El Día de la Marmota y la transición energética

Han pasado las elecciones generales del 26-J, que parecían lejanas e incluso poco probables allá por el mes de enero, y nos encontramos a las puertas de las vacaciones de verano con una realidad muy similar a los resultados de los comicios del 20 de diciembre (aunque en mejores condiciones para el Partido Popular), en algo que me recuerda a la película Atrapado en el tiempo, de Harold Ramis, en la que el protagonista vive de forma repetida las mismas situaciones, que giran en torno a sus vicisitudes para grabar para la televisión el famoso Día de la Marmota.

En lo que respecta al sector energético, parece que las cosas no se van a mover mucho, a pesar de las demandas de organizaciones de consumidores y usuarios y de asociaciones empresariales para transformar el statu quo dominado por un oligopolio eléctrico de cinco grandes compañías e impulsar un cambio del sistema eléctrico que lleve a una mayor presencia de las renovables, el fomento del autoconsumo y una mayor transparencia  de los mecanismos para generar el precio de la electricidad.

De este modo, las propuestas de PSOE, Ciudadanos y Unidos Podemos que hablaban incluso de un Pacto de Estado de la Energía, en el caso de los dos primeros, o de un Plan Nacional de Transición Energética, en el caso del tercero, se alejan y será muy difícil que se puedan plasmar en la legislación. Las tres fuerzas políticas ponían en el primer plano la importancia de la desvinculación de los combustibles fósiles de la economía nacional y de la progresiva reducción de emisiones de CO₂ como un factor fundamental para mejorar la competitividad del país. De hecho, desde el año 2000 las emisiones de CO₂ por el uso de la energía crecieron en España un 38% mientras se redujeron un 12,7% en la UE-15, tal como señaló el experto Javier García Breva en un acto reciente. Como se aprecia, España casi siempre camina en sentido contrario y el PP, que presumiblemente podría formar Gobierno a partir de ahora, no se ha mostrado dispuesto a cambiar el panorama actual.

Esto no es una cuestión baladí, ya que el impacto del cambio climático en España puede suponer una pérdida del 3% de la riqueza nacional. En este sentido, García Breva señaló también en este encuentro que “el modelo energético ha de estar pensado para el consumidor y no para las corporaciones energéticas”.

El usuario es al final un número, un apunte en una hoja Excel para las grandes distribuidoras, que, con su potente capacidad de lobby, influyen de forma determinante en la regulación que afecta al sector, regulación de la que dependen en gran medida sus ingresos. En el caso del autoconsumo, desde el Ejecutivo del PP se está frenando esta opción de autogeneración “para mantener las prebendas del oligopolio eléctrico ya que el autoconsumo reduce su cuota de poder y su posición de dominio. La excusa es el sostenimiento de los costes del sistema. No obstante, la realidad es que cada 100 MW de autoconsumo apenas merman los ingresos en 2,6 millones de euros; es decir, un 0,01% del total de ingresos del sistema”, explicaba a este periodista José Donoso, director general de UNEF.

Creo que, de hecho, viviremos nuestro particular Día de la Marmota en breve, ya que las compañías eléctricas nos van a refacturar una cantidad (unos 5 euros por kW contratado) a raíz de una sentencia del Tribunal Supremo que obliga al Ministerio de Industria a reconocer un mayor margen comercial a las eléctricas, lo que llevará a un aumento en el precio del recibo de la luz para los consumidores que se encuentran en la PVPC (la antigua Tarifa de Último Recurso, TUR).

Esperemos que podamos romper este círculo, como hizo Bill Murray en el filme citado, aunque nosotros no contemos con la bella Andie MacDowell.

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