otros en un entorno físico –especialmente las ciudades- limitado en tiempos y espacios para las entregas. Eso, si no hay ninguna circunstancia sobrevenida, como la pésima gestión y huida hacia adelante que ha acabado con Hanjin. Un peligro al acecho en un negocio, el de la distribución y entrega de mercancías, que está creciendo con un cierto desorden y a la carrera por las necesidades de sus clientes.

Demasiadas sensibilidades logísticas, poco tiempo para diagnosticar posibles intolerancias y menos para poner remedio adecuado, si es el caso. Crucemos los dedos.

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