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Noticias ‘eléctricas’ que desazonan

Tras un comienzo suave del otoño, los primeros fríos ya han llegado y renacen viejos problemas, que en algunos casos se convierten en auténticos dramas. La pobreza energética, una expresión nueva para definir un concepto antiguo, vuelve a resurgir: el pasado lunes 14 de noviembre moría en Reus (Tarragona) una mujer de 81 años en un incendio provocado por unas velas que utilizaba porque le habían cortado la luz. El ayuntamiento de esta localidad y la compañía suministradora, Gas Natural Fenosa, se han culpado mutuamente de este trágico suceso y se han sucedido las declaraciones en los medios de comunicación sacudiéndose el problema de encima.

Hay que recordar, como han publicado diarios como InfoLibre, que los cuerpos de bomberos de Barcelona, Badalona y Cornellá de Llobregat denunciaron en 2015 que el 70% de los accidentes relacionados con incendios en viviendas se producían a causa de la pobreza energética; la gente llega a emplear todo tipo de medios rudimentarios para calentarse cuando se le ha cortado el suministro eléctrico. Información bastante inquietante. Notorio es, además, que los precios de electricidad y gas aumentaron entre 2008 y 2014 un 73% y un 67%, respectivamente.

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Ganar dinero en el canal de la distribución

“El porvenir inmediato es un país desconocido”, dice el escritor Antonio Muñoz Molina en su última novela, frase que encierra una verdad en la que pocas veces detenemos la atención. Casi todo el mundo pretende tener una idea muy clara de lo que va a suceder en las próximas semanas, meses o incluso años en sus negocios o trayectorias personales; queremos tenerlo todo atado y previsto, perfilando planes con escasos elementos dejados al azar, lo mínimo imprescindible.

Pero la realidad se acaba imponiendo. El sector de material eléctrico y, más en concreto, el canal de la distribución profesional ha experimentado en los últimos diez o doce años un cambio profundo de escenario que nadie preveía, ni la persona más imaginativa. ¿Quién iba a decir en aquel entonces que actores como Viuda de Federico Giner, Álvarez Beltrán, López Baena o Ramos Sierra acabarían desapareciendo? Otros nombres, por otro lado, también pasaron a formar parte de grandes grupos.

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Precariedad y esclavos multidisciplinares

Nos hallamos en pleno fragor de la campaña política más competida de los últimos años, en la que los candidatos copan de forma abrumadora, casi hasta el hartazgo, programas de televisión, artículos en prensa, bloques radiofónicos y espacios en Internet. Muchas de las voces que hemos escuchado han hecho hincapié en la precariedad que predomina las relaciones económicas y laborales desde el inicio de la recesión: ya saben, para miles de españoles los sueldos se encogen de forma directamente proporcional al compromiso que se les exige y a las horas que trabajan.

En este sentido, en la primera de las Mesas Sectoriales de Matelec organizada por Cuadernos de Material Eléctrico el pasado 1 de diciembre en Valencia, salió a relucir también otra cara de esa precariedad que los profesionales de la instalación llevan padeciendo en los últimos años, una fragilidad derivada del papel casi omnímodo que ha ejercicio el constructor, que imponía su ley implacable: la rebaja constante de costes llevada hasta el límite, en los materiales de construcción, los equipamientos, la mano de obra… En ese objetivo no se han atendido de forma adecuada otros criterios importantes, sobre todo la eficiencia energética de la edificación y de sus instalaciones.

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Reinventar el oficio de instalador

Tras una intensa feria en Matelec 2014, y haber hablado con numerosos operadores del sector de material eléctrico, especialmente instaladores, la palabra que más ha surgido en estas conversaciones ha sido la de reinvención. Después de varios años de cambios, recesión, dificultades y transformaciones profundas, el profesional  de la instalación ha llegado a un terreno, o a una etapa, donde todo lo que funcionaba, salvo el valor del trabajo bien hecho –que siempre es una obligación–, ya no le sirve. El pasado reciente se ha convertido en algo lejano y que ya no es válido.

Si su aportación se queda reducida a la mera mano de obra en cualquier proyecto, sabe que su negocio está abocado a desaparecer o, en el mejor de los casos, a agonizar. El instalador del siglo XXI debe hacer suyos diversos aspectos que hasta hace poco tiempo ni siquiera se paraba a pensar en muchos casos: asesoramiento, más allá del suministro o instalación de equipos, sobre todo en materia energética; especialización, anticipándose y estando al tanto de innovaciones y tecnologías que puedan ayudarle en su trabajo y que ayuden a que sus clientes puedan reducir sus facturas y aumentar su competitividad; una conciencia ecológica, que supere el mero ahorro energético, y que persiga dar una pátina de responsabilidad social a su labor y a la de sus clientes; y una mentalidad comercial más activa.

Se trata de trasladar al plano profesional e industrial lo que ya se ha producido en el ámbito social, el valor de lo que piensa el consumidor, el cliente. A partir de ahí, la tarea del instalador debería consistir en adaptarse a estos tiempos donde eficiencia energética, uso de nuevas tecnologías, conciencia social y sostenibilidad se están convirtiendo en valores imprescindibles. El marketing y la marca también pueden ser armas poderosas en este contexto, como se comentó en la presentación del proyecto Mentakers, en Matelec. De este modo, el factor precio será uno más para competir, no el único.

Si no lo hace así, vendrán otros operadores de mayor tamaño, seas compañías eléctricas, grandes contratistas o empresas de otros perfiles que ocuparán su espacio.; de hecho, ya lo están haciendo. Así que lo obligado es reinventarse o morir. Quizá esa reinvención nos esté llevando a una nueva categoría profesional que englobe estas disciplinas y otras nuevas que están surgiendo.

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Matelec, en la encrucijada

Es bien sabido que una feria, en tanto que plataforma comercial y de oferta de productos, es el reflejo más o menos fiel de un sector de actividad, con sus transformaciones, defectos, fortalezas y desafíos. En lo que concierne al ámbito del material eléctrico y afines, Matelec ha sido, y es, el certamen de referencia de una industria que se halla en pleno proceso de cambios desde hace unos seis años, en una reconversión en la que se han cruzado y combinado diversas circunstancias: el frenazo brusco del boom de la construcción y la caída de la actividad subsiguiente, la crisis financiera y de deuda pública, la concentración en el canal de la distribución y el crecimiento imparable de los modelos de negocio online, entre otros componentes de influencia directa.

Tras el declive registrado en las ediciones de 2008 y, sobre todo, 2010, donde el conjunto del sector eléctrico percibía el agotamiento de un modelo que no aportaba soluciones, la convocatoria de Matelec 2012, con la incorporación de un nuevo equipo directivo, vino a representar un cierto revulsivo con el regreso de algunas compañías de prestigio y un enfoque acertado en la eficiencia energética y los nuevos ámbitos tecnológicos que generaban un mayor potencial de negocio (domótica e inmótica, rehabilitación, autoconsumo, etc.). Además, la organización anunciaba posteriormente la posibilidad de cambiar las fechas de la feria para pasarla a los años impares, con el objetivo de evitar la simultaneidad con la alemana Light + Building (que también se celebra en los años pares) y lograr una mejor posición en el calendario ferial internacional. La organización tiene previsto realizar una encuesta entre los expositores, durante la celebración de la feria el próximo mes de octubre, para preguntarles sobre esta cuestión.

No obstante, como un espejo de las incertidumbres del mercado, la edición de 2014 se presenta con diversas dudas e incógnitas, como la citada sobre el cambio o no de sus fechas a años impares. Una oferta muy orientada al ámbito de la electrónica, así como la ausencia, salvo excepciones, de marcas importantes del sector de material eléctrico, que podrían suponer una mayor atracción para los profesionales, constituyen un lastre para la proyección del certamen, si bien se ha conseguido, por otro lado, una presencia notable de firmas relacionadas con la tecnología Led, una de las áreas de futuro para la industria de la iluminación, en la que también se echan a faltar nombres de relevancia que sí parecen haber apostado por una sola feria al año, la celebrada en Frankfurt.

En cambio, como factores positivos en la balanza, Matelec cuenta con el respaldo de las principales asociaciones sectoriales que vertebran el mercado, como ADIME (distribuidores), AFME (fabricantes), amec amelec (exportación), ANESE (empresas de servicios energéticos), FENIE y FENITEL (estas dos últimas, de empresas instaladoras), entre otras. La organización está trabajando intensamente para volver a posicionar a Matelec como una feria de relevancia, sobre todo en el panorama internacional, pero el contexto macroeconómico no acompaña y la situación de muchas empresas está más volcada en inversiones directamente ligadas a la generación de actividad, con un retorno de la inversión medible y en plazos de tiempo cortos, que a otro tipo de actuaciones.

Matelec se encuentra pues en una encrucijada, con varios caminos a la vista y que, a partir de las decisiones y los resultados de esta edición, puede tomar un rumbo que le lleve a constituir un foro más potente y eficaz, aunque para ello debe configurar una plataforma que sea percibida por las empresas como una catalizador de negocio. Esperemos que así sea.

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