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Adiós al instalador, bienvenido integrador

Con la abdicación del Rey Juan Carlos I y la reciente coronación de Felipe VI se ha podido escuchar con una frecuencia casi alarmante que estamos en “un tiempo nuevo”, expresión que el propio monarca  decidió incluir en su discurso de proclamación tras la jura de la Constitución. “Un tiempo nuevo” en política, en economía, en lo social…

Trasladando esta nueva época al sector eléctrico, el instalador –pieza esencial en la cadena de valor, pues representa el contacto directo con el cliente– también afronta una necesidad de cambio cada vez más urgente, que de forma obligada tiene que adoptar si quiere sobrevivir: superar el rol de instalador de equipos o aparatos, profundizar en los aspectos de gestión empresarial, no importa el tamaño de su negocio, y potenciar sus habilidades comerciales son elementos clave de esta transformación, ya que hay que salir a buscar al cliente en un entorno como el actual caracterizado por una intensa y feroz competencia; se acabaron los tiempos en que lo importante eran los conocimientos técnicos. Los clientes ya no acuden como quien busca un notario o un abogado.

Por ello, desde hace varios años se empieza a escuchar que el profesional de la instalación debe transformarse o, mejor dicho, asumir un papel de verdadero asesor; asesor energético en este caso pues la energía eléctrica y las soluciones relacionadas son el núcleo de las tecnologías que domina, que se extienden a otras disciplinas, como la iluminación, la gestión domótica o la eficiencia energética, entre otras, donde todas estas íntimamente vinculadas.

De alguna forma, el futuro reside pues en “reconvertir el sector de las instalaciones”, como señaló Juan José Catalán, socio director de la firma ADN Pymes, en la segunda edición de Electro FORUM (evento organizado por Grupo Electro Stocks en Sevilla el 12 de junio). En suma, los mercados se han tecnificado enormemente, los altos precios de la energía eléctrica han motivado una necesidad de mayor eficiencia y ahorro energéticos en hogares y empresas, el consumidor está más concienciado y la complicación regulatoria del sector eléctrico aumenta; todos estos son, entre otros muchos, factores que conducen de forma obligatoria hacia ese cambio.

Todo ello hace que el instalador mute hacia la figura del “integrador”, concepto que ya utilizan entidades como FENITEL, pero que supone algo más: un profesional que abarca diversas disciplinas interconectadas y que excede el ámbito de las instalaciones eléctricas y de telecomunicaciones. El término “lampista” (técnico que se ocupa de las instalaciones eléctricas, de gas, calefacción y de agua), que se emplea desde hace mucho tiempo en Cataluña, es de algún modo un precursor de una evolución que reverdece y vuelve a ganar actualidad. En provincias como Gipuzkoa o Sevilla, por citar algunas, la asociación profesional de instaladores integra en su seno desde hace años a las empresas que abarcan estos trabajos.

En esta evolución se inscribe la creación de FADIA (Federación de Asociaciones de Instaladores de Andalucía), presentada oficialmente en el citado Electro FORUM, que está formada por siete asociaciones de seis provincias andaluzas que agrupan a empresarios de instalaciones eléctricas y telecomunicaciones, así como de fontanería, gas y climatización, buscando una mayor unión y cohesión.

El último capítulo de este fenómeno lo ha escrito APIEM (asociación de instaladores de Madrid) al anunciar la pasada semana su reinvención como asociación en “APIEM Integra”, acción con la que pretende que sus afiliados migren hacia la figura de “empresas integradoras de soluciones”, superando el papel de instaladores –o el de electricistas, su denominación más común–. Es decir, el integrador como un profesional que se sea capaz de abordar distintas disciplinas (desde el material eléctrico hasta las telecomunicaciones, pasando por la climatización, el gas o las energías renovables), y que afronte su trabajo de forma integral, tratando de ofrecer el mejor servicio a sus clientes.

Esta transformación es imparable y el que se quede atrás va a tener muy difícil la continuidad de su negocio.

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