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Matrimonio instalador de conveniencia

La tradicional separación de los distintos colectivos de empresas instaladoras parece que tiene los días contados. FENIE y CONAIF han sentado las bases para constituir una única organización de instaladores en el plazo de dos años; así lo hicieron público el pasado 14 de julio en un acto formal celebrado en la sede de CONFEMETAL en Madrid. Se trata de una demanda largamente esperada desde distintas instancias, sobre todo por lo que supone de capacidad de interlocución con las Administraciones Públicas; hay que resaltar que ambas federaciones sumarían más de 35.000 miembros y más de 200.000 trabajadores, lo que supone el 87 % del sector en España y un volumen anual de negocio superior a los 11.500 millones de euros. No son cifras despreciables.

Podríamos decir que los intereses comunes de ambas entidades en numerosos aspectos ha hecho posible este matrimonio de conveniencia, que vivirá un noviazgo de dos años –periodo que han previsto en este plan– en el que ambos miembros de la pareja irán conociéndose, tratándose y aprendiendo los matices de cada uno. La “boda” está fijada para principios de 2018, momento en que nacerá una nueva organización empresarial con una nueva denominación.

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El dividendo digital que se avecina

Las comunidades de vecinos constituyen un espacio de convivencia, más o menos civilizada, en unos sitios más que en otros, donde los seres humanos residen, se relacionan y discuten, como no podía ser de otra manera; es un formato de vivienda muy común en determinados países, sobre todo en el sur de Europa. En este sentido, nuestro imaginario popular se ha llenado con decenas de obras de teatro, cine y televisión que exponen la miseria que se destila al compartir vidas, cuitas y espacio. Baste citar, por ejemplo, “El pisito”, película de Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry de finales de los 50 –anticipo visionario de la España de hoy–, o “La comunidad”, de Álex de la Iglesia, que se acercaba a este fenómeno desde el humor más negro y caústico; o más recientemente las series de TV “Aquí no hay quien viva” y “La que se avecina”, de gran éxito popular.

En estos años de crisis la vida cotidiana se ha hecho algo más árida en estas comunidades pues los propietarios e inquilinos se han encontrado con dificultades económicas añadidas para hacer frente a los gastos comunes, no digamos ya si hablamos de abonar derramas (¡el añorado señor Cuesta!) para financiar las obras de reformas y mejoras en instalaciones eléctricas, tuberías, ascensores o la calefacción.

Ahora llega un nuevo cambio, por mandato europeo, como ha sucedido en otros ámbitos: la liberación del dividendo digital, que se lleva a cabo para reubicar las frecuencias de televisión para dejarlas libres para las nuevas redes de telefonía móvil de 4G. Este proceso supondrá tener que intervenir en más de 1 millón de edificios con antenas colectivas, un 55% de la población; actuación que se suma a los cambios que tuvieron que realizarse en los años 2009 y 2010 con la llegada de la TDT (Televisión Digital Terrestre).

Sin embargo, estos cambios de ahora no supondrán un desembolso para las comunidades de vecinos si son diligentes ya que el Gobierno ha puesto en marcha un plan de ayudas (de unos 290 millones de euros) destinadas a sufragar los gastos de estas intervenciones, pero hay que actuar con rapidez: el plazo se acaba el 31 de diciembre de 2014, por lo que administradores de fincas y otros representantes de las comunidades de propietarios tendrán que acelerar la solicitud de presupuestos para llevar a cabo estas adaptaciones y así cobrar antes la ayuda.

Para muchos instaladores, este proceso de adaptación supone una importante carga de trabajo, más necesaria si cabe en un contexto todavía deprimido de la actividad. Las empresas tendrán que acometer con eficacia y profesionalidad esta tarea de gran envergadura, y en un corto plazo de tiempo.

Todos estos elementos constituyen una buena noticia. A lo que se añade que en esta ocasión se han puesto las medidas idóneas para hacer que toda esta actividad sea transparente y no propicie la economía sumergida. Miguel Ángel García Argüelles, director gerente de FENITEL (Federación de Instaladores de Telecomunicaciones), explicaba a nuestra redacción que para cobrar las ayudas públicas será necesario presentar la factura del trabajo, que la intervención deberá realizarse por un instalador homologado y que el pago habrá de abonarse por procedimientos bancarios. De este modo, se evitará el intrusismo, efecto colateral negativo que no se pudo impedir en buena medida en la primera adaptación de la TDT.

Son todas ellas acciones que persiguen luchar contra la tendencia a la chapuza y al apaño que todavía persiste en nuestro país, como queda reflejado con el filtro del humor en series televisivas como la citada “La que se avecina”, que precisamente acaba de estrenar su octava temporada. Si bien hay que recordar que en esta transición a la TDT y a la televisión de alta definición nuestro país se encuentra entre los que mejor han llevado a cabo estos procesos en Europa.

PD.: No olviden que a partir del próximo 26 de octubre, todos los ciudadanos, tanto si viven o no en un edificio con antena colectiva, tendrán que resintonizar sus televisores para localizar las nuevas frecuencias en las que se emitirán los programas de televisión.

En el número de octubre de Cuadernos de Material Eléctrico se publican una entrevista a Miguel Ángel García Argüelles, director gerente de FENITEL, y un interesante reportaje sobre diversos aspectos técnicos de la adaptación para la llegada del dividendo digital, que arrojan luz sobre todo este proceso.

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Adiós al instalador, bienvenido integrador

Con la abdicación del Rey Juan Carlos I y la reciente coronación de Felipe VI se ha podido escuchar con una frecuencia casi alarmante que estamos en “un tiempo nuevo”, expresión que el propio monarca  decidió incluir en su discurso de proclamación tras la jura de la Constitución. “Un tiempo nuevo” en política, en economía, en lo social…

Trasladando esta nueva época al sector eléctrico, el instalador –pieza esencial en la cadena de valor, pues representa el contacto directo con el cliente– también afronta una necesidad de cambio cada vez más urgente, que de forma obligada tiene que adoptar si quiere sobrevivir: superar el rol de instalador de equipos o aparatos, profundizar en los aspectos de gestión empresarial, no importa el tamaño de su negocio, y potenciar sus habilidades comerciales son elementos clave de esta transformación, ya que hay que salir a buscar al cliente en un entorno como el actual caracterizado por una intensa y feroz competencia; se acabaron los tiempos en que lo importante eran los conocimientos técnicos. Los clientes ya no acuden como quien busca un notario o un abogado.

Por ello, desde hace varios años se empieza a escuchar que el profesional de la instalación debe transformarse o, mejor dicho, asumir un papel de verdadero asesor; asesor energético en este caso pues la energía eléctrica y las soluciones relacionadas son el núcleo de las tecnologías que domina, que se extienden a otras disciplinas, como la iluminación, la gestión domótica o la eficiencia energética, entre otras, donde todas estas íntimamente vinculadas.

De alguna forma, el futuro reside pues en “reconvertir el sector de las instalaciones”, como señaló Juan José Catalán, socio director de la firma ADN Pymes, en la segunda edición de Electro FORUM (evento organizado por Grupo Electro Stocks en Sevilla el 12 de junio). En suma, los mercados se han tecnificado enormemente, los altos precios de la energía eléctrica han motivado una necesidad de mayor eficiencia y ahorro energéticos en hogares y empresas, el consumidor está más concienciado y la complicación regulatoria del sector eléctrico aumenta; todos estos son, entre otros muchos, factores que conducen de forma obligatoria hacia ese cambio.

Todo ello hace que el instalador mute hacia la figura del “integrador”, concepto que ya utilizan entidades como FENITEL, pero que supone algo más: un profesional que abarca diversas disciplinas interconectadas y que excede el ámbito de las instalaciones eléctricas y de telecomunicaciones. El término “lampista” (técnico que se ocupa de las instalaciones eléctricas, de gas, calefacción y de agua), que se emplea desde hace mucho tiempo en Cataluña, es de algún modo un precursor de una evolución que reverdece y vuelve a ganar actualidad. En provincias como Gipuzkoa o Sevilla, por citar algunas, la asociación profesional de instaladores integra en su seno desde hace años a las empresas que abarcan estos trabajos.

En esta evolución se inscribe la creación de FADIA (Federación de Asociaciones de Instaladores de Andalucía), presentada oficialmente en el citado Electro FORUM, que está formada por siete asociaciones de seis provincias andaluzas que agrupan a empresarios de instalaciones eléctricas y telecomunicaciones, así como de fontanería, gas y climatización, buscando una mayor unión y cohesión.

El último capítulo de este fenómeno lo ha escrito APIEM (asociación de instaladores de Madrid) al anunciar la pasada semana su reinvención como asociación en “APIEM Integra”, acción con la que pretende que sus afiliados migren hacia la figura de “empresas integradoras de soluciones”, superando el papel de instaladores –o el de electricistas, su denominación más común–. Es decir, el integrador como un profesional que se sea capaz de abordar distintas disciplinas (desde el material eléctrico hasta las telecomunicaciones, pasando por la climatización, el gas o las energías renovables), y que afronte su trabajo de forma integral, tratando de ofrecer el mejor servicio a sus clientes.

Esta transformación es imparable y el que se quede atrás va a tener muy difícil la continuidad de su negocio.

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