¿Cómo concienciar mejor sobre eficiencia energética?

La eficiencia energética es un término tan manido en los últimos tiempos que ha llegado casi a saturar las temáticas de artículos, conferencias y foros que se han escrito y celebrado en el sector de material eléctrico, ámbito energético y afines. ¿Sustituir algunas bombillas convencionales en el hogar o en una oficina por Led ya es eficiencia?, ¿instalar una batería de condensadores en un pequeño negocio ya es eficiencia?, ¿automatizar el control de sistemas en un edificio es eficiencia? Es todo eso y más.

Cabe decir que el incremento continuado del precio de la electricidad, a pesar de las promesas reiteradas del Gobierno, ha hecho mella en los bolsillos de los ciudadanos y también en las cuentas de resultados de las empresas. El aumento del término fijo de potencia en la factura de la luz de los consumidores en 2014 supuso, además, desincentivar las medidas de ahorro ya que la parte variable del recibo, la que depende del consumo, pierde importancia frente a la parte fija; aunque gastes menos energía eléctrica ello no va a representar una bajada proporcional en el montante final que se abona a la distribuidora eléctrica.

Además, aunque ha crecido la información disponible para los usuarios respecto a las soluciones que pueden ayudarles a ahorrar energía, de forma paradójica existe todavía una falta de cultura enorme sobre lo que implica la eficiencia energética. Parece que esa abundante información ha conducido a cierta confusión en torno a las tecnologías y productos que se podrían utilizar, tanto en el entorno doméstico como en una empresa o un edificio de terciario.

Esta falta de cultura y concienciación sobre la materia fue uno de los aspectos más citados por los participantes en la Mesa Sectorial de MATELEC, celebrada en Sevilla el pasado 1 de marzo. Lo que sorprende, como detallaban algunos directivos en este encuentro, es que este desconocimiento llega también al ámbito profesional, algo chocante cuando los gastos energéticos se han convertido en el segundo capítulo de costes más importantes para muchas empresas, tras los recursos humanos. Una visión más integral y un enfoque práctico conducirían a numerosas organizaciones a reducir sus costes energéticos, a pesar de las probables subidas en el precio de la electricidad y el gas.

En este sentido, el sector privado debería ser más activo para, en conjunción con la Administración, llevar a cabo acciones de difusión a la sociedad, en general, de los beneficios de la eficiencia energética, de utilizar tecnologías que ayuden a ahorrar electricidad y de las ventajas de incorporar energías renovables. Por ello, se echa en falta la creación de un lobby empresarial, o grupo de presión transversal, que aglutine a los distintos estamentos de la cadena de valor (instaladores, fabricantes, distribuidores, gestores energéticos, colegios profesionales) con el objetivo de influir y orientar a las instituciones públicas a la hora de difundir medidas de ahorro y confeccionar una legislación que persiga el bien común, teniendo en cuenta que la seguridad es un aspecto directamente relacionado con la eficiencia. Pero, ¿quién paga la fiesta en época de recortes?, ¿quién lidera el grupo de presión? Preguntas quizás de difícil respuesta.

Lo evidente es que existe la tecnología y hay que darla a conocer para así generar una demanda real en el mercado, a pesar de la complicada situación económica de familias y empresas. La meta es difícil cuando nos encontramos, además, con un Gobierno que cumple tarde y mal las directrices de las Directivas Europeas que están encaminadas a un futuro más eficiente, que, en definitiva, quiere decir ser más productivos pero gastando menos energía.

Se admiten sugerencias e ideas.

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