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Noticias ‘eléctricas’ que desazonan

Tras un comienzo suave del otoño, los primeros fríos ya han llegado y renacen viejos problemas, que en algunos casos se convierten en auténticos dramas. La pobreza energética, una expresión nueva para definir un concepto antiguo, vuelve a resurgir: el pasado lunes 14 de noviembre moría en Reus (Tarragona) una mujer de 81 años en un incendio provocado por unas velas que utilizaba porque le habían cortado la luz. El ayuntamiento de esta localidad y la compañía suministradora, Gas Natural Fenosa, se han culpado mutuamente de este trágico suceso y se han sucedido las declaraciones en los medios de comunicación sacudiéndose el problema de encima.

Hay que recordar, como han publicado diarios como InfoLibre, que los cuerpos de bomberos de Barcelona, Badalona y Cornellá de Llobregat denunciaron en 2015 que el 70% de los accidentes relacionados con incendios en viviendas se producían a causa de la pobreza energética; la gente llega a emplear todo tipo de medios rudimentarios para calentarse cuando se le ha cortado el suministro eléctrico. Información bastante inquietante. Notorio es, además, que los precios de electricidad y gas aumentaron entre 2008 y 2014 un 73% y un 67%, respectivamente.

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Desandar el camino de la eficiencia

Empezamos con ilusión y elevadas dosis de cautela un año nuevo que, según los vaticinios de los gurús y analistas más proclives a las tesis oficiales, será un ejercicio con creación de empleo neto y mejora en los parámetros macroeconómicos. En el sector eléctrico, 2013 se despidió con el episodio bochornoso de la subida del precio de la luz en la subasta eléctrica del 19 de diciembre (un 11%), que se saldó finalmente con su anulación por parte del Gobierno, que fijó el aumento de la tarifa eléctrica en un 2,3%, dejando un rastro sospechoso de irregularidades, si bien la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) dictaminó en un informe la semana pasada que no hubo ninguna manipulación de precios en la subasta CESUR. ¡Doctores tiene la Iglesia!

Además, el pasado 27 de diciembre se publicaba en el BOE la Ley del Sector Eléctrico, que contempla un mecanismo automático de incremento de peajes (costes regulados) del recibo de la luz cuando se produzca un desajuste entre ingresos y costes del sistema, con el objetivo fundamental de suprimir el déficit tarifario, que actualmente supera los 26.000 millones de euros; esta norma también establece la sustitución de la Tarifa de Último Recurso (TUR) por el Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC), como el precio máximo de referencia al que podrán contratar los consumidores de menos de 10 kW de potencia contratada.

La ley, objeto de numerosos dardos, es un paso más en el camino de errores regulatorios, no satisface a casi nadie, penaliza las tecnologías de autoconsumo y no termina de solventar el desequilibrio de la formación de precios y de fomentar un desarrollo ordenado del mix energético nacional, ya que la dependencia energética se cifra en torno al 80% (España desembolsó 45.500 millones de euros en 2012 por la importación de combustibles fósiles, como ha desvelado APPA, la Asociación de Productores de Energías Renovables).

Por otro lado, el Parlamento Europeo aprobó a principios de enero los nuevos objetivos de reducción de un 40% de las emisiones de CO2, un 30% de generación renovable y un 40% de ahorro de energía para el año 2030, propuesta apoyada por varios países, como Alemania, Francia, Italia o Portugal, pero de la que se desmarcó el Gobierno español, poniendo en evidencia la postura institucional, que se aleja de la tendencia de futuro de caminar hacia una economía que estimule las renovables, menos contaminantes, y promueva el ahorro y la eficiencia energética como un elemento clave.

De este modo, se puede comprobar cómo un discurso engolado, que habla de mejorar la competitividad de las empresas, haciendo hincapié en el factor salarios, se queda en puro humo cuando se trata de rebajar los costes energéticos y apostar por un futuro que se desvincule de los combustibles fósiles, impulsando sectores que son generadores de empleo, y que se ponga al lado de las economías más potentes. El Gobierno, a contracorriente, y andando hacia atrás en este campo.

Veremos qué nos depara pues este 2014, aunque muchos nos tememos que consumidores y empresas acabaremos pagando, vía factura de la luz, los desaguisados, desaciertos y déficits, de tarifa o de cualquier otra índole, que cometa la Administración o los operadores dominantes. ¡Que se cumplan sus deseos y objetivos este año!

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La opacidad de la tarifa eléctrica

Se ha vuelto a repetir, como vaticinaban muchos expertos, el recibo de la luz volverá a subir a partir del 1 de enero de 2014, esta vez un excesivo 11%, tal como se ha anunciado en diarios nacionales, radios y televisiones. El consumidor, sea doméstico o empresarial, otra vez paga los platos rotos de un ecuación que no se quiere resolver para salvaguardar los intereses de un oligopolio formado por unas pocas compañías que se lamentan por las decisiones del Gobierno, presumiblemente en su contra, pero que al mismo tiempo anuncian beneficios millonarios en sus cuentas de resultados (un botón de muestra: Iberdrola y Endesa fueron la segunda y la tercera eléctricas europeas que más beneficio obtuvieron en 2012, solo por detrás de la francesa EDF, según desvelaron varias agencias de noticias en noviembre de este año).

Se nos había vendido que la liberalización del sector eléctrico traería un sinfín de ventajas entre las que destacaba contar con unos precios de la energía eléctrica competitivos y ajustados, y lo que está ocurriendo es lo contrario: un mercado distorsionado, con una influencia abrumadora de las grandes compañías eléctricas, que lo que hace es generar una dinámica de precios casi siempre alcista (más de un 60% en los últimos cinco años), y que ningún Gobierno, no importa del signo que sea, se atreve a resolver.

Además, tal como reconocieron los participantes en una mesa redonda organizada por Cuadernos de Material Eléctrico, el pasado 3 de diciembre, la formación de precios de la electricidad y la propia factura de la luz es un auténtico embrollo, difícil de desentrañar hasta para el más avezado de los expertos. Pero no sólo eso, por parte de los agentes que más ventajas obtienen se persigue que esa opacidad se mantenga, que el oscurantismo que rodea todo ese proceso –precio del pool, subasta de comercializadoras, origen del déficit de tarifa, primas a renovables, costes extrapeninsulares, tecnologías amortizadas…– no se aclare, para que así sigamos con esta situación, incomprensible, escandalosa y que influye negativamente en los bolsillos de los ciudadanos y en los costes de las empresas.

Y precisamente ahí surge otra cuestión clave: para multitud de empresas, por no decir todas, los costes energéticos suponen el segundo factor después del coste de los recursos humanos a la hora de afrontar un balance. Ahora que la masa salarial está contenida con las sucesivas reformas, los empresarios (sobre todo industrias intensivas en consumo energético o entidades como hoteles o recintos comerciales, entre otras) ven que su competitividad, interna y externa, queda lastrada por unos precios que siempre suben, y de forma impredecible (bueno, lo predecible es que siempre van al alza en el cómputo del año).

Hoy el ministerio de Industria ha anunciado, por medio del portavoz del PP, Alfonso Alonso, la apertura de una investigación sobre la subasta eléctrica realizada esta misma mañana porque existen sospechas de que haya podido manipularse para elevar artificialmente los precios; ya veremos a dónde conduce. Porque el corolario a todo esto es una legislación confusa y deficiente que no prima la eficiencia y que prefiere penalizar las energías limpias en lugar de castigar a las más contaminantes; en contra, además, de las Directivas Europeas.

La luz eléctrica, que es el fin y principio de este negocio, vuelve a ser motivo de polémica. Veremos nuevos episodios en esta larga trayectoria, pero eso será en el año próximo. Así que les deseo a todos los lectores y clientes que nos han brindado su apoyo unas felices fiestas y un venturoso 2014. Este blog se toma un respiro y vuelve en enero.

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