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Matrimonio instalador de conveniencia

La tradicional separación de los distintos colectivos de empresas instaladoras parece que tiene los días contados. FENIE y CONAIF han sentado las bases para constituir una única organización de instaladores en el plazo de dos años; así lo hicieron público el pasado 14 de julio en un acto formal celebrado en la sede de CONFEMETAL en Madrid. Se trata de una demanda largamente esperada desde distintas instancias, sobre todo por lo que supone de capacidad de interlocución con las Administraciones Públicas; hay que resaltar que ambas federaciones sumarían más de 35.000 miembros y más de 200.000 trabajadores, lo que supone el 87 % del sector en España y un volumen anual de negocio superior a los 11.500 millones de euros. No son cifras despreciables.

Podríamos decir que los intereses comunes de ambas entidades en numerosos aspectos ha hecho posible este matrimonio de conveniencia, que vivirá un noviazgo de dos años –periodo que han previsto en este plan– en el que ambos miembros de la pareja irán conociéndose, tratándose y aprendiendo los matices de cada uno. La “boda” está fijada para principios de 2018, momento en que nacerá una nueva organización empresarial con una nueva denominación.

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Salir de la zona de confort

En las carreras de coches de competición hay ocasiones en que un piloto, aun con la certeza de que está conduciendo bien su bólido, de repente ve cómo le adelantan varios rivales por la izquierda o por la derecha y se da cuenta de que su conducción es mejorable. En los últimos tiempos he venido escuchando en distintos foros y encuentros profesionales una percepción similar entre el colectivo de instaladores, que están comprobando cómo su tradicional campo de acción se ve invadido por otros profesionales.

A pesar de los duros años de crisis económica, cuyos efectos llegan hasta hoy, y de los cambios que han emprendido muchos empresarios y autónomos, los instaladores eléctricos y generalistas están perdiendo terreno en ámbitos que de forma natural serían una extensión de su actividad: instalaciones de seguridad, intercomunicación, control de accesos, proyectos de eficiencia energética, etc. Por si esto fuera poco surge la competencia desleal de las Administraciones Públicas, ayuntamientos o diputaciones provinciales, que han puesto en marcha centrales de compra para gestionar la contratación de materiales y servicios, supliendo la actividad de empresas privadas.

Al margen de la denuncia que es lícito y justo hacer de estas actuaciones, hay dos aspectos a los que muchos profesionales no prestan la suficiente atención y que son fundamentales para su actividad: mejorar su perfil como comerciales y la formación. Tras hablar con diversos representantes del colectivo, se constata que los instaladores se venden muy mal, practican poco la comercialización de su empresa y servicios, por lo que en muchas ocasiones pierden oportunidades y se acaban adelantando firmas procedentes de otros sectores.

En segundo lugar, la formación continua es ineludible para las empresas instaladoras hoy en día: un instalador sin formación no tiene futuro, dada la velocidad casi de vértigo a la que se mueve el mundo en todos los órdenes: innovaciones tecnológicas y novedades normativas se suceden y es imprescindible estar al tanto para no quedarse fuera de juego. Aquí ejercen un papel fundamental las asociaciones sectoriales, que vertebran, forman y apoyan las acciones de sus empresas afiliadas. En este contexto, el instalador tiene también que crecer como gestor, como empresario: sin olvidar el apartado técnico, profundizar y formarse en todas las áreas de gestión y de estrategia comercial para buscar nuevos nichos de negocio y optimizar los procesos.

También al decir de varios dirigentes sectoriales y empresarios del sector las empresas del sector de las instalaciones han de dejar de mirar hacia el Estado como fuente de subvenciones y ayudas a la hora de resolver problemas o lanzarse a determinados proyectos.

Todo esto se resume en algo que ya han llevado a cabo muchos profesionales en estos últimos años: salir de la zona de confort en la que estaban instalados en los años de bonanza y aventurarse a otros ámbitos menos conocidos donde, en efecto, la incertidumbre crece y nadie garantiza ningún resultado, pero se puede acceder a nuevos clientes.

 

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Cuando los políticos interfieren en la cadena de valor

En este arranque de 2015 todavía llegan algunos ecos de la polémica suscitada por la adquisición de productos de iluminación Led por la central de compras de la Diputación de Valencia, presidida por Alfonso Rus, del Partido Popular. Este caso se ha convertido en el ejemplo más notorio de cómo decisiones políticas vinculadas a intereses espúreos alejados de los ciudadanos interfieren en este tipo de procesos y, con la justificación de un ahorro económico  para las arcas de diversos municipios de la provincia, lo que se persigue es el beneficio de unos pocos. Se trata de una operación que ha beneficiado directamente a una empresa de Xátiva, que ha facturado hasta 13 millones de euros, según publicó el diario El Mundo, vinculada de un modo u otro al dirigente del PP.

En este sentido, Anfalum (Asociación de Fabricantes de Iluminación) ya ha denunciado en un comunicado emitido a finales del año pasado que en esta operación llevada a cabo por la Diputación de Valencia se desoyeron sus recomendaciones, que advertían de los riesgos y problemas derivados de la sustitución en el alumbrado público de las lámparas tradicionales de descarga por lámparas Led de conexión directa y otros dispositivos de adaptación de las luminarias instaladas.

Como señala la asociación, las empresas suministradoras que participan en estos concursos públicos deben ofrecer “una garantía y solvencia técnica relevante”. No sólo del propio producto, sino también del proyecto luminotécnico previo, que analice las características específicas de las luminarias y de las ventajas de utilizar una u otra tecnología, o un producto concreto en lugar de otro. La realización de ensayos, por motivos como el peso de una lámpara Led, que es nueve veces superior al de las demás tecnologías, deviene obligatoria.

Estamos hablando de alumbrado público, que afecta a la seguridad y al confort visual en la vida cotidiana de millones de personas, lo que no debería resolverse con este tipo de acciones simples que sólo buscan un ahorro económico a corto plazo, que seguramente se tornará en lo contrario con el paso del tiempo, cuando estas lámparas no estén aportando los niveles de iluminación prometidos, creando deslumbramientos y otros problemas causados por una instalación incorrecta o por el indebido uso de un producto.

Los políticos, y sus partidos, quieren ocupar cada vez más ámbitos de la sociedad y del mundo empresarial. Como afirmó Benito Rodríguez, vicepresidente de Anfalum, en la interlocución con los entes locales se ha sustituido al técnico del ayuntamiento, conocedor de las soluciones y tecnologías de cada campo, por el concejal de turno o, en este caso, por un representante de la diputación provincial. Personas que buscan el provecho propio, la notoriedad y el ruido mediático más que llevar a cabo un proyecto para el bien común con la mayor profesionalidad posible.

Esto entronca, asimismo, con las actuaciones de las centrales de compra de algunas diputaciones provinciales, denunciadas muchas veces por diversas asociaciones de empresas instaladoras y de otros colectivos, que practican una competencia desleal a la hora de licitar la adquisición de material eléctrico, dejando al margen a la cadena de valor del sector, distribuidores, almacenes e instaladores. El mundo está lleno de buenas intenciones –en este caso, el ahorro económico– que pueden traer daños colaterales.

Además, estamos en año de elecciones y ya se sabe que en estos periodos los políticos tienden a ponerse nerviosos y a tratar de acaparar protagonismo, más del que ya tienen, que no es poco. Bienvenidos a este 2015, en el que esperamos que mejoren las tendencias del pasado ejercicio.

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Vivo en el lío online

“Vivo en el lío”. Recordamos en este post la entrañable frase de Mariano Rajoy, al inicio de esta legislatura, captada por los micrófonos en un encuentro en el Palacio de la Moncloa con Artur Mas, presidente de la Generalitat de Cataluña. Así he percibido que se sienten muchos empresarios del sector eléctrico a la hora de posicionar su oferta y la marca de su empresa en internet y los llamados canales online, y también cuando un profesional quiere utilizar estas vías para la adquisición de productos, asesoramiento, formación e información.

Para un profesional del sector de material eléctrico y campos afines, una de las primeras opciones en su trabajo diario cuando emplea internet es la consulta de las páginas web de las asociaciones y colegios que defienden los intereses de su colectivo (sea un instalador, un ingeniero, un técnico de mantenimiento, etc.), para tratar de obtener sobre todo información sobre cursos y formación específica, subvenciones o la tramitación telemática de documentación, con especial atención a los temas normativos y regulatorios, dada la alegría legisladora de nuestros próceres en materia energética, de fiscalidad y otros ámbitos.

En el caso de los instaladores, además, las webs de los distribuidores de material eléctrico se convierten en una herramienta de primer orden, sobre todo de aquellos que han diseñado un espacio online con valor añadido que incluye promociones de sus proveedores preferentes, novedades, disponibilidad de stock y posibilidades de formación, como una prolongación de su oferta offline, trabajando también en incipientes plataformas de comercio electrónico. Asimismo, los fabricantes invierten también grandes recursos en sus portales web, haciendo hincapié sobre todo en sus lanzamientos más innovadores, documentación técnica de productos y datasheets, aplicaciones, soporte técnico y preguntas frecuentes.

Asimismo, los medios informativos (como el portal http://material-electrico.cdecomunicacion.es/) organizan, seleccionan y estructuran de la forma más interesante y útil posible todo un caudal de información que está disperso en el mercado y se lo ofrecen a sus lectores, actuando al mismo tiempo como un canal de comunicación que sirve también a las marcas para diferenciarse y posicionarse en el mercado.

A esta fiesta online no podían faltar tampoco operadores como las superficies de bricolaje y suministro industrial, algunas de ellas concebidas para el cliente profesional, que inundan el mercado con promociones constantes, descuentos y acciones de marketing, y finalmente gigantes como Amazon, que desde hace unos años también proporciona en su web productos eléctricos y que incluso ha abierto recientemente una tienda especializada en iluminación. Además, contamos con las redes sociales (Twitter, Facebook y LinkedIn, las de mayor presencia), que abren un horizonte de una extensión casi inabarcable para acceder a más información de todo tipo.

¿Dónde acudir? ¿Cómo me asesoro e informo? El hecho es que los instaladores, tal como se reflejó en un reportaje elaborado por Cuadernos de Material Eléctrico, se siguen mostrando algo reticentes a la hora de adquirir productos vía comercio electrónico, salvo cuando buscan algo muy concreto, y acuden sobre todo a las sitios web de sus distribuidores de confianza. Utilizan internet sobre todo para tener información técnica y normativa, y acceso a ofertas.

Así las cosas, es inevitable experimentar cierta confusión en este universo online donde el profesional encuentra numerosos puntos de atención; encontrar un equilibrio razonable y práctico en esta tarea es a veces complicado. Habrá que concluir, buscando de nuevo la inspiración en el presidente del Gobierno, que “it’s very difficult todo esto”.

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Adiós al instalador, bienvenido integrador

Con la abdicación del Rey Juan Carlos I y la reciente coronación de Felipe VI se ha podido escuchar con una frecuencia casi alarmante que estamos en “un tiempo nuevo”, expresión que el propio monarca  decidió incluir en su discurso de proclamación tras la jura de la Constitución. “Un tiempo nuevo” en política, en economía, en lo social…

Trasladando esta nueva época al sector eléctrico, el instalador –pieza esencial en la cadena de valor, pues representa el contacto directo con el cliente– también afronta una necesidad de cambio cada vez más urgente, que de forma obligada tiene que adoptar si quiere sobrevivir: superar el rol de instalador de equipos o aparatos, profundizar en los aspectos de gestión empresarial, no importa el tamaño de su negocio, y potenciar sus habilidades comerciales son elementos clave de esta transformación, ya que hay que salir a buscar al cliente en un entorno como el actual caracterizado por una intensa y feroz competencia; se acabaron los tiempos en que lo importante eran los conocimientos técnicos. Los clientes ya no acuden como quien busca un notario o un abogado.

Por ello, desde hace varios años se empieza a escuchar que el profesional de la instalación debe transformarse o, mejor dicho, asumir un papel de verdadero asesor; asesor energético en este caso pues la energía eléctrica y las soluciones relacionadas son el núcleo de las tecnologías que domina, que se extienden a otras disciplinas, como la iluminación, la gestión domótica o la eficiencia energética, entre otras, donde todas estas íntimamente vinculadas.

De alguna forma, el futuro reside pues en “reconvertir el sector de las instalaciones”, como señaló Juan José Catalán, socio director de la firma ADN Pymes, en la segunda edición de Electro FORUM (evento organizado por Grupo Electro Stocks en Sevilla el 12 de junio). En suma, los mercados se han tecnificado enormemente, los altos precios de la energía eléctrica han motivado una necesidad de mayor eficiencia y ahorro energéticos en hogares y empresas, el consumidor está más concienciado y la complicación regulatoria del sector eléctrico aumenta; todos estos son, entre otros muchos, factores que conducen de forma obligatoria hacia ese cambio.

Todo ello hace que el instalador mute hacia la figura del “integrador”, concepto que ya utilizan entidades como FENITEL, pero que supone algo más: un profesional que abarca diversas disciplinas interconectadas y que excede el ámbito de las instalaciones eléctricas y de telecomunicaciones. El término “lampista” (técnico que se ocupa de las instalaciones eléctricas, de gas, calefacción y de agua), que se emplea desde hace mucho tiempo en Cataluña, es de algún modo un precursor de una evolución que reverdece y vuelve a ganar actualidad. En provincias como Gipuzkoa o Sevilla, por citar algunas, la asociación profesional de instaladores integra en su seno desde hace años a las empresas que abarcan estos trabajos.

En esta evolución se inscribe la creación de FADIA (Federación de Asociaciones de Instaladores de Andalucía), presentada oficialmente en el citado Electro FORUM, que está formada por siete asociaciones de seis provincias andaluzas que agrupan a empresarios de instalaciones eléctricas y telecomunicaciones, así como de fontanería, gas y climatización, buscando una mayor unión y cohesión.

El último capítulo de este fenómeno lo ha escrito APIEM (asociación de instaladores de Madrid) al anunciar la pasada semana su reinvención como asociación en “APIEM Integra”, acción con la que pretende que sus afiliados migren hacia la figura de “empresas integradoras de soluciones”, superando el papel de instaladores –o el de electricistas, su denominación más común–. Es decir, el integrador como un profesional que se sea capaz de abordar distintas disciplinas (desde el material eléctrico hasta las telecomunicaciones, pasando por la climatización, el gas o las energías renovables), y que afronte su trabajo de forma integral, tratando de ofrecer el mejor servicio a sus clientes.

Esta transformación es imparable y el que se quede atrás va a tener muy difícil la continuidad de su negocio.

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El intrusismo que no cesa

La extensión de la cruda recesión económica que sufrimos desde hace años ha traído diversas consecuencias, unas más previsibles que otras. El cierre de empresas en todos los sectores de actividad y la destrucción de empleo subsiguiente, especialmente en ámbitos como la industria de la construcción y sus sectores auxiliares, ha generado las condiciones idóneas para un caldo de cultivo donde se desarrolla un viejo conocido: el intrusismo profesional.

En muchos casos, la mortandad de empresas ha devenido en la creación, a la manera de la reproducción por esporas, de nuevos pequeños organismos: micropymes y autónomos que surgen del antiguo cuerpo para seguir activos en el mismo sector que conocen y en el que acumulan experiencia; además, se dan muchos ejemplos en los que incluso estos trabajadores actúan en condiciones que rayan la ilegalidad, que en algunas zonas del país llaman ‘irregulares’. Su estrategia se basa en numerosas ocasiones en ofertas agresivas en precio, llegando a involucrarse y a entrar en proyectos donde carecen de la experiencia adecuada, o desconocen algunos de sus elementos tecnológicos o normativos. La desesperación, y esto es comprensible, lleva a la audacia.

Pero resulta que el sector eléctrico (y afines) es un campo con un alto contenido tecnológico, en el que se trabaja –una obviedad que hay que recordar– con electricidad, un elemento peligroso y sensible que puede causar accidentes, heridos e incluso muertes (como ha resaltado a lo largo de su trayectoria la Plataforma PRIE, ahora caída en cierto olvido). La calidad y la seguridad de las instalaciones es un objetivo irrenunciable, a pesar de las dificultades económicas, porque, si no es así, probablemente vendrán los lamentos a posteriori, en forma de altos consumos de energía, mal funcionamiento de las instalaciones, deterioro de los materiales y riesgo de accidentes. El usuario final, sea un particular o una empresa de cualquier sector de actividad, debería valorar todos estos factores.

En este contexto, el presidente de AEMIAT (Asociación Española de Empresas de Mantenimiento de Instalaciones de Alta Tensión) me relataba recientemente un caso clarificador: una comunidad de vecinos, a la hora de renovar las instalaciones eléctricas comunes del edificio ya obsoletas –los cuadros de contadores–, eligió entre varias propuestas la más económica, sin mirar o valorar otros aspectos. El reducido compartimento del cuarto de contadores y el desconocimiento de la normativa por parte del instalador contratado le llevó a derribar una pared para aumentar el espacio entre los cuadros, cuando eso se hubiera evitado con la instalación de unos equipos de protección adecuados, y permitidos por la normativa para este tipo de situaciones. El organismo de control no validó finalmente la obra al no cumplir los requisitos de seguridad y la comunidad de vecinos se encontró con un problema adicional, más oneroso de lo que había previsto en un principio. El conjunto de los trabajos supuso un mayor desembolso del inicial y el cliente quedó insatisfecho puesto que no se habían cumplido las expectativas prometidas en precio y calidad.

La competencia desleal de ‘irregulares’ (trabajos sin IVA, no verificación de la calidad y seguridad…) distorsiona las condiciones de un mercado ya de por sí castigado por otros factores. Las asociaciones de instaladores llevan clamando contra el intrusismo desde hace años, pero la crisis ha echado en saco roto cualquier iniciativa en este sentido; en una reciente encuesta elaborada por Cuadernos de Material Eléctrico el intrusismo estaba entre los primeros cinco problemas del colectivo. Hace falta, además, una mayor concienciación ya que el precio no es lo único que cuenta.

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