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Congreso de FENIE, unanimidad contra el decreto de autoconsumo

Tras la celebración del XVII Congreso de FENIE (Federación Nacional de empresarios instaladores) en Ávila la semana pasada, resuenan todavía en medios y redes sociales ecos de las ponencias, coloquios y opiniones que se sucedieron en este evento a lo largo de los días 22 y 23 de octubre. Lastres como el intrusismo y la morosidad se mantienen como preocupaciones de primer nivel entre el colectivo, ante la dejación de funciones de las distintas Administraciones Públicas, que sólo ponen el ojo fiscalizador en las empresas cumplidoras.

En este sentido, arreciaron también, y con toda la razón del mundo, las críticas y reproches ante la regulación aprobada por el Gobierno del PP, en especial en el ámbito del autoconsumo fotovoltaico y, en menor medida, aunque también, en el de las infraestructuras de carga del vehículo eléctrico, con la norma ITC-BT 52. En el primer caso, calificativos como “irracional”, “anomalía histórica” o “inútil” sirvieron para describir la

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¡Es la financiación, estúpido!

“La economía, estúpido” (the economy, stupid), fue una frase muy utilizada por Bill Clinton y sus asesores durante la campaña electoral a las presidenciales de EEUU contra George Bush padre en 1992, que posteriormente se popularizó como “es la economía, estúpido”. Parafraseando el dictamen del expresidente, en la economía nacional, en general, y en el sector eléctrico, en particular, la financiación es el meollo de la cuestión que estrangula una reactivación más sólida.

No obstante, las primeras brisas primaverales han traído cierto aire fresco y optimista que han barrido los malos humores invernales: según los esperanzadores datos publicados por AFME (Asociación de Fabricantes de Material Eléctrico), las ventas del mercado nacional han aumentado un 6,9% en los dos primeros meses de 2014, confirmando el cambio de tendencia iniciado en el último tramo de 2013. No sabemos si es un espejismo, ya que se comparan con los meses de enero y febrero del año pasado, que fueron la travesía más árida del desierto del que parece que vamos a salir, o bien es un indicio de que este ejercicio podría acabar en positivo tras más de un lustro en números rojos.

Sin embargo, la situación económica de las empresas continúa en muchos casos bajo mínimos, en “modo supervivencia”, en buena parte debido a que el grifo del crédito sigue cerrado a cal y canto. En este sentido, los indicadores que ha facilitado recientemente la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad (PMcM) no son nada halagüeños. De acuerdo con esta entidad, dos normas podrían hacer tambalear la mejora registrada en los dos últimos años en el ámbito de los plazos de pago: el anteproyecto de Ley de Fomento de la Financiación Empresarial, concretamente dos de sus disposiciones, que permiten el pacto entre las empresas superando los 60 días establecidos por ley, en los casos en los que la deuda o el crédito se cedan a un tercero; y el artículo 216 de la Ley de Contratos del Sector Público.

De lo que se desprende con esta presumible marcha atrás es la falta de voluntad política para atajar este problema que lastra la situación financiera de las empresas, sobre todo de pymes, micropymes y autónomos, organizaciones vulnerables que no pueden financiar el capital circulante y dependen de una buena gestión de pagos y cobros. Los poderosos (empresas del IBEX 35 y grandes corporaciones) son los grandes beneficiarios de un sistema donde las posiciones de poder y abuso entre cliente y proveedor dañan de partida una normal relación comercial; no es de recibo que un 68% de las empresas firmen contratos que incumplan la ley en los plazos de pago, según una encuesta de la PMcM: temen perder al cliente si le exigen cumplir con la ley, ¡extraña y cruel paradoja!

Queda una pequeña ventana a la esperanza: el desarrollo de un régimen sancionador continúa su trámite en las Cortes y podría entrar en debate parlamentario entre abril y mayo de este año. España es un país que, en muchos ámbitos –más de lo que nos gustaría–, funciona a base de penalizaciones y multas (desde las normas de tráfico a cumplir con la Hacienda pública, por citar sólo dos ejemplos); lo que evidencia que una tipificación clara de infracciones y sus correspondientes sanciones sería un buen método para corregir esta anomalía que nos diferencia de Europa, sólo por delante de Portugal y Grecia. En Francia, gracias a la implantación de un régimen sancionador, los plazos de pago medio se han situado por debajo de los 45 días.

Así, acceso al crédito restringido y plazos de pago abusivos (en el sector de la construcción el plazo medio se sitúa en 253 días) es una combinación fatídica para la liquidez de las compañías que quiebra cualquier conato de reanimar la actividad. No hay que olvidar que morosidad y plazos de pago ilegales son la causa del cierre de un tercio de las 500.000 empresas que han desaparecido desde el inicio de la crisis, algo que perjudica también la competitividad de la economía.

Que disfruten de la Semana Santa, de sus penitencias y sus pequeños placeres.

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Humanizar las relaciones comerciales

Es de sobra conocido el predominio absolutamente abrumador de las pymes en el tejido empresarial nacional. De acuerdo con los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), en España hay alrededor de 3,2 millones de empresas, de las que un 99,88% son pymes (entre 0 y 249 empleados).Pero si ponemos el foco en las llamadas microempresas (de 0 a 9 empleados), este grupo supone en España el 95,5% del total de empresas, más de 3 puntos por encima de la estimación para el conjunto de la UE (92,2%).

El sector de material eléctrico es un claro ejemplo de estas estadísticas, sobre todo entre el colectivo de empresas instaladoras (muchas de ellas operando como autónomos), en el que podríamos incluir también a muchos almacenes así como integradores e ingenierías de pequeño tamaño. La crisis ha pasado una dura factura a estos segmentos y se podría decir que sobrevivir se ha convertido en su principal misión. De hecho, eso es lo que afirma el estudio anual “Radiografía de la Pyme 2013”, elaborado por Sage, firma especializada en soluciones de gestión para la pequeña y mediana empresa.

Según este informe, el 65,5% del tejido empresarial considera que en 2013 sobrevivir vuelve a ser el principal objetivo, en una difícil coyuntura en la que más del 90% de pymes y autónomos piensa que la economía española ha empeorado en los últimos tres años y continuará así en este ejercicio. No obstante, según releva este estudio de Sage, una notable proporción de empresarios de este perfil cree que habrá una tenue luz al final del túnel: estiman que la recuperación, aunque tardará, llegará a nuestro país en el bienio 2014-2015.

Sin embargo, me ha llamado la atención un dato en este informe que pone en valor una consecuencia positiva de estos años de dificultades económicas: más del 25% de los autónomos y pymes encuestados creen que “la crisis ha humanizado las relaciones comerciales y que, un año más, la cercanía con el cliente vuelve a ganar protagonismo como un factor de crecimiento”.

Ahí es nada; algo tan de sentido común como cuidar y atender las necesidades del cliente, tratando de escuchar sus problemas y estar en contacto permanente con él para buscar la mejor solución se revela como algo clave. El reverso negativo de esta premisa es que en los años de vino y rosas numerosas empresas y autónomos dejaron de lado, o no pusieron en el centro de su negocio como prioridad, la relación con el cliente. La atención personalizada, huyendo de estándares (¡por favor, esos números 902 en los que hablas más con una máquina que con una persona son, muchas veces, una aberración!) y aportar un servicio de calidad se convierten en aspectos esenciales.

Se podría deducir entonces que, a pesar de los problemas de financiación, intrusismo y pasividad de las Administraciones Públicas (como señalaron las asociaciones de empresas instaladoras en un reportaje del número 1 de Cuadernos de Material Eléctrico), el empresario que conforma su negocio pensando en las demandas de sus clientes, y que incluso se anticipa con soluciones innovadoras, tiene mucho terreno ganado. Como dice este informe, para ello la proximidad con el cliente es fundamental; éste verá en nuestra empresa un socio, un compañero de viaje, mucho más que un mero proveedor. Por ese motivo, esa cercanía supone una verdadera palanca de crecimiento.

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