Los que tienen las ideas y los que tienen el dinero

Hace unos días visité a una empresa emprendedora. Su responsable me contó cómo habían desarrollado durante varios años un producto dirigido al transporte y la logística, único, singular, cuya principal ventaja ¡ahí es nada! es ahorrar tiempo –y en consecuencia dinero- a cualquier compañía que mueva mercancías, no importa con qué frecuencia y volumen ni desde qué lugar o hacia qué lugar.

Hasta donde llega mi conocimiento y tras su detenida explicación, me pareció una idea genial con todos los predicamentos para ser un éxito. Por eso, a cada paso de la conversación me resultaba más extraño que mi interlocutor casi me estuviera pidiendo socorro.

Su problema, el de muchas empresas medianas y pequeñas, y el de muchos emprendedores y/o inventores, es que las grandes ideas empresariales con frecuencia no vienen acompañadas de dinero ¡Ah el poderoso caballero! Ni siquiera a veces del mínimo necesario para poder mostrar las bondades del producto. Las reglas del mercado del emprendimiento son como los créditos hipotecarios: el que tiene algo que vale, tiene oportunidad de conseguir un préstamo. Pero para desarrollar algo que vale, antes hay que disponer de recursos… un círculo penoso muy difícil de romper.

La salida puede ser el interés de alguna multinacional que haga suyo el proyecto, o la entrada de inversores en él para darle el necesario empujón. En ambos casos esto no suele ocurrir en el estado embrionario de desarrollo del producto o servicio que se trate, que es cuando más falta hace.

Desde nuestros poderes públicos se anima constantemente a los profesionales a que se independicen, a que emprendan. Se crean lugares para eso que se llama viveros de empresas u otras denominaciones anglosajonas muy al hilo de la tecnología. Pequeñas ayudas –deseables eso sí- en todo caso y muy limitadas porque el dinero, de verdad, llega poco y tarde y tampoco acompaña cuando a duras penas las empresas se han creado y empiezan a andar. La publicidad de las Administraciones dice que sí; la realidad dice que casi nunca.

Las ideas no faltan. Los emprendedores tampoco. Las inversiones y ayudas en el momento oportuno, sí. Y luego nos preguntamos por qué tenemos un tejido industrial tan escaso y por qué se marchan nuestros investigadores. La respuesta a esta pregunta haberla, hayla.

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Carne de camión

El transporte es uno de los eslabones más reconocibles de la cadena logística; el transporte por carretera es el modo preponderante dentro de las alternativas para que los bienes lleguen a su destino oportunamente; y el camión es, probablemente, una de las imágenes icónicas más recurrentes tanto del transporte como de la logística, hasta el punto de qué muchos legos en la materia a los que se les pregunta por la logística responden, más o menos, que es “eso de los camiones”.

Por todo eso, cualquier noticia que afecta a ese elemento esencial del transporte por carretera suele tener una especial incidencia informativa, incluso más allá de los ámbitos profesionales, ya sean cuestiones positivas, negativas o neutras: camiones autónomos, huelgas, subida de carburantes, contaminación, restricciones de tráfico, accidentes, conflictos transfronterizos, megacamiones, etc.

Ahora, tristemente, el camión se está convirtiendo en protagonista absolutamente involuntario de las páginas de sucesos, más aún de las que se refieren a actos terroristas de violencia indiscriminada y trágica. Primero en Niza; poco después en Berlín; ayer mismo en Jerusalem. Terroristas y locos (no veo la diferencia) han encontrado en el camión un arma letal  arrojadiza que lanzar contra transeúntes indefensos. Y claro, las medidas de seguridad por parte de las autoridades no se han hecho esperar: medidas restrictivas a la circulación de camiones y barreras físicas.

La semana pasada publicábamos una declaración de la patronal del transporte de mercancías en España, CETM, en la que expresaba su temor a que la población en general  grabara “en su subconsciente la idea de la peligrosidad de los camiones”, algo que se antoja posible e inevitable su así sucediera. El miedo es libre.

En todo caso lo cierto es que este sector profesional, que procura la llegada de la mayor parte de las mercancías a su destino, está ahora mismo en su conjunto, para su desgracia, y ante la imposibilidad de un control real y preventivo de los desalmados, expuesto y en el punto de mira de la seguridad, sin que los inanes camiones y sus conductores hayan hecho absolutamente nada para merecerlo. No lo olvidemos.

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Atracón navideño

Cada año le ocurría lo mismo. Tenía la sensación de que la época navideña se adelantaba. Compras y atracones sin solución de continuidad. Y este año no le cabía la menor duda: a la vista de lo que se avecinaba, se iba a dar un magnífico homenaje que le llenaría las “alforjas” como hacía tiempo que no le ocurría.

El atracón empezó un mes antes del día de Navidad. Lo dicho: cada vez más pronto. Y como en todo buen atracón, disfrutó de los primeros bocados como si no hubiera más, y no dudó en calificarlos de muy satisfactorios. Sin duda, podía saborearlos.

Pero la alegría le duró poco. Tenía que morder y digerir cada vez más para no perder el ritmo, y no era capaz. Masticaba una y otra vez, pero aquello no disminuía. Es más, cuando creía que había acabado con algo, se lo volvían a traer. Una pesadilla.

Finalmente debió reconocer que había “comido con los ojos” una cantidad que le resultaba del todo imposible digerir. Lo que se prometía para disfrutar se había convertido del todo en indigesto. Definitivamente, firmar aquel contrato de distribución de mercancías de comercio electrónico podía ser su ruina. Y no le consolaba que, quien más, quien menos, sus competidores estuvieran en situación similar. Y además, se decía, esto era sólo el principio, la campaña del Black Friday. Luego venían las Navidades, Papá Nöel y los Reyes Magos.

Lo que se antojaba como una buena idea, aceptar esa gran operación de distribución urbana de paquetes para una empresa puntera en comercio electrónico, se había convertido en un empacho que tenía a su empresa maltrecha, a los repartidores al borde de arrojar la toalla, a los receptores cabreados y, lo que es peor, a su cuenta de explotación criando telarañas. Ahora lo tenía claro: aceptar esos precios de entrega unitarios era un suicidio. La cuestión era que si la mayoría de sus competidores no opinaba así, siempre había alguien que aceptaría la operación: atracón con indigestión asegurada.

Este es un relato real y actual como la vida misma. Los implicados en la venta y distribución del canal de comercio electrónico deberían hacer una seria reflexión al respecto. Aguas arriba y aguas abajo. Perecer de éxito, a fin de cuentas, también es perecer. Dice el entrevistado del vídeo que publicamos hoy, 19 de diciembre, que el comercio electrónico ha dado visibilidad a la logística y que ya era hora. Pues a la vista está que todavía no es suficiente. Hay que valorar a la logística –y ahora hablo de euros- como se merece. Y hacerlo ya.

Mientras tanto, esta tribuna se da un descanso hasta 2017, que las digestiones de los atracones navideños no permiten relatar con lucidez. ¡FELIZ NAVIDAD Y FELIZ 2017!

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La alcaldesa, mi primo y yo

A su excelencia doña Manuela Carmena Castrillo, alcaldesa de Madrid.

Como vecino de Madrid y contribuyente a las arcas municipales, entre otros con el impuesto de circulación de vehículos a motor, creo mi obligación señalar a su excelencia, las sorpresas que me ha producido la publicación  del Decreto de 24 de noviembre de 2016, en el que se ponía en macha un calendario de restricciones al tráfico por la Gran Vía y otras calles del centro de la capital, desde el 2 de diciembre al 8 de enero de 2017.

Lo primero que me sorprende es que este Decreto no sea una medida para reducir la contaminación, puesto que está amparada únicamente por la Ordenanza Municipal de septiembre de 2005 (en época de su antecesor don Alberto Ruiz-Gallardón Jiménez) que faculta al Ayuntamiento de Madrid a “prohibir o limitar la circulación en determinadas vías públicas cuando existan razones basadas en la movilidad o fluidez del tráfico”.

Además, excelencia, su Decreto dice que en Madrid: se registra en las fechas navideñas una elevada congestión de las aceras y zonas peatonales que se produce en particular en el eje de la Gran Vía. En el caso de esta calle, foco principal de las limitaciones, mi condición de paseante habitual desde hace muchos años, me permite saber que la superficie peatonal de la Gran Vía es una de las mayores de Madrid, mayor que la del paseo de la Castellana y sólo comparable con la calle Serrano, igualmente muy comercial. Y ello por mi propia observación, y no porque la Ilustrísima señora Esperanza Aguirre, concejala, haya medido el ancho de la acera “a pasos” cual infanta.

Aún así, se han habilitado para peatones dos de los tres carriles por sentido de la Gran Vía, dejando únicamente un tercio del total para circulación viaria, que en mi humilde opinión de ciudadano de a pie, se congestionará cada vez que un vehículo se detenga mínimamente o ralentice en exceso su marcha, ante la imposibilidad de adelantar por otro carril.

Pero lo que más me sorprende, es la cantidad de limitaciones que tienen esa medida, excelencia, ya que según el Decreto y sus posteriores correcciones, pueden circular por las calles objeto de la limitación: residentes en las mismas o titulares de plazas de aparcamiento en ellas; taxis, motos, ciclomotores y bicicletas; autobuses (transporte público) y autobuses turísticos Madrid City Tour; autobuses del servicio especial navideño; unidades móviles de producción y retransmisión audiovisual; vehículos que dispongan del distintivo o etiquetado “cero emisiones” establecido por la DGT; vehículos que accedan a hoteles y porten maletas o bultos pesados; vehículos destinados al transporte de detenidos;  grúas para el remolque de vehículos; vehículos de transporte funerario; vehículos municipales; vehículos de la policía y fuerzas y cuerpos de seguridad; vehículos de Uber y Cabify; vehículos que presten servicios postales de recogida y/o entrega de paquetes, así como la distribución logística de toda clase de mercancías con origen o destino en uno de los viales de la citada área restringida;  y aquellos vehículos que a criterio de los Agentes de la Autoridad actuante deban acceder por razones de interés general o necesidad urgente inaplazable, que podrían autoridades, médicos, bomberos, reporteros, servicios de atención técnica, gestión de contadores, mantenimiento de redes de telefonía, agua, gas o electricidad… y todos ellos deberán circular por un solo carril en cada sentido de la Gran Vía, excelencia.

Con tanta excepción, excelencia, solo quedamos mi primo y yo sin poder circular por esa calles, al no cumplir con ninguna de esas excepciones, ni siquiera con aquella vieja coletilla de los cines de la posguerra, por la que no pagaban “niños y militares sin graduación”.

Expuesto lo anterior, mi primo y yo rogamos de su magnanimidad, excelencia, nos faculte igualmente para la circulación por la Gran Vía de Madrid, por razones estadísticas, y así quedará todo como estaba antes del Decreto. Bueno, algo más congestionado, porque todos circularemos por un sólo carril.

Firmado: Mi primo y yo

P. D: ¿No será que esta medida es algo improvisada?

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La logística del churro

Estoy seguro de que muchos de los que lean estas líneas compartirán ese placer, generalmente temprano e invernal, de saborear esas piezas de harina, levadura, agua y sal, fritas en aceite, mojadas en café o chocolate, que según la región española de la que hablemos llamamos churros o porras, o ambas cosas.

Un pequeño placer. Tradicional e invariable. Solitario o en compañía. En la barra o en la mesa de un bar, que los churros caseros nunca han triunfado. Hasta ahora. Y no es que las recetas, ingredientes y utensilios los hayan hecho más accesibles para el común de la cocina hogareña. La razón es Intenet. Claro.

Y en este caso, la idea no es de Amazon, Aliexpress, Zara, Privalia, El Corte Inglés o Mercadona. Por una vez. La idea es de pequeños, muy pequeños emprendedores. Negocios de barrio. Churrerías gestionadas, seguramente, por gente joven. Por vocación o por herencia. Y en ese negocio había un hueco y una oportunidad para unir tradición y tecnología al uso. Sabor y clicks. El resto era fácil.

Hay ya varios, no pocos, negocios en este nicho. En una rápida investigación he detectado más de una docena, todos de barrio o pequeñas localidades, en Madrid –donde el desayuno con churros es una tradición mantenida- y en otras ciudades, con nombres web tan sugerentes como quierochurros, servichurro, churrosadomicilio, telechurro…

Como en cualquier portal de compra B2C, se entra, se elige, se compra… y al carrito. Luego a esperar. Los compromisos de entrega horaria y de condiciones varían –servir este producto más o menos caliente complica la entrega sobremanera- y casi todas las webs aprovechan para ofertar productos que complementan el principal: en lugar de zapatos con bolsos, churros con chocolate. Para chuparse los dedos, vamos.

El otro día alguien me contaban que un negocio incipiente en la red, eso que los más cools llaman statups, había empezado a funcionar a velocidad de crucero en apenas unos días, pero que hubo de frenar su ímpetu porque no se había tenido en cuenta –o no lo suficiente- la logística de transporte, distribución y entrega de todo eso que se iba a vender; y otro caso, también real, el de quien empezó vender productos singulares o exclusivos –ahí estaba su éxito implícito- y no cayó en la cuenta previamente de que el volumen o características de aquello lo hacían No transportable por medios o vehículos habituales, con todo lo que ello supone.

Muchas empresas de comercio electrónico, especialmente pequeñas o medianas, negocios “modernos”, singulares, que están inventando sus nichos de mercado, caen en el error de no considerar desde el minuto uno, o despreciar como menor, el aspecto logístico, desde el almacenamiento a la entrega.  Un grave error sobre todo en negocios que venden al consumidor final por la dispersión de las entregas y la presión temporal.

Sufrí la semana pasada en mis carnes, por no decir en mi estómago y glándulas salivares, esa circunstancia como sujeto frustado de la oración. Los churros no llegaron. Una entrega fallida por incomparecencia del envío. Razón: el transporte decidió averiarse en el momento más inoportuno y claro –aquí viene la moraleja- un negocio como este no ha pensado en alternativas, un solo vehículo a motor es toda su flota.

Además de con hambre, me sentí defraudado. Las reglas ahora son otras. Quizás no vuelva a comprar churros por Internet. Seguramente, no en esa página. Y sí, la logística es aquí tan importante como en cualquier otro negocio. Porque en la compra venta por Internet, lo relevante no es el precio del producto, no. Esa decisión se ha tomado antes. Lo importante es la entrega según lo comprometido: el producto elegido, en el lugar estipulado y en el momento prometido.

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¡Queremos comer!

Acabo de venir de una feria profesional. Una más que unirse a la larga lista que comencé allá por 1980 en Zaragoza.  Muchas cosas han cambiado, hemos pasado varias crisis que han tenido siempre su duro reflejo en esos salones que ponen en contacto directo y real a compradores y vendedores. Internet y todo lo que ello supone amenazaba con acabar con estos eventos. No ha sido así. El trato humano, caras, sonrisas, gestos y apretones de manos siguen siendo, por ahora, valores insustituibles no virtuales.

En mi periplo profesional he tenido la ocasión de desgastar suela sobre moquetas feriales de muchos sectores diferentes y de un puñado de países, en recintos vetustos y modernos, al aire libre y bajo techo.

Los cambios se han producido en todos los órdenes, frecuencia, stands, diseño, forma de comunicar, merchandising, etc. Todo ha sufrido la inevitable variación y evolución hacia la que empujan esos cambios tecnológicos, de mentalidad, o de tiempo que ahora dedicamos –el que podemos- a las ferias.

Pero algo no ha cambiado. En ningún recinto ferial público o privado, que yo conozca. El descanso para reponer fuerzas, comer, en una palabra, sigue siendo una aventura incómoda, tediosa, cara y desde luego culinariamente poco agradable.

El ejemplo hace apenas cuatro días en Feria de Madrid, que ha acogido una nueva edición de Logistics. Un evento magnífico desde todos los puntos de vista, menos desde este, que además no depende estrictamente de la organización de ese salón, Easyfairs, sino de la mencionada Feria de Madrid.

Y lo traigo a colación, no porque yo sea especialmente “tiquismiquis” con el almuerzo ferial. Salvo que sea una de esas cada vez más escasas comidas de negocios, se trata únicamente de reponer fuerzas, y punto. Pero la opinión y el comentario generalizado, aquí y en TODAS las ferias que conozco, insisto en esto, era y es la misma. Incluso un profesional asistente a este evento me llegó a decir que “si me dejan dos horas les organizo la logística del restaurante, que es de locos”.

A todos se nos antoja que estas situaciones se dan, aparentemente, porque las ferias no están abiertas cada día y las contratas intermitentes no tienen la preparación ni la gestión adecuada para dos o tres días de trabajo concentrados en tres o cuatro horas a lo sumo.

Que lo explique. No significa que lo justifique. Y lo que desde luego resulta ilógico y desproporcionado, es que tengamos que restar méritos a una feria profesional por este motivo. Solo porque queramos comer.

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Lluvia de millones

No es que me haya tocado la lotería. Todavía, no. Yo soy de ese tipo de jugador navideño que cada año juega convencido de que le va a tocar El Gordo. Pero aún no me ha llegado ese 22 de diciembre cargado de millones. Si no creyera en mis posibilidades ¿Para qué jugar?

La lluvia de millones a la que me refiero es la que ha anunciado la Comisión Europea: nada menos que 50.000 millones de euros para gasto, en infraestructuras y otros proyectos. Aunque esa lluvia se queda en un ligero chaparrón veraniego si la comparamos con el casi medio billón de inversión, también en infraestructuras, que ha anunciado para el inicio de su mandato el recientemente elegido presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

El gasto mayoritario en Europa será en infraestructuras, es decir, carreteras, puentes, puertos, ferrocarril, aeropuertos… vamos que, por esta vez, la logística europea comunitaria y las necesarias infraestructuras que soportan y dan soporte al imprescindible transporte, en la cadena de suministros,  se van a beneficiar directamente de esta inyección. Bien.

Pero –siempre hay un pero- parece que los países en peor situación –y somos unos de ellos, a pesar de la presunción que pasea el presidente Rajoy cada día- van a poder gastar menos y con menos alegrías, que luego viene el tío Paco con la rebaja, o lo que es lo mismo, la tía Merkel y el tío Moscovici (comisario europeo de Asuntos Económicos) con su vara de medir el déficit y su cumplimiento.

O sea, que de El Gordo, podemos pasar a la pedrea o el reintegro cuando se clarifique esa medida de estímulo, que tiene tanta letra pequeña y tantos condicionantes (PIB, convergencia, empleo, deuda, etc.), que es como percibir una subvención por estímulo al empleo o tener un medidor de share (cuota de pantalla televisiva): existen, pero nadie conoce a nadie que haya cobrado una o tenga otro.

Echo en falta, de todas formas, alguna declaración de nuestro nuevo ministro al respecto. Hasta ahora por lo único que se le reconoce es por haber hecho las maletas para un viaje a Arabia Saudí, acompañando a Felipe VI, que hubo de suspenderse en el último momento.

A mí, lo que me gustaría saber, señor De la Serna, es cuánto nos toca de ese reparto multimillonario y si nos dará para “tapar agujeros” o tendremos que acudir al tan socorrido “mientras haya salud”, por no decir ajo, agua y resina. Ya me entienden.

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Hipersensibilidad y tolerancia logística

La quiebra que aboca ya a la desaparición de la naviera Hanjin, una de las grandes a escala global en el manejo de contenedores, ha provocado no pocos problemas a grandes, medianas y pequeñas empresas que tenían confiados productos para transporte o importación a esa compañía. El problema ha sido de tal calibre, que alguna de esas empresas de pequeño o mediano tamaño y, por ello, con recursos limitados, ha visto seriamente comprometida su existencia al no poder buscar y sufragar alternativas a los envíos en manos de la empresa surcoreana.

Desde el famoso “Efecto 2000”, que nos trajo de cabeza en el cambio de dígitos y milenio, afortunadamente para nada, hemos leído y visto en crónicas, novelas y películas visionarias, el peligro de un corte de suministro eléctrico global o una caída masiva de las redes (Internet). Es tal nuestra dependencia de esas tecnologías, que el panorama que se nos plantea –y que admitimos como creíble- es dantesco: poco menos que volver  varios siglos atrás en nuestra Historia.

Pero hay otro escenario que exige, igualmente, mucha atención y que demuestra la hipersensibilidad que tiene la sociedad actual a la logística, sus flujos y proveedores, que es lo que ha puesto de manifiesto, precisamente, la caída de la citada naviera. Si la sola existencia de los comercios físicos de cualquier tipo –del textil a la alimentación y hasta la restauración- requiere de una sólida y continua red de suministradores para hacer llegar las mercancías a los puntos de consumo, el comercio electrónico –con crecimientos exponenciales y cuyo techo en volumen y operaciones aún se desconoce- ha multiplicado esa actividad, tanto desde el origen –más puntos de recogida- como sobre todo de destino: el domicilio de millones de consumidores y empresas que ahora, también, compran por Internet.

Estamos a las puertas de la “gran campaña anual de ventas on-line”, con el Black Friday (25 de noviembre) y el Cyber Monday (28 de noviembre) como teloneros, las Navidades como actuación estelar y las rebajas como número final. Es el “agosto” para muchos negocios a través de la Red y su gran reto para suministrar, que comparten con empresas couriers, paqueteras, empresas de movimiento express de palés  y operadores logísticos.  Si todas ellas funcionan  –y no tiene por qué no ser así- todo serán buenas noticias, en una campaña que se anuncia, además, como histórica por sus ventas.

Pero el entorno es muy sensible, mucho, y tiende a una cierta inestabilidad, por la masa crítica que han ido generando unos y otros en un entorno físico –especialmente las ciudades- limitado en tiempos y espacios para las entregas. Eso, si no hay ninguna circunstancia sobrevenida, como la pésima gestión y huida hacia adelante que ha acabado con Hanjin. Un peligro al acecho en un negocio, el de la distribución y entrega de mercancías, que está creciendo con un cierto desorden y a la carrera por las necesidades de sus clientes.

Demasiadas sensibilidades logísticas, poco tiempo para diagnosticar posibles intolerancias y menos para poner remedio adecuado, si es el caso. Crucemos los dedos.

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Un cazador de Pokemon en el sillón de Fomento

Tenemos chico nuevo en la oficina. Que es lo mismo que decir que tenemos ministro nuevo al frente de Fomento: Íñigo de la Serna. Un chico de Bilbao que, como los de Bilbao, nacen y se hacen donde quieren, pues ha pasado casi toda su vida y se ha hecho mayor, no mucho -45 años- en otro lugar no muy lejos, en Santander, donde era regidor hasta ahora. Quizás por esa juventud, se le vio este verano en la playa de la Magdalena “cazando Pokemon”, o eso se deduce del selfie virtual que se hizo con uno de esos bicharracos igualmente virtuales. Lo que está muy bien para un rato de asueto y evasión en la canícula santanderina y en su Semana Grande. Ahora toca, sin embargo, empaparse de realidad. Y de la buena.

El listón está muy alto en el Ministerio de Fomento. Alto, por abandono. Ahí lo dejó la ahora presidenta del Congreso, Ana Pastor. Al menos, de la Serna es Ingeniero de Caminos y algo sabrá de esto. Pero va a necesitar mucho esfuerzo y sudar la camiseta mucho más de lo que lo hizo en la carrera popular de Santander hace unas semanas, de la que también subió a la red testimonio gráfico.  Y quizás tampoco le venga mal la ayuda de la supercampeona de salto de altura Ruth Beitia, con la que compartió otra instantánea twittera el pasado 7 de octubre.

El nuevo ministro ha gestionado una alcaldía rica y una ciudad “guapa”, siempre con el apoyo incondicional del banco homónimo de la ciudad y de la familia Botín. Ahora llega a un Ministerio de gasto, pero en la UVI, paupérrimo de pensamiento y hechos: por sus obras los conoceréis. Parches y proyectos. Eso es lo que se ve.

Y no ha tardado mucho en formarse una cola a sus puertas: “¿Qué hay de lo mío?”. El mismo día de su toma de posesión, algunos colectivos como el de transporte internacional ya lanzaba este anhelo cargado de declaración intenciones, junto con su bienvenida: que el transporte esté entre las prioridades de Fomento y de su ministro.

Pero hay un reto mayor, que seguramente resume todos los demás y ha sido el “gran bluf” de la etapa de la “doctora Pastor”, que nos mandó aspirina con una palmadita maternal en el culo cuando lo que tenemos es apendicitis aguda. Para eso el tratamiento e intervención quirúrgica aconsejada se llama –o se llamaba- Estrategia Logística. Dos palabras que resumían una gran idea para articular y dar sentido transversal a la logística en España, pero que visto lo visto suena ahora igual de incomprensible que otras dos que dijo Jesulín de Ubrique: Im presionante.

Excelentísimo señor don Íñigo Joaquín de la Serna Hernáiz, ministro de Fomento: rescate la Estrategia Logística de España, hágalo pronto, por favor. El sector al que se refiere y el país la necesitan. Por una vez teníamos una bien idea y a nadie le parecía mal. Pero, por favor, si prefiere hacer borrón y cuenta nueva, por lo menos no prometa lo que no vaya a hacer, no deje su puesto por otro a las primeras de cambio y tómeselo en serio, que no es mucho pedir.

Suyo afectísimo

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¡Carmena! Tenemos un problema… logístico

Por fortuna para muchos conductores –y mucho más para los maltrechos pulmones de quienes vivimos o trabajamos en Madrid- los índices de contaminación capitalinos, que habían rebasado el escenario 2 y amenazaban con dejar hoy (2 de noviembre) varados a la mitad de los automóviles, se han reducido y todos los que lo han decidido así han podido circular normalmente.

La norma tiene su escenario concreto, se refiere a la llamada “almendra central”, es decir el interior del anillo de la vía de circunvalación M-30 y no afecta a todos los vehículos. Están exentos los híbridos y eléctricos, los de las fuerzas de seguridad, el transporte público y los vehículos comerciales de distribución urbana. La logística de aprovisionamiento a los comercios y particulares es tan importante para asegurar los suministros a ciudadanos y transeúntes, que se permite esa excepción, lo cual, amén de lógico, libera a la logística de un escenario  de complicación superlativa.

Sin embargo, esta situación –que probablemente se repetirá y alcanzará los escenarios más extremos que prevé la norma municipal- aunque no afecte a la cadena de suministros, merece una reflexión, porque contaminación, sostenibilidad, distribución urbana, liberalización de horarios y comercio electrónico forman un cóctel con una resaca monumental.

Ya he dicho desde esta tribuna que no termino de entender el desenfreno por disponer a la carrera de todo cuanto se compra en Internet, por más que el líder marque esa pauta. Ello provoca que una inmensa flota de vehículos de reparto tomen las ciudades (que es de lo que hablamos) cada mañana. Y  sobre todo desde ahora hasta el mes de enero con promociones varias y Navidades. Por otra parte, la liberalización total de horarios en la Comunidad de Madrid trae la necesidad de más frecuencia de suministros, aunque las limitaciones que impone la normativa municipal de Madrid a este respecto son muchas. Finalmente, el desarrollo de los vehículos eléctricos de cuatro ruedas para esa tarea de reparto, aunque avanza, no va al ritmo del comercio electrónico y sólo la fuerza muscular (bicicletas, triciclos) está paliando en parte este problema.

No se trata de parar en seco, pero sí de reducir la marcha ligeramente. Los líderes del comercio electrónico y los que no lo son tanto, los desarrolladores tecnológicos de vehículos comerciales de distribución, las administraciones locales (en este caso con la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, a la cabeza), los comerciantes y los gestores y vigilantes del medio ambiente, deberían sentarse juntos y cuanto antes, a decidir qué escenario queremos y cuál nos podemos permitir ahora sin hipotecar el futuro y el medioambiente.

Porque, quizás, de no ser así, cualquier día haya que tomar medidas medioambientales más severas que condicionen absolutamente el escenario y mucho más la vida urbana, incluidos los suministros y, por ahora, aunque lo intenta cada día, la logística hace lo que hace, pero no consigue milagros.

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